19 mar 2015

JANE'S ADDICTION - RITUAL DE LO HABITUAL



Ya se habían visto coqueteos que moldeaban el movimiento del rock alternativo. Sus padrinos, Pixies y Sonic Youth habían establecido formas y texturas rechinantes listas para recibir la década de los noventas. Soundgarden ya llevaba un par de LPs a cuestas, Alice in Chains se encontraba alistando sus primeros acordes, Red Hot Chili Peppers le agregaba un poco de picante y agresivo funk e incluso Nirvana ya se había asomado con su álbum de culto Bleach. Entre los formadores de la corriente dominante del primer lustro noventero se encontraba la descarga contundente y aulladora de Jane's Addiction, quienes ya llevaban tres años conspirando este tsunami musical, listo para competirle al hair rock y dar parcial sepultura al pop sintetizado de la década moribunda. Es 1990.

Then She Did by Jane's Addiction on Grooveshark                                                                                                 

UNA BANDA NADA HABITUAL

El sonido no era nuevo. Dos precedentes importantes trae la historia en los ochentas de los californianos Jane's Addiction, un álbum debut en vivo con fallas en producción pero furia en ejecución, y su genial debut en estudio Nothing's Shocking (1988) ya eran muestras de lo que podía hacer esta formación, liderada por la singular voz de Perry Farrell, objeto de amor y odio por su androginia vocal y chillidos a veces extasiantes, a veces insoportables; la guitarra subversiva de Dave Navarro, para quien la vida no iba en serio pero para sus acordes y solos sí; el bajo sorpresivo de Eric Avery, por momentos conductor del delirio en varias canciones de su repertorio; y los tambores descollantes de Stephen Perkins, despertadores de catalépticos y anunciantes del desastre virtuoso.

A la sociedad aún le costaba tragarse la aceptación de estos individuos, promotores sin prejuicio del sexo libre y drogadictos declarados. 'El status quo se mueve más lento que yo' decía Farrell en las entrevistas, proclamándose vanguardista y burlándose de lo pacata y pasiva que veía a la población a tan pocos años del siglo XXI. La censura aún contaba con el poder de forzar el cambio de carátula, dibujada inicialmente por Farrell, en la que se mostraba un trío sexual explícito. Una segunda carátula en versión 'limpia' mostraba un fondo blanco con texto de la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense. Las restricciones no importaban, el galope sinvergüenza de la banda jamás se desbarató y estuvo dispuesto a la conquista del público. Y lo logró con Ritual de lo Habitual.

                                                     

El álbum tuvo un gran despegue en las listas rockeras de Billboard (#19) y se hizo acreedor de ventas benignas en Estados Unidos. Su segunda entrega en estudio conservaba las columnas musicales que ya venían de su debut, combinando piezas chispeantes y socarronas junto a épicas densidades que anunciaban el Apocalipsis y el Renacimiento en simultánea. Su primer single fue la muestra de poder: "Stop!"fue el desafío desde su inicio, con la voz femenina anunciando en un español forzado 'Nosotros tenemos más influencia con sus hijos que tú tienen' y luego una tromba sincopada, furiosa e inflamable que contrasta con el título del tema hasta la mitad de su duración, donde un interludio le hace catarsis a aquella epilepsia que conquistó listados de rock y que le dio poder suficiente a Jane's Addiction para ser una de las abanderadas del rock alternativo en 1990. Mientras su nombre cobraba la relevancia internacional, el grupo predicaba un final del mundo irreversible en la lírica, 'One come a day, the water will run/ no man will stand for things that he had done'. Apocalipsis sonoro.

Un single rompedor. Por cualquiera de sus caras.

JUVENILES Y SINVERGÜENZAS

Si el bajo de Flea era el motor del sabor agresivo de los Chili Peppers, o el de Les Claypool era el líder de un sonido único y soberbio en Primus, el de Eric Avery no se quedaba atrás, con una anarquía sincopada precisa y notoria. El mejor ejemplo es "No One's Leaving", frenética e impetuosa, con un bajo de tonos funky, tan negro como su letra donde Perry grita 'I'm a White Dread' y abofetea al racismo. Siempre con la lírica resuelta y bien puesta, Farrell canta lo que piensa sin prejuicio, se flagela con placer y hace lo que le antoja, 'My sex and my drugs and my rock and roll...all my brain and body need' notifica  "Ain't no Right" inspirada en los cortes en el torso que se autoinfligía Farrell y que reconocía con un narcisimo masoquista, 'Ain't no wrong now, ain't no right/ Only pleasure and plain'. Placer y dolor en simultánea que se transmite con los tambores irrespetuosos de Stephen Perkins y las ráfagas de rock imparable y lleno de carácter.

¿Qué queda de los ochentas? Como si estuvieran en una especie de Madchester alternativo, "Obvious" suena a década pasada con un piano inquieto y pícaro mientras Perry se despacha en gritos callejeros y le exige con su canto a los medios que lo dejen en paz y no se metan en sus asuntos. De aquel desparpajo ochentero también se inspira la funky "Been Caught Stealing", la canción más fresca y relajada de la carrera del grupo, tercer single del disco coreado en centenares de conciertos, juvenil y sinvergüenza, dando licencia lírica para robar en supermercados, y con un videoclip  de alta recordación para la generación que acompañó la época. Los perros perseguidores de la grabación, el solo de Dave Navarro y el ritmo sinvergüenza aún suenan en las tarimas del mundo, el más grande éxito de Jane's Addiction en su carrera.

Jóvenes y adictos. La banda del Ritual.


