21 nov 2009

EARTH, WIND AND FIRE - THAT'S THE WAY OF THE WORLD



A mediados de los setenta en Norteamérica la efervescencia de los sonidos funky y la inminente avalancha del Disco eran una invasión declarada en tierras del tío Sam, y más adelante en todo el orbe. Mientras George Clinton se deslizaba en galaxias de origen psicodélico con su característico groove, Stevie Wonder desfilaba en un amorío entre el soul y los sabores funky. Mientras Curtis Mayfield se endulzaba entre acordes de negrura tierna, Kool and the Gang envenenaba los suelos de las pistas de baile con vientos incendiarios. Mientras ellos se bamboleaban en el apogeo del Funk, mal visto por los puritanos, bien visto por los paganos musicales, se destacaba un armónico movimiento de personajes amantes del virtuosismo y la variedad liderados por el siempre optimista Maurice White, quien en su carta astral tenía como primeros elementos los nombrados en el grupo de sus amores: Earth, Wind and Fire.

En oportuno momento de vivir la fauna musical de esta década tan variopinta, el hijo natural de Memphis pero hijo adoptivo de Chicago, Maurice White vio la posibilidad de seguir experimentando a través de varios géneros para finalmente encontrar una propia identidad, y probó con muchos, enredando al jazz, al afro, rock, gospel, R & B, soul y obviamente al funk, en una amalgama de sonidos atractivos, felices y bien elaborados con un line-up de muchos miembros (casi una big band a escala) y una puesta en escena vivaracha, con los vocales muy bien complementados entre el baritonal White y el falsete casi castratto Philip Bailey . El sonido de Earth, Wind and Fire se identifica de aquí a Caparnaum sin ninguna duda.

Para 1974 la banda ya contaba con cinco trabajos a cuestas, y el precedente de un disco platino fechas anteriores, Open Our Eyes, que llegó a listados en Número Uno de R & B en EEUU. Bien parados en la escena, pero aún no tan reconocidos a nivel internacional. La primavera fue el chance: Participar en una película dirigida por Sig Shore (uno de los íconos del cine Blaixplotation) en el rol de una banda incipiente con repertorio caliente lista para triunfar en el mundo del espectáculo. Para esto, debían tener un soundtrack, y como era evidente ellos eran los encargados de articular las melodías y voces del filme. Maurice White aprovechó para lanzar la banda sonora antes que la película y los resultados fueron magníficos para el grupo: En marzo de 1975 vio la luz That's the Way of the World, un trabajo consistente y refinado repleto de alegría que llegó fácilmente a tope de listas y los consolidó a nivel internacional con su sonoridad cargada de espiritualidad.

La grabación del disco se generó en un rancho lejano en Colorado, el Caribou Ranch. Mientras Maurice White caminaba en los alrededores vio un cielo azul prominente con estrellas que coqueteaban con el crepúsculo, con su actitud optimista ideó en un par de minutos la historia de alguien desconocido que puede llegar al estrellato con sólo proponérselo, el reflejo lírico del primer track del álbum, "Shining Star" que en febrero vio la luz y la celebridad como lanzamiento en USA, un Número Uno inobjetable ganador de Grammy en categoría Interpretación R & B de grupo, que gravita en funk para chuparse los dedos y deleitar los zapatos, la base de bajo y guitarra contundentes con todo el sabor necesario para retumbar en los parlantes y llamar al baile mientras Maurice te levanta de la cama con optimismo desbordante. Conocido por todos y todas durante ese año, ha pasado por tributo de la misma Chaka Khan, y ha sido objetivo de samples para gente como Public Enemy, MC Lyte y The Roots, además de hacer parte de soundtracks como Goldmember, Scooby Doo 2, e incluso, ser interpretado por Gonzo de los Muppets en pleno viaje al espacio. Una estrella brillante que no puede negar su popularidad.

Volvamos al tema de la película. El señor Shore, después de su tremendo éxito con Superfly (1972) y que también consolidó en el mainstream al exquisito Curtis Mayfield con su banda sonora, quiso seguir en la onda de una musicalización totalmente negra. Se puso en el rol de director y llamó a una figura del medio para protagonista, Harvey Keitel, quien encarna a un productor musical que se ve obligado a promocionar un mal grupo de pop vocal presionado por sus jefes, en lugar de una gran banda de soul funk que él quiere ayudar, y que es precisamente Earth, Wind and Fire, donde sus integrantes hacen pequeños parlamentos como músicos entusiastas que buscan la fama. El filme no causó revuelo y ha pasado sin pena ni gloria por los proyectores, pero el soundtrack fue de tal calidad que se mantiene vivo en las memorias de los setenteros. Y el tema que titula la película es tal cual, setentero en toda su extensión con ese sonidito heredero de las texturas soul de Motown (pasaría fácilmente como una interpretación de Marvin Gaye), y matices del Sonido de Philadelphia, anunciando con líricas felices el perdurable espíritu jovial que siempre quiso promulgar White: 'Stay young at heart ‘cause you’re never (never, never, ..) old at heart'. El tema fue segundo single, y por segunda vez llegó al N 1 sin problemas en junio del 75. Objeto de covers por parte de Incognito o Pat Boone, y de samples por parte del famoso Nas. Un delicioso viaje por soul limpio que combina muy bien las voces de Bailey y White , que cuando cantan plantan flores y obtienen perlas. Refinado idealismo.

Maurice White tuvo una influencia bastante fuerte del blues de Chicago y desde sus tempranos años desarrolló un gusto por los sonidos elaborados de la mano de artistas como Booker T. Jones, Etta James o Muddy Waters, y mostró todo su potencial como baterista en muchas sesiones del respetable sello Chess. Más adelante se interesó por otros instrumentos (como su misma voz y la kalimba, un familiar africano del vibráfono), y cimentó las bases para trabajar en un ecléctico conjunto de géneros que dio origen a Earth, Wind and Fire. Bajo una clara influencia afro y el amor declarado al funk logra incluir su kalimba en el tercer tema del LP, "Happy Feelin", pura felicidad de dinámica bailable en las voces de Philip Bailey quien llama a sentir el poder de la música, y el saxo con dosis minimales define el vigor de la pista, y la percusión por momentos evoca los aires de la dicha ancestral de las tribus africanas.



Junto a tanta variedad en sonoridades e influencias, se le unía un sincretismo de espiritualidad liderado por el sello de la buena actitud. White proclamaba sin prejuicio toda clase de doctrinas en las que se entremezclaban la astrología, numerología, vegetarianismo, yoga, budismo y cultura del antiguo Egipto, que se reunían para cantar un solo mantra al amor y a la vida plena, solo hay que ver los vestuarios excéntricos y coloridos y la enorme sonrisa de Maurice, que tenía estampada la palabra Vida en su frente. "All About Love" es el cierre de la cara A del vinilo, y confirma lo escrito, 'Paint a pretty smile, each day lovin, is a blessing'. No se ve tan de frente (excepto los grupos religiosos) alguna banda con semejante esperanza en sus letras. Esta canción es la que más se acerca al perfil de balada pop con White liderando en voces, arreglos orquestales muy sutiles y una sección de vientos pomposas en algunos intervalos, apenas para ponerlo en la cena romántica de par velas entusiasmadas porque en esa noche, todo se tratará de amor.


