25 mar 2011

EL ARTE REPULSIVO DE VON TRIER

El Dogma 95 se fusiona con la enorme destreza de un director de fotografia. La naturaleza humana llevada por el instinto se funde con la racionalidad. El orden se transforma en caos, este explota, y vuelve el orden. El dualismo se apodera de este impactante film del danés Lars Von Trier, que como de costumbre, vuelve a retorcer las entrañas cerebrales de los espectadores, esta vez de forma más gráfica y con el ingrediente acostumbrado de la actriz femenina en la postura emocional más difícil de asimilar y con un entramado psicológico que termina siendo complejo y no muy fácil de tragar.

Lars Von Trier, experto en repulsiones fascinantes.

Las mujeres parecen ser el blanco de gran marca en las cintas de este enfant terrible del cine. La pobre (y tremenda) Björk fue sometida a una dirección inclemente para cumplir con el rol de la inmigrante ciega que comete un crimen con suprema ingenuidad y es condenada a muerte en Dancer in the Dark (2000); Nicole Kidman encarna una mujer con un pasado oculto que termina siendo la escoba y el trapo sucio de un pueblo entero en Dogville (2003) y una esposa que sufre el dolor profundo de la pérdida de su hijo -Charlotte Gainsbourg en gran interpretación- y lo compensa a través de ataques histéricos y lujuria sin límite en Antichrist ( 2009). Todas tienen en común la palabra sufrimiento, personajes de apariencia pacífica que terminan distorsionándose con el paso de los minutos. Y es que parece que Von Trier tiene una fijación por las conductas femeninas y la cuenta de cobro que les ha pasado Dios por ser las autoras materiales del pecado original.

Una pareja que vive el duelo de la pérdida de su hijo se refunde lejos de la civilización, en el bosque precisamente, para superar miedos y sobrellevar el dolor. Willem Defoe cumple con el papel del hombre racional, un terapeuta que esta vez se va a encargar de suplir los requiebros de su cónyuge a través de trucos propios de psicólogo. Charlotte Gainsbourg es una mujer marcada por el instinto y el impulso, afectada por una tesis que estudió sobre el genocidio de mujeres y la quema de brujas en el siglo XVI. Y obviamente por el duelo de su pequeño fallecido. Entramos en el continuo desafío entre la razón y el instinto.

Lluvia de bellotas. La naturaleza ataca y confunde a Willem Defoe.

"La Naturaleza es la iglesia de Satanás", afirma el personaje femenino. Como si Dios mismo hubiera condenado al Edén al libre albedrío del instinto, entregándolo a una visión paralela de un Anticristo donde caben acciones como el maltrato al ser humano y el sexo lascivo en exceso que pulula en cada rincón de las hierbas y los árboles. El hombre (Defoe) confronta toda esta maraña discursiva a través de su raciocinio y el debate se desarrolla durante la mitad de la película hasta que los papeles cambian, la mujer (Gainsbourg) parece perder el miedo y se entrega a la naturaleza de forma consciente, y el hombre comienza a sentir el deseo esquizofrénico de abandonar la razón y entregarse a los impulsos a través de sus visiones. Cuando la balanza cambia, los personajes finalmente sucumben a la animalidad mediante los más conocidos aspectos en los que los humanos nos le parecemos: El sexo sin prejuicios en el lugar que sea, y la territorialidad o lucha de poderes, en donde el animal más fuerte es el que sobrevivirá.

Pero el ingrediente que causa los escalofríos de este discurso psicológico audiovisual es la misma Naturaleza. Es el tercer personaje, contundente, violenta, impetuosa y apocalíptica. Parece ser la conductora hacia la locura de la mujer, la que llama a la lujuria desenfrenada, la que se hastía de los protocolos de la conciencia. En la escena del viaje vemos un verde retorcido que cubre rostros femeninos refundidos en desespero y muerte mientras va andando el vehículo. Y las representaciones animales no pueden ser más repugnantes: Un ciervo cargando su propio hijo abortado, un pájaro que devora su propio hijo, un zorro que se carcome las entrañas y promueve la frase 'El caos reina', son esas señales explícitas de que el cosmos puede ser el mismo Anticristo.

Charlotte sumergida en un bosque surreal.

La fotografía es impecable cuando dejamos el Dogma a un lado y dejamos intervenir la mano casi divina de Anthony Dod Mantle (Slumdog Millionaire, El Último Rey de Escocia) y nos hace aquella propuesta en blanco y negro del prólogo y epílogo, donde el coito de pareja es sensual y tierno al tiempo, donde la muerte del infante es lenta y de hermoso dolor, donde el orgasmo es el comienzo y el final de una vida, con la complicidad auditiva de la melodía de "Lascia ch'io pianga" extraída de la ópera Rinaldo de Händel, que hace más emotiva la escena. Cabe destacar los fragmentos de terapia psicológica donde la mujer se sumerge en aquella neblina surreal y camina por el bosque, en un tratamiento visual de observación discreta, lejana, lenta, un tanto gótica, con la expectativa de un pronto ataque del universo nebuloso que se trae el subconsciente de una esposa atacada por sus miedos y remordimientos.

