23 feb 2010

LA REVUELTA DE NOCHE

Son muros que retoman su dureza después de la ola de calor veraniego -casi infernal- que invadió la urbe en estos días. Prestos a atender en medio de su impavidez el llamado de otras tierras que quieren confundirse en la escena nocturna, se arma una revuelta de noche gracias al sísmico impacto que puede causar un bombo que clama junto a la marimba de chonta las pilatunas del Pacífico.



La calle céntrica trémula por el cununo inquieto, la guadua coquetísima, la modernidad que se cuela y los coros pletóricos de voces negras en rostros blancos que se condensan en una argamasa de sonidos maravillosos, en un sancocho de pescado con sabor a gloria cantada, en un mar que se expande en un mínimo escenario y moja los oídos de los presentes con placer de agua armónica. Es La Revuelta que llega a cachetear los extranjerismos y a rescatar el currulao y los sonidos ancestrales de la marimba de chonta, con flirteos de actualidad, pero guardando las distancias.

Juan David, el cerebro tras la marimba

La percusión despierta a media cuadra en un llamado de cununo sentido y tenaz, con Andrés 'Turu' quien desbarata sus palmas en el ardor de los ánimos, mientras Juan David, como buen director, imparte la armonía con su genial marimba de chonta, lenguaje propio de la negrura del oeste colombiano. Y poco a poco se van adhiriendo los ingredientes que revolucionan el ambiente con los toques de modernidad que requiere entre guitarra, bajo de seis cuerdas y batería.

Andrés 'Turu', manos de pasión

Falta la incursión del bombo soberbio compartido entre 'Turu' y la negrita María, el a veces sofísticado, a veces apasionado clarinete de Felipe, y la música se hizo. Pero el verdadero escalofrío de beneplácito se produce con la entrada vocal de Verónica y Ailín, poderosas exponentes del cantao Pacífico que nos recuerdan que en el folclor está el sabor, y que la tradición pesa tanto como las maravillas de la tecnología, no hay desmerecimiento alguno. Entra todo el grupo a remover recinto de blancos que anhelan todo lo que a los negros les sobra...



Y la mixtura, el amasijo, la mezcla, el potaje, el revuelto, la Revuelta de sonidos se toman el inicio del año para emprender un viaje magnífico por todo el repertorio envuelto en dos discos dignos de mostrar en cualquier exposición de World music: Agua, que con el peso de grandes reseñas y tener precedentes de levantarles posiciones privilegiadas en el festival Petronio Álvarez, es protagonista indiscutible. Y su más reciente producción Marimba Urbana, recién desempacado de un 2009 marcado por la recesión pero aderezado con la creatividad que el lejano manglar puede inspirar en un colectivo listo para el rescate en medio de tanta incertidumbre.


Ailín y Edwin, juntos en La Revuelta

Se sacude la guasá mientras Ailín imparte aquel alarido magistral en "El puente del piñal" y las vibraciones de la chonta se transmutan en el portentoso elíxir de la eterna sabrosura; la bella Verónica hace contrapeso con una especie de hermosa ronda infantil que está manchada con orgullo de oceáno en "El cangrejo"; el clarinete muy coqueto muy decente acompaña el efecto narcótico que produce Ailín cuando muy sentida canta "Mandrágora"; la sabrosura que quiere imprimir tremendo sancocho de pescado después de que se consiga el repuesto para "La Oya", un platillo delicioso servido con una que otra corchea; y la magia de Juan David con su estupenda interpretación de la marimba de chonta para que todos puedan cantar y saborear "El chontaduro". Todos ellos en complicidad de 'Rede', el MC de la noche que entre amores y odios, le pone flow al asunto con fraseos de hip hop a lo Chocquibtown, que no convence mucho, pero que por momentos destila un par de momentos brillantes.

La bella Verónica canta "Cocorocó"


Toda una revuelta de noche que pone a vibrar almas sin contar y que nos pone a pensar una vez más sobre las ventajas que nos ofrece una patria tan variopinta como la nuestra, con aquel encanto de lo autóctono, con aquel rescate de lo propio, con aquella valoración de nuestras raíces reflejadas en bombos golpeadores, marimbas de chonta, cununos y coros de salud invulnerable que permiten demostrar a las nuevas generaciones que la verdadera Revuelta musical se encuentra dentro de nuestros rincones sin llegar a nacionalismos, y que el espectro que cubre nuestra tradición es más amplio que cualquier noche de extasiado tambor y guadua.



12 feb 2010

MOTT THE HOOPLE- ALL THE YOUNG DUDES


La fauna musical de comienzos de la década del setenta se debatió entre los gustos por lo excesivamente artístico y dedicado como el rock progresivo que dio campo abierto a todos los virtuosos musicales de la época, y el descaro y la sinceridad sin tapujos del glam que dio abrigo a los liberados sexuales y a los amantes del glamour y el terciopelo como prenda indispensable.


El año es 1972, y entre los reyes de la escena londinense se ubicaban escandalosos con facha como T-Rex, los dinámicos Slade o la refinación de Roxy Music. Aunque el impacto más alto lo causaba un David Bowie transformado en un alter ego de caracter galáctico y andrógino con el nombre de Ziggy Stardust. Dominante en listas y consolidado como personaje clave en el mundo del glam, fue crucial su desempeño en el éxito que avecinaba para otra banda inglesa exponente del género, Mott the Hoople.

DE LA MANO DEL DUQUE

Estos inquietos fans del glamour oriundos de Herefordshire vienen con cuatro álbums a cuestas, pero un éxito leve, frustración por no tocar las estrellas con su música y una inminente separación. Pero David Bowie insistía en el potencial de los cinco Mott, y se ofrece a cederles una composición de su autoría, "Sufragette City". Ellos cabecean, cavilan, reflexionan, pero No es la respuesta. Bowie, terco entre los testarudos, les pone en la mesa "All the Young Dudes". La letra y la posibilidad de una luz entre las tinieblas de la pana oscura sin futuro finalmente les hacen dar un Sí con algunas dudas aún.