Entre tema y tema hay un teclado un tanto psicodélico que evoca los enlaces de los álbums conceptuales de The Beatles, característica que se hizo partícipe en interludios posteriores de otros trabajos de los Earth, Wind and Fire. Después de cerrar su ciclo con Warner, el grupo tuvo puertas abiertas con Columbia y el patrocinio en producción de Charles Stepney, quien ya tenía experiencia al trabajar con la gente de Chess Records y conocer la alta gama del movimiento blues y soul de aquel período, en especial con The Dells con quienes obtuvo grandes logros comerciales. Stepney metió mano y corazón en el tema titular del disco, en "Reasons", y en el lado B de "Shining Star" titulado "Yearnin Learnin", una composición (una vez más) entusiasta que habla sobre el chico triunfador que aprendiendo a andar por la vida logra cumplir sus metas, un funk potente con ciertos visos a Stevie Wonder, que tiene un piano juguetón durante toda la canción, las trompetas son despertadores, alerta de luz, la guitarra embelesada en su wah wah y Maurice White encargado con su tono barítono de dar el aire jovial. El switch se pone en On durante este pasaje.

Desde Denver Colorado proviene una de los falsetes más difíciles de igualar en la historia de la música negra, Philip Bailey es un amante confeso de Stevie Wonder y Dionne Warwick, y con una capacidad vocal tremenda al mantener sus agudos en registros prolongados. Junto a Maurice White es la cuota vocal que lidera la banda e interviene en varias de las composiciones de los temas de este trabajo. Si se quieren apreciar todas las aptitudes de garganta de este individuo no se puede dejar de escuchar "Reasons", una finísima balada soul, canturreo de pájaro que acompaña con vitalidad y sofisticación un manifiesto de amor, el único track que habla sobre el amor físico, sobre la conexión hombre-mujer, esta vez Bailey desplaza con sus falsettos de tono inverosímil toda relación galáctica con el más allá y los mensajes de superación de White, con el simple ingrediente compositivo de los deleites idílicos, del disfrute del amor a una chica, y de la sumisión voluntaria por culpa de la adoración. Una pieza muy bien orquestada, con arreglos elaborados, todas las tonalidades y adornos barrocos en la pieza mientras Bailey se va elevando al cielo junto a su registro de voz. Esta melosería bien hecha ha sido parte en versiones del saxo Stanley Turrentine o el chico reggae Maxi Priest, e incluso hasta Will Smith ha saboreado su dulzura en el filme Hitch, como parte de su banda sonora. De todos los cortes del álbum, esta es la postura más sobresaliente del trabajo de Philip Bailey, casi a la par que su inolvidable éxito con Phil Collins, "Easy Lover".


Pero no sólo Bailey y White son los artífices de este sonido de fábula funk. Toda una nómina desarrolla los acordes y las tramas auditivas para hacer bailar al público, comenzando por el hermano de Maurice, Verdine White, quien comanda la línea de bajo y colabora en composición, Ralph Johnson en los tambores, los funky guitarreros Al Mc Kay y Johnny Graham, Larry Dunn en todo lo relacionado con teclas (excepto la kalimba, exclusiva de Maurice White) y el señor Andrew Woolfolk en saxos y flautas. Y es precisamente este experto 'soplador' que se desahoga en fraseos muy jazz pero con el veneno del sabor en el único tema instrumental del disco, "Africano", que inicia con ancestrales añoranzas de sangre de continente negro en sus flautas, y después se encarniza en ritmos bailables rápidos como el cazador y funkys como el músico, y va en busca del alivio a través de varias notas sueltas que suben, bajan, corren y se relajan, pero siempre mantienen el espíritu que homenajea a sus orígenes. Una especie de funk jazz muy bien planteado con tonos persecutores en un ensamble de instrumentación de sabor puro, complementado con la sección de vientos de The Phenix Horns.


Esa calentura de resoplidos de metal denominada Phenix Horns estaba conformada por Don Myrick en los saxos, Louis 'Lui Lui' Satterfield en el trombón, Rahmlee Michael Davis y Michael Harris en trompetas. Tuvieron el gusto de trabajar con artistas como The Emotions, Phil Collins o Heaven 17, y fueron la carburación real que dio a Earth Wind and Fire toda la potencia que despide el That's the way of the World, una sección intensa que se entromete (por fortuna) en muchos episodios de esta producción y calienta hasta al esquimal más escéptico. Este juego de resonancias de cobre también participan en el último track del álbum, "See the Light", que con estruendo irrumpen en la primera parte del tema (bastante afro) y en frenético aire acompañan un cántico altísimo de Bailey, hasta que llega la parte soul del asunto y le dejan el camino libre a un teclado que quiere hacerse notar, Larry Dunn, otro de los grandes colaboradores en composición, entra al juego y se desquita en solos de blancas y negras muy al estilo místico del colectivo musical, toma también el moog y le exprime todo el jugo posible entretanto las voces se desfogan en plegarias al Grande buscando la luz y pidiendo no caer en tentación, la canción más cercana a la oración y la espiritualidad, el cierre que da gracias a Dios por dejarlos publicar este trabajo.

Para 1999 se lanzó una reedición del That's the Way of the World con material bonus, pues tuvo apartes de algunos masters de primeros cortes de temas como "Happy Feelin", "All About Love", "Shining Star" y "That's the Way of the World", además de una versión inédita, totalmente jazz, de un jam que titularon "Caribou Chaser", todo un lujo de canciones reunidas para fascinar a un público ávido de eclecticismo y sabor, esta vez de la mano de mensajes de superación y alta espiritualidad como no se ha visto en mucho tiempo (en el mercado mainstream se aclara), la gente bailando al son de las plegarias discotequeras que provienen de todos los lugares y de ninguno al tiempo, en un eterno vaivén de dioses y músicas que van al mismo fin, destacar la Vida e ir al son del Mundo sin demasiada preocupación, lo importante, es Vivir.

10 nov 2009

VENGANZA AL TRIPLE

Miedo. Rabia. Ansiedad. Insolencia ante lo políticamente correcto a través de la belleza sangrienta. Uno de los sentimientos que más guardamos bajo el brazo, bajo el puño, el odio, se hace partícipe en una genial trilogía concebida por un joven con cara de no matar a nadie en la lejana Corea del Sur. Tres filmes de crudeza agreste pero recreados con una estética impecable que enmarcan un tema central y claro: La venganza a partir de diferentes orígenes, pero todas patrocinadas por el antagónico odio que tanto toca a nuestras puertas.




Chan Wook Park es un fotógrafo de la tragedia sin miedo a salpicarse de sangre, desde Seúl emplea métodos de preciosismos crueles con la imagen, un maestro a la hora de prolongar muertes con planos detallados, sutiles arreglos de música clásica para dar fin a miserables vidas,
close-ups de irremediable cercanía del fin cuando el revólver o el arma blanca son los dueños de los últimos pálpitos, todo calculado desde un inicio, con una fría y hermosa exposición de los hechos con una cámara grandilocuente que se jacta de hacer la violencia un poco más amable a pesar de lo escandaloso del asesinato, a pesar de lo grotesco de las torturas, a pesar del miedo inminente a la muerte.