MÚSICA CON ALAS

De la desfachatez alternativa a la epopeya alternativa. Como si se pusieran un atuendo místico pintado de exceso, la cara B del álbum pone especial atención a los arreglos y la carga instrumental. Una de las mejores manifestaciones musicales del grupo en su haber es "Three Days", diez minutos de épicas proporciones melódicas en su segundo single, tres días de jeringas y genitales sin límite; mística convulsa que va en crescendo y que dispone de uno de los grandes solos de guitarra de la historia por parte de un Dave Navarro inspirado; catarsis envenenada que se inspira en la visita de  Xiola Blue, la ex-novia de Farrell, quien compone un trío orgiástico junto a Perry y su novia Casey Niccole; un delirio concupiscente que se resume en el verso 'All of us with wings'. Xiola Blue se mantiene vigente en este pasaje del disco con "Then She Did", la triste y ceremonial evocación de su suicidio, una pieza sutil de guitarras respetuosas, pianos sentidos y violines que honran su memoria, con la compañía de músicos como Charlie Bisharat, Geoff Stradling y John Philip Shenale. Una pieza que va creciendo con carácter épico y doliente y  que durante ocho minutos pinta retratos de ausencia y acentúa la lírica en la pérdida trágica de las mujeres queridas de Farrell, atrapadas por la telaraña suicida. 'Will you say Hello to my Ma?'.

                                                   

Los violines de Bisharat siguen siendo protagonistas en un viaje musical al Oriente Medio. La densidad gustosa por aquellos sonidos por parte del padre de Perry Farrell inspira "Of Course", un extraño experimento que pareciera seguirle los pasos a los caprichos orientales de George Harrison. Una batería labrada en adornos para la ocasión, un violín protagónico y un bajo metamórfico de Ronnie Champagne en lugar de Avery son los artífices de esta atmósfera que habla sobre los peligros del mundo y la vida futura, lacerante e impredecible. Luego del geográfico viaje musical, el grupo vuelve a lo más básico para cerrar el disco. "Classic Girl" es la siempre presente balada rock de cualquier banda que haya desfilado por los escenarios de 1990, dedicada generalmente a la pareja del frontman; dicho y hecho, la privilegiada es Casey Niccole, quien se da gusto de jurarse amor brujo con su cantante y amante de cabecera. El tema fue el útimo single del disco, sin mayor relevancia en listas, sin mayor relevancia en elaboración.

Los egos desmedidos y las drogas imperantes obligaron a la desbandada de los miembros del grupo, de lo que solo quedó como buena consecuencia la creación del festival Lollapalooza por parte de Farrell. Si la formación se hubiera conservado durante aquella explosión alternativa a comienzos de los 90s, la historia de Jane's Addiction hubiera sido más grandilocuente y mediática, seguramente dominando la escena junto a Nirvana y Pearl Jam. Sin embargo, Ritual de lo Habitual es material de consulta imprescindible para poder entender el desarrollo del rock alternativo en esa época. Los incendios instrumentales, las voces agudas del descaro, los solos de guitarra gloriosos, la desvergüenza lírica y las composiciones épicas y atmosféricas son parte de un todo lleno de merecimientos y aplausos, donde la demencia y el exceso acomodados al servicio de la buena música aportan para el crecimiento de un género. Un Ritual que puede tener más influencia sobre los hijos de los noventas que cualquiera de nosotros.



16 feb 2015

SED DE HUMANO: NYMPHOMANIAC, DE LARS VON TRIER


La última entrega de la Trilogía de la Depresión de Lars Von Trier confirma su carácter iconoclasta, ávido de rebelarse y con una absoluta fijación en la figura femenina como punto de partida para romper su imagen frágil y engrandecerla, así los temas sean de censura o repudio. Nymphomaniac es un manifiesto rebelde que obliga a plantearse varias reflexiones sobre la sexualidad y la posición social de la mujer en la actualidad, que se desviste visualmente sin prejuicios acercándose sin miedo al porno y que, en medio del delirio libidinoso, va haciendo un recorrido por varios referentes culturales, religiosos y sociales que se entrelazan con el relato para comenzar a confrontar el instinto y la razón bajo una misma línea. La sed de humano entra en acción.
A Lars Von Trier no lo callan las cintas.
MEA MÁXIMA VULVA

Un hombre maduro de carácter solitario encuentra una mujer golpeada en un callejón, la auxilia y lleva a su casa. Es el inicio de una larga conversación donde se va revelando la personalidad de Joe, una ninfómana que ha explorado varios universos sexuales posibles para encontrar el placer. La escritura de Von Trier se encarga de crear un equilibrio entre la erudición y la aberración, acotando comentarios de tono académico por parte del hombre a cada aventura lubricante de la mujer. Mientras poco a poco vamos notando una actitud asexuada por parte del hombre maduro llamado Seligman, progresivamente vamos conociendo como Joe va despedazando las fronteras del delirio y va adoptando nuevas costumbres y prácticas para obtener su satisfacción sexual.
Placeres académicos. Entre el instinto y la razón.
El diálogo entre los dos personajes comienza a crear una extraña simbiosis metafórica, llena de símbolos y figuras que asocian el acto sexual con referencias literarias, políticas o religiosas. El líquido va a ser un personaje silencioso pero clave, siempre materializado en agua, sangre, semen o flujo vaginal; el inicio de Joe como cazadora de penes se va a asemejar con apartes del libro El Gran Pescador de Izaak Walton y su pesca con mosca; los coitos van a tener un placer metódico, suavizado y 'academizado' por las matemáticas y la secuencia Fibonacci; los orgasmos espontáneos van a ser tan grandilocuentes como un éxtasis religioso y van a tener visiones que terminarán siendo desmentidas por figuras como La Gran Perra de Babilonia o la ninfómana Mesalina. La película es todo un recorrido de metáforas concupiscentes, envueltas en un paquete de sapiencia que suavizan el instinto imparable de Joe por el sexo.