Lo que nunca se llegaron a imaginar Ian Hunter (vocales), Verden Allen (teclados), Mick Ralphs (guitarra), Pete 'Overend' Watts (bajo) y Dale 'Buffin' Griffin (batería) es que el acoso de su excelencia Ziggy Stardust y sus Arañas Marcianas iban a suscitar un repentino suceso en el Reino Unido, con un sencillo publicado en julio de 1972 y con una directa casilla 3 en listas. Las botas de plataforma y la purpurina cobraban un atuendo feliz.


El sencillo "All the Young Dudes" es un verdadero manifiesto glam que habla sobre la revolución sexual, la libertad de juventud y el deseo de no morirse a los 25 años sin haber removido las entrañas de la sociedad desafiándola con glamour, buen sexo, y obviamente unas guitarras que patrocinen el desmadre de los setentas. El Duque Blanco David Bowie cumple con el cometido de crear un himno generacional y tocar el saxo (y tocar el sexo), mientras los músicos se encargan de generar el aire de grandeza entre un teclado que predica junto a la voz de Hunter y los aplausos y coros que buscan divulgar la palabra cual sermón de iglesia: 'All the young dudes, carry the news'.

DIVULGUEN LA NOTICIA


Ese fue el punto de partida para el trabajo titulado de la misma forma, All the Young Dudes, con nueve piezas definidas en la marca del glam que no tenían nada que envidiar a un Gary Glitter o a un T-Rex, ellos eran la banda del momento en el movimiento musical y fue su estreno con el sello Columbia, con el patrocinio y producción de David Bowie durante el desarrollo del LP. Fecha de lanzamiento: septiembre ocho de 1972, fecha que no podrán olvidar Hunter y sus muchachos.

Lo curioso del asunto es que el trabajo abre con un cover: Desde la penumbra maravillosa del underground proviene el tema de culto "Sweet Jane" original de Lou Reed y su Velvet, esta vez con un poco más de velocidad en la andanza de sus tres acordes básicos y una voz de Hunter que en varios momentos se confunde con la nasalidad de Bob Dylan. Pues más curioso aún, timbre folkie con facha glam haciendo versiones de rock underground...

TECLAS FINAS Y PERVERSAS

Siempre el teclado de Verden Allen es ingrediente que brinda finura a las composiciones de Mott the Hoople, se percibe bastante en los fraseos glamorosos de "Momma's Little jewel" mientras las alusiones sexuales y la frescura musical se desinhiben entre compases. Entretanto "Soft ground" envenena las teclas con efectos y algo de wah wah en una canción que es digna heredera de los juegos melódicos de Ziggy Stardust, la composición de Allen desfila en la incomprensión, en el piso frágil que debemos caminar en la vida, y en la diferencia marcada que antepone la sociedad ante semejantes mechudos con pinta estrambótica, quienes siempre serán tachados como antisociales por los abuelos.


Y una de las delicias del trabajo que juega lentamente con la perversión es "Sucker", sexo sin prejuicios que se exhibe en una cadencia seductora; Hunter, Ralphs y Watts exponen esa suciedad lasciva con todo el glamour posible: 'All I could hear was a voice give me more more more', 'My baby call me when she want a tale', en un juego constante de palmoteos sado en la percusión y una guitarra acústica que se acerca a lo virtuoso en pleno bacanal, y un saxo en segundo plano que incita a la lujuria de purpurina.

EL HOMBRE DE LOS LENTES OSCUROS


La fuerza creativa y la marca poderosa en Mott the Hoople la tiene en gran parte su vocal Ian Hunter, siempre con sus gafas oscuras y su posición heterosexual entre tanta ambigüedad, un enigmático hombre que esconde sus ojos en el escenario y exhibe su dylaniano timbre en casi todos los tracks. "Jerkin Crocus" es un despliegue de rock and roll sin prejuicios, provocador y altanero por parte de Hunter: 'I know what she want just a lick of your ice cream come I know what you say pappas in bed well hey hey hey'.

Pero así como se desboca en sus referencias netamente libidinosas, hace un interesante contrapeso en la canción de cierre del álbum, "Sea Diver", un profundo lamento de piano y voz que va creciendo con arreglos orquestales y que podría caber mejor en un Berlín de Lou Reed que en un trabajo propio: 'Something comes and something goes and something dies before it grows'. Hunter se ahoga en un clamor que lo hace tan humano, despojado de todo maquillaje y carga sexual.

CUERDAS DE SEIS MINUTOS


Mick Ralphs es el segundo al mando en talento, y gracias a sus riffs adecuados y su tratamiento de las cuerdas hace un sonido compacto. Es responsable de los casi siete minutos del segundo single del grupo "One of the Boys", con infección sabrosa de guitarras rockers y una buena base de bajo, tan rudo como la cerveza de media tarde y tan gregario que es necesario escucharlo entre amigos para corear 'I'm just one of the boys I'm only human so I ain't got much choice' y cabecear con el final caótico de dos minutos entre instrumentos furiosos.

Por otro lado, se aventura a tomar el micrófono y explayarse con la voz en "Ready for love/After lights", otros seis minutos y un tanto que tienen la postura interesante de combinar cuerdas acústicas y eléctricas en el estudio, buena mezcla que halaga los métodos de producción y que enaltece las virtudes del glam como género, pues el trabajo de los músicos en este tema es impecable, además de no ser tan complejo sino que lleva la cadencia de forma oportuna, envenena con los gritos de Ralphs el momento indicado y puebla el ritmo con versos iniciales que van creciendo de forma paulatina y que los deja listos para el amor: 'Give it to me you know what I'm talking of'.

El libro de Willard Manus que narraba la vida de un perezoso adicto al juego llamado Norman Mott fue la inspiración para el nombre de este quinteto, que después de intentar -sin pereza- conseguir el éxito, a la quinta llegaron a la vencida con este ya clásico trabajo de rock and roll y que tuvo el chance de divulgar su palabra a través de las estaciones de radio en Inglaterra, y que ha logrado convertirse en uno de esos ejemplares de culto que muchas generaciones aún no han logrado apreciar, pero que, en un golpe de suerte de emisora tal vez logre captar todas las emociones y las ganas de liberar al mundo de 'All the Young Dudes'.