Sin prejuicios en los guiones, corta lenguas, entierra puñales, estrangula ingenuos o abalea personajes con una exquisitez tal, que solamente la crudeza de los gritos y el alboroto de la sangre chorreada lo hacen sensacionalista, el espectador puede exasperarse o glorificar la escena según su punto de vista (y de su estómago) en medio de muertes totalmente justificadas partiendo de la base inicial del odio transmutado en venganza inclemente.



El primer lustro de la década fue la ocupación de esta tripleta no planeada que Park inició con Simpathy for Mr. Vengeance en el 2002, continuando con la aclamada Oldboy para el 2003 y finalizando el ciclo vengativo con Simpathy for Lady Vengeance para el 2005, agrupadas para reflejar los impulsos dolorosos que produce el odio, y pasar de la ingenuidad a la perversión progresivamente, que apremian a la venganza como solución final a la pena interior. Los tres filmes van encadenados por el sentimiento y están arraigados a fuertes lazos familiares , pero los orígenes de cada vendetta son disímiles.



El sordomudo Ryu en Simpathy For Mr. Vengeance (2002)

Después de pasar por el éxito comercial en su país natal con la película Joint Security Area (2000), Chan Wook Park deja el tema de las balas militares y los conflictos fronterizos (que fue muy bien recibido en el continente asiático) a una experiencia más personal con su primer hijo de la revancha: Simpatía por el Señor Venganza tiene sabores experimentales y más intimistas, con una trama que nos lleva por la vida de un sordomudo que quiere recurrir a cualquier método para conseguir un riñón que su hermana necesita para no morir, y que lo lleva ingenuamente a pasar por traficantes de órganos y a ser parte de un secuestro amateur, desarrollando de forma lenta pero eficaz el sentimiento de venganza que va despertando en los dos personajes principales del asunto, el joven sordomudo Ryu (Shin Ha Kyun) y su ex-jefe Dong-jin (Song Kang Ho), quien termina siendo víctima del secuestro de su hija por parte de Ryu.



Comienza entonces el avance de dos desquites: Ryu debe vengarse de unos traficantes de órganos quienes lo han engañado y robado su dinero, después de haber perdido a su hermana; Dong-jin debe vengarse del secuestrador de su hija (Ryu) quien la ha dejado morir de forma accidental. Los dos son muy parecidos y quieren la venganza desde el mismo punto de partida: La pérdida del ser querido. Los dos promovían la lealtad y el arraigo familiar de forma cariñosa y desinteresada, los dos son personajes que se desenvuelven en una rutina de trabajo no muy bienamada para poder satisfacer las necesidades de sus hogares. Los dos por obligación matan por dolor, mas no por voluntad propia. Los dos emprenden su propia carrera de observación para hallar a sus víctimas de venganza. Los dos odian después de haber amado, los dos se duelen después de ser inexpresivos, los dos entierran la ingenuidad y la reemplazan por rencor.



Ryu (Shin Ha Kyun) recibe su castigo

Características especiales del film, el verde que rodea todas las locaciones y personajes, el cabello de Ryu, la fábrica triste e insensible, la estación del metro, el lago mortífero, los árboles que en silencio contemplan la sed de revancha.
El manejo del sonido se concentra en lo minimal, el ambiente es el protagonista, la incapacidad de Ryu no llama a la música y casi todo se manifiesta en los sucesos tal y como vienen, con el boom como principal refuerzo. Esta vez el sordomudo clama a gritos silenciosos sollozos desesperados. La música sólo aparece en las tristes instancias de la muerte, es poco perceptible, el sonido ambiente es el impacto.
La maestría de Park en la dirección de cámaras es indudable, detalles, contraluces, exploración de ángulos, profundidades de campo, todo un lenguaje infinito de posibilidades visuales a través del agudo ojo de este señor que empieza a crear un estilo.
Y un par de escenas para reconocer, como el momento del ascensor en el que van la policía, Ryu y en la mitad de ellos se va revelando de forma accidental el rostro inerte de su novia, hay que tragarse el dolor...
Otra escena para destacar es el final en el lago (un escenario macabro, pues llama de inmediato a la muerte en medio de su muda calma), el corte con arma blanca de los talones dentro del agua es de impacto inmediato y causa la impresión de no poder incorporarse de la silla después de verlo.



Desde este filme se va forjando el amor de Park por la brutalidad en la forma de matar personajes vista desde la contemplación, cruda pero efectiva, bestial pero sofisticada, sin piedad pero con deleite. Y logra el objetivo de despertar simpatía por el señor Venganza... A quién le gustaría perder un ser querido y quedarse cruzado de brazos? Sin embargo, el final de la película evidencia las consecuencias de la justicia por mano propia y los peligros de involucrarse en la perversión de la sangre.



Para el 2003 llega el mayor hit de este surcoreano con la salida de Oldboy, el segundo exponente de la represalia personal y su prueba más equilibrada entre un guión que se acerca al suspense y un gran trabajo en cámara y montaje. Basado en un cómic manga creado por Nobuaki Minegishi y Garon Tsuchiya recrea la historia de un hombre secuestrado durante quince años sin saber razones aparentes, y después de cumplir este período de aislamiento debe buscar el porqué de su encierro en una persecución en la que sólo cuenta con cinco días para vengarse de su captor.

Oh Dae Su prepara su golpe certero

Alabado en Cannes y objeto de adoración para personajes del calibre de Quentin Tarantino, el 2004 fue el año de gloria para Oldboy. Porqué? Se podría resumir en dos palabras: Guión y estilística. Aquí Chan Wook Park se toma el trabajo de hacer su film más accesible sin tanta tonalidad introspectiva, brinda un poco más de dinámica a muchas de sus escenas, lo complementa con un score de violines vigorosos con tonos occidentales y se lanza a un montaje atractivo con algunos ingredientes de graficación, divisiones de pantalla, peleas sangrientas con planos cerrados que logran estremecer (o crear reflujo estomacal) y como siempre un estupendo trabajo de encuadres y luces que cautivan al ojo observador. Todo un plato exótico pero seductor de imágenes que contrastan entre lo grotesco y lo sublime.



El guión es una acertada elección que opaca su anterior versión de la trilogía, pues en este caso la venganza se va tergiversando, el protagonista Oh Dae Su (Min Sik Choi, de destacable actuación) vive el castigo de la reclusión durante muchos años, y tiene un plazo de cinco días para vengarse. Lo interesante del asunto no es descifrar a su víctima, en este caso Lee Woo-jin (interpretado por Yu Ji-tae), sino saber los motivos de su encierro. La trama mantiene en vilo al auditorio con el alto impacto visual, pero también con la zozobra de saber porqué un hombre tiene que ser castigado tanto tiempo, y más aún, porqué se le libera, cuando una venganza práctica es un asesinato frío y lleno de odio. Y más adelante el obstáculo de un vengador que no puede ejecutar su revancha, pues la de su captor es más cruel y efectiva. Un guión de aplaudir que envuelve otra vez el tema del arraigo familiar, el incesto y obviamente, el odio germinado a partir de la ingenuidad rota por la violencia.



