28 ene 2010

LA MATEMATICA ATREVIDA DE GONDRY



La transgresión tierna, el trucaje barato en euros pero elevadísimo en su valor artístico, las ideas revueltas en licuadoras que producen zumos de creatividad abrumadora, esa genialidad que chispea solamente en cerebros de única naturaleza, un Michel Gondry proveniente de Versalles con el mejor propósito del despropósito inicial y de una matemática perfecta final que ha regalado el mundo los más hermosos, surrealistas y enredados artificios visuales que terminan en historias con corazón, osadía, pero especialmente con la dosis de inocencia infinita que puede con todo y con todos, un niño gigante y terrible del audiovisual.

La inquietud viene desde los ochentas con sus propuestas animadas en los videos musicales de su agrupación Oui Oui, sentido del humor pronunciado, una agitada atracción por el stop motion y un candor mórbido son los ingredientes que se vislumbran y que se van a mantener a lo largo de su carrera. Esto, en combinación con sus primeros cortos, germinal netamente francés.

Luego, viene su relación duradera y experimental con cuanto videoclip se le atraviese y en los que cabe renombrar sus camiones gigantes y simios dentistas con Björk, sus coreografías de perfecto cálculo en tempo y encuadre con Daft Punk, sus juegos de tiempo entre reversas y forwards con Cibo Matto, sus manos gigantes y desequilibrios oníricos con Foo Fighters, el bullet time que patentó The Matrix pero que viene originalmente en Like a Rolling Stone de los mismos Stones, su juego de stop motion en un universo de lego con los White Stripes, y su matemática atrevida de beats que producen casas, postes y fábricas con los Chemical Brothers, en un innumerable repertorio de proposiciones que son deleite de ojos y ejemplo de ingenio para cualquier realizador.



Los cortos también son parte de su itinerante recorrido por el audiovisual, donde se recuerdan especialmente One Day (2001) - A quién se le puede ocurrir tener diálogos y convivir con su propio excremento?-, Pecan Pie (2003) con un Jim Carrey que se cree Elvis cantando encima de una cama rodante, el super hit en Youtube del enigma del cubo Rubik resuelto por la nariz del mismo Michel, y Tokyo! (2008), una historia compartida en experimento en conjunto con los directores Leos Carax y Bong-Joon Ho, y que proponen visiones de la ciudad a partir de tres relatos diferentes, y en el que Gondry se involucra en mundos tenebrosos por parte de una pareja que recorre la ciudad especialmente de noche, una inventiva que se forja con la influencia de propuestas como Paris Je t'aime (2006).

Y ni se diga la cantidad de comerciales: Jeans perfectos para cargar condones (Levis), los hermosos trazos marcados en el cielo con el avión de Air France, toda la descarga de cien películas de acción en un minuto con el reflejo del cristal de Smirnoff, el incesante vaivén para capturar el momento perfecto en el frenetismo de una ciudad que no deja de moverse (Polaroid), y las innumerables técnicas que usa como director audiovisual para condensarlo en códigos binarios y las comodidades que brinda la tecnología de Hewlett Packard. Agrega marcas de autos, bebidas hidratantes, ropa deportiva y muchos dólares para pagar campañas y allí estará de nuevo atacando el talento descomunal de Gondry.


En todos los campos que ha explorado el Asombro es el ingrediente a introducir en su esencia, y en los largometrajes no puede ser la excepción. Junto a otra luminaria de los guiones como es Charlie Kaufman emprendieron el camino de la creatividad cinematográfica juntos en el primer intento como equipo.Lamentablemente en Colombia no circuló en cartelera el primogénito en cine de su carrera, Human Nature (2001), una comedia que juega con la teoría de la evolución y que involucra un científico que juega con ratones de laboratorio para que aprendan a usar los cubiertos de mesa (Tim Robbins), una mujer con más pelo que Robin Williams y que decide vivir de modo silvestre (Patricia Arquette), un personaje con actuación no deprimente mas si de primate (Rhys Ifans), y un continuo debate hilarante entre la civilización y el salvajismo en el que a final de cuentas no se sabe con cual convenir en este mundo de desmesurada tecnología, normas impostadas, pero imponente instinto de genocidas que luchan por tierras que no les pertenecen y que sucumben al delirio del sexo desbocado sin razonamiento
de ninguna índole. Nunca sabremos si en verdad somos seres racionales...


Para el 2004 las cosas andaban más claras y se vieron beneficiosas entre Kaufman y Gondry cuando salió a la luz Eternal Sunshine of the Spotless Mind, una película que el gran público reconoce y que es aceptada tanto en medios intelectuales como en el mainstream. Nos vamos a un campo de tono sentimental, donde las memorias del ex-novio(a) son motivo para usar una máquina para borrar recuerdos y para enfrentar una nueva realidad sin dolores que van de la cabeza al corazón.

El trabajo en equipo tanto en dirección como en guión, son impecables. Un Jim Carrey no tan expresivo como en sus acostumbradas comedias nos sorprende con su inocente catálogo de no ser tan 'nice' y usar su histrionismo en el momento adecuado, en especial en las escenas de infancia y juventud; está Kate Winslet con un cabello que pasa por estaciones de colores y que muestra su cambio de ánimo constante (debe ser geminiana) y que le valió nominaciones múltiples a premios de Academias de distintos círculos; y los dos están envueltos en un cosmos de memorias que pueden ser parte de cualquier álbum de parejas en un perfecto antagonismo impulsiva-reservado, eufórica-melancólico, pero que cuenta con el juego cerebral de la máquina Lacuna que se encarga de no dejar rastro de recuerdo alguno. Aquí comienzan los viajes mentales henchidos de toques surrealistas que tanto le gustan a este director francés.

Una cama en plena playa de nieve, con Joel y Clem a bordo

Y evidentemente los recursos visuales son geniales, el blur o desenfoque en muchas ocasiones interpreta perfectamente los recuerdos que se esfuman, las luces que acompañan a Joel en la librería y se van apagando a medida que él entra al apartamento de Rob, el manejo de la perspectiva en la cocina donde Clementine se ve gigante y Joel diminuto debajo de la mesa, las demoliciones digitales de personas, construcciones y ambientes, y los constantes cambios de locación, de interiores a la playa, al bosque, al apartamento e incluso a pasajes de oscuridad total donde el protagonista buscaba mantener el mínimo recuerdo de su amada. Además del recorte que con su terrible juego de temporalidad confunde la realidad con el recuerdo y al futuro sin memorias con el pasado cargado de ellas.

Escenas por recordar: El tierno desarrollo de una reconquista en el congelado río Charles, aquella calidez entre el hielo ahogado; el parcial escondite de Clem y Joel en el lavaplatos que les sirve de jacuzzi cerebral, el involuntario asesinato del pajarito en la infancia del protagonista y el rescate de Clementine ante las burlas de sus amiguitos, y obviamente los pasajes de la playa, inicio y final de una relación que el azar ha permitido una segunda oportunidad después de verlos despertar en la cama ante la arena, después de la destrucción de la casita a la orilla del mar, o después de su juguetona intención de gozar de amor frío en temporada de invierno con nieve de trópico, donde el primer recuerdo de la relación es el último en borrarse, pero donde queda la clave del futuro encuentro en Montauk.


Clementine se pierde en la oscuridad del olvido

Abelardo y Eloísa es la obra magna de Alexander Pope que da bautizo a la frase titular de la película: ¡Qué feliz es la suerte de la vestal sin tacha! Olvidarse del mundo, por el mundo olvidada. ¡Eterno resplandor de la mente inmaculada! Cada rezo aceptado, cada antojo vencido. Y entre las frases célebres que se citan en la película cabe anotar otra de Nietzche que dice 'Benditos son los olvidadizos: Les ganan la batalla hasta a sus errores'.

Básicamente la película nos llama a la inevitabilidad de la evocación, de pertenecer sin otro chance a un pasado que se logró construir con decisiones, de un desamor que alimentará futuros amores y de una temporalidad inexorable que nos recuerda nuestra condición de humanos que sienten, aman y se decepcionan, y por más amnesias preparadas o involuntarias que lleguen, la construcción de nuevas memorias son ineludibles. Así Joel diga que 'Todo se desmorona, te estoy borrando y soy feliz', se comprobará que no podemos dejar de ser amigos del pasado, así sea tortuoso, bien lo dicen los abuelos 'Todo tiempo pasado fue mejor'.