28 ene 2010

LA MATEMATICA ATREVIDA DE GONDRY



La transgresión tierna, el trucaje barato en euros pero elevadísimo en su valor artístico, las ideas revueltas en licuadoras que producen zumos de creatividad abrumadora, esa genialidad que chispea solamente en cerebros de única naturaleza, un Michel Gondry proveniente de Versalles con el mejor propósito del despropósito inicial y de una matemática perfecta final que ha regalado el mundo los más hermosos, surrealistas y enredados artificios visuales que terminan en historias con corazón, osadía, pero especialmente con la dosis de inocencia infinita que puede con todo y con todos, un niño gigante y terrible del audiovisual.

La inquietud viene desde los ochentas con sus propuestas animadas en los videos musicales de su agrupación Oui Oui, sentido del humor pronunciado, una agitada atracción por el stop motion y un candor mórbido son los ingredientes que se vislumbran y que se van a mantener a lo largo de su carrera. Esto, en combinación con sus primeros cortos, germinal netamente francés.

Luego, viene su relación duradera y experimental con cuanto videoclip se le atraviese y en los que cabe renombrar sus camiones gigantes y simios dentistas con Björk, sus coreografías de perfecto cálculo en tempo y encuadre con Daft Punk, sus juegos de tiempo entre reversas y forwards con Cibo Matto, sus manos gigantes y desequilibrios oníricos con Foo Fighters, el bullet time que patentó The Matrix pero que viene originalmente en Like a Rolling Stone de los mismos Stones, su juego de stop motion en un universo de lego con los White Stripes, y su matemática atrevida de beats que producen casas, postes y fábricas con los Chemical Brothers, en un innumerable repertorio de proposiciones que son deleite de ojos y ejemplo de ingenio para cualquier realizador.



Los cortos también son parte de su itinerante recorrido por el audiovisual, donde se recuerdan especialmente One Day (2001) - A quién se le puede ocurrir tener diálogos y convivir con su propio excremento?-, Pecan Pie (2003) con un Jim Carrey que se cree Elvis cantando encima de una cama rodante, el super hit en Youtube del enigma del cubo Rubik resuelto por la nariz del mismo Michel, y Tokyo! (2008), una historia compartida en experimento en conjunto con los directores Leos Carax y Bong-Joon Ho, y que proponen visiones de la ciudad a partir de tres relatos diferentes, y en el que Gondry se involucra en mundos tenebrosos por parte de una pareja que recorre la ciudad especialmente de noche, una inventiva que se forja con la influencia de propuestas como Paris Je t'aime (2006).

Y ni se diga la cantidad de comerciales: Jeans perfectos para cargar condones (Levis), los hermosos trazos marcados en el cielo con el avión de Air France, toda la descarga de cien películas de acción en un minuto con el reflejo del cristal de Smirnoff, el incesante vaivén para capturar el momento perfecto en el frenetismo de una ciudad que no deja de moverse (Polaroid), y las innumerables técnicas que usa como director audiovisual para condensarlo en códigos binarios y las comodidades que brinda la tecnología de Hewlett Packard. Agrega marcas de autos, bebidas hidratantes, ropa deportiva y muchos dólares para pagar campañas y allí estará de nuevo atacando el talento descomunal de Gondry.


En todos los campos que ha explorado el Asombro es el ingrediente a introducir en su esencia, y en los largometrajes no puede ser la excepción. Junto a otra luminaria de los guiones como es Charlie Kaufman emprendieron el camino de la creatividad cinematográfica juntos en el primer intento como equipo.Lamentablemente en Colombia no circuló en cartelera el primogénito en cine de su carrera, Human Nature (2001), una comedia que juega con la teoría de la evolución y que involucra un científico que juega con ratones de laboratorio para que aprendan a usar los cubiertos de mesa (Tim Robbins), una mujer con más pelo que Robin Williams y que decide vivir de modo silvestre (Patricia Arquette), un personaje con actuación no deprimente mas si de primate (Rhys Ifans), y un continuo debate hilarante entre la civilización y el salvajismo en el que a final de cuentas no se sabe con cual convenir en este mundo de desmesurada tecnología, normas impostadas, pero imponente instinto de genocidas que luchan por tierras que no les pertenecen y que sucumben al delirio del sexo desbocado sin razonamiento
de ninguna índole. Nunca sabremos si en verdad somos seres racionales...


Para el 2004 las cosas andaban más claras y se vieron beneficiosas entre Kaufman y Gondry cuando salió a la luz Eternal Sunshine of the Spotless Mind, una película que el gran público reconoce y que es aceptada tanto en medios intelectuales como en el mainstream. Nos vamos a un campo de tono sentimental, donde las memorias del ex-novio(a) son motivo para usar una máquina para borrar recuerdos y para enfrentar una nueva realidad sin dolores que van de la cabeza al corazón.

El trabajo en equipo tanto en dirección como en guión, son impecables. Un Jim Carrey no tan expresivo como en sus acostumbradas comedias nos sorprende con su inocente catálogo de no ser tan 'nice' y usar su histrionismo en el momento adecuado, en especial en las escenas de infancia y juventud; está Kate Winslet con un cabello que pasa por estaciones de colores y que muestra su cambio de ánimo constante (debe ser geminiana) y que le valió nominaciones múltiples a premios de Academias de distintos círculos; y los dos están envueltos en un cosmos de memorias que pueden ser parte de cualquier álbum de parejas en un perfecto antagonismo impulsiva-reservado, eufórica-melancólico, pero que cuenta con el juego cerebral de la máquina Lacuna que se encarga de no dejar rastro de recuerdo alguno. Aquí comienzan los viajes mentales henchidos de toques surrealistas que tanto le gustan a este director francés.