'EL INGREDIENTE SECRETO DEL SEXO ES EL AMOR'

Joe es una ninfómana declarada, dispuesta a todo y con todos, sin ningún tipo de prejuicios. Su complacencia vaginal desfila por pasillos de trenes y pasajeros con penes anónimos, lubrica a través de su dolor emocional, goza en silencio mientras destruye hogares y hombres de falos y corazones ansiosos, se rebusca en los delirios del castigo físico, el sexo interracial y las experiencias lésbicas con carácter maternal. Pero, como todo adicto, no logra encontrar techo en ninguna experiencia después de probarla varias veces. El amor pareciera ser la solución, la batalla en la que el pálpito cardíaco derrotara a la frotación pélvica. Conocer a Jerome, el hombre de su vida, podría apaciguar su sed de múltiples lactantes voluntarios. De algún modo lo logra, por un tiempo. Es allí donde Von Trier cuestiona los logros del amor, punto climático para un buen sexo en pareja, pero que se va resquebrajando a medida que el tiempo y los flujos se comienzan a hacer monótonos. El sexo con amor es funcional y deleitoso para una pareja convencional, pero ¿Lo es con una adicta al sexo? ¿Qué pasa cuando el ingrediente secreto no funciona?
Stacy Martin, saciando su sed de humano.
Parte del ingrediente secreto de la credibilidad de la cinta se lo llevan las comprometidas interpretaciones de Joe en sus dos etapas: La primera por Stacy Martin, una especie de lolita malvada que cuenta con la sed ilimitada de penetraciones y aventuras clandestinas, en un 'formato sexual' convencional, donde hasta ahora su ansiedad puede ser satisfecha con métodos conocidos. La segunda etapa la interpreta Charlotte Gainsbourg, activa participante en películas anteriores de Von Trier, de convicción callada, suave narración pero mente retorcida que atraviesa la línea divisoria de la sexualidad y practica métodos poco ortodoxos para lograr atiborrar su vagina de líquido saciador.


DEL CANTUS FIRMUS A LA POLIFONÍA

Los diálogos entre Joe y Seligman (Stellan Skarsgard) son construidos con una pluma cargada de densidad y credibilidad en simultánea, que confrontan la experiencia instintiva con el razonamiento académico, en algunos momentos con pesadez innecesaria, en otros con atinadas reflexiones dignas de aplicar en sexología. Una de las teorías más interesantes es la suma de las experiencias sexuales que logran componer la polifonía musical. Mientras Seligman desglosa los componentes polifónicos en tres, Joe asimila este aprendizaje y lo adapta al sexo donde encuentra las tres voces perfectas ensambladas en 1) el amante paternal, protector y complaciente 2) el amante dominante, ágil y de instinto acentuado, casi animal y 3) el comprometido, cariñoso y cómplice, que a la postre es el verdadero amor. Con apartes de este tono se comienza a apreciar el guión de Von Trier como un manifiesto de la sexología con matices muy creíbles. No obstante su escritura se diluye en otros pasajes de talante fantasioso y poco creíble, donde no sabemos si nos sumergimos en una historia biográfica real, o un cuento pervertido de hadas. De todos modos el director y guionista se logra lavar las manos con su pluma y justifica el relato de Joe cuando increpa a Seligman y lo confronta, haciéndolo aceptar su historia como interesante, sin importar si proviene de la fantasía o la veracidad.

La polifonía que acompaña los sonidos de Nymphomaniac es de corte clásico y sinfónico. Los patrocinadores de la líbido incontenible provienen de la mojigata época de Bach, Mozart, Beethoven, Mozart o Händel. Sus tempos solemnes son inspiración para los furtivos y públicos encuentros genitales, sus crescendos contribuyen a múltiples orgasmos y sus andantes logran crear el contraste entre la llenura sexual y el vacío emocional. Salvo unos cuantos pasajes modernos de Rammstein, Steppenwolf o Talking Heads, las notas del filme son ceremoniosas y sinfónicas. Vale la pena anotar el atinado  y lubricante cover de "Hey Joe" de Hendrix, interpretado por Charlotte Gainsbourg en los créditos finales del filme.


'NO SOY COMO USTEDES'

Lars Von Trier es diferente. Punzante, iconoclasta, contestatario, inconforme. Un fabricante profuso de personajes maquiavélicos, disfuncionales y confundidos. El co-creador del Dogma 95, rompedor en propuestas visuales, desequilibrante en las propuestas temáticas. Nymphomaniac no es la excepción. Sin tener el suntuoso tratamiento fotográfico que cargó consigo en Melancolía o Anticristo, esta vez su propuesta es más escueta, en la que respeta el tratamiento tradicional de plano contraplano y lo combina con sus acostumbrados encuadres temblorosos y su herencia Dogma. Sin embargo, no escatima en autocensuras y le da rienda libre al plano explícito, escenas fuertes de blowjobs y penetraciones, penes y vaginas dispuestos a dejarse criticar en Festivales internacionales, poses, latigazos y viscosidades al servicio de la pantalla, la mayoría interpretados por actores porno y después superpuestos en composición digital. Toda la parafernalia genital acompañada de metraje de archivo, lleno de imágenes históricas, naturales o contemplativas que a modo documental se ruedan junto a las teorías intelectuales de Seligman. Una especie de art porn creado para incomodar. Pero también para reflexionar.
Charlotte Gainsbourg, en su papel más osado.
Al igual que Von Trier, Joe no es como muchos de nosotros. Su postura de ninfómana es radical, orgullosa y emancipada. La gran diferencia con el gran porcentaje de aficionados, fetichistas y practicantes de alguna tendencia sexual considerada aberrante es que Joe lo reconoce y sabe cuáles son sus alcances. Es un modo de reivindicar aquella imagen perversa de quien siente esos impulsos, y traslada esa mirada del hospital o el tribunal hacia la calle y le imprime ciudadanía a la adicción sexual. La frustrante figura del enfermo sexual desaparece y asume las consecuencias de su pasión. Las asume sabiendo que el daño que infringe a los demás puede ser grave, pero no le importa. 'No puedo ser yo sin destruir algunas cosas', dice Joe. Hogares, corazones, lealtades, hombres. La destrucción va de la mano con su adicción, aquel placer devastador camina por los pasillos del sexo sin prejuicio, sin moral, sin remordimientos. Daña a la humanidad sin engañarla, porque ha declarado su libertad sin mentirle, porque bien ha declarado Joe 'Las cualidades humanas pueden ser expresadas en una sola palabra: Hipocresía'.