Los juegos surrealistas de Michel Gondry casi siempre han sido cómplices de sus atrevidas creaciones, y su segundo largo lo pone aún mas en evidencia con esta influencia. La Ciencia de los Sueños (2006) es un vaivén continuo entre la irrealidad onírica y los pies en tierra. A veces pareciera que Michel se levantara inmediatamente después de cada sueño y lo grabara en una recorder para acometer alguna nueva fechoría visual. Esta vez, él se tomó la osadía de escribir la historia y dejar descansar a su compañero de pilatunas Charlie Kaufman.

El reparto se concentra en la inocente imagen de un niño grande interpretado por Gael García, quien es Stepháne, artífice, amo y señor de la televisión fantasiosa de cartón que logra justificar de forma didáctica la ejecución de los sueños y algunos fenómenos cerebrales como el Azar Paralelo Sincronizado (dos personas sin planearlo se mueven para el mismo lugar), o el Movimiento Rápido del Ojo (R.E.M. en inglés) que determinan las fases profundas del sueño. Su compañera en elenco principal es la delgada pero fina cantautora Charlotte Gainsbourg, quien encarna a Stephaníe, amante de las maquetas y del imaginario, vecina de Stepháne que acolita muchas de sus ideas y termina naufragando en un mar de irrealidades creadas por él para darse cuenta que no puede amar a alguien en sueños y que lo espera en alguna de las esquinas de su propia realidad.

Aquí el protagonista principal es el estado del sueño, en el que los recuerdos del pasado, las ansiedades y las reconstrucciones de algunas frustraciones son un sancocho que es plato de deleite durante todo el film, con una confusa separación entre el mundo real y el onírico, donde Stepháne nos sumerge en galaxias de cartón y celofán, domina su empresa, se monta en su compañera de trabajo, despide a su propio jefe y evoca continuamente a Stephaníe.

Las manos de Stepháne en sueños le pesan tanto como su trabajo


Recursividad es la palabra en esta ocasión, pues se ven puestas en escena muy bonitas a partir de materiales de maquetas de bachillerato con cámaras de cartón y cubetas, cortinas de baño, pisos en vinilos, teleprompter de marcador y papel y nubes de algodón que recrean todo un universo paralelo que hace fuerza por obtener el amor de la vecina y que logra cumplir con todos los designios que dentro del alcance humano es tan difícil conseguir.

En general las mejores escenas son las de los sueños, con Stepháne y Stephaníe montados en los teleféricos de esquí en nieve de celofán, con las máquinas de escribir arácnidas que mascullan tratados y cartas estúpidas, con las máquinas de afeitar que se convierten en monstruos postmodernos y aceleran de forma exagerada el crecimiento del pelo, con jacuzzis empapelados de transparencia y una asistente de oficina libidinosa, vuelos de agua aérea y pájaros de lana, la desastrología inminente de edificios de cartón que van y vienen por el inminente sismo de alguna emoción de Stepháne, y el beso ansiado en campo nevado que se transmuta en una realidad de pies congelados en una nevera, hasta que finalmente la pareja de románticos soñadores cabalga en su pony dorado buscando en el mar el idilio eterno.

El ansiado pony dorado, animal clave en el idilio


Un romanticismo ligado directamente a la idealización del ser amado a través de los pensamientos sueltos , con el entusiasmo de un niño que solo ansía un poco de afecto, con la franqueza inocente del morbo que viene sin provocarlo, con la idiotez que se refleja cuando no le puedes decir a una chica que le gustas, con el enamoramiento inicial marcado en sueños y el deseo profundo de que se vuelva palpable, todo a través de los dibujos, las maquetas y las visiones de un Stepháne que asegura que 'El azar es muy difícil de lograr'.

Igualmente la creatividad no deja de ser un elemento importante dentro del film, y aquí el deseo de Stepháne por ser inventor y su máquina de devolver un segundo y su telepático modo de adivinar las cartas lo hacen un espléndido creador de ideas pero un fracaso como un ser aterrizado, mientras Stephaníe, a pesar de su caracter romántico es mucho más centrada y segura, y en la mitad está la personalidad de Guy (Alain Chabat), compañero de trabajo que tiene continuos ataques de espontaneidad morbosa, quien es creativo en el campo sexual pero no le da pie ni a un sueño para hacer evocaciones, de hecho, en una de las escenas de la película se deshace de la cajita mágica que engendra sueños en NTSC: la tele.

El mar de celofán, tan romántico como imaginario

El espíritu de inocencia romántica es entusiasta en el guión de Gondry, que puede pecar por hacer una especie de autobiografía disimulada que logra fabricar tanto ensueño en película, y que termina por hacer una elaboración fabulosa de amores encerrados en el infinito de mares de celofán y nubes de algodón.


Para el 2008 la aventura del director francés regresa con más comicidad en Be Kind Rewind (llamada en Colombia Originalmente Pirata y con poco bombo comercial), en un filme totalmente dedicado a desmentir los efectos especiales que pasan por el 3D y la parafernalia digital, y a jugar un poco con la nostalgia del formato VHS y el tratamiento de los filmes con la recursividad sin necesidad de solicitar grandes presupuestos ni matizar complejidades y distorsiones de guión al mejor estilo retorcido de su amigo Charlie Kaufman (aunque sería bueno que trabajaran juntos de nuevo), sino a partir de la sencillez y el ingenio.

El relato de una videotienda donde sus cintas son magnetizadas y para no caer en quiebra o quedar en evidencia Mike, su administrador a cargo (Mos Def) y su mejor amigo Jerry (Jack Black, tal vez el mejor fastidioso entre los actores) conciben grabar versiones 'alternativas' de las películas que por lo general rentan, con tan buen resultado que el negocio crece de forma imprevista y se convierte en un sitio que termina congregando toda la comunidad e incluso gente que viene de otros pueblos del estado.

Jack Black y Mos Def hacen remake de Cazafantasmas


Aquí vienen a jugar dos elementos muy importantes para el film: El primero es la nostalgia, encarnada en el dueño de la videotienda, Mr. Fletcher (Danny Glover), quien inventa el relato ficticio de vivir en la casa en la que nació el legendario músico Fats Waller, y que trabaja al estilo antiguo con VHS haciendo también honor a los administradores que saben lo que rentan y que aman el cine tanto como su vida misma. El segundo elemento es la creatividad a partir de un bajo presupuesto, donde Mike es el encargado de ponerle la chispa a la dirección de sus películas 'suecadas' con toda clase de trucos caseros que divinamente se pueden mostrar en ferias colegiales, o que pueden hacer parte de juegos de adolescentes con algo de talento.

Y tal como el estudio televisivo de sueños de Gael García, Michel Gondry ataca de nuevo con una puesta en escena impecable basada en baratos materiales: Una versión de Los Cazafantasmas con guirnaldas, trajes fabricados en papel aluminio, libros voladores que se sostienen de ganchos, trucos de cámara como girarla para dar impresiones de un King Kong escalando o de un Egon bajando la barra de cazafantasmas, puños y patadas recreados en audio con scratches de tornamesa, disfraces y fondos en telas coloridas para ambientar El Rey León, chatarra y artículos domésticos como parte del armamento de Robocop, maquetas de ciudades a escala que se incendian y otras que en plano cenital parece que crearan un vacío, combates de box con guantes en bolsas de basura, juegos de profundidad de campo, efectos de corte directo donde antes andaba el fantasma y ahora no, pizzas convertidas en raudales de sangre después de los disparos, el uso del nightshot para grabar escenas nocturnas y neveras convertidas en el HAL de 2001 Odisea en el espacio, son tan solo algunas de las argucias visuales premeditadas por este niño terrible de la puesta en escena que no necesitó de una historia demasiado brillante para deleitarnos con algo que muchos cristianos sueltos hubieran querido hacer, versiones propias de sus cintas favoritas.

Una versión particular de Robocop

La esperanza y la unión son los valores a seguir en esta labor titánica de crear más adelante la vida y obra del inspirador del filme, Fats Waller. Una simple tienda de videos forja una tarea que involucra una comunidad entera que a través de esfuerzos voluntarios, con sentido del humor y con toda la disposición logra finalizar su propia película, un ejemplo que muchos barrios del continente podrían seguir con otros quehaceres sin tanto aspaviento, sin tanto protocolo y especialmente sin cultivar aquella envidia consumista que nos tiene relegados a un apartamento sin vecinos y a carecer del sentido de la alianza limpia.