Una cama en plena playa de nieve, con Joel y Clem a bordo

Y evidentemente los recursos visuales son geniales, el blur o desenfoque en muchas ocasiones interpreta perfectamente los recuerdos que se esfuman, las luces que acompañan a Joel en la librería y se van apagando a medida que él entra al apartamento de Rob, el manejo de la perspectiva en la cocina donde Clementine se ve gigante y Joel diminuto debajo de la mesa, las demoliciones digitales de personas, construcciones y ambientes, y los constantes cambios de locación, de interiores a la playa, al bosque, al apartamento e incluso a pasajes de oscuridad total donde el protagonista buscaba mantener el mínimo recuerdo de su amada. Además del recorte que con su terrible juego de temporalidad confunde la realidad con el recuerdo y al futuro sin memorias con el pasado cargado de ellas.

Escenas por recordar: El tierno desarrollo de una reconquista en el congelado río Charles, aquella calidez entre el hielo ahogado; el parcial escondite de Clem y Joel en el lavaplatos que les sirve de jacuzzi cerebral, el involuntario asesinato del pajarito en la infancia del protagonista y el rescate de Clementine ante las burlas de sus amiguitos, y obviamente los pasajes de la playa, inicio y final de una relación que el azar ha permitido una segunda oportunidad después de verlos despertar en la cama ante la arena, después de la destrucción de la casita a la orilla del mar, o después de su juguetona intención de gozar de amor frío en temporada de invierno con nieve de trópico, donde el primer recuerdo de la relación es el último en borrarse, pero donde queda la clave del futuro encuentro en Montauk.


Clementine se pierde en la oscuridad del olvido

Abelardo y Eloísa es la obra magna de Alexander Pope que da bautizo a la frase titular de la película: ¡Qué feliz es la suerte de la vestal sin tacha! Olvidarse del mundo, por el mundo olvidada. ¡Eterno resplandor de la mente inmaculada! Cada rezo aceptado, cada antojo vencido. Y entre las frases célebres que se citan en la película cabe anotar otra de Nietzche que dice 'Benditos son los olvidadizos: Les ganan la batalla hasta a sus errores'.

Básicamente la película nos llama a la inevitabilidad de la evocación, de pertenecer sin otro chance a un pasado que se logró construir con decisiones, de un desamor que alimentará futuros amores y de una temporalidad inexorable que nos recuerda nuestra condición de humanos que sienten, aman y se decepcionan, y por más amnesias preparadas o involuntarias que lleguen, la construcción de nuevas memorias son ineludibles. Así Joel diga que 'Todo se desmorona, te estoy borrando y soy feliz', se comprobará que no podemos dejar de ser amigos del pasado, así sea tortuoso, bien lo dicen los abuelos 'Todo tiempo pasado fue mejor'.


Los juegos surrealistas de Michel Gondry casi siempre han sido cómplices de sus atrevidas creaciones, y su segundo largo lo pone aún mas en evidencia con esta influencia. La Ciencia de los Sueños (2006) es un vaivén continuo entre la irrealidad onírica y los pies en tierra. A veces pareciera que Michel se levantara inmediatamente después de cada sueño y lo grabara en una recorder para acometer alguna nueva fechoría visual. Esta vez, él se tomó la osadía de escribir la historia y dejar descansar a su compañero de pilatunas Charlie Kaufman.

El reparto se concentra en la inocente imagen de un niño grande interpretado por Gael García, quien es Stepháne, artífice, amo y señor de la televisión fantasiosa de cartón que logra justificar de forma didáctica la ejecución de los sueños y algunos fenómenos cerebrales como el Azar Paralelo Sincronizado (dos personas sin planearlo se mueven para el mismo lugar), o el Movimiento Rápido del Ojo (R.E.M. en inglés) que determinan las fases profundas del sueño. Su compañera en elenco principal es la delgada pero fina cantautora Charlotte Gainsbourg, quien encarna a Stephaníe, amante de las maquetas y del imaginario, vecina de Stepháne que acolita muchas de sus ideas y termina naufragando en un mar de irrealidades creadas por él para darse cuenta que no puede amar a alguien en sueños y que lo espera en alguna de las esquinas de su propia realidad.

Aquí el protagonista principal es el estado del sueño, en el que los recuerdos del pasado, las ansiedades y las reconstrucciones de algunas frustraciones son un sancocho que es plato de deleite durante todo el film, con una confusa separación entre el mundo real y el onírico, donde Stepháne nos sumerge en galaxias de cartón y celofán, domina su empresa, se monta en su compañera de trabajo, despide a su propio jefe y evoca continuamente a Stephaníe.

Las manos de Stepháne en sueños le pesan tanto como su trabajo


Recursividad es la palabra en esta ocasión, pues se ven puestas en escena muy bonitas a partir de materiales de maquetas de bachillerato con cámaras de cartón y cubetas, cortinas de baño, pisos en vinilos, teleprompter de marcador y papel y nubes de algodón que recrean todo un universo paralelo que hace fuerza por obtener el amor de la vecina y que logra cumplir con todos los designios que dentro del alcance humano es tan difícil conseguir.

En general las mejores escenas son las de los sueños, con Stepháne y Stephaníe montados en los teleféricos de esquí en nieve de celofán, con las máquinas de escribir arácnidas que mascullan tratados y cartas estúpidas, con las máquinas de afeitar que se convierten en monstruos postmodernos y aceleran de forma exagerada el crecimiento del pelo, con jacuzzis empapelados de transparencia y una asistente de oficina libidinosa, vuelos de agua aérea y pájaros de lana, la desastrología inminente de edificios de cartón que van y vienen por el inminente sismo de alguna emoción de Stepháne, y el beso ansiado en campo nevado que se transmuta en una realidad de pies congelados en una nevera, hasta que finalmente la pareja de románticos soñadores cabalga en su pony dorado buscando en el mar el idilio eterno.

El ansiado pony dorado, animal clave en el idilio


Un romanticismo ligado directamente a la idealización del ser amado a través de los pensamientos sueltos , con el entusiasmo de un niño que solo ansía un poco de afecto, con la franqueza inocente del morbo que viene sin provocarlo, con la idiotez que se refleja cuando no le puedes decir a una chica que le gustas, con el enamoramiento inicial marcado en sueños y el deseo profundo de que se vuelva palpable, todo a través de los dibujos, las maquetas y las visiones de un Stepháne que asegura que 'El azar es muy difícil de lograr'.