Nymphomaniac Official Trailer from Zentropa on Vimeo.


La película defiende abiertamente la postura de adicto sexual, y en contrapeso hace estaciones en temas reflexivos como la familia, la maternidad, la lealtad y la autoestima. Pero Nymphomaniac no le puede dar mucho tiempo a la razón por más que Seligman le intente dar una apariencia académica al sexo. El instinto prima, la necesidad del líquido orgásmico prima, el placer prima, la sed de humano prima ante todas las cosas porque sencillamente una ninfómana requiere de su cuerpo saciado para ser feliz. Y al fin al cabo, para ser feliz simplemente hay que realizar lo que uno gusta.  Y Joe lo expresa sin filosofar demasiado, 'Todo lo que quiero es ser llenada'.




15 ene 2015

STAN GETZ & JOÃO GILBERTO - GETZ/GILBERTO


El lado más fino de la samba provino de los benévolos soplos instrumentales de Stan Getz. Luego de darle el calibre internacional a la bossa nova con el álbum Jazz Samba (1962), Getz tenía todo el componente instrumental para que muchos oídos se rindieran a este primaveral y sereno ritmo. Sin embargo, faltaba la puntada que daría aquel toque de autenticidad y arraigo por el sonido brasileño, las guitarras y voces más orgánicas del respetable João Gilberto y su esposa Astrud.

CULTO A LA SOFISTICACIÓN

El saxo tenor de Stan Getz marcado por el cool jazz de los cincuentas venía poco a poco tomando una postura mucho más relajada y accesible que el desenfreno apasionado del bebop. Junto a Charlie Byrd en la guitarra conformaron una dupla exquisita que le dio un aire de confort a los sonidos brasileños, sin embargo aún no contaba con la soltura y el aire identitario que convenciera al mundo de una bossa nova más natural, menos impuesta. Gilberto, empapado en aquella calma musical y pionero de esta nueva corriente tenía todas las armas para generarle una identidad global que lograra satisfacer los oídos del público local e internacional. En 1964 tomó sus cuerdas y su garganta e hizo parte del ensamble que dejaría marcada a toda una generación que se dejó conquistar por esta nueva dulzura de sabor playero.
Dos cabezas, un sonido. Bossa nova.

Getz/Gilberto es un álbum con dos cabezas visibles respaldados por intérpretes que rinden culto a la sofisticación. Milton Banana es el hombre de los suaves tambores, susurros de baqueta coloreada de arena; Sebastião Neto es el discreto rumor del bajo, cómplice del sosiego; Antonio Carlos Jobim, uno de los gigantes de la música brasilera, es el cuaderno romántico de la lírica y el aleteo de las teclas sublimes, el hombre detrás de las acciones que configura, edulcora y matiza la cadencia de las cálidas rítmicas; por último, el elemento internacional, Astrud Evangelina Weinert, la hasta entonces anónima esposa de João Astrud Gilberto, que convertiría a este álbum en una de las piezas de jazz más vendidas de todos los tiempos.

LA VOZ DE ASTRUD

Y es que la voz de Astrud fue la clave. La clave para que el público anglo se interesara profundamente por el género, la clave para que otras cantantes femeninas hicieran alarde de aquella hermosa serenidad, la clave para el Grammy en 1965 a Álbum del Año y otras tres categorías, la clave para ser uno de los dos únicos álbums de jazz galardonados con el máximo premio en los Grammy (el otro fue The Joni Letters de Herbie Hancock) y en efecto la clave para obtener ventas millonarias. "The Girl from Ipanema" fue el dulce detonante del éxito con su voz sin entrenar modulando en inglés, compatible con el litoral amable, el bikini de gracia y la instrumentación bronceada de refinamiento acompañada de las simples y efectivas descripciones líricas inventadas por Jobim y Vinicius de Moraes 'Olha que coisa mais linda mais cheia de graça/ e ela menina que vem que passa/ Num doce balanço camino de mar'. Un coctel de playa versionado miles de veces y sonido reconocible desde cualquier latitud del planeta.
Astrud Gilberto, el elemento clave.
La fórmula aplicada de los versos en inglés fue tan eficiente que se apreció también en "Corcovado", Astrud idílica, diáfana, sin despeinarse; Getz ante un acompasamiento de gentil seducción; Jobim haciendo gala de un jazz sutil engendrado en Rio; Gilberto al comando con una guitarra de reposadas maneras y una voz que endulza salinas en el interminable idilio con la vida, 'Um cantinho, um violao/ esse amor, uma cançao/ Pra fazer feliz a quem se ama'. Con "The Girl from Ipanema" y "Corcovado" Astrud, sin ningún tipo de formación profesional, se garantizó muchos años de prosperidad en la industria y aceptación en todo el orbe, cantando en el sinnúmero de lenguajes que puede aceptar la música.



DESENCANTOS CON ESTILO

Por las venas del álbum corre un torrente sanguíneo que se ilusiona y desencanta entre las armonías, un idilio que agradece a la vida y reniega de su sufrimiento. Entre las composiciones de Jobim, Vinicius y otros autores locales, las letras siempre van a estacionar en el paradero del amor. "Para Machucar Meu Coracão" es una desilusión gloriosa llena de reposo, desamor pulcro que nos consuela con el saxo de Stan, despecho elegante que murmulla João. "O Grande Amor" nos muestra un viento que ofrece lágrimas de brisa en una hermosa tristeza teñida de latidos solemnes, mientras el piano se anima a llorar con cauta magnificencia en una de las piezas más lindas del LP. Nunca se había sufrido un desencanto con tanto estilo.