Una vez más, Michel Gondry nos regocija con el paso de la simplicidad a la genialidad.

Como proyectos para el año en curso parece ser que tiene próximo el lanzamiento de una versión en pantalla grande de El Avispón Verde, y para el año siguiente otro retorcido conato de confusiones poco cotidianas de dos científicos locos en Master of Space and Time, como a Michel más le gusta, confúndenos con humor y nos tendrás en tus manos...

Y pues qué mas se le puede pedir a un director de videos musicales, comerciales, cortos, largometrajes, documentales y hasta escritor de sus propias historias? Esta sobredosis de talento proviene de una matemática atrevida que rompe con la lógica de un metodismo premeditado y se lo deja a los números espontáneos, el cálculo impredecible que se convierte en clave de perfección, la ecuación inexacta del genio que la vuelve insuperable, el juego de disfunciones magníficas ideadas por un francés que nació para deslumbrar al mundo con un estilo visual inconfundible y con un legado que ya no cabe en el anaquel, la magia surreal y poderosa que transmite con la imagen este subversivo sin técnicas tradicionales, que le gusta jugar siempre con el equipo de la novedad, la osadía audiovisual que expele arte por todos sus flancos.

21 dic 2009

PEARL JAM - VITALOGY


El fenómeno que marcó la década del 90 a nivel musical sin duda y reafirmado por muchos envueltos en este medio fue el estrepitoso paso del grunge durante su primer lustro, un catálogo que Nirvana odió, una reacción en cadena que salió de Seattle para el mundo, una posibilidad de dejar el cuidadoso manejo de una tarima a través de luces, vestuarios y cabelleras para simplemente cambiarlo por la expulsión de su rabia con una línea básica de instrumentos y amplificadores listos para el riesgo, sin atavíos, apadrinados por algunas viejas costumbres punk y buscando berrear inconformidades individuales sin demasiado misticismo, pero sí con un peso existencial que fue abrigo de desahogo para algunos líderes de bandas de este inesperado movimiento.

Tres bandas fueron el estandarte usado por el mass media para identificar esta oleada de nuevos rebeldes, Nirvana, Soundgarden y Pearl Jam. Esta última, la única sobreviviente de la época, que aún se mide fuerzas con el mundo de las disqueras y que mantiene su sonido esencial sin pasar como juguete musical de antaño, alcanzó a plasmar entre los discos más importantes de los noventas sus tres primeras producciones, Ten, Vs, y por último, su poco entendido en la época Vitalogy, que fue el cierre de su primer período como representante del sonido de Seattle.

La fuerza súbita de una cobertura en el mainstream sin precedentes, estadios llenos, camisetas por doquier en closets adolescentes, canciones repetidas cada quince minutos en las emisoras, y una superficial euforia por seguir lo que los medios imponían, creó el aire de hastío y aversión por el mundo de parte de Pearl Jam, que había probado las mieles de la gloria con tantos seguidores, discos platino y entrevistas halagadoras, y para finales de 1994 querían recuperar su ser esencial, artesanos sin nombre que desfilaran por las calles con todo el derecho a estornudar sin levantar comentario alguno. Esta presión de la fama llamó a la salida de un disco dedicado a denigrar de la celebridad, a despojarse del consumismo y a invocar el valor del individuo libre y sin imposiciones, camuflado bajo una vieja carpeta de apuntes médicos de los primeros años del siglo pasado llamada Vitalogy.




En el garage del vocalista Eddie Vedder seguramente se podrán encontrar algunas camisas de leñador, una que otra tabla de surf y algún balón de basketball, pero lo que sirvió como inspiración gráfica para la cubierta de su tercer trabajo fue un compendio de notas guardado en una cartilla que a forma de ensayo generaba discusiones sobre la salud y el bienestar, con dibujos anatómicos y un lenguaje médico que proponía mejoras y lozanía perdurable. Lo curioso del asunto es que la propuesta escrita contrastaba con los colores lúgubres de la carátula del disco y el aire de muerte que se respiraba en algunas líricas, donde se opacaba el bienestar y se generaba un constante malestar individual, consecuencia del asedio de los medios, las disputas internas, la muerte de Kurt Cobain (así Pearl Jam se haga de la vista gorda) y sus líos legales con Ticketmaster, la distribuidora de entradas a conciertos.

Y los aires sombríos con tendencia suicida abren el Vitalogy, en un primer track que sostiene la propuesta grunge del grupo, "Last Exit" es el llamado al último recurso de abandonar el peso de la vida para abrazar la levedad del otro lado, es la carrera al suicidio inminente, y mucha gente cuestionó la lírica como una referencia al acontecimiento Cobain, pero Eddie Vedder siempre lo desmintió, pues dijo que varias de las composiciones ya estaban escritas antes del famoso deceso. De todos modos, esta letra trae un peso de cansancio del mundo y en algún instante busca redención: 'Let the Ocean dissolve way my past', mientras en ordenada distorsión juegan las guitarras con el despertador severo de la batería que marca el paso y comprueba que su música no es solo bullicio, hay una estructura en medio de la hecatombe.




Las nostalgias impresas en vinilo siempre van a emocionar más a la tropa Pearl Jam, que mejor prueba que el publicar en tiraje de surcos empastados las primeras copias del Vitalogy en noviembre de 1994 con muy buenas ventas cuando se estaba descontinuando este formato -35.000 copias-. La primera semana de diciembre fue la fecha para lanzamiento en CD, y se lograron ventas de 877.000 copias en ese lapso, evidencia fehaciente de un éxito brutal sin importar formato, sin importar escándalos legales, sin importar el repudio de la banda por la fama. El mejor ejemplo en single de aquella popularidad fue "Spin the Black Circle" (N 2 en Inglaterra, N 10 en Billboard USA), esa furiosa marcha con todos los ingredientes grunge para romper parlantes, (aunque con un parecido 'coincidencial' al "Beyond the threshold" de Hüsker Dü) unas guitarras que quieren reventar tímpanos sensibles, batería que se desdobla en traqueteos punks y el indomable berrido de las cuerdas vocales de Vedder que no se ahorra formalismos y revela su amor por las agujas, pero las de la tornamesa, pues se inició una pequeña controversia sobre el tema de la canción en el que se quería desviar la atención de los vinilos y enfocarlo en la heroína, cosa que nunca se pudo comprobar y que el cantante objetó con el testimonio de su gusto por los surcos y el crispeante sonido de los vinilos. Esta canción se ganó el Grammy a mejor interpretación Hard Rock en 1996 -una prueba más de éxito- a lo que Eddie Vedder responde 'No sé que signifique esto. No creo que signifique algo en especial'.

La constante pelea con los medios los tuvo alejados de entrevistas, ruedas de prensa y lanzamientos de videoclips durante seis años -1992-1998- en una lucha por la independencia y esa hostigante carrera por sus libertades individuales, pero siempre bajo la inevitable distribución de su producto a través del sello Epic. Al verse enclaustrados en la jaula del renombre, buscaron una composición que pudiera salvar a su público de alguna forma del ahogo consumista. El argumento fue "Not for you", segundo lanzamiento del disco en marzo del 95, que le hablaba a la juventud sobre no dejarse comprar, sobre no enceguecerse con el aviso de neón que invita a la absorción del negocio, a romper con negación el poder del mass-media, en un elaborado rock and roll digno de exponer en cualquier concierto con pausas atinadas, bajo consistente y fortaleza moderada en el panorama agreste de la desolación afamada. El guitarrista Mike Mc Cready se lo tomó aún más en serio cuando su Rickenbacker de 12 cuerdas fue un regalo de Navidad de parte del respetable Tom Petty, y los primeros acordes que salieron de ésta fue aquel panfleto grunge que, hoy día, ya es clásico indiscutible en la discografía de los Pearl Jam.