Min Sik Choi es Oldboy

Aquí la sensación de encierro es compasiva con el protagonista, pero también causa exasperación de saberlo prisionero tanto tiempo. Tiempo, tiempo... la palabra que también tiene un peso fuerte en la intriga, el tiempo necesario para ejecutar una venganza perfecta, el tiempo inflexible que agota las energías, el tiempo que se desvanece cuando se tiene un plazo fijo para cumplir una tarea, el tiempo traidor que juega con los recuerdos y los retuerce... Pero esta vez el aislamiento desvanece todo ápice de miedo, la ingenuidad se hace mórbida, la venganza tiene como consigna la verdad.


Continúa el tratamiento descarnado de la violencia, pero en Oldboy los recursos de la sangre parecen no tener límites, sólo hay que recordar los poco sutiles 'tratamientos odontólogicos' de martillo en primerísimos primeros planos, una lengua que no le huye a la tijera y quiere recibir un castigo ejemplar o el combate furioso entre Oh Dae Su y Mr. Han que acaba con toda la dirección de arte propuesta para el glamoroso apartamento de Woo-jin. Pero, entre tanto hilo de glóbulos rojos que decoran paredes y armas, hay un tono de exquisitez visual por parte del director que hace ver las muertes de un modo más 'performance', en compañía de unos violines de tonos urbanos, a veces solemnes, a veces tortuosos, que aplauden el maltrato con sobriedad.


Y no faltan escenas memorables: Toda la trama del encierro en el cuarto con los gases, el entrenamiento imaginario, la compañía triste de un televisor y el envejecemiento vertiginoso de Dae Su, en complicidad con muy buenos recursos de post producción (por ejemplo, las hormigas que salen de su cuerpo); la secuencia de la pelea en el pasillo, el protagonista sólo contra medio Corea del Sur en una interminable batalla de bates, garrotes, cuchillos y martillos con una cámara sobre un riel que quiere convertir este tropel de pasillo en un pasaje épico; o la búsqueda de la verdadera razón de la venganza en el colegio, las escaleras, los blancos estallados, los personajes que alternan roles entre el pasado y el presente (otra vez el juego del tiempo) y la llegada al clímax con el descubrimiento incestuoso. Quedamos cortos en comentarios sobre varias escenas, pues visualmente no hay nada que hacer, es atractiva de pies a cabeza.


Y algo que destacan los orientales es el don de la prudencia. La represalia se desata a partir de un comentario suelto que desemboca en la muerte de una chica sin desearlo voluntariamente, y en esta ocasión el principal motivo de la venganza es la insensatez de la lengua, lengua que finalmente recibirá su penitencia más dura, el silencio por el resto de su existencia, en un final que es absolutamente concluyente y donde el vengador se ve obligado a figurar como el culpable, pagando con mutismo eterno.


Sólo queda una inconsistencia, ¿Porqué Dae Su nunca busca a la familia que dejó años atrás? ¿Demasiados gases en el cuarto? ¿Demasiada sed de venganza? No es sabido aún. Sin embargo, al guión se le perdona el impasse y el recurso de un desquite mediante el incesto es categórico, y más aún, cuando el incesto es el origen de la represalia. Incesto por incesto, ojo por ojo...


Finalmente, Park quiere recalcar una sentencia que suena un poco coloquial, pero a final de cuentas es muy realista, y se convierte en frase leitmotiv durante el largo: "Ríe y el mundo reírá contigo. Llora, y llorarás sólo".



Oldboy fue el motivo principal de Chan para finalizar este tema con una tercera película, tal vez la más hermosa de las tres visualmente hablando, Simpatía por Lady Venganza (2005), donde prevalece el odio como punto de partida para ejecutar su resarcimiento emocional y nos relata la historia de una mujer que es condenada a prisión por un asesinato del que es inocente, y cuando sale inicia la búsqueda del verdadero asesino para vengarse, y de su hija a quien había abandonado de brazos mientras cumplía su pena. Sin tener un guión tan atrayente como Oldboy, o tan introspectivo como el de Mr. Venganza, esta tercera muestra atrae más por su propuesta visual que por su misma narración, donde se mezclan flashbacks con imágenes del presente y la fuerza la captan los pasajes de la cárcel y el episodio final donde se consuma la venganza en comunidad.


La hermosa y triste vengadora Geum Ja

El blanco, el negro y los tonos fríos son predominantes en la cinta, ambientes cromáticos que crean el contraste entre el bien y el mal, de nuevo como en las anteriores entregas fílmicas la perversión germinada a partir del odio, la bondad que se transfigura en resentimiento puro, una mujer inocente y bella que termina siendo una fría y calculadora vengadora (Geum Ja, interpretada de forma magistral por Lee Young-ae) y que, a medida que se va desentramando el relato, va perdiendo su color original -full color- y finaliza en un blanco y negro total, con una técnica magnífica donde una vez más Chan Wook Park es motivo de aplausos. El colorido de la vida se transforma en un frío deseo de revancha, de insensibilidad majestuosa ambientada por la nieve y el escenario de un colegio abandonado para confrontar una venganza esperada por años. El color tiene mucho valor, más que en las películas anteriores, además del método fade to black and white sobresale la dirección de arte con parajes lúgubres y locaciones perfectas para la nevada, el maquillaje de Geum Ja, pálido como sus sentimientos, con un poco de delineación roja donde su deseo de sangre vengadora se hace visible de forma sutil. De las tres, es la más sofisticada en el tratamiento del color.


Los elementos visuales siguen siendo el deleite de este tercer título, con transiciones empleadas en graficación, pasos de tiempo y espacio geniales como el del sueño en el cuarto, a ella en la nieve arrastrando a su víctima, o desde su libertad, a las rojas rejas de prisión, entre otros chispazos de ingenio visual (reitero la progresiva desaturación del color), encuadres grandilocuentes, justificaciones de rostro en los planos, y la aparición creativa de los créditos de las prisioneras con el año y tiempo de pena. Además, un acompañamiento de sonidos de cuerdas y algo sinfónicos en varios pasajes del film que resaltan la belleza de Geum Ja y su lento deseo de consumar su vendetta, barrocos ejemplares provenientes de la cabeza del compositor Yeong-wook Cho, con algún patrocinio del violinista Vivaldi.


A diferencia de los protagonistas de las pasadas entregas, Geum Ja se toma su venganza como un asunto más social, y convoca a una serie de padres que sufrieron la suerte de perder a sus hijos asesinados por el mismo victimario que perjudicó el camino de esta mujer, esta vez el asunto es algo mancomunado y se hace sin prisa, como un concurso, con protocolos, con pasos a seguir, en una escena que no es explícita con las armas (otra gran diferencia, aquí la sangre no es tan escandalosa), más si es muy expresiva en los rostros de los personajes, en la sensación que causa asesinar por primera vez, por dolor, por pena, por vacío. Como saben hacer los buenos directores, en esta ocasión Park no debe ser explícito para crear la atmósfera, el clímax lo causa el estado de los sujetos, sus rostros impotentes, sollozantes, rabiosos o ahogados en pesadumbre.