O grande amor by Stan Getz on Grooveshark

Getz/Gilberto se unta de inocencia virtuosa, aparenta una simplicidad que conquista amargos e insensibles, que desarma doctos y escépticos y que abarca un mundo idílico que le ameniza las tardes al universo. Fantasiosa e ingenua, "Vivo Sonhando" conquista con su sencillez y se acerca sin premura a la samba sin dejar de ser esencial reposo de finura mientras la lírica se suelta en un universo despreocupado, 'Gente que passa sorrindo zombando de mim/ E u a falar em estrelas, mar amor'. Otro tema que coquetea con la samba es "Doralice", incitación apacible al baile, un canto de Gilberto dotado de picardía prudente y un saxo que guarda su esencia jazz pero se deja llevar por la seducción bossa nova, y que va contrastando con el dilema lírico de ser capturado por el amor o prescindir de este, 'Amar e tolice, e bobagem, ilusão/ Eu prefiro viver tão sozinho/ Ao son do lamento do meu violão'.


CANTAR DESAFINADO 

Donde hace mayores pilatunas el ritmo es en la siempre danzante "Só Danço Samba" donde la instrumentación clásica brasileña emprende un paso más ágil y desenfadado, y la guitarra y el saxo le ceden terreno a la osadía y se dejan salpicar de tonos jazzísticos pasionales y elocuentes. Para bailar,"Só Danço Samba". Pero para cantar, "Desafinado". João Gilberto se entrega a la sinceridad, reedita este tema de su Jazz Samba, lo abastece de la letra de Jobim y Newton Mendonça y lo consolida como uno de los grandes clásicos brasileños. Aquella sobriedad contagiada de sentimiento es un manifiesto que pregona que hasta los desafinados también tienen su corazón, 'No fundo do peito bate calado/Que no peito dos desafinados/ Também bate um coraçao'. Una disonancia dispuesta a la inmortalidad.

                                                   

Un brasileño la creó. Un americano la globalizó. El punto más alto de la bossa nova como género llegó en 1964, donde la sofisticación y las ventas tocaron techo en simultánea. Lo más interesante del asunto es que hubo beneficios para todos; la gente de Brasil tuvo su lugar en la geografía musical universal gracias a la explosión de "The Girl from Ipanema" y la posterior camada de artistas envueltos en el género; el jazz dejó de tener una catalogación intelectual y difícil de acceder para lograr llegar a un gran público; el pop tuvo que dejar de lado su favoritismo como género para dar cabida a nuevas corrientes entre las que la bossa nova logró calar con éxito en los sesentas; y como en toda evolución musical, una vez más dos géneros engendraban uno nuevo a través de la fusión para bien de la humanidad auditiva. Getz/Gilberto puede no ser el más virtuoso o exquisito álbum de la historia, pero es la autoridad competente para hablar de influencia, de mercado y de triunfo, al que el jazz y la música brasileña les faltarán años de agradecimiento para retribuir el enorme favor de su salida al mundo y su aún vigente sonido. El sonido de la clase, caminando a la orilla del mar.


29 dic 2014

CINEMA COLOMBIA 2014


La fuerza que necesita el cine nacional parece tomar impulso a través de un elemento financiero que logra sacar el barco a flote cuando de fondos se trata, la coproducción. Es cada vez más común escuchar esta palabra cuando hay referencias sobre cine colombiano (y se podría decir que latino), donde la unión hace la fuerza y cada vez se busca fortalecer más el aparato audiovisual de gran pantalla hecho en Colombia. Productores que colaboran en el exterior, directores extranjeros que vienen a locación colombiana, actores nacionales que se entremezclan en créditos de películas foráneas, la globalización también se ha tomado el cine de este lado del continente.


DAGO Y TROMPETERO 2014

Como es costumbre, el calendario fílmico local inició con un nuevo título de la imparable máquina taquillera de Dago García Producciones, efectivo para convocar público, no tanto para contar historias memorables. El Paseo 3 es el final de la trilogía que comenzó el papá Antonio Sanint, continuó John Leguízamo y terminó Alberto Barrero con una desgastada trama donde la familia tradicional que vivió sus vacaciones se dispone a regresar a casa, mientras vive situaciones poco creíbles, poco risibles y cada vez más alejada de su primera parte, donde lo único rescatable que prevalece es el sentido de la unión familiar. De las tres entregas, la final fue la menos esperada y por lo tanto la que menos recaudó en taquilla, y aunque no tuvo malos números demostró que la fórmula repetida deja de ser un recurso para convencer.


Lo curioso es que El Paseo 3 no fue dirigido por el copiloto de Dago, Harold Trompetero. Tal vez fue porque él también tenía su título para estrenar, Todas para Uno, una comedia romántica que lo devuelve a las temáticas de Diástole y Sístole (1999), pero sin el mismo impacto y picardía de su debut como director. La historia de un DonJuan criollo (Santiago Alarcón) que vive inconforme con su situación sentimental y busca el verdadero amor, mientras su asistente (Jessica Cediel debutando en gran pantalla) es su paño de lágrimas y quien lo ama en secreto. Con el leitmotiv musical de Esteman y los chistes flojos de Alejandro Riaño, el romanticismo jocoso de Trompetero es un refresco ligero para las historias violentas que son costumbre en cartelera nacional.


DELIRIO POR LOS BALONES

2014 fue un año de balones sin duda alguna. La clasificación de Colombia al Mundial de Futbol de Brasil fue el catalizador para la salida de nuevos títulos que abrazados por el éxito de la Tricolor buscaron empatía con el público en las grandes salas. En marzo se estrenó el primer ejemplar de estas películas hechas con la pelota, Bolaetrapo, dirigida por el mexicano Guillermo Iván, un retrato colorido de un torneo internacional de fútbol popular que se juega con un balón rudimentario y que tiene como protagonistas a un barranquillero y un mexicano quienes no solo se disputan el trofeo de campeón sino el amor de una porrista. Provista de un buen número de clichés costeños y enmarcada en lo pintoresco al contar con gringos, gauchos y manitos en la tierra de la butifarra cuenta con una fotografía de buena factura por parte de Mauricio Vidal pero se va aflojando al contar muchas historias que se desvían de un objetivo real y poco a poco van despedazando la bola de trapo que se ganará el amor de la protagonista.