La nómina de la banda casi siempre ha sido sólida, excepto por la continua feria de bateristas que han desfilado por sus redoblantes: El vocal líder como siempre es Eddie Vedder, y quienes colideran esta propuesta son el guitarrista Stone Gossard y el bajista Jeff Ament, que tenían historial musical desde los 80s (Green River, Mother Love Bone); el complemento en el ensamble lo tienen Mike Mc Cready en soporte en slide guitar y otras cuerdas, y Dave Abbruzzese en tambores, el elegido para esta sesión, pues poco tiempo después sería sustituído por Jack Irons. A partir del cuarto track del Vitalogy logran separar esa relación directa con los dos álbumes antecesores, pues "Tremor Christ" es un complejo manifiesto existencialista que es difícil de desentrañar a nivel lírico pues se introduce en metáforas marineras y en dilemas entre ángeles y demonios (al mejor estilo de las disertaciones de Soda Stéreo), entretanto la canción es un amasijo de riffs que rescatan aires de psicodelia en una especie de lenta paranoia y Eddie va cantando como hereje con ecos un tema que se revuelve entre la divinidad y la alienación, primera señal de la inclinación experimental de este trabajo, y que muchos de sus fans no entendieron a primera instancia. Hoy día, es imprescindible dentro de la trilogía primaria de los muchachos de Seattle.

Desde fines de 1993 el grupo comenzó a trabajar en las nuevas canciones para el Vitalogy, mientras finalizaban el Vs. Tour. Las dos primeras que fueron aprobadas y quedaron listas para el horno fueron "Tremor Christ" y "Nothingman", grabadas en New Orleans. Se nota bastante la diferencia de los dos tracks con los demás del disco, pues "Nothingman" es un folk reminiscente cargado de sinsabor sentimental, una creación muy nostálgica de la mano de Jeff Ament que podría pasarse en cualquier radio adulta contemporánea, mientras Vedder se desgarra despacio con dulzura triste hablando sobre las secuelas de lo inevitable, las rupturas y los dolores de corazón que dan pesadumbre a la cabeza: 'And he who forgets...will be destined to remember'.


Las labores de producción fueron encomendadas de nuevo a Brendan O' Brien, hombre de Georgia que ya había metido mano en el Vs, y tuvo chance de trabajar junto a Bob Dylan y reforzó la dosis alternativa de Stone Temple Pilots. Sus arreglos e intervenciones con el órgano Hammond fueron providenciales en varios pasajes del LP. También le pudo dar el equilibrio entre lo nostálgico, lo experimental y lo salvaje, el último disco del quinteto con viva voz grunge en medio de su eclecticismo. Y una de las piezas más fuertes es "Whipping", un fiel exponente noventero de la furia primigenia Pearl Jam con guitarras sucias en un sonido digno de cabeceo, rock and roll sólido con inyección de vigor en todo su recorrido, que toca un asunto de debate como es el aborto y la posición firme del grupo en contra de este 'asesinato' como lo llaman ellos: 'Don't need a helmet, got a hard, hard head. Don't need a bandage, there's too much...blood'.

Los intervalos de corte experimental son una constante en la segunda parte del disco, algo inusual en bandas de corte grunge, pues acostumbrado el público al rechinante descaro de Nirvana, a los sincopados y elaborados ataques de ira de Soundgarden o al lúgubre berrido de los Alice in Chains. Aquí Pearl Jam se toma licencia para hacer experimentos, y le funcionan como aires entre canciones, el primero es "Pry To", un minuto en el que de nuevo hay queja contra la fama con el verso repetitivo 'Privacy is priceless to me', mientras la rima al revés dice 'Oh Pete Townsend how you saved my life'; el segundo es "Bugs", un acordeón de feria embriagado en la melodía de Eddie Vedder que habla de los bichos -no hay que ser un genio para saber de qué bichos se tratan- que lo invaden por todo lado y no le dejan vivir en paz 'Do I kill them' Become their friend?'; el tercero es un instrumental, una especie de mantra importado de los krishnas adaptado a la afinación de las guitarras de Mc Cready y Gossard, "Aye Davanita", trip con panderetas y repetición que puede ser un viaje hasta lo más profundo de lo inexplicable. Platos sonoros con los que Pearl Jam pretende rasgar esa vestidura de catálogo grunge por el que son conocidos.


La cantidad de conciertos para este combo de Seattle bajó ostensiblemente entre 1994 y 1997, cuando se desató la polémica lid con el emporio de Ticketmaster , quienes, al no permitir a Pearl Jam la solicitud de bajar los precios de entrada en algunas paradas de la gira, tuvieron que recurrir a los libros de derecho y presionar al grupo a cancelar su tour en 1994. A partir de este punto, a Vedder y sus hombres les tocó trabajar en la difusión de sus conciertos por su cuenta, por lo que el margen de presentaciones se redujo de forma dramática. Sus temas en vivo eran los pulmones que mantenían a la banda tan presente entre sus fans, y este golpe adujo una posible caída en ventas. Lo que no fue así, pues sus seguidores se mantuvieron al pie del cañón, coreando y brincando sus melodías sin ningún tipo de restricción. Uno de los temas más coreados en vivo es "Corduroy", ya un clásico en sus shows que con una propuesta muy americana de rock and roll sin mucha pretensión cautiva al público en una letra sin coros repetidos que de nuevo ataca al capitalismo salvaje y consolida su odio por el consumismo: 'I would rather starve than eat your bread' o 'Everything has chains, absolutely nothing's changed'. Como cosa curiosa en producción -crédito para el señor Brendan O' Brien- existe un fade out larguísimo que da cierre al tema mientras las guitarras se van desahogando tristes en un clamor que se desvanece lentamente.

Los cambios de baterista son una constante en la historia del conjunto, una pasarela de nombres se sienta ante los bombos, hay que recordar nombres como Dave Krusen, Matt Chamberlain, Jack Irons, Matt Cameron (el actual), o Dave Abbruzzese (el de Vitalogy). Como cosa curiosa, en la grabación en los estudios Bad Animal de Seattle, un día Abbruzzese sufrió una molestia en las amígdalas por lo que no asistió a ensayo esa fecha. Eddie Vedder y Stone Gossard estaban trabajando en composición y pidieron el favor a Jimmy Shoaf, asistente técnico de Dave, que consiguiera una caja de ritmos. La configuraron y de nuevo pidieron a Shoaf que tocara en la batería el mismo ritmo que habían escuchado en la caja. Sin esperarlo, este asistente sin renombre salió en los créditos de la canción "Satan's bed", que se imprimió en grabación final con la ayuda impensada de sus pies, un rock and roll básico con las contaminadas cuerdas típicas que rechinan durante el tema y que sirve para comprobar que dormir en la cama del diablo es un mal negocio y que la ya repulsiva fama no les puede dar el chance de amar como seres comunes y silvestres, como lo que Eddie siempre quiso ser.

Edward Louis Severson III es el nombre de pila de Eddie Vedder, originario de Illinois con una infancia difícil y con dos grupos antecesores a Pearl Jam, Bad Radio y Temple of the Dog. Un hombre, que, a medida que pasa el tiempo, construye una imagen de activista político y deja de ser tan complejo y evasivo como en sus primeras épocas, donde la celebridad le estropeó el camino de una juventud sin reproches . Una de sus primeras composiciones fue "Better man"en tiempos de Bad Radio, donde toca el tema de las relaciones engañosas, y pone a ventilar un pasaje de su vida en el que se entera de que su padre no era en verdad su padre, y siente la cachetada del engaño (que alguna vez reflejó en su single "Alive"). Una juventud de choques emocionales que se desglosa en hermosa balada que inicia con un preludio de túnel oscuro y que pasa después a unos celestes acordes de guitarra en compañía de un Hammond casi eclesiástico, para ir más adelante a la dinámica de un rock pop que sin ser lanzado como single se pinchó, sonó y tronó en todas las emisoras del país del Tío Sam y llegó al Número Uno en listado de Mainstream Rock tracks. Esta accesible canción fue dedicada al padrastro de Vedder, que confirma sus rezagos dolorosos de vida con una declaración que dice '¿Qué tan duro podría ser el estar en una banda? Si vienes de un lugar que es REAL, es muy duro'.