Igualmente la creatividad no deja de ser un elemento importante dentro del film, y aquí el deseo de Stepháne por ser inventor y su máquina de devolver un segundo y su telepático modo de adivinar las cartas lo hacen un espléndido creador de ideas pero un fracaso como un ser aterrizado, mientras Stephaníe, a pesar de su caracter romántico es mucho más centrada y segura, y en la mitad está la personalidad de Guy (Alain Chabat), compañero de trabajo que tiene continuos ataques de espontaneidad morbosa, quien es creativo en el campo sexual pero no le da pie ni a un sueño para hacer evocaciones, de hecho, en una de las escenas de la película se deshace de la cajita mágica que engendra sueños en NTSC: la tele.

El mar de celofán, tan romántico como imaginario

El espíritu de inocencia romántica es entusiasta en el guión de Gondry, que puede pecar por hacer una especie de autobiografía disimulada que logra fabricar tanto ensueño en película, y que termina por hacer una elaboración fabulosa de amores encerrados en el infinito de mares de celofán y nubes de algodón.


Para el 2008 la aventura del director francés regresa con más comicidad en Be Kind Rewind (llamada en Colombia Originalmente Pirata y con poco bombo comercial), en un filme totalmente dedicado a desmentir los efectos especiales que pasan por el 3D y la parafernalia digital, y a jugar un poco con la nostalgia del formato VHS y el tratamiento de los filmes con la recursividad sin necesidad de solicitar grandes presupuestos ni matizar complejidades y distorsiones de guión al mejor estilo retorcido de su amigo Charlie Kaufman (aunque sería bueno que trabajaran juntos de nuevo), sino a partir de la sencillez y el ingenio.

El relato de una videotienda donde sus cintas son magnetizadas y para no caer en quiebra o quedar en evidencia Mike, su administrador a cargo (Mos Def) y su mejor amigo Jerry (Jack Black, tal vez el mejor fastidioso entre los actores) conciben grabar versiones 'alternativas' de las películas que por lo general rentan, con tan buen resultado que el negocio crece de forma imprevista y se convierte en un sitio que termina congregando toda la comunidad e incluso gente que viene de otros pueblos del estado.

Jack Black y Mos Def hacen remake de Cazafantasmas


Aquí vienen a jugar dos elementos muy importantes para el film: El primero es la nostalgia, encarnada en el dueño de la videotienda, Mr. Fletcher (Danny Glover), quien inventa el relato ficticio de vivir en la casa en la que nació el legendario músico Fats Waller, y que trabaja al estilo antiguo con VHS haciendo también honor a los administradores que saben lo que rentan y que aman el cine tanto como su vida misma. El segundo elemento es la creatividad a partir de un bajo presupuesto, donde Mike es el encargado de ponerle la chispa a la dirección de sus películas 'suecadas' con toda clase de trucos caseros que divinamente se pueden mostrar en ferias colegiales, o que pueden hacer parte de juegos de adolescentes con algo de talento.

Y tal como el estudio televisivo de sueños de Gael García, Michel Gondry ataca de nuevo con una puesta en escena impecable basada en baratos materiales: Una versión de Los Cazafantasmas con guirnaldas, trajes fabricados en papel aluminio, libros voladores que se sostienen de ganchos, trucos de cámara como girarla para dar impresiones de un King Kong escalando o de un Egon bajando la barra de cazafantasmas, puños y patadas recreados en audio con scratches de tornamesa, disfraces y fondos en telas coloridas para ambientar El Rey León, chatarra y artículos domésticos como parte del armamento de Robocop, maquetas de ciudades a escala que se incendian y otras que en plano cenital parece que crearan un vacío, combates de box con guantes en bolsas de basura, juegos de profundidad de campo, efectos de corte directo donde antes andaba el fantasma y ahora no, pizzas convertidas en raudales de sangre después de los disparos, el uso del nightshot para grabar escenas nocturnas y neveras convertidas en el HAL de 2001 Odisea en el espacio, son tan solo algunas de las argucias visuales premeditadas por este niño terrible de la puesta en escena que no necesitó de una historia demasiado brillante para deleitarnos con algo que muchos cristianos sueltos hubieran querido hacer, versiones propias de sus cintas favoritas.

Una versión particular de Robocop

La esperanza y la unión son los valores a seguir en esta labor titánica de crear más adelante la vida y obra del inspirador del filme, Fats Waller. Una simple tienda de videos forja una tarea que involucra una comunidad entera que a través de esfuerzos voluntarios, con sentido del humor y con toda la disposición logra finalizar su propia película, un ejemplo que muchos barrios del continente podrían seguir con otros quehaceres sin tanto aspaviento, sin tanto protocolo y especialmente sin cultivar aquella envidia consumista que nos tiene relegados a un apartamento sin vecinos y a carecer del sentido de la alianza limpia.

Una vez más, Michel Gondry nos regocija con el paso de la simplicidad a la genialidad.

Como proyectos para el año en curso parece ser que tiene próximo el lanzamiento de una versión en pantalla grande de El Avispón Verde, y para el año siguiente otro retorcido conato de confusiones poco cotidianas de dos científicos locos en Master of Space and Time, como a Michel más le gusta, confúndenos con humor y nos tendrás en tus manos...

Y pues qué mas se le puede pedir a un director de videos musicales, comerciales, cortos, largometrajes, documentales y hasta escritor de sus propias historias? Esta sobredosis de talento proviene de una matemática atrevida que rompe con la lógica de un metodismo premeditado y se lo deja a los números espontáneos, el cálculo impredecible que se convierte en clave de perfección, la ecuación inexacta del genio que la vuelve insuperable, el juego de disfunciones magníficas ideadas por un francés que nació para deslumbrar al mundo con un estilo visual inconfundible y con un legado que ya no cabe en el anaquel, la magia surreal y poderosa que transmite con la imagen este subversivo sin técnicas tradicionales, que le gusta jugar siempre con el equipo de la novedad, la osadía audiovisual que expele arte por todos sus flancos.