En abril las salas de cine se inundaron de salsa. La prometedora Ciudad Delirio que abrió el Festival de Cine de Cartagena hizo su estreno para el público y como era de esperarse tuvo una alta recepción en Cali, ciudad salsera por excelencia. Sin embargo el film de la española Chus Gutierrez presentó una coreografía visual sin mayor virtuosismo, especialmente en la trama. Mientras se muestra una Cali costumbrista a medio hacer, esta comedia romántica que narra el idilio entre un español que quiere salir del limbo rutinario europeo y la directora de una academia de baile que aspira a presentarse en la gran compañía Delirio, termina siendo blanda y predecible. Logra ser reforzada con dignidad por el vestuario y el soundtrack y se destaca por la naturalidad del antagonista John Alex Castillo y algunos planos de la Sucursal del Cielo y de las coreografías. Queriendo ser una descarga brutal con la elegancia del son montuno, Ciudad Delirio es una Salsa Rosada tibia, a la que le faltó pasión en el relato.

Uno de los directores que emprende camino a sacar a la luz un título anual en las salas es Fernando Ayllón, que ya lleva en su haber los títulos de ¿Porqué Dejaron a Nacho? (2012) y Secretos (2013). En su tercera entrega nos muestra otro filme nacido del fenómeno Brasil 2014, Nos Vamos Pal
Mundial, comedia blanca que narra las peripecias de dos amigos taxistas que van recaudando fondos de diversos modos para poder viajar al país de Pelé para apoyar a la selección. Al mejor estilo de Sábados Felices, la película recluta a varios personajes de la comedia televisiva para actuar básicamente en un solo sketch conceptual con chistes predecibles que son efectivos ante un público familiar sin mayor pretensión que de comer crispetas y reírse un domingo. Del elenco se rescata la curiosa aparición de Maru Yamayusa (Dejémonos de Vainas) y su jerga futbolística. Ayllón va encaminado junto a la gente de Take One Film Productions  a competirle al monstruo industrial de Dago García. Todavía le falta mucho en recaudación de taquilla, pero en cuanto a guiones y actuaciones, van en franca lid.


La última entrega de aquellas películas con "Fiebre Amarilla" del fútbol fue De Rolling 2: Por el Sueño Mundialista estrenada en mayo, con un resultado menos afortunado que su antecesora, tanto en taquilla como en historia. Una vez más el comediante Andrés Lopez hace un homenaje a la sobreexposición y al gag desgastado en una  múltiple aparición con 9 personajes distintos, donde el objetivo es narrar el Mundial del Futbol Suiza 1954 desde una cabina de radio, una vez más desde la imaginación del locutor Chucho. Sosa, floja, monótona y nada creíble, esta reciente entrega de Harold Trompetero deja mucho que desear y provoca un hastío inevitable de la imagen de Lopez. Lo único que puede rescatar Trompetero de este filme es llegar a ser el director colombiano con más largometrajes en su carrera, once para ser exactos, superando al veterano Gustavo Nieto Roa, que en 2014 llegó a diez títulos con Estrella Quiero Ser.


LOS INDEPENDIENTES, A MITAD DE AÑO

En junio salió a luz pública la ópera prima de Andrés Cuevas, Souvenir, apuesta por un cine de carácter romántico sin llegar a ser risible ni lacrimoso, una especie de walk movie -o en términos criollos, una película de caminata-  en la que el protagonista (Alejandro Estrada) es un vendedor que regalando un souvenir intenta descifrar la cita romántica perfecta de su vida. A través del montaje paralelo y muchos diálogos se van explorando zonas humanas que se refieren a las relaciones interpersonales con puntos de vista variados, discutibles pero válidos. A pesar de las dificultades con el sonido directo y un score poco afín con la trama, Cuevas tiene el mérito de proyectarnos un guión distinto, lúcido en frases y apostando por la universalidad, donde el amor siempre será tema de discusión y de interés. Sin llegar a ser la transformación del cine o la reflexión absoluta, Souvenir fue una cuota de refresco dentro de la cartelera local, que le apunta a lo humano antes que a lo divino sin mayores pretensiones.


 
La reivindicación del talentoso Rubén Mendoza con el público vino en julio con Tierra en la Lengua, una hermosa y cruel poesía audiovisual enmarcada en los Llanos Orientales. Luego de su controversial e incomprendida La Sociedad del Semáforo (2010), Mendoza regresa para contarnos una historia patriarcal, que va despedazando el machismo gradualmente y que nos muestra un anciano que quiere terminar sus días en el río asesinado por sus propios nietos. Un portentoso papel del abuelo (Jairo Salcedo), una tremenda fotografía rebelde y caprichosa de Juan Carlos Gil y un vértigo psicotrópico con olor a llanura es una amalgama audiovisual llena de magia salvaje, una película poderosa y sangrienta, cruel e indomable como la visión cinematográfica de Rubén Mendoza, que a pesar de contar con muchos adversarios ante sus posturas, se consolida como uno de los grandes nuevos talentos en el panorama fílmico colombiano.


LA VIEJA GUARDIA, LA NUEVA GUARDIA

En agosto dos directores de la vieja guardia volvieron a hacer presencia en la cartelera. Desde Juana tenía el Pelo de Oro (2007) Pacho Botía no daba señales de vida hasta este año, en el que reaparece con El Faro, una Santa Marta del olvido donde un viejo guardafaros debe cumplir una promesa y un par de forasteros deben ayudarlo a realizarla. Con el cumplimiento del deber como valor a resaltar, este filme pasivo mas no lento es una nueva muestra de aquel cine de carácter etnográfico al estilo de Los Viajes del Viento o Chocó, esta vez anclado en un paraje olvidado de la costa caribe colombiana. No contó con fortuna en la taquilla (3.926 asistentes) como tampoco lo hizo la más reciente película de Gustavo Nieto Roa Estrella Quiero Ser. El célebre director de Esposos en Vacaciones y El Taxista Millonario esta vez sufrió uno de los grandes descalabros de su carrera al apenas convocar 4.354 personas a las salas con una historia muy débil que reencaucha los novelones mexicanos de la niña pobre que quiere ser rica y famosa en la TV y es utilizada por un afamado director de novelas. Con un guión poco atractivo y de baja credibilidad, actuaciones flojas y problemas con el diseño sonoro, esta película pasaría a engrosar cualquier lista de culebrones que no llegan a trascender. Tal como le pasó a Trompetero este 2014, cantidad no es sinónimo de calidad, sin embargo Nieto Roa puede ostentar en su prontuario diez largometrajes en su haber.