El fantasma de Kurt Cobain invadió la escena de Seattle como gas tóxico y mandó a recoger todos los elementos dispersos en la oleada del grunge: Los productos, la música, los conciertos y las ideas recogidas dentro del género se fueron esfumando progresivamente y quedaron muy pocos que mantuvieran algo de esa sustancia tan apetecida en los primeros 90s (Stone Temple Pilots, Smashing Pumpkins), Layne Staley de Alice in Chains estaba montado en un imparable tren de jeringas, y Soundgarden vivía un apoteósico aplauso por su Superunknown, pero se veía inconforme ante la escena y su futuro no era claro. La muerte de Kurt suscitó toda clase de artículos, canciones, documentales y creó mella entre muchos de sus coterráneos. Involuntariamente, en Pearl Jam también marcó algo de secuelas, y casi que profetizando el hecho que partió la música americana en dos en los noventa, salió "Immortality", tercer single de este trabajo que habla sobre la excesiva presión de estar vivo, de la incomodidad con la propia respiración y el desarraigo por el seguir luchando, alguien muere solo para vivir. Composición creada antes de la muerte de Cobain y que es relacionada por todos los medios con este suceso, pero que Eddie siempre ha negado. Con todo y esto, aquellos rumores fueron beneficiosos para la posición de la canción en listas, colándose entre los 10 primeros en USA. Una composición de corte rural muy pausada con un elaborado corte de guitarras acústicas y eléctricas, y una cadencia paulatina que afligida nos muestra la trampa de la inmortalidad, donde no hay descanso para el alma.

El disco finaliza con otro chirrido experimental de siete minutos digno de cualquier parafraseo conceptual de Tool, en un ensamble de voces de recinto psiquiátrico con diálogos suicidas y desafinados acordes con tenebrosas intenciones, "Hey Foxymophandlemama, That's me" tan complejo y sórdido como su nombre, cerrando con puro sabor a lomotil o morfina o cualquier fármaco de hospital de colores gélidos, en la primera intervención como baterista de Jack Irons, pues Dave Abbruzzese se cansó de los líos legales y la postura anti-comercial de Pearl Jam para probar por otros lados, y de aquí en adelante las baquetas en manos de Irons durarían cuatro años con el grupo.

Un disco difícil de escuchar, extraño e intranquilo, con el legado punk clarísimo, con el sonido grunge latente, pero con ganas de experimentar cuando se le antoja. Historias que se tejen alrededor de la cadena opresiva creada por la sociedad de consumo y el mass-media, el desasosiego evidente de Eddie Vedder que quiere desprenderse de tanto compromiso con la imagen y el merchandising, repudiando portadas de Spin o Rolling Stone, e intentando sobrevivir al huracán que se propició a partir de la muerte del voz líder de Nirvana. Finalmente, unos guerreros que se encuentran en el camino, no para seguir siendo los estandartes del grunge, sino para expresar a través de su rabia melódica inteligentes pasajes de la historia musical de los noventas, e incluso del presente milenio.

10 dic 2009

CINEMA COLOMBIA 2008-2009

Siempre ha existido el deseo idealista de consolidar una sólida y pujante industria cinematográfica en el país del ajiaco y carnaval, siempre se hilvanan ideas con fondos para el desarrollo cinematográfico, leyes del cine y,antaño, oasis visuales patrocinados por Focine y la creación de la Fundación Patrimonio Fílmico. Una difícil labor la de darle un cuerpo verdadero con una periodicidad decente la de sostener eso que llaman industria, más en tiempos preapocalípticos de climas insospechados, dólares devaluados y gobiernos desgastados. Pero el punto no es la política, es el cine nacional.
Después de una década de capa caída de producción en masa en filmes como lo fueron los 90s, donde una o dos películas nacionales salían a cartelera por año, gracias al estímulo de la Ley del Cine se logra establecer una mayor oferta de productos audiovisuales y a pleno comienzo de siglo XXI, en el 2001 se pone en anales de récords siete estrenos colombianos durante ese año, cosa que no se veía desde el primer lustro de los ochenta. Es el comienzo de un 'renacimiento' que dio pie para sacar a la luz varias propuestas criollas en las pantallas locales, y que, de algún modo ha incentivado a nuevas sangres con sabor a celuloide a lanzarse al ruedo y elaborar guiones, encuadres, montajes y proposiciones que no sólo se remiten al famoso catálogo de 'pornomiseria' y los temas narco que tanto venden, sino a ampliar el espectro del asunto.


Los últimos dos años hemos estado rodeados de variopintas visuales, con el inevitable dominante del tema violento y la 'nieve de Colombia' siendo soporte temático en varias cintas, pero se ha logrado dar aires y fórmulas que, sin ser demasiado novedosas, logran oxigenar el escenario de una gran pantalla intoxicada en drogas y revólveres, y mejor aún, crean utilidades y asistencia masiva a los teatros, cosa que tanto se extraña desde la época de El taxista Millonario. Y el asunto se abre con la narración de los inmigrantes ilegales a Estados Unidos a través del célebre e inameno Hueco con el título Paraíso Travel, bajo la batuta de Simón Brand, quien con un relato que ya es conocido pero con recursos visuales y el gancho de contar con John Leguízamo y Margarita Rosa de Francisco en el reparto, y dividir la historia en locaciones de Colombia y Estados Unidos, cautivó a prensa, a público, a patrocinadores y se ubicó de manera gloriosa en la taquilla de más de tres millones dólares recaudados en cinemas locales, además de participar en el festival de Tribecca de Nueva York y lograr favorables comentarios sobre dirección de actores, en especial de su novel protagonista Aldemar Correa. Una buena forma de abrir el 2008.


El copiloto en el triunfo que abrió Brand fue el caleño Carlos Moreno, uno de los representantes del nuevo boom del cine de Cali, que despierta nostalgias con apellidos propios como Caicedo, Ospina o Mayolo. Perro come Perro fue una historia relatada en torno a unos dólares "muy calientes" y que medio mundo anda buscando, destacando la sed de poder y la premisa de ser más 'vivo' que los demás, pues aquí, si se duerme el individuo se lo puede comer el perro. Los ingredientes de incluír magia negra, el escenario cálido pero peligroso de la capital del Valle y las actuaciones convincentes de villanos sin escrúpulos (Blas Jaramillo Q.E.P.D. , Marlon Moreno, Oscar Borda o el ya veterano de mil pantallas Álvaro Rodríguez) con un ritmo ágil y dinámico, brindan un puesto distinguido al filme que fue exhibido en cinemas de otras latitudes latinas y el chance de pasarse en el prestigioso festival de cine independiente Sundance, y de tener a Marlon Moreno como vencedor en premios actorales en el festival de cine de Guadalajara y de Cartagena. La cosa sigue de buen color.

Detrás de ellos se notaron títulos no muy taquilleros pero igualmente respetables y listos para dar de comer al público ávido de cine: El regreso a pantallas del taquillerísimo Gustavo Nieto Roa (El taxista millonario) con una narración que se centra en el sexo casual y plantea la posibilidad de aislar los sentimientos de los placeres, Entre Sábanas no fue muy acogida por el público pero amplió el terreno de las temáticas diferentes e hizo repetir prensa a un Marlon Moreno desnudo con indicios de montar fanclub.


Sigue la propuesta alternativa esta vez con color rosado caribe y El ángel del acordeón, de Camila Lizarazo donde cunde la rivalidad por el amor de una mujer a ritmo de acordeón y el lente de la cámara se calienta con vallenato "ventiao", una propuesta de un guión mas bien televisivo con el auspicio de la productora más pesada del medio nacional -CMO- y una vez más con Marlon Moreno en el soporte actoral, esta vez acompañando a gente nueva en los protagónicos.



Y para seguir en la onda de guiones fuera de los convencionales tonos delincuenciales criollos hay un experimento fraguado por otro caleño,Oscar Campo y Yo soy Otro, enmarcado en una historia fantástica de un virus en un hombre que desata una reacción que produce muchos clones de sí mismo, tal vez la propuesta más alternativa a nivel visual y de guión, pero con resultados pobres en taquilla.Punto interesante, una banda sonora hecha por La Fábrica y sus castigos electrónicos.

El desfile de cintas continúa con una nueva salida de Lisandro Duque ( Visa USA, Los niños Invisibles) quien esta vez juega un papel curioso en el teatro de la guerra en Colombia con unos mimos que esta vez se hacen pasar por subversivos en busca de una desmovilización lucrativa (cualquier parecido con algún reinsertado verdadero es pura coincidencia) en Los Actores del Conflicto, una propuesta que aunque toca el tema del combate armado, lo hace desde una perspectiva civil, sin desplazados, sin sierras eléctricas y sin esa figura de terror que se implanta en la mayoría de retratos fílmicos sobre la materia.