21 dic 2009

PEARL JAM - VITALOGY


El fenómeno que marcó la década del 90 a nivel musical sin duda y reafirmado por muchos envueltos en este medio fue el estrepitoso paso del grunge durante su primer lustro, un catálogo que Nirvana odió, una reacción en cadena que salió de Seattle para el mundo, una posibilidad de dejar el cuidadoso manejo de una tarima a través de luces, vestuarios y cabelleras para simplemente cambiarlo por la expulsión de su rabia con una línea básica de instrumentos y amplificadores listos para el riesgo, sin atavíos, apadrinados por algunas viejas costumbres punk y buscando berrear inconformidades individuales sin demasiado misticismo, pero sí con un peso existencial que fue abrigo de desahogo para algunos líderes de bandas de este inesperado movimiento.

Tres bandas fueron el estandarte usado por el mass media para identificar esta oleada de nuevos rebeldes, Nirvana, Soundgarden y Pearl Jam. Esta última, la única sobreviviente de la época, que aún se mide fuerzas con el mundo de las disqueras y que mantiene su sonido esencial sin pasar como juguete musical de antaño, alcanzó a plasmar entre los discos más importantes de los noventas sus tres primeras producciones, Ten, Vs, y por último, su poco entendido en la época Vitalogy, que fue el cierre de su primer período como representante del sonido de Seattle.

La fuerza súbita de una cobertura en el mainstream sin precedentes, estadios llenos, camisetas por doquier en closets adolescentes, canciones repetidas cada quince minutos en las emisoras, y una superficial euforia por seguir lo que los medios imponían, creó el aire de hastío y aversión por el mundo de parte de Pearl Jam, que había probado las mieles de la gloria con tantos seguidores, discos platino y entrevistas halagadoras, y para finales de 1994 querían recuperar su ser esencial, artesanos sin nombre que desfilaran por las calles con todo el derecho a estornudar sin levantar comentario alguno. Esta presión de la fama llamó a la salida de un disco dedicado a denigrar de la celebridad, a despojarse del consumismo y a invocar el valor del individuo libre y sin imposiciones, camuflado bajo una vieja carpeta de apuntes médicos de los primeros años del siglo pasado llamada Vitalogy.




En el garage del vocalista Eddie Vedder seguramente se podrán encontrar algunas camisas de leñador, una que otra tabla de surf y algún balón de basketball, pero lo que sirvió como inspiración gráfica para la cubierta de su tercer trabajo fue un compendio de notas guardado en una cartilla que a forma de ensayo generaba discusiones sobre la salud y el bienestar, con dibujos anatómicos y un lenguaje médico que proponía mejoras y lozanía perdurable. Lo curioso del asunto es que la propuesta escrita contrastaba con los colores lúgubres de la carátula del disco y el aire de muerte que se respiraba en algunas líricas, donde se opacaba el bienestar y se generaba un constante malestar individual, consecuencia del asedio de los medios, las disputas internas, la muerte de Kurt Cobain (así Pearl Jam se haga de la vista gorda) y sus líos legales con Ticketmaster, la distribuidora de entradas a conciertos.

Y los aires sombríos con tendencia suicida abren el Vitalogy, en un primer track que sostiene la propuesta grunge del grupo, "Last Exit" es el llamado al último recurso de abandonar el peso de la vida para abrazar la levedad del otro lado, es la carrera al suicidio inminente, y mucha gente cuestionó la lírica como una referencia al acontecimiento Cobain, pero Eddie Vedder siempre lo desmintió, pues dijo que varias de las composiciones ya estaban escritas antes del famoso deceso. De todos modos, esta letra trae un peso de cansancio del mundo y en algún instante busca redención: 'Let the Ocean dissolve way my past', mientras en ordenada distorsión juegan las guitarras con el despertador severo de la batería que marca el paso y comprueba que su música no es solo bullicio, hay una estructura en medio de la hecatombe.




Las nostalgias impresas en vinilo siempre van a emocionar más a la tropa Pearl Jam, que mejor prueba que el publicar en tiraje de surcos empastados las primeras copias del Vitalogy en noviembre de 1994 con muy buenas ventas cuando se estaba descontinuando este formato -35.000 copias-. La primera semana de diciembre fue la fecha para lanzamiento en CD, y se lograron ventas de 877.000 copias en ese lapso, evidencia fehaciente de un éxito brutal sin importar formato, sin importar escándalos legales, sin importar el repudio de la banda por la fama. El mejor ejemplo en single de aquella popularidad fue "Spin the Black Circle" (N 2 en Inglaterra, N 10 en Billboard USA), esa furiosa marcha con todos los ingredientes grunge para romper parlantes, (aunque con un parecido 'coincidencial' al "Beyond the threshold" de Hüsker Dü) unas guitarras que quieren reventar tímpanos sensibles, batería que se desdobla en traqueteos punks y el indomable berrido de las cuerdas vocales de Vedder que no se ahorra formalismos y revela su amor por las agujas, pero las de la tornamesa, pues se inició una pequeña controversia sobre el tema de la canción en el que se quería desviar la atención de los vinilos y enfocarlo en la heroína, cosa que nunca se pudo comprobar y que el cantante objetó con el testimonio de su gusto por los surcos y el crispeante sonido de los vinilos. Esta canción se ganó el Grammy a mejor interpretación Hard Rock en 1996 -una prueba más de éxito- a lo que Eddie Vedder responde 'No sé que signifique esto. No creo que signifique algo en especial'.