El primer ejemplo de terror teenager en Colombia se vivió gracias un director teenager, que contó con mucha suerte en las taquillas, aunque no tanta con la crítica. David Bohórquez es un jovencito inquieto que, con un bajo presupuesto y la ayuda en un cameo del Youtuber Nicolás Arrieta logró convocar 37.500 personas y ser una de las escasas cintas colombianas en mantenerse más de una semana en cartelera, Demental. Un fenómeno inédito que logró hacerse realidad gracias al marketing digital, un acertado manejo en redes sociales y apuntarle al público que necesitaba: el teenager. La leyenda de 14 estudiantes asesinados por un psicópata despierta la inquietud de una joven escritora quien comienza a investigar sobre este misterio y termina sumergida en su propia historia de terror, es el resumen de una película joven que mezcla estilos e influencias de películas como Snatch o El Club de la Pelea en una versión más precaria, llena de planos sucios y fuera de foco, sugiriendo mas no exhibiendo la sangre y con actores juveniles que no prometen grandes carreras, que sin embargo logró captar atención por la buena promoción en Internet. Un fenómeno que poco a poco se irá desarrollando a este lado del hemisferio, donde solo es suficiente una idea, una cámara y un buen influenciador de alguna red social que atrape a un incauto virtual.


TRAMAS DE JÓVENES. TRAMAS DE "CUCHOS"

A finales de agosto se estrenó Mateo, de María Gamboa Jaramillo. Postulada a la preclasificación para el Oscar a película extranjera, es un retrato de la adolescencia en la provincia, llena de dudas, búsquedas, anhelos y sed de poder. Con el uso de actores naturales, el protagonista vive un dilema entre el amor al dinero a través de la extorsión o el amor a las personas a través del arte. Con un sentido de responsabilidad social, Mateo es una cinta honesta sin mayores artificios, con un guión sencillo pero inteligente y con el río Magdalena como escenario de las búsquedas de este joven, que podría ser cualquier colombiano. Buscando retratar a la juventud pero desde otro escenario se estrenó la segunda cinta de Oscar Ruiz Navia, Los Hongos. Mas que una trama, es una pintura de la Cali suburbana, recorrida por dos jóvenes amigos que aman el graffiti y viven la ciudad a ritmo de Zalama Crew, La Llegada del Dios Rata o  Gan Gan y Gan Gon. Estos desahogos de aerosol en celuloide crean una película muy personal de Ruiz Navia, con ciertos tonos de izquierda, contemplaciones de muro pintado y la vida vestida de calle. Con una bonita actuación de la Ñaña (Atala Estrada), Los Hongos se desprende de los guiones que buscan un objetivo y simplemente lo que busca es mostrar una atmósfera, la caligrafía de una ciudad.

La Ñaña, una de las  grandes "Cuchas" del 2014.

La zona de estrenos documentales en salas comerciales durante el 2014 contó con el tema de la droga sin mayor prejuicio. El primero fue en octubre, Infierno o Paraíso de Germán Piffano. Un loable seguimiento del director durante 11 años a un adicto al bazuco, desde sus momentos más críticos en la Calle del Cartucho hasta su posterior rehabilitación y residencia en España; a través de un registro documental sin ninguna floritura estética logra hacernos captar el lado humano del bazuco y el lado inhumano de Europa, donde el infierno y el paraíso se confunden y no hay una visión certera de la felicidad. El otro documental, falso documental con elementos de road movie, proviene del siempre polémico Rubén Mendoza estrenando su segunda cinta del año. Memorias del Calavero es el regreso a la tierra natal de "El Cucho", mítico viejo extraído de La Sociedad del Semáforo para que vaya revelando detalles de su andar por el mundo y que vive la vida con una intensidad de muerte próxima. Maestro para engañar, febril expositor de la causa perdida, Mendoza una vez más crea un imaginario vertiginoso lleno de humo y alucinaciones en un documental sucio y agitado por los paisajes de Santander, que encuentra su redención y limpieza audiovisual cuando revela que no es un documental. El cine de Mendoza -junto a la música de Velandia- siempre será poético, simpático e irritante a la vez.


LOS NIÑOS DEL 2014

Cuando Dago García no cuenta entre sus filas con Harold Trompetero o Felipe Dothée para dirigir sus producciones encuentra siempre la colaboración de Juan Camilo Pinzón. No fue suficiente el relativo "fracaso" de El Paseo 3 (la película colombiana más taquillera del 2014) para publicar una nueva, Carta al Niño Dios. Para García se está convirtiendo en costumbre lanzar en paralelo a sus comedias sencillas, películas que promuevan los valores familiares con el propósito de captar audiencias de todas las edades y entrar a producir cosas políticamente correctas. Luego de títulos como El Carro, El Control y El Paseo hay una nueva entrega fílmica en la que un padre hará todo lo posible para regalarle a su hijo una bicicleta, petición del niño para Navidad. Con un humor muy blanco y Antonio Sanint como gancho de taquilla, una vez más la llave García/Pinzón entabla conversación con la industria y enriquece sus arcas con un guión sencillo y sin misterio, donde siempre prevalecerá la misma moraleja, mantener la unión familiar.