Para el mes de septiembre sonó Te Amo Ana Elisa, un drama que resalta la labor de una mujer humilde que quiere llegar adelante en medio de muchas adversidades, idea original de su protagonista Adriana Arango y la conducción de los hilos en un trabajo conjunto de Antonio Dorado (una vez más, un caleño, recordado por El Rey) y uno de los reyes de la actuación en el país, Robinson Díaz, en un filme que finalmente no pudo obtener la fuerza suficiente en recaudos locales pero que a pesar de ello logró colarse en el L.A. latino festival y se vio también en el Cinemaissi de Helsinski.



Y dentro del esfuerzo independiente una camada de Manizales comandada por otro caleño, Jaime César Espinosa, se ve una labor visual con las uñas, sudor y lágrimas pero la satisfacción del deber cumplido, Helena, una historia de triángulo amoroso con un trasfondo político que hace memoria sobre los acontecimientos violentos con las víctimas de la UP, un esmero con recursos técnicos limitados que, aunque no suscitó comentarios halagadores, sentó otro precedente en la forma de hacer cine de tipo independiente, más por convicción que por búsqueda de utilidades.

Un colombiano con cara (y apellido) de griego, Spiros Stathoulopoulos, se aparece en escena de celuloide para mostrar una valiente muestra que representó a nuestro país en varios festivales del globo: PVC-1 es un inquietante plano secuencia de 85 minutos que recrea la noticia de una mujer que tuvo el infortunio de ser parte de una extorsión con un collar bomba.La película había viajado por Cannes y fue selección oficial en muchas muestras cinematográficas del otro lado del Atlántico durante el 2007, pero a nuestro país llegó hasta el año siguiente, donde curiosamente, no levantó tantas flores y manejó un perfil discreto, sin embargo, se abona la gallardía de Stathoulopoulos para trabajar todo el filme sin cortes, que es mucho más atractivo que la historia misma. Una vez más, el tema de la subversión y la violencia en Colombia, que es paradójicamente tan aplaudido en otros sectores de la geografía universal.



Previo a temporada navideña se estrenó Nochebuena, de Camila Loboguerrero (María Cano) otra propuesta con un guión que se sigue acercando al tópico del papel con ceros, donde se inserta en el mundo de una familia burguesa que comparte aguinaldos en una finca donde se revelan secretos, se traman conspiraciones y se acentúan envidias, en una visión donde las apariencias de ser una familia de índole aristócrata se van desbaratando con el descubrimiento de la bancarrota dentro del caudal que se supone ostentan, y al respectivo marrano le va a llegar la hora de que le hagan su nochebuena. Toque de humor negro criollo.


Y para finalizar el año siempre aparece la mano que busca llevarse una pequeña parte de la 'prima' de las familias que aman el plan cinema después de la Navidad, el 25 de diciembre Dago García y sus libretos, y Ricardo Coral y su estilo le ponen estampa a
Ni te cases ni te Embarques, una comedia agregada a otras nueve para Dago, que toca el tema del pánico al matrimonio y las situaciones jocosas que se desenvuelven perfectas para pasar la digestión del ajiaco de medianoche y reírse de un libreto hilarante por pasajes que divinamente cabe en la parrilla televisiva. Un ejercicio casi sagrado para muchas familias, que, mal que bien, impulsan a mantener al cine colombiano en pantalla con su asistencia.


El año tuvo distinciones en el campo del cortometraje, comenzando por La Corona, de Isabel Vega, quien vino a mostrarnos un reinado en la cárcel del Buen Pastor, y desde el color de la penitenciaría se trasladó al rojo de la alfombrada entrega de los premios Oscar, cautivados por el tema. Un muchacho de nombre italiano, Franco Lolli, participó con un corto llamado Como todo el Mundo con una historia cotidiana muy acorde a los tiempos de actual recesión en una narración de madre e hijo y con ello se llevó el gran premio en el festival Clermont-Ferrand, el más importante del mundo a nivel de cortos. Y finalmente, Juan Pablo Betancourt seduce con una historia fantástica de un niño que logra desmenuzar cualquier cosa con sus manos con Rojo Red, que logró llevarse premio en el Festival de Cine Fantástico de Oporto. Los cortos en Colombia tienen un futuro más duradero que los mismos largos.





Y mientras el 2008 se despedía con un balance de altura, se venía el desafío para un 2009 con producciones pendientes por dar a luz en pantalla. La primera fue una comedia familiar de la mano de Harold Trompetero (Diástole y Sístole), quien esta vez se aventuró a llamar a la familia a ir en combo a comer crispeta y sonreír con los primitos, sobrinitos y ensalzar la voluntad y la Fé a través de un superhéroe bien parroquial que cuenta con los 'poderes' que le concede el Divino Niño para resolver cuanto entuerto se atraviese en su barrio. Como en todas sus películas, el Sagrado Corazón es uno de sus leitmotivs. No contó con tanta recepción como lo hizo su siguiente película que fue lanzada un par de meses después, Riverside, rodada en Nueva York y que cuenta un sueño americano a la inversa, donde dos esposos de clase alta se ven atrapados por la crisis económica y viven la quiebra en Nueva York y deben recurrir a métodos de reciclaje y a la vida callejera para salir del lío de dejarse absorber por la Gran Manzana, esta vez tuvo más reconocimiento por parte de la prensa internacional.




Y vuelve el tema de las drogas. Pero esta vez, con el fin de entretener. Basado en un cuento de Alfredo Molano, el director Guillermo Calle se manifiesta con El Arriero en una narración que juega con los elementos del amor, la droga, la acción y en sí el entretenimiento, un hombre que se debate entre el querer de su esposa y su amante 'mula' mientras ve cómo prolifera su negocio de 'exportaciones' a través de cuerpos necesitados que deben cargar con 'pasta blanca' en su estómago para después obtener algo de buena 'pasta verde'. Una visión un tanto ligera alrededor del narcotráfico, tal vez la más light de todas las propuestas mostradas en filmes criollos de años anteriores.



El verdadero golpe de grandeza y privilegio llega en abril con la segunda cinta del costeño Ciro Guerra, Los Viajes del Viento, una bellísima exposición fotográfica que muestra el itinerario vallenato durante los sesenta con un juglar que quiere el retiro y su joven acompañante que quiere la gloria, y recorren la zona norte de Colombia para devolver el acordeón a su maestro. Con un tratamiento lento, casi documental y el recurso de actores naturales y nostálgicos vallenatos amenizadores de postales en video, este filme logró después de once años de ausencia colombiana aparecer en Cannes y despertar la atención del mundo con ese universo paralelo y exótico que ofrece nuestra geografía costera. Más que guión, es la belleza de los parajes y la solemnidad del cine de Ciro lo que logran conmover. Además de pasar por San Sebastián y Toronto, está nominada en candidatura por nuestro país para Premio a mejor Película extranjera en los Oscar. Amanecerá y veremos si el viaje valió la pena... Para los amantes de la fotografía, estamos seguros que sí.


Para los amantes de la rectitud y la religión, tenemos un héroe propio en la película
La Pasión de Gabriel, estrenada en agosto con buena recepción del público que recurre a la temática del conflicto armado, esta vez centrado en la historia de un cura que, por hacer valer la justicia se mete en líos con los militares, los guerrilleros, los políticos, la comunidad y hasta con la misma curia, pues su voluntad de pastor no le impide dejarlo caer en las tentaciones de la carne, una especie de Jesucristo a lo provinciano, que sufre las consecuencias de no colaborar con su silencio para la perfecta marcha del sistema corrompido. Luis Alberto Restrepo (La Primera Noche) vuelve a locaciones rurales para recrear su historia y logra llevarla hasta el festival de cine de Guadalajara donde su protagonista Andrés Parra se lleva el premio a mejor actor. Abarcando el tema de la justicia desde el punto de vista de un hombre, se queda corta en algunos pasajes, pero logra su cometido, seguir impulsando la taquilla y las nuevas realizaciones.