La constante pelea con los medios los tuvo alejados de entrevistas, ruedas de prensa y lanzamientos de videoclips durante seis años -1992-1998- en una lucha por la independencia y esa hostigante carrera por sus libertades individuales, pero siempre bajo la inevitable distribución de su producto a través del sello Epic. Al verse enclaustrados en la jaula del renombre, buscaron una composición que pudiera salvar a su público de alguna forma del ahogo consumista. El argumento fue "Not for you", segundo lanzamiento del disco en marzo del 95, que le hablaba a la juventud sobre no dejarse comprar, sobre no enceguecerse con el aviso de neón que invita a la absorción del negocio, a romper con negación el poder del mass-media, en un elaborado rock and roll digno de exponer en cualquier concierto con pausas atinadas, bajo consistente y fortaleza moderada en el panorama agreste de la desolación afamada. El guitarrista Mike Mc Cready se lo tomó aún más en serio cuando su Rickenbacker de 12 cuerdas fue un regalo de Navidad de parte del respetable Tom Petty, y los primeros acordes que salieron de ésta fue aquel panfleto grunge que, hoy día, ya es clásico indiscutible en la discografía de los Pearl Jam.

La nómina de la banda casi siempre ha sido sólida, excepto por la continua feria de bateristas que han desfilado por sus redoblantes: El vocal líder como siempre es Eddie Vedder, y quienes colideran esta propuesta son el guitarrista Stone Gossard y el bajista Jeff Ament, que tenían historial musical desde los 80s (Green River, Mother Love Bone); el complemento en el ensamble lo tienen Mike Mc Cready en soporte en slide guitar y otras cuerdas, y Dave Abbruzzese en tambores, el elegido para esta sesión, pues poco tiempo después sería sustituído por Jack Irons. A partir del cuarto track del Vitalogy logran separar esa relación directa con los dos álbumes antecesores, pues "Tremor Christ" es un complejo manifiesto existencialista que es difícil de desentrañar a nivel lírico pues se introduce en metáforas marineras y en dilemas entre ángeles y demonios (al mejor estilo de las disertaciones de Soda Stéreo), entretanto la canción es un amasijo de riffs que rescatan aires de psicodelia en una especie de lenta paranoia y Eddie va cantando como hereje con ecos un tema que se revuelve entre la divinidad y la alienación, primera señal de la inclinación experimental de este trabajo, y que muchos de sus fans no entendieron a primera instancia. Hoy día, es imprescindible dentro de la trilogía primaria de los muchachos de Seattle.

Desde fines de 1993 el grupo comenzó a trabajar en las nuevas canciones para el Vitalogy, mientras finalizaban el Vs. Tour. Las dos primeras que fueron aprobadas y quedaron listas para el horno fueron "Tremor Christ" y "Nothingman", grabadas en New Orleans. Se nota bastante la diferencia de los dos tracks con los demás del disco, pues "Nothingman" es un folk reminiscente cargado de sinsabor sentimental, una creación muy nostálgica de la mano de Jeff Ament que podría pasarse en cualquier radio adulta contemporánea, mientras Vedder se desgarra despacio con dulzura triste hablando sobre las secuelas de lo inevitable, las rupturas y los dolores de corazón que dan pesadumbre a la cabeza: 'And he who forgets...will be destined to remember'.


Las labores de producción fueron encomendadas de nuevo a Brendan O' Brien, hombre de Georgia que ya había metido mano en el Vs, y tuvo chance de trabajar junto a Bob Dylan y reforzó la dosis alternativa de Stone Temple Pilots. Sus arreglos e intervenciones con el órgano Hammond fueron providenciales en varios pasajes del LP. También le pudo dar el equilibrio entre lo nostálgico, lo experimental y lo salvaje, el último disco del quinteto con viva voz grunge en medio de su eclecticismo. Y una de las piezas más fuertes es "Whipping", un fiel exponente noventero de la furia primigenia Pearl Jam con guitarras sucias en un sonido digno de cabeceo, rock and roll sólido con inyección de vigor en todo su recorrido, que toca un asunto de debate como es el aborto y la posición firme del grupo en contra de este 'asesinato' como lo llaman ellos: 'Don't need a helmet, got a hard, hard head. Don't need a bandage, there's too much...blood'.

Los intervalos de corte experimental son una constante en la segunda parte del disco, algo inusual en bandas de corte grunge, pues acostumbrado el público al rechinante descaro de Nirvana, a los sincopados y elaborados ataques de ira de Soundgarden o al lúgubre berrido de los Alice in Chains. Aquí Pearl Jam se toma licencia para hacer experimentos, y le funcionan como aires entre canciones, el primero es "Pry To", un minuto en el que de nuevo hay queja contra la fama con el verso repetitivo 'Privacy is priceless to me', mientras la rima al revés dice 'Oh Pete Townsend how you saved my life'; el segundo es "Bugs", un acordeón de feria embriagado en la melodía de Eddie Vedder que habla de los bichos -no hay que ser un genio para saber de qué bichos se tratan- que lo invaden por todo lado y no le dejan vivir en paz 'Do I kill them' Become their friend?'; el tercero es un instrumental, una especie de mantra importado de los krishnas adaptado a la afinación de las guitarras de Mc Cready y Gossard, "Aye Davanita", trip con panderetas y repetición que puede ser un viaje hasta lo más profundo de lo inexplicable. Platos sonoros con los que Pearl Jam pretende rasgar esa vestidura de catálogo grunge por el que son conocidos.


La cantidad de conciertos para este combo de Seattle bajó ostensiblemente entre 1994 y 1997, cuando se desató la polémica lid con el emporio de Ticketmaster , quienes, al no permitir a Pearl Jam la solicitud de bajar los precios de entrada en algunas paradas de la gira, tuvieron que recurrir a los libros de derecho y presionar al grupo a cancelar su tour en 1994. A partir de este punto, a Vedder y sus hombres les tocó trabajar en la difusión de sus conciertos por su cuenta, por lo que el margen de presentaciones se redujo de forma dramática. Sus temas en vivo eran los pulmones que mantenían a la banda tan presente entre sus fans, y este golpe adujo una posible caída en ventas. Lo que no fue así, pues sus seguidores se mantuvieron al pie del cañón, coreando y brincando sus melodías sin ningún tipo de restricción. Uno de los temas más coreados en vivo es "Corduroy", ya un clásico en sus shows que con una propuesta muy americana de rock and roll sin mucha pretensión cautiva al público en una letra sin coros repetidos que de nuevo ataca al capitalismo salvaje y consolida su odio por el consumismo: 'I would rather starve than eat your bread' o 'Everything has chains, absolutely nothing's changed'. Como cosa curiosa en producción -crédito para el señor Brendan O' Brien- existe un fade out larguísimo que da cierre al tema mientras las guitarras se van desahogando tristes en un clamor que se desvanece lentamente.