La surrealista escena de Lady Vengeance y su trineo

Escenas memorables para guardar, todo el segmento final con su parafernalia de novela, más que por la trama, es por la dirección de arte y de actores, el blanco y negro que aparece lentamente y los rostros tan dicientes de los padres de familia, que al ver los videos snuff de sus hijos en plena tortura, no puede causar otra sensación que la de pesar rabioso; el sueño en la nieve, la dama vengadora cargando como trineo al objeto de su odio (Baek, una vez más Choi Min Sik, en esta ocasión en el papel antagónico); o el encuentro final de la protagonista con el niño que nunca mató, Won Mo, y al que esperaba tener en frente después de haber rescatado a su hija. Más que las escenas como tal, es el enlace contemplativo y el impactante proceso del color el que causa recordación inmediata.


La belleza de Geum Ja, angelical y límpida, contrasta con su odio interior, su propósito de represalia, pero también guarda culpa, y como en Oldboy con Oh Dae Su al final, se denota ese sentimiento a lo largo del film, y debe buscar un modo de enmendar el error, la venganza se efectúa para redimir los errores del pasado. Otra vez despierta simpatía en el público. ¿Cómo es posible que una venganza se vuelva simpática? Hay que preguntarle a Chan Wook Park.


La comitiva vengadora del 2005


Tres exposiciones de violencia justificada por el odio del prójimo, por el romper lazos familiares, por destruir todo indicio de amor, que fueron ambientadas de forma soberbia por este filósofo y crítico de arte coreano que sin buscarlo, dio con el chance de expresar el desprecio a través de distintos matices y circunstancias, de resaltar el vacío que queda después de la revancha, un alivio pasajero que no devolverá al ser querido, y de mezclar exitosamente imágenes de violencia brutal de sangre chorreante y caliente con educados encuadres y propuestas visuales majestuosas que le han dado un catálogo de autor particular en su planteamiento cinematográfico, tripas y refinación, odio y amor, violencia descarnada y melancolía primorosa, toda una ambigüedad que condensa el trabajo de esta Venganza que viene de modo triple.

23 oct 2009

CINDY LAUPER - SHE'S SO UNUSUAL


Nunca un disco debut de una solista femenina había causado tanto furor en época alguna. En una década que quedó 'manchada' por destacar más singles que LPs, hay algunos trabajos por mencionar que rompen con aquella convención y entran a ser parte de ejemplares imprescindibles de referencia. Allí tiene que estar de forma perentoria el álbum de pop que casi le quita el trono a Madonna: She's So Unusual de la siempre vívida y extravagante Cindy Lauper.

Durante el primer lustro de la década más sabrosa de la historia de la música, hubo una sana competencia en el dominio de la escena con mujeres solistas o líderes de sus grupos, anótense nombres como Tina Turner, Annie Lennox, Joan Jett, Pat Benatar, Donna Summer, y en el caso de la esfera alta del pop, el toma y dame de Madonna y Cindy Lauper. Curiosamente, se puede afirmar que la reina de los sencillos durante toda su trayectoria es indiscutiblemente la Ciccone, pero si hay que denotar ventajas en un álbum como tal, este She's So Unusual es un modelo difícil de superar, en especial durante aquellos años de explosión new wave y alta relevancia en el mundo pop.



Apenas diez temas fueron más que suficientes para llevar a los registros de la gloria a este trabajo debut de una neoyorquina que solamente quería ser 'inusual' y marcar la diferencia, pero jamás imaginó la magnitud del alcance que tuvo este monstruo ideado en 1983 bajo la tutela de Portrait Records y el management de David Wolff. La señorita Cinthya Ann Stephanie Lauper, oriunda de Brooklyn en Nueva York, y con 30 años para ese momento, había pasado por toda clase de empleos antes de su labor como estrella pop: Fue camarera, simulación de geisha, promotora de clases de judo, pero no encontraba su rumbo hasta que la voz le dio la señal luminosa y le indicó que el camino de la música era su liberación.





Un look de disparatado origen que exhibía un cabello en desorden, rapado a un lado y con tintes naranjas, rojos, amarillos, faldas difíciles de desenmarañar (que tranquilamente había podido prestarle alguno de los personajes de El Extraño Mundo de Jack), collares y pepas que competían con la exagerada proliferación pectoral en joyas de don Mario Baracus, accesorios variopintos sin combinación alguna, y una actitud que revelaba cierta rebeldía punk pero con todo el desparpajo pop, elementos clave para identificarse ante el público y dejar salir su primer LP: "Money Changes Everything" es la cabeza de los diez temas, fue lanzado como quinto single, y engañosamente parece pop rock con tintes Springsteen cuando inicia, pero al aparecer la voz de Cindy sabemos que se avecina un registro magnífico para los anales de la música ochentera, eso si, se lo debe agradecer a la composición del ronco señor Tom Gray, quien había grabado este tema con su grupo The Brains en 1980. La instrumentación es bastante rockanrolera y dio resultado en listas en lugares no muy usuales como Chile (10), Colombia (3) o Nueva Zelanda (14). Y su alusión en la letra al cambio de la gente por culpa del infame dinero es directa, pues el amor se acaba cuando se asoma un George Washington pintado en papel verde invitando a las chicas a conocer el hedonismo y los placeres que brinda el materialismo. Antesala de lo que podría ofrecer su archirrival de aquel entonces un año después con su "Material Girl". ¿O será pura coincidencia?

Gran peso del éxito de este trabajo se debe en especial a una canción icónica del pop de todos los tiempos y es el segundo track del álbum: "Girls Just Want to Have Fun"lo tiene todo, o casi todo: Manifiesto feminista, arte pop, un video tronado en MTV, un look original y una canción llena de
vida que colmó los parlantes del mundo. Cindy Lauper saca a relucir sus aullidos perfectos sin ninguna vergüenza y los teclados están intoxicados de new wave expresivo y fresco, el acólito en los coros de las chicas que sólo quieren divertirse, cuando arremete en su letra contra el típico machismo, la mujer que debe guardar compostura en cuatro paredes y los padres que optan por la crítica más que por la ayuda y el teléfono que se convierte en el cómplice ideal del 'acto delictivo' de ser libre, y Cindy declara en entrevistas posteriores: ' No estoy intentando ser diferente, solo quiero ser yo misma'. Y eso es lo que quiere mostrar este himno patrocinador de la igualdad entre sexos con el que la artista logró reclutar un sinnúmero de mujeres en un ejército pop que le apoyó en el vertiginoso reconocimiento ante emisoras y flashes fotográficos. La letra fue compuesta por Robert Hazard en 1979 desde un punto de vista masculino, Lauper se apropió del texto, lo adaptó y lo convirtió en rotundo éxito. El video, de recordación inmediata, con reclamos paternales y Cindy alzándose la bata (o mejor, su estrafalario vestido rojo), tiene en su reparto a la familia de Lauper donde se incluye a su madre y su hermano, a su abogado Elliott Hoffman, al reconocido estelar de lucha libre 'Captain' Lou Albano, al manager David Wolff, y hasta funcionarios de la disquera Portrait, mejor dicho, todo el mundo en pleno jolgorio porque esta canción alcanzó topes de listas en USA, Australia, Japón, Canadá, Noruega y hasta en Zipacón posiblemente, pues la diversión es la número Uno cuando se trata de eludir una pesada realidad, y más aún, cuando la mujer hace reclamo de sus derechos. Obviamente y como clásico indiscutible de los ochentas, ha sido versioneado por todo el mundo en donde podemos nombrar unos pocos como Pearl Jam, John Mayer, Russian Red,The Killers, Miley Cirus y hasta ¡Alvin y las Ardillas! ¡Habráse visto semejante algazara!