Los Tres Mendigos anuncian la hora final.

La historia tiene tres episodios divididos en sensaciones nada amables: Dolor, Sufrimiento y Desesperación. De allí el origen de los tres mendigos, personificados por el ciervo, el zorro y el cuervo. La parte más confusa de digerir del guión, pues nunca se presta para ser bien sugerida y se sujeta a simbolismos y a la visión de una constelación que anuncia el fin de una vida. Aquellos animales hacen parte de esa naturaleza instintiva que se devora todo lo que se asoma a ella, pero aparte de presenciar el acto de la muerte, no logran justificar del todo la propuesta temática de estos en la película, lo que la hace compleja y un tanto borrosa. Para los espectadores que gustan de las interpretaciones subjetivas, no hay ningún problema. Para quien quiera la total justificación a través de los hechos, van a quedar un par de dudas.


Lujuria en el bosque. La naturaleza gana a través del instinto.

De lo que no hay duda es de la atrevida postura visual del director danés, que le apuesta a apartes gore y pasajes cercanos al porno, y claro, no puede abandonar su gusto por el Dogma, con movimientos de cámara nerviosos y pasajes oscuros que invocan a la ansiedad. La imagen explícita es platillo de deleite para el morboso y motivo de excomulgación para el sensible. Y la post-producción de sonido es macabra, acompaña en compases minimales y tétricos los cuadros grotescos que expone el film. Ver un golpe de tabla en los testículos provoca la inmediata transmisión del dolor, un pene que eyacula sangre llama al instante a la muerte, o el tijeretazo que desprende un clítoris persuade a desviar la cabeza de tal escena tan gráfica, pero este par de momentos (entre otros tantos del film) pasarán a ser parte del arte, tan repulsivo como inolvidable por obra y gracia de don Lars.

Lars von Trier's Antichrist - Official

Trailer
from Zentropa on Vimeo.



La sinrazón domina el último tramo de este rollo pseudoapocalíptico. El caos reina como lo profetiza el zorro parlante que carcome sus entrañas. La naturaleza gana, donde al parecer está compuesta de miles de mujeres que llevan el mal dentro, donde esa maldad la transmite el bosque y absorbe animales, plantas, humanos, directores cinematográficos y espectadores incautos que pueden salir de la sala o de la cama convencidos de que el Anticristo está presente en cada esquina de nuestra respiración, y que está ligado a la conducta milenaria de la mujer, que desde el mismo Edén, nos conllevó al pecado. Una vez más, Lars Von Trier logra retorcer nuestras cabezas devolviéndonos a la misma esencia de las cosas donde no existen los pensamientos, solo el estímulo instintivo, el llamado a la primigenia animalidad de la que no podremos desprendernos jamás.

13 mar 2011

ELVIS COSTELLO & THE ATTRACTIONS- ARMED FORCES





El punk empieza a decaer junto a la década de los setentas pero no deja de hacer mella en todo lo que se le atraviese, y dejará consecuencias para futuras generaciones que quieran tomar las guitarras y emprender líricas con trasfondo político. Junto al declive de las crestas y la anarquía va floreciendo el new wave, que cambia la estética, el concepto y el modo de manejar los instrumentos, con más frescura, elaboración y accesibilidad auditiva para distintos grupos objetivos. Como en la mayoría de los casos la germinación de este género tuvo lugar en Inglaterra con gente como XTC, Blondie, The Police o The Jam, quienes ayudaron a darle una cara más amable al punk con armonías más pop pero sin perder su furia esencial. Entre este nicho de gente que quería transgredir la trangresión también apareció el señor Declan Patrick Mc Manus, mejor conocido como Elvis Costello.



Proveniente de Paddington en Londres, este tipo de lentes gruesos y porte inofensivo llevaba dos trabajos publicados para 1979 -uno con su banda The Attractions- y tenía marcados esos indicios de punk rabioso a lo Sex Pistols, pero sin despeinarse a lo Buddy Holly. La oscuridad que traía consigo de sus producciones anteriores contrastaron con la luminosidad de un conglomerado de temas matizados con la más amplia finura pop en Armed Forces, un LP construído en seis semanas bajo la producción de Nick Lowe y compuesto de doce canciones de tono accesible, con la convicción de mantener disertaciones de corte punk en las líricas.