Los cambios de baterista son una constante en la historia del conjunto, una pasarela de nombres se sienta ante los bombos, hay que recordar nombres como Dave Krusen, Matt Chamberlain, Jack Irons, Matt Cameron (el actual), o Dave Abbruzzese (el de Vitalogy). Como cosa curiosa, en la grabación en los estudios Bad Animal de Seattle, un día Abbruzzese sufrió una molestia en las amígdalas por lo que no asistió a ensayo esa fecha. Eddie Vedder y Stone Gossard estaban trabajando en composición y pidieron el favor a Jimmy Shoaf, asistente técnico de Dave, que consiguiera una caja de ritmos. La configuraron y de nuevo pidieron a Shoaf que tocara en la batería el mismo ritmo que habían escuchado en la caja. Sin esperarlo, este asistente sin renombre salió en los créditos de la canción "Satan's bed", que se imprimió en grabación final con la ayuda impensada de sus pies, un rock and roll básico con las contaminadas cuerdas típicas que rechinan durante el tema y que sirve para comprobar que dormir en la cama del diablo es un mal negocio y que la ya repulsiva fama no les puede dar el chance de amar como seres comunes y silvestres, como lo que Eddie siempre quiso ser.

Edward Louis Severson III es el nombre de pila de Eddie Vedder, originario de Illinois con una infancia difícil y con dos grupos antecesores a Pearl Jam, Bad Radio y Temple of the Dog. Un hombre, que, a medida que pasa el tiempo, construye una imagen de activista político y deja de ser tan complejo y evasivo como en sus primeras épocas, donde la celebridad le estropeó el camino de una juventud sin reproches . Una de sus primeras composiciones fue "Better man"en tiempos de Bad Radio, donde toca el tema de las relaciones engañosas, y pone a ventilar un pasaje de su vida en el que se entera de que su padre no era en verdad su padre, y siente la cachetada del engaño (que alguna vez reflejó en su single "Alive"). Una juventud de choques emocionales que se desglosa en hermosa balada que inicia con un preludio de túnel oscuro y que pasa después a unos celestes acordes de guitarra en compañía de un Hammond casi eclesiástico, para ir más adelante a la dinámica de un rock pop que sin ser lanzado como single se pinchó, sonó y tronó en todas las emisoras del país del Tío Sam y llegó al Número Uno en listado de Mainstream Rock tracks. Esta accesible canción fue dedicada al padrastro de Vedder, que confirma sus rezagos dolorosos de vida con una declaración que dice '¿Qué tan duro podría ser el estar en una banda? Si vienes de un lugar que es REAL, es muy duro'.

El fantasma de Kurt Cobain invadió la escena de Seattle como gas tóxico y mandó a recoger todos los elementos dispersos en la oleada del grunge: Los productos, la música, los conciertos y las ideas recogidas dentro del género se fueron esfumando progresivamente y quedaron muy pocos que mantuvieran algo de esa sustancia tan apetecida en los primeros 90s (Stone Temple Pilots, Smashing Pumpkins), Layne Staley de Alice in Chains estaba montado en un imparable tren de jeringas, y Soundgarden vivía un apoteósico aplauso por su Superunknown, pero se veía inconforme ante la escena y su futuro no era claro. La muerte de Kurt suscitó toda clase de artículos, canciones, documentales y creó mella entre muchos de sus coterráneos. Involuntariamente, en Pearl Jam también marcó algo de secuelas, y casi que profetizando el hecho que partió la música americana en dos en los noventa, salió "Immortality", tercer single de este trabajo que habla sobre la excesiva presión de estar vivo, de la incomodidad con la propia respiración y el desarraigo por el seguir luchando, alguien muere solo para vivir. Composición creada antes de la muerte de Cobain y que es relacionada por todos los medios con este suceso, pero que Eddie siempre ha negado. Con todo y esto, aquellos rumores fueron beneficiosos para la posición de la canción en listas, colándose entre los 10 primeros en USA. Una composición de corte rural muy pausada con un elaborado corte de guitarras acústicas y eléctricas, y una cadencia paulatina que afligida nos muestra la trampa de la inmortalidad, donde no hay descanso para el alma.

El disco finaliza con otro chirrido experimental de siete minutos digno de cualquier parafraseo conceptual de Tool, en un ensamble de voces de recinto psiquiátrico con diálogos suicidas y desafinados acordes con tenebrosas intenciones, "Hey Foxymophandlemama, That's me" tan complejo y sórdido como su nombre, cerrando con puro sabor a lomotil o morfina o cualquier fármaco de hospital de colores gélidos, en la primera intervención como baterista de Jack Irons, pues Dave Abbruzzese se cansó de los líos legales y la postura anti-comercial de Pearl Jam para probar por otros lados, y de aquí en adelante las baquetas en manos de Irons durarían cuatro años con el grupo.

Un disco difícil de escuchar, extraño e intranquilo, con el legado punk clarísimo, con el sonido grunge latente, pero con ganas de experimentar cuando se le antoja. Historias que se tejen alrededor de la cadena opresiva creada por la sociedad de consumo y el mass-media, el desasosiego evidente de Eddie Vedder que quiere desprenderse de tanto compromiso con la imagen y el merchandising, repudiando portadas de Spin o Rolling Stone, e intentando sobrevivir al huracán que se propició a partir de la muerte del voz líder de Nirvana. Finalmente, unos guerreros que se encuentran en el camino, no para seguir siendo los estandartes del grunge, sino para expresar a través de su rabia melódica inteligentes pasajes de la historia musical de los noventas, e incluso del presente milenio.