Lo que sigue es una joyita subvalorada que tiene sus orígenes en la genialidad de Prince desde su álbum Dirty Mind en 1980. "When You Were Mine" tiene otra vida y una musicalización excelsa en versión de Cindy Lauper, con un sobrio manejo de los sintetizadores y algunos pellizcos hermosos para las cuerdas, y la chica inusual se encarga de manejar tonalidades de arriba abajo sin ningún inconveniente, un tema muy pulcro que causa equilibrio y que fue lanzado como séptimo sencillo del disco, y que desde las distracciones compositoras del maestro de Minneapolis hace una dolida memoria de su hermoso pasado con una chica que le ha dejado por otro. Algunos críticos pensaron que al no modificar la letra original, Lauper estaba sufriendo por un amor perdido que empezó en algún momento a engañarla con otro hombre. Lo que también hubiera sido inusual.


She's So Unusual logró ventas de 4.5 millones de copias solamente en USA y una popularidad de lujo en los confines del planeta, gracias al lanzamiento de siete sencillos en un año y de cuatro de ellos metidos en posiciones de privilegio en listados Billboard. Todo un registro histórico para un
debut sin demasiada inversión pero con toda la intención. Y entre aquellas insignes canciones que se colaron en la posteridad está la inolvidable "Time After Time", compuesta en el estudio de grabación a cuatro manos entre Cindy y el integrante de The Hooters Rob Hyman, quienes escuchaban fuerte y claro el segundero del reloj y daban paso a minutos de inspiración lírica para contar una pequeña historia de rompimiento sentimental con esperanza de reconciliación, el tiempo lo diría todo. Y el tiempo lo dijo todo con este segundo single de lanzamiento, pues fue número Uno en USA, Canadá y Colombia, y no pasó inadvertido por ningún listado mundial. Fue una balada de arpegios serenos en guitarra y un tratamiento melancólico pero dinámico de los teclados, íntimo pero expresivo, triste pero confortable, y una vocal afligida pero perfectamente afinada, las dotes en la garganta de la chica extravagante esta vez toman todo el aire de sofisticación y sentimiento para reiterar su gran talento y su posición como competidora fuerte en el trono del pop. Años después lanzaría en su Body Acoustic del 2005 el mismo tema en sonido desconectado a dúo con la artista Sarah McLachlan.




Las líricas iniciales de Cindy Lauper en sus temas referían especialmente a la liberación femenina, y gracias a ello tuvo detractores que buscaban impedir lanzamientos o divulgación de su material. Junto a cantantes como Prince, Madonna o AC/DC sufría catalogaciones peligrosas de difusión de material morboso por parte de la censura. Ante esto, Lauper refutaba. '¿Cómo puedes criticar a una mujer por cantar sobre temas sexuales cuando por años y años los hombres sólo hablan de eso?'. El tercer corte de promoción del LP tenía dichos problemas, "She Bop", con un video que tenía insinuaciones de corte libidinoso desde varios pasajes, con una Cindy provocadora que lee revistas de contenido dudoso, calienta a una pandilla de motociclistas y participa en un concurso llamado 'masterbingo' con un host que encarna Sigmund Freud y apartes de la letra que llaman a la masturbación 'They say I better stop--or I'll go blind'. De hecho, en alguna entrevista Lauper confesó haber grabado las voces desnuda. Con todo y crítica, gracias a su video divertido y bien hecho, a ese sonsonete de teclados muy new wave (por momentos recuerdan To Cut A Long Story Short de Spandau Ballet) y a su frescura con coros al mejor estilo de Gene Vincent con su be-bop-a-lula, "She Bop" se consolidó como el tercer sencillo más vendido y mejor ubicado en el registro de éxitos de varios países, Número 2 en EEUU, 3 en el Japón, y 6 en lugares distantes como Australia y Sudáfrica. La carga erótica estimuló la rotación del tema y hoy es recordado entre los grandes clásicos de los ochentas.


La chica inusual casi pierde el chance de ver su estrella iluminada años antes de lanzarse como solista, pues casi pierde la voz en 1977 debido a esfuerzos en la garganta que le ocasionaron problemas cuando ella probaba suerte en grupos de covers como Flyer y Doc West. Al recuperarse de este impasse lo intentó con un dúo que hiciera composiciones propias, Blue Angel junto al saxofonista John Turi, pero sin pena ni gloria se desfiló por la historia corta de este proyecto. Finalmente el contacto con David Wolff y su contratación con la casa disquera Portrait la llevaron a la inesperada publicación de siete singles y su consiguiente triunfo. El cuarto de estos se tituló "All Through the Night", una balada pop con unos synths que parecen arpas celestiales y de nuevo una cantante que se rinde ante la emotividad y deja salir su lado más sensible, hablando a la espera eterna en la noche por el compañero que de fin a su soledad. El tema es un folk original de Jules Shear quien no creía que llegara a ser éxito, lo cedió a Cindy y ella se encargó de darle la vuelta a la historia ubicándolo en el Top 5 en USA y Austria y en el 7 en Canadá, y consolidando el lapso de victoria al reunir cuatro tracks de un solo álbum en las cinco primeras casillas de listados del país del Tío Sam. Con este tema cierra su mejor capítulo musical en el mainstream.


Sería descortés dejar por fuera el crédito de los músicos de sesión que acompañaron a Cindy Lauper en la gestación de este gran producto. Las guitarras de la mano de Eric Bazilian, Rick de Fonzo y William Wittman, Neil Jason en las líneas de bajo, Anton Fig en la batería y el ya mencionado compositor Rob Hyman en teclados, con el apoyo de Peter Wood en algunos synths.
Todos ellos testigos del triunfo, como no lo fue tanto su tema "Witness" que nunca se lanzó como single, pero que bien parece compuesto por The Police o los mismos Madness, pues el veneno de la guitarra ska está definido, y los teclados se tornan un poco más sabrosos, y la percusión juega al redoble caribeño en alguna instancia. Aquí Lauper quiere dejar de ser una espectadora para convertirse en protagonista de una relación, propone un activismo sentimental que involucra de nuevo la iniciativa de la mujer de forma autónoma. Sin ser un mal track, es bastante disímil de sus compañeros de repertorio y perjudica la línea conceptual pop que va llevando hasta ahora, pero recuerda que la influencia del new wave toca cada uno de los temas del LP de alguna forma, y este fue tratado del modo más rock steady posible.