Pero cuando hay curas justos que se dejan llevar por la carne débil, hay otros que se dejan endulzar el pulmón por la tentación de la hierba. Caso plasmado por el señor Alessandro Basile en
El Cielo, una propuesta alterna que se encarga de desahogar toda su ira contra la imagen abismal de clases en una ciudad tan ostentosa y al mismo tiempo tan putrefacta como Cartagena y que discute el tema de la marihuana como método medicinal mediante la mirada aprobatoria de un presbítero (Salvo Basile). Filme para levantar polvareda en las clases altas por su temática, con ciertos visos a lo Felipe Aljure en algunos tramos, con algunas escenas que pueden haber sido ideadas bajo el influjo del humo jamaiquino, pero que se quedó corta en audiencia y pasó rápidamente por la cartelera.


El 2009 fue un año de menos movimiento para el boom del cine caleño, pero no podía faltar un representante de esta escuela para colarse en Bogotá y dar un retrato de la sordidez serena de la noche capitalina en La Sangre y la Lluvia. Jorge Navas regresa de las catacumbas de sus alabados cortometrajes y muestra su ópera prima en largo, cuidadosa en fotografía, lluviosa en escenografía y creando una atmósfera de cine negro a menores revoluciones y sin tanto suspense con el mérito de llevar su obra casi en tiempo real y hacer un reflejo alternativo de las calles de la zona de tolerancia de la multicultural Bogotá. Intenta prometer en el Festival de Cine de Venecia y augura nuevos trazos en la estilística de dirección para dar un pequeño giro de identidad a la forma de hacer películas en el país.



Por último viene la cuota de dirección de un alemán que, al mejor estilo de Barbet Schroeder en su tiempo con La Virgen de los Sicarios, ahora pasamos de Medellín a Cali mostrando problemáticas parecidas con una palabra que milita eternamente en los barrios bajos: Sicario. Tom Schreiber se trae a un practicante de medicina teutón a un hospital público de Cali en el relato de Dr. Alemán, donde se muestra sin prejuicio el sinsabor de las balas que corren por las calles y centros de atención médica patrocinadas por jefes de carteles bandoleros y un europeo quiere dejar de ser observador para internarse en las amarguras de un pueblo golpeado por la violencia de suburbio. La actriz Marleyda Soto, por su naturalidad se llevó los aplausos y el premio a mejor actriz en el Festival de Cine de Viña del Mar.




Mientras tanto, los cortos siguen siendo (como el fútbol de las inferiores de nuestro país) los que se llevan los galardones: 16 memorias de Camilo Botero ha tenido muy buenas críticas por rescatar la cotidianidad en video de una familia de Medellín, y fue premiado en el festival de Cine documental en Miami. Por otro lado, Jorge Caballero logró destacarse en Buenos Aires con Bagatela, que se desenvuelve en juzgados y nos cuenta historias de delitos menores, sus castigos, sus avatares y todo lo que puede dejar mal parado a un sistema judicial no muy equilibrado, el premio se lo llevó en BAFICI en tierras gauchas.


El 2009 finaliza con grandes expectativas con varios proyectos pendientes por publicar, en etapa de post producción o que se desenrollan en trámites de cartelera, derechos y demás: Títulos como La Sociedad del Semáforo (Rubén Mendoza), Lecciones para un Trío (Juan Pablo Bustamante), El Vuelco del Cangrejo (Oscar Ruiz), Lo Azul del Cielo (Juan Alfredo Uribe), Marina la esposa del pescador (Carlos Hernández) y Contracorriente (Javier Fuentes-León), deben demostrar que la ilusión de una industria de cine nacional debe dejar de ser una utopía, que por lo menos se acerque mas que a una empresa a un movimiento, y que Colombia no debe decaer como en la triste producción de los noventas, hay que seguir dando pantalla.CINE

21 nov 2009

EARTH, WIND AND FIRE - THAT'S THE WAY OF THE WORLD



A mediados de los setenta en Norteamérica la efervescencia de los sonidos funky y la inminente avalancha del Disco eran una invasión declarada en tierras del tío Sam, y más adelante en todo el orbe. Mientras George Clinton se deslizaba en galaxias de origen psicodélico con su característico groove, Stevie Wonder desfilaba en un amorío entre el soul y los sabores funky. Mientras Curtis Mayfield se endulzaba entre acordes de negrura tierna, Kool and the Gang envenenaba los suelos de las pistas de baile con vientos incendiarios. Mientras ellos se bamboleaban en el apogeo del Funk, mal visto por los puritanos, bien visto por los paganos musicales, se destacaba un armónico movimiento de personajes amantes del virtuosismo y la variedad liderados por el siempre optimista Maurice White, quien en su carta astral tenía como primeros elementos los nombrados en el grupo de sus amores: Earth, Wind and Fire.

En oportuno momento de vivir la fauna musical de esta década tan variopinta, el hijo natural de Memphis pero hijo adoptivo de Chicago, Maurice White vio la posibilidad de seguir experimentando a través de varios géneros para finalmente encontrar una propia identidad, y probó con muchos, enredando al jazz, al afro, rock, gospel, R & B, soul y obviamente al funk, en una amalgama de sonidos atractivos, felices y bien elaborados con un line-up de muchos miembros (casi una big band a escala) y una puesta en escena vivaracha, con los vocales muy bien complementados entre el baritonal White y el falsete casi castratto Philip Bailey . El sonido de Earth, Wind and Fire se identifica de aquí a Caparnaum sin ninguna duda.

Para 1974 la banda ya contaba con cinco trabajos a cuestas, y el precedente de un disco platino fechas anteriores, Open Our Eyes, que llegó a listados en Número Uno de R & B en EEUU. Bien parados en la escena, pero aún no tan reconocidos a nivel internacional. La primavera fue el chance: Participar en una película dirigida por Sig Shore (uno de los íconos del cine Blaixplotation) en el rol de una banda incipiente con repertorio caliente lista para triunfar en el mundo del espectáculo. Para esto, debían tener un soundtrack, y como era evidente ellos eran los encargados de articular las melodías y voces del filme. Maurice White aprovechó para lanzar la banda sonora antes que la película y los resultados fueron magníficos para el grupo: En marzo de 1975 vio la luz That's the Way of the World, un trabajo consistente y refinado repleto de alegría que llegó fácilmente a tope de listas y los consolidó a nivel internacional con su sonoridad cargada de espiritualidad.

La grabación del disco se generó en un rancho lejano en Colorado, el Caribou Ranch. Mientras Maurice White caminaba en los alrededores vio un cielo azul prominente con estrellas que coqueteaban con el crepúsculo, con su actitud optimista ideó en un par de minutos la historia de alguien desconocido que puede llegar al estrellato con sólo proponérselo, el reflejo lírico del primer track del álbum, "Shining Star" que en febrero vio la luz y la celebridad como lanzamiento en USA, un Número Uno inobjetable ganador de Grammy en categoría Interpretación R & B de grupo, que gravita en funk para chuparse los dedos y deleitar los zapatos, la base de bajo y guitarra contundentes con todo el sabor necesario para retumbar en los parlantes y llamar al baile mientras Maurice te levanta de la cama con optimismo desbordante. Conocido por todos y todas durante ese año, ha pasado por tributo de la misma Chaka Khan, y ha sido objetivo de samples para gente como Public Enemy, MC Lyte y The Roots, además de hacer parte de soundtracks como Goldmember, Scooby Doo 2, e incluso, ser interpretado por Gonzo de los Muppets en pleno viaje al espacio. Una estrella brillante que no puede negar su popularidad.

Volvamos al tema de la película. El señor Shore, después de su tremendo éxito con Superfly (1972) y que también consolidó en el mainstream al exquisito Curtis Mayfield con su banda sonora, quiso seguir en la onda de una musicalización totalmente negra. Se puso en el rol de director y llamó a una figura del medio para protagonista, Harvey Keitel, quien encarna a un productor musical que se ve obligado a promocionar un mal grupo de pop vocal presionado por sus jefes, en lugar de una gran banda de soul funk que él quiere ayudar, y que es precisamente Earth, Wind and Fire, donde sus integrantes hacen pequeños parlamentos como músicos entusiastas que buscan la fama. El filme no causó revuelo y ha pasado sin pena ni gloria por los proyectores, pero el soundtrack fue de tal calidad que se mantiene vivo en las memorias de los setenteros. Y el tema que titula la película es tal cual, setentero en toda su extensión con ese sonidito heredero de las texturas soul de Motown (pasaría fácilmente como una interpretación de Marvin Gaye), y matices del Sonido de Philadelphia, anunciando con líricas felices el perdurable espíritu jovial que siempre quiso promulgar White: 'Stay young at heart ‘cause you’re never (never, never, ..) old at heart'. El tema fue segundo single, y por segunda vez llegó al N 1 sin problemas en junio del 75. Objeto de covers por parte de Incognito o Pat Boone, y de samples por parte del famoso Nas. Un delicioso viaje por soul limpio que combina muy bien las voces de Bailey y White , que cuando cantan plantan flores y obtienen perlas. Refinado idealismo.