Durante el 2014 curiosamente no se había tocado el tema del conflicto armado y narcotráfico colombiano, uno de los más usados y vapuleados por la crítica y el público. Salvo algunos momentos de la coproducción Manos Sucias y la posterior salida de Plata o Plomo, hubo silencio alrededor de este tema. Curiosamente, una de las películas más aplaudidas del año encerró de nuevo esta temática pero desde una perspectiva infantil. Ya existía un bonito precedente con Pequeñas Voces (2010) y Los Colores de la Montaña (2011), pero esta vez la narración se traslada al departamento del Nariño con Jardín de Amapolas. Un padre y un hijo desplazados se introducen en el negocio del cultivo de amapola, el único lucrativo al sur del país, entretanto el hijo va cultivando una amistad con una niña vecina, quienes le hacen el quite al conflicto con sus juegos y travesuras. La amapola es belleza y fatalidad, lucro y maldición, fragancia y plomo, es la dualidad en la que siempre se ha encontrado Colombia, que queda expuesta en este sencillo pero bonito retrato de un país, un paisaje idílico de hermosura letal.

Inocencia fatal. Jardín de Amapolas, de Juan Carlos Melo.

A comienzos de diciembre se estrenó Petecuy La Película, de Oscar Hincapié, un conjunto de géneros que abarca el falso documental con el drama, la acción y con un propósito social, que es rescatar a un grupo de pandilleros de un barrio de Cali e intercambiarles armas por ideas para hacer su propia película. Su intención merece todos los aplausos, sin embargo el desarrollo de la historia se va perdiendo y mientras sus tonos reales adquieren matices de ficción sin mucha credibilidad, su responsabilidad social se va convirtiendo en pura propaganda de la misma película, lo que opaca el centro del relato. Con César Mora al mando actoral y mucho rap de Cali se va exhibiendo este filme con éxito en varias muestras activistas y de derechos humanos, pero como muchas películas colombianas independientes, con muy poco público en la única sala comercial de Bogotá donde la pusieron en cartelera.


TRABAJANDO EN EQUIPO

El cine colombiano cada vez va más de la mano con la coproducción. Los productores tienen menos miedo y se arriesgan a hacer apuestas mixtas donde otros países participan y contribuyen a la realización de nuevos productos. En enero estuvo Anina, largometraje uruguayo animado con la producción de Jhonny Hendrix que nos mostró una bella niña con nombres, apellidos y situaciones palíndromas; en mayo se estrenó Secreto de Confesión, del director venezolano Henry Rivero (En Coma), con una historia policíaca de ritmo vertiginoso donde un criminal va confesando sus pecados a un cura, con la participación de Marlon Moreno y Juan Pablo Raba; en junio se estrenó la taquillera historia de terror Encerrada, que de Bogotá se traslada a una zona rural para introducirse en un cuarto recóndito donde se esconde una niña misteriosa, y que contó con actuaciones de Carolina Guerra y Sebastián Martínez, quienes también dieron crédito a un atractivo balance de taquilla; en julio se estrenó la argentina Días de Vinilo, una divertida comedia en torno al rock clásico y un homenaje a The Beatles, bajo la producción de Rhayuela y Federico Durán, con un guión entretenido que refuerza el valor de la amistad y el amor por la música.




La mejor coproducción que presentó el 2014 vino de la mano del director americano Josef Kubota Wladyka y su ópera prima Manos Sucias, que aunque toca el tema del tráfico ilegal de armas y el conflicto armado, logra convencer por su ritmo, su dirección de actores naturales y su emotividad, además de mostrar una visión interesante del Pacífico desde su ojo foráneo; en octubre se estrenó la cinta americana Default del colombiano Simón Brand, impregnada de la atmósfera hollywoodense, con recursos estilísticos de cámara en mano y recreando la angustia de un secuestro dentro de un avión, sin pena ni gloria en la taquilla local; cuatro años después de presentarse en el festival de cine de Bogotá se estrenó en sala comercial Plata o Plomo del director paisa John Human, abordando el tema de los narcos pero esta vez desde la geografía de Miami, sumándose al arsenal de narcopelículas con origen en Colombia; en noviembre estuvo en cartelera Deshora desde Argentina con la producción de Jhonny Hendrix de nuevo y la actuación de Alejandro Buitrago, quien encarna a un joven en rehabilitación que llega a la casa campestre de una prima para perturbar su matrimonio; finalmente,  en diciembre la directora peruana Enrica Perez estrenó Climas, con la producción ejecutiva de Diana Bustamante y la historia de tres mujeres de sitios remotos que aman, viven y duelen a su manera, bajo la temperatura emocional del ser femenino.



Los números son gratos con el cine colombiano si se unen los esfuerzos entre producciones locales y coproducciones lanzadas durante el 2014, con un total de 26 títulos. Los números no son tan gratos con muchas de estas producciones al saber que las salas de exhibición comercial son reacias y la gran mayoría de estos filmes no duran más de una semana en cartelera. A pesar de bajar ostensiblemente la cifra de convocatoria con la cinta acostumbrada del 25 de diciembre, el título local más taquillero del año fue El Paseo 3 con más de 825.000 espectadores, y los títulos que salvaron el año con asistencias aceptables fueron Encerrada por su terror hollywoodense (395.000) y Ciudad Delirio por la expectativa caleña (279.900). Con todo y la falta de apoyo por parte del público, el cine nacional sigue, se diversifica, se asombra por su capacidad de variar en historias luego de tener dominancia del narcocine y las películas de conflicto armado, contando apenas 3 de las 26 estrenadas. Cabe anotar que los mejores roles del año corrieron por cuenta de la tercera edad llenos de carácter y sabiduría a su modo, desde el machista abuelo Silvio de Tierra en la Lengua, pasando por la abuela Ñaña y el papá Gustavo de Los Hongos, la laboriosa Zoraida de Climas, hasta llegar al carismático Cucho de Memorias del Calavero. A pesar de la aún incipiente concurrencia del espectador común, nuestro cine sigue siendo una empresa romántica que los directores, productores, gente del gremio y cinéfilos esperan por verlo metido en el engranaje de una posible industria. Ya existen las coproducciones. Ya existen los festivales. Faltamos nosotros, la gran audiencia.