Elvis y sus tres Attractions

La gran diferencia con sus discos anteriores se dio en dos factores esenciales que convertirían esta obra en una de esas intocables de la historia de la música: El trabajo en arreglos que hicieron al álbum de fácil acceso y sonoridad pop, causa y efecto de los teclados de Steve Nieve, la siempre destacada aparición del bajo de Bruce Thomas y el compás de la batería de Pete Thomas que nada tenía que ver en consanguinidad con el bajista, pero tenía todo que ver en el asunto de conformar The Attractions. El segundo factor fue el intrincado pero fascinante modo de componer de Costello, quien se tomó la molestia de crear un universo paralelo entre el mundo de la política y las relaciones sentimentales, jugar con sus cotidianidades, problemas y visiones y hacer un verdadero scrabble de la lírica hasta deleitar a los más incautos y conquistarlos a través de su discurso cantado. Cosa que fue mucho más contundente que su misma música.

La cuota de aporte en composición sabía enlazar muy bien las decepciones sobre el amor, la sociedad, la guerra y el sistema de un modo metafórico e ingenioso en la rima- de hecho el trabajo se iba a titular Emotional Fascism en principio-. Las descripciones de Elvis en su papel de víctima y victimario congregaron una legión de fieles que le llevaron al estrellato con este tercer LP, que consiguió llegar al N 2 en el Reino Unido y atravesar el Oceáno con éxito para colarse en USA sin problema en el Top Ten de Billboard y posicionarse con ese new wave que llamaba a la transgresión.



El zarpazo de imaginación dulce en melodía y mordaz en letra se viene con el primer sencillo del trabajo, "Oliver's Army", un pop llevadero con arreglos introductorios de piano que evocan el "Dancing Queen" de ABBA y que hacen tan fácil su escucha que cualquier abuelo de mecedora lo disfrutaría en su tarde de reposo. En medio de su mansedumbre musical se viene un mensaje fuerte y contraventor que se refiere al conflicto de la ocupación inglesa en Irlanda del Norte, en el que la Armada de Oliver llega para causar represión y pánico en una tierra que clama por la independencia política (algunos sugieren que el tal Oliver evoca al Cromwell del New Model Army). Las vociferaciones que levanta este discurso cantado tiene tanta relevancia que logra tocar las fibras de las disputas en otros lugares del mundo como Palestina, Sudáfrica o las diferencias entre las Alemanias Oriental y Occidental. Incluso, Costello se da el lujo de comparar el maltrato irlandés con el de los afro en América: 'All it takes is one itchy trigger/ One more widow, one less white nigger'. La canción termina bien librada y camina exitosa por los listados británicos, siendo superada únicamente por "I will Survive" de Gloria Gaynor.

El álbum está impregnado de ese matiz social de incomodidad. Las políticas de subordinación y disciplina a ojos cerrados quedan mal paradas con "Senior Service"que con ingenuidad incisiva expone esa visión de provecho del sistema: 'They took me in the office and they told me very carefully the way that I could benefit from death and disability'. Lo curioso es que logra calar las fibras en medio de una canción que tranquilamente puede sonar en la disco a medianoche y que incita a una especie de "baile protesta", puro new wave con trasfondo. Y para mantener el foco en los peligros que se trae el establishment se puede escuchar "Goon Squad", más cercano al rock y a los primeros años de Costello en su discografía, reafirmando su odio por la opresión del sistema militar y la imposición de las doctrinas.




Mientras mantenía su enojo con desparpajo en estas canciones de sonidos inocuos, The Attractions también se tomaban su tiempo para renegar de la vida sentimental. Como en "Accidents will Happen" que se refiere a la infidelidad y la culpa a través de metáforas, segundo sencillo del trabajo que apenas llegó al 28 en listas de Reino Unido, pero fue un manifiesto emocional que marcó a sus seguidores y hoy día sigue siendo de alta escucha para ellos. Y ese desencanto se sostiene sobre el new wave de marcado tono funky en "Mood for Moderns", que reitera la separación, la inutilidad de una relación donde se pronuncian las diferencias y no existe el sentido de pertenencia de pareja: 'I let you into a foreign fingers'. En medio de todo, Elvis Costello le sonríe a la pena con música.

La armonía de bajo y piano entonan su mejor canción en "Party Girl", que al parecer fue compuesta gracias al romance que sostuvieron Costello y la modelo Bebe Buell -madre de Liv Tyler- y que describe con tono balada rock la desesperanza de una chica dedicada a los eventos sociales, apropiarse de unos cuantos prospectos masculinos y enredarse en la telaraña de las frívolas relaciones de farándula que duran dos parpadeos. Elvis lo desmiente pero nada encaja mejor. Y como sonido curioso el final glorioso de esta hermosa balada con aquel dejo a "You never give me your money" de The Beatles si se presta atención