Maurice White tuvo una influencia bastante fuerte del blues de Chicago y desde sus tempranos años desarrolló un gusto por los sonidos elaborados de la mano de artistas como Booker T. Jones, Etta James o Muddy Waters, y mostró todo su potencial como baterista en muchas sesiones del respetable sello Chess. Más adelante se interesó por otros instrumentos (como su misma voz y la kalimba, un familiar africano del vibráfono), y cimentó las bases para trabajar en un ecléctico conjunto de géneros que dio origen a Earth, Wind and Fire. Bajo una clara influencia afro y el amor declarado al funk logra incluir su kalimba en el tercer tema del LP, "Happy Feelin", pura felicidad de dinámica bailable en las voces de Philip Bailey quien llama a sentir el poder de la música, y el saxo con dosis minimales define el vigor de la pista, y la percusión por momentos evoca los aires de la dicha ancestral de las tribus africanas.



Junto a tanta variedad en sonoridades e influencias, se le unía un sincretismo de espiritualidad liderado por el sello de la buena actitud. White proclamaba sin prejuicio toda clase de doctrinas en las que se entremezclaban la astrología, numerología, vegetarianismo, yoga, budismo y cultura del antiguo Egipto, que se reunían para cantar un solo mantra al amor y a la vida plena, solo hay que ver los vestuarios excéntricos y coloridos y la enorme sonrisa de Maurice, que tenía estampada la palabra Vida en su frente. "All About Love" es el cierre de la cara A del vinilo, y confirma lo escrito, 'Paint a pretty smile, each day lovin, is a blessing'. No se ve tan de frente (excepto los grupos religiosos) alguna banda con semejante esperanza en sus letras. Esta canción es la que más se acerca al perfil de balada pop con White liderando en voces, arreglos orquestales muy sutiles y una sección de vientos pomposas en algunos intervalos, apenas para ponerlo en la cena romántica de par velas entusiasmadas porque en esa noche, todo se tratará de amor.


Entre tema y tema hay un teclado un tanto psicodélico que evoca los enlaces de los álbums conceptuales de The Beatles, característica que se hizo partícipe en interludios posteriores de otros trabajos de los Earth, Wind and Fire. Después de cerrar su ciclo con Warner, el grupo tuvo puertas abiertas con Columbia y el patrocinio en producción de Charles Stepney, quien ya tenía experiencia al trabajar con la gente de Chess Records y conocer la alta gama del movimiento blues y soul de aquel período, en especial con The Dells con quienes obtuvo grandes logros comerciales. Stepney metió mano y corazón en el tema titular del disco, en "Reasons", y en el lado B de "Shining Star" titulado "Yearnin Learnin", una composición (una vez más) entusiasta que habla sobre el chico triunfador que aprendiendo a andar por la vida logra cumplir sus metas, un funk potente con ciertos visos a Stevie Wonder, que tiene un piano juguetón durante toda la canción, las trompetas son despertadores, alerta de luz, la guitarra embelesada en su wah wah y Maurice White encargado con su tono barítono de dar el aire jovial. El switch se pone en On durante este pasaje.

Desde Denver Colorado proviene una de los falsetes más difíciles de igualar en la historia de la música negra, Philip Bailey es un amante confeso de Stevie Wonder y Dionne Warwick, y con una capacidad vocal tremenda al mantener sus agudos en registros prolongados. Junto a Maurice White es la cuota vocal que lidera la banda e interviene en varias de las composiciones de los temas de este trabajo. Si se quieren apreciar todas las aptitudes de garganta de este individuo no se puede dejar de escuchar "Reasons", una finísima balada soul, canturreo de pájaro que acompaña con vitalidad y sofisticación un manifiesto de amor, el único track que habla sobre el amor físico, sobre la conexión hombre-mujer, esta vez Bailey desplaza con sus falsettos de tono inverosímil toda relación galáctica con el más allá y los mensajes de superación de White, con el simple ingrediente compositivo de los deleites idílicos, del disfrute del amor a una chica, y de la sumisión voluntaria por culpa de la adoración. Una pieza muy bien orquestada, con arreglos elaborados, todas las tonalidades y adornos barrocos en la pieza mientras Bailey se va elevando al cielo junto a su registro de voz. Esta melosería bien hecha ha sido parte en versiones del saxo Stanley Turrentine o el chico reggae Maxi Priest, e incluso hasta Will Smith ha saboreado su dulzura en el filme Hitch, como parte de su banda sonora. De todos los cortes del álbum, esta es la postura más sobresaliente del trabajo de Philip Bailey, casi a la par que su inolvidable éxito con Phil Collins, "Easy Lover".


Pero no sólo Bailey y White son los artífices de este sonido de fábula funk. Toda una nómina desarrolla los acordes y las tramas auditivas para hacer bailar al público, comenzando por el hermano de Maurice, Verdine White, quien comanda la línea de bajo y colabora en composición, Ralph Johnson en los tambores, los funky guitarreros Al Mc Kay y Johnny Graham, Larry Dunn en todo lo relacionado con teclas (excepto la kalimba, exclusiva de Maurice White) y el señor Andrew Woolfolk en saxos y flautas. Y es precisamente este experto 'soplador' que se desahoga en fraseos muy jazz pero con el veneno del sabor en el único tema instrumental del disco, "Africano", que inicia con ancestrales añoranzas de sangre de continente negro en sus flautas, y después se encarniza en ritmos bailables rápidos como el cazador y funkys como el músico, y va en busca del alivio a través de varias notas sueltas que suben, bajan, corren y se relajan, pero siempre mantienen el espíritu que homenajea a sus orígenes. Una especie de funk jazz muy bien planteado con tonos persecutores en un ensamble de instrumentación de sabor puro, complementado con la sección de vientos de The Phenix Horns.


Esa calentura de resoplidos de metal denominada Phenix Horns estaba conformada por Don Myrick en los saxos, Louis 'Lui Lui' Satterfield en el trombón, Rahmlee Michael Davis y Michael Harris en trompetas. Tuvieron el gusto de trabajar con artistas como The Emotions, Phil Collins o Heaven 17, y fueron la carburación real que dio a Earth Wind and Fire toda la potencia que despide el That's the way of the World, una sección intensa que se entromete (por fortuna) en muchos episodios de esta producción y calienta hasta al esquimal más escéptico. Este juego de resonancias de cobre también participan en el último track del álbum, "See the Light", que con estruendo irrumpen en la primera parte del tema (bastante afro) y en frenético aire acompañan un cántico altísimo de Bailey, hasta que llega la parte soul del asunto y le dejan el camino libre a un teclado que quiere hacerse notar, Larry Dunn, otro de los grandes colaboradores en composición, entra al juego y se desquita en solos de blancas y negras muy al estilo místico del colectivo musical, toma también el moog y le exprime todo el jugo posible entretanto las voces se desfogan en plegarias al Grande buscando la luz y pidiendo no caer en tentación, la canción más cercana a la oración y la espiritualidad, el cierre que da gracias a Dios por dejarlos publicar este trabajo.

Para 1999 se lanzó una reedición del That's the Way of the World con material bonus, pues tuvo apartes de algunos masters de primeros cortes de temas como "Happy Feelin", "All About Love", "Shining Star" y "That's the Way of the World", además de una versión inédita, totalmente jazz, de un jam que titularon "Caribou Chaser", todo un lujo de canciones reunidas para fascinar a un público ávido de eclecticismo y sabor, esta vez de la mano de mensajes de superación y alta espiritualidad como no se ha visto en mucho tiempo (en el mercado mainstream se aclara), la gente bailando al son de las plegarias discotequeras que provienen de todos los lugares y de ninguno al tiempo, en un eterno vaivén de dioses y músicas que van al mismo fin, destacar la Vida e ir al son del Mundo sin demasiada preocupación, lo importante, es Vivir.