Portrait Records fue bastante útil para la salida al mercado del She's So Unusual. Esta filial de Epic venía trabajando desde finales de los 60s con varios artistas y su primer fichaje fue la recordada artista folk Joan Baez. Para la década de los ochenta, la casa tuvo adquisiciones interesantes como las hermanitas Wilson y su combo Heart, la hermosa y sofisticada Sade, el recordado por su "Electric Avenue" Eddy Grant, y obviamente Cindy Lauper. Dentro de los últimos tracks de la cara B del vinilo hay unos sintetizadores lineales con unas guitarras que rechinan un poco en "I'll Kiss You", una vez más una cantante ávida de emanciparse y ser esta vez la de tomar delantera para pedirle beso al chico en la primera cita (cualquier parecido con la realidad de hoy...). Parece que su letra ha dejado un buen legado, pues los aires liberadores que combinaban el atuendo e ideal medio punk medio pop retumbaron en muchas jóvenes y hoy día consideran, que la santísima Trinidad de la opresión femenina se compone de Iglesia, Familia y Estado.

Una de las ventajas de mantener una postura de chica inusual es el poder manipular su atuendo y su voz de la forma en que pudiera darse más gusto, y en "He's So Unusual" la cantante se infla la voz de helio e interpreta uno de esos clásicos de finales de los 20s que Helen Kane hacía gala y que inspiró la creación del personaje de Betty Boop, aquella coqueta muñequita de falda corta que durante esta aventura musical no tuvo éxito con su pretendiente, pues no da la talla con 'satisfacerla', por lo tanto, es un chico 'inusual'. Gran homenaje rinde Cindy al tema cartoon, uno de los valores agregados a su estilo conceptual.


Y aparte del vestuario excéntrico, el feminismo declarado y el amor al cartoon, Lauper tuvo como refugio otra pasión: La lucha libre, pues cuando podía asistía a las grandes peleas de la WWF, disfrutaba de los combates coreografiados y hacía algunos shows musicales en pleno cuadrilátero. Y eso que todavía no entraba a trabajar en cine y televisión. La canción que nunca estuvo ni en cine ni en televisión fue la del cierre del trabajo, "Yeah Yeah", delirantes saxos y teclados con todo el sabor new wave que bien puede prender la fiesta , una vez más con el deseo de llevar las riendas y preguntar sin rodeos al chico que le gusta si lo puede atrapar, es una canción despabilada que sirve como soundtrack de viaje veloz y cuenta con toda la ligereza intensa de jolgorio en springbreak.

La cara B de "Girls Just Want to have Fun" no fue insertada al listado de tracks que salieron en la edición final del LP, se titulaba "Right Track Wrong train" y manejaba una especie de demencia persecutora con pinceladas del "Yeah Yeah" del cierre, y para los coleccionistas de Cindy Lauper es una verdadera curiosidad. Fueron diez piezas de gran valor con momentos cumbre, algunas veces baladísticos, otras más eufóricos, pero claramente inscritos en la historia de los álbums exitosos de los ochentas, con un objetivo marcado, definir los derechos de las mujeres y tener voz y voto para participar sin tabúes en todos los temas, porque las chicas también tienen derecho a divertirse.

12 oct 2009

UN UNIVERSO DEPECHE



Muchas almas en desamparo durante años esperaron esa fecha especial para extasiar su gusto con un concierto que les diera campo abierto a escuchar todos los Sonidos del Universo, en especial los provenientes de Essex en el lejano Reino Unido. El alargado gusano de cuerpos hacía formación que rodeaba por varios flancos un parque expectante en pleno ombligo de la capital colombiana entre logotipos, chaquetas, merchandising y líricas de precalentamiento para amenizar el preámbulo de lo que iba a ser el recibimiento de los ya legendarios Depeche Mode en su gira Sounds of The Universe con motivo del lanzamiento de su último hijo musical.

Lluvia de tarde, ansia de crepúsculo, fila de vértigo palpitante, acceso moderado de corazón acelerado que aguarda por explotar en su respectiva localidad. La noche se despierta para gusto de los amantes lunáticos del sonido oscuro pero confortable, y para muchos que sometieron sus cuerpos a sesiones de larga espera, al fin pueden entrever un halo de luz con las primeras descargas del escenario, bajo la responsabilidad de los poco conocidos en Colombia Angele Phase, un line-up que rinde homenaje al new wave ochentero con ciertas evocaciones a Buggles y con un marcado sonsonete al formato de Ladytron, con la diferencia de un par de vocales repartidos en cargas iguales por hombre-mujer, ellos son Pete Salmang y Mónica Pardo en el ejercicio de telonear, labor bastante difícil ante el compromiso de enaltecer el producto local y satisfacer un público que no los conoce, pues su difusión ante medios locales es casi nula. Con sonidos primarios en la línea de bajos, guitarras y synths, haciendo efectivo un retro no muy pretencioso y unas voces más bien parsimoniosas y con intenciones un poco oscuras, su corta presentación dio a conocer temas como su primer single"The Butterfly", "Break", o "Be my guard". A veces evocaban un Blondie con ejemplos como "Kiss me", con entradas de guitarras juguetonas y synths de videojuego entretanto Mónica suavizaba su tono introvertido para dar un poco de alegría a su new wave . Un ejercicio de apertura que puede ser el inicio del reconocimiento de la banda dentro de la escena local.


Un universo en un parque. Un sonido en un núcleo. Una plaza agitada por la inquietud. La emblemática esfera que representa su gira se posa sobre el escenario para iluminar con sus símbolos toda la plaza de eventos. El inicio es potente y abre con "In Chains", una impecable voz de Dave Gahan que engaña al paso del tiempo y muestra su estado intacto, los teclados se apoderan de las cabinas de sonido y resuelven hechizar al masivo asistente, que de por si mucho antes ya estaba 'encadenado' a su música, mientras una gigantesca pantalla de fondo recrea los estados de reloj biológico del ser humano con el paso inclemente del tiempo de niño a anciano, en una propuesta visual atrayente y como soporte vital para el show. Prosigue la enérgica e imperiosa "Wrong", el vocal líder se despacha en salvajes pero elegantes líricas que nos hablan sobre el camino equivocado, una cadencia bravía que pone a temblar los suelos disparejos del parque Simón Bolívar, entretanto las luces juegan en persecución buscando a los personajes en tarima, en especial a un elegantísimo David Gahan impregnado en atuendo de color noche . La tripleta dedicada por completo a la parte promocional de su Sounds of the Universe finaliza con "Hole to Feed", donde la guitarra asoma un poco más sus cuerdas y la vibración se sitúa en algunos pasajes sesenteros (como una especie de "House of the rising sun") pero con todo el carácter electrónico que le imprime Depeche Mode y los teclados y secuencias de poderío oscuro del señor Fletcher.

Hay paso para comenzar a revolver nostalgias y corear hasta la disfonía, el primer ejemplo es el alternativo y en esencia muy rockero "Walking in my Shoes" donde la gente de desprende en el recordéris lírico con 'You' ll stumble in my footsteps Keep the same appointments I kept'. Los platos noventeros de aquella inusitada fuerza durante el show se complementan con la intimidad fatal que ya le hace flirteos al trip hop en "In your room"; el siempre sensual y provocador "I feel you", guitarra que desnuda y voz que declara abiertamente el amanecer de un amor; y la sofisticada intervención de "It's no Good" con la conocida introducción que nos llama a recordar la época del discreto pero no menos bien hecho Ultra, en el cual la concurrencia se mezclaba entre los sintetizadores con todo el vigor que pudieran ofrecer sus cuerdas vocales y Dave Gahan suelta unos tonos altos en su grave timbre. La etapa de acogimiento con el rock se marcó mucho en los 90s, durante este concierto se nota más la inclinación a las prioridades synth y algunas texturas electrónicas que prolongan su tratamiento dark, esta vez la guitarra de Martin Gore habla sin gritar, en moderadas dosis de veneno de cuerdas, y Andy Fletcher es el teclado que convoca a la fortaleza y el empuje, el responsable esta vez del estruendo de los sonidos del universo.

Foto: Viviana Vargas

Pocos compositores de la calidad de Martin Gore desfilan y se sostienen en la escena de la música, su sentido de la creatividad y talento son innegables, y es quien pone el sello personal a la magia de aquel confort oscuro llamado Depeche Mode. La cuota sensible de Gore inicia con la refinada versión de "Jezebel" de teclados hipnóticos y voz afinada; continúa con su intimista y lacrimosa "Home", hombre y piano listos en una interpretación minimal para remover todas las fibras y llamar al estado de shock maravilloso promovido por una melodía hermosa y sublime, uno de los momentos más conmovedores de la velada; canciones más adelante regresa con esa nostalgia bella de 1984 "Somebody", la evocación al amor ideal, el simple llamado a la compañía que brinde un poco de calor a la solitaria lentejuela estelar de este talentoso guitarrista, que, en composiciones sin muchas armonías entre instrumentos, y tonalidades minimales en vivo, logra captar una atmósfera total de belleza y calidez en medio de tanta solemnidad y momentos de oscuridad vibrante. Bonitos pasajes los del rubio idílico, mago Depeche.

Para los veteranos escuchas del grupo durante los ochentas también hubo canciones para que se retorcieran de placer y devolvieran vitalidad a las rodillas desgastadas por el sedentarismo de los treinta (o cuarenta) : "A question of Time" fue el primer bombazo directamente importado desde 1986 con Dave tan entero cantando y girando sobre su eje como en sus primeras épocas y las texturas industriales casi intactas, solo con un par de arreglos adicionales para brindarlo de forma más accesible a las nuevas generaciones; "Fly on the Windscreen", especial para seguidores ochenteros fieles, pues no es un tema de referencia directa pero consigue recrear perfectamente el trabajo de la banda a mediados de esta década, disparos de teclado contundente y la cercanía marcada al industrial; "Never Let me Down Again", tal vez la más rockera del set list ochentero sin necesidad de guitarra agitada, es la simple cadencia que nos transporta a ese rebelde tono y a una voz sin prejuicios de Gahan, es la canción que lleva al primer receso, corto, de los Depeche. Su primer regreso sigue trayendo buenas memorias: aparte de la ya mencionada "Somebody", truenan los teclados de confort oscuro con "Stripped" y finalizan el lapso con los acordes road movie de "Behind the wheel", clásico del 87 que estremece a veteranos y a novatos, que confirma la perfección de su música expuesta en tarima.


Foto: "Fiona"

La pantalla descomunal que atavía el escenario emprende viajes visuales entre cuervos melancólicos, rojos estallados de VJ eufórico, universos de sparkies que rebotan y crean big bangs, réplicas caleidoscópicas de los integrantes del grupo que flamean en imágenes muy calientes, y particiones de pantalla que crean clímax de muchedumbre que es atropellada de forma providencial con luces que salen de la nada para cubrir el todo de un Universo en un parque.

Dentro de la etapa 2000 de la banda no se incluyó ningún tema del Exciter y apenas sonó una versión muy serena del "Precious" de Playing the Angel, pero era algo previsible, pues el protagonista a mostrar era su última producción que ocupó protagonismo en la primera parte de la presentación, y a mitad de concierto pusieron a trabajar al dimmer y a todos los encargados de las luces con "Miles Away/The truth is", con una interesante descarga de blancos rebotando hacia el público y un coro en éxtasis de intervención Gahan-Gore, en uno de los pocos temas de este último trabajo que sustenta su relación con el rock. Curiosamente, su sencillo "Peace" pacíficamente hizo silencio y fue cuota ausente del playlist.

Foto: Miller Black


Los momentos sísmicos más evidentes dentro de la plaza se hicieron notar con sus temas más reconocidos, los de la etapa Violator del 90, donde el equilibrio entre las texturas electrónicas y los acordes rockanroleros hicieron un pacto hasta la muerte y cautivaron a medio planeta; el primer sencillo en salir a la luz del parque fue "Policy of Truth", con una distinguida intervención instrumental en este juego de equilibrios mientras rebotaban las pelotas sparkies en la pantalla acompañante, y Gahan con desenfado sensual clamaba 'Never again is what you swore
The time before'; minutos más adelante uno de los himnos de los 90 con el perfecto disfrute de un mutismo que se hace música, "Enjoy the silence" es la espera de mucho tiempo compensada en melodía en vivo, casi 20 años de paciente escucha radial para poder tener a voz e instrumentos de Depeche Mode en todo su esplendor en tarima, ambientados por una pantalla que muestra tres astronautas silentes (los tres miembros del grupo) con un gran angular en la mitad que sencillamente prefieren dejar al público para que se desfogue en gargantas cantoras, después de la mitad de la canción Gore le da paso a una guitarra muy funky y el baile no se hace esperar, la euforia es infinita y muchos de los asistentes aceptan su muerte próxima porque ya saben que han saldado cuentas con la vida después de escuchar semejante espectáculo armónico; y eso que todavía no había llegado la sacudida apocalíptica que causó "Personal Jesus", su hit reconocido en bares, almacenes, busetas y hasta fiestas de 'prom': Los zapatos se desprendieron del suelo tal como las siluetas de la pantalla que alzaban vuelo y levitaban en medio del paroxismo mientras una mujer de contorno non sancto parecía no hacerle mucho caso a Jesús y Dave elevaba sus brazos hasta alcanzar la grandeza, y Martin mantenía un coito rockanrolero con su guitarra, y Andrew reventaba sus secuenciadores hasta el éxtasis, y la gente deliraba en un canto que no parecía tener fin dando gracias a los espermas de su padre por haberlos creado y a los beneficios de su bolsillo por haberlos entrado al show, algo que después de ver, no tiene precio, el valor incalculable de un recuerdo de esta clase no tiene límites.

Foto: Viviana Vargas

El final del concierto curiosamente no se hizo con algún tema fuerte, los Depeche prefirieron cerrar el telón con otra magistral pieza del Violator, pero en un tono más íntimo y en dueto Gahan-Gore, "Waiting for the Night" es la redención y el boleto para el sosiego después de la histeria colectiva, pues ellos nos confirman que la noche es la única salvadora de la inhóspita realidad y que este tipo de memorias solo se pueden crear bajo el refugio lunar, en un maravilloso cielo oscuro que dejó caer la noche 10 del mes 10 en un espacio perfectamente ensamblado para los amantes de los Sonidos del Universo. Del Universo Depeche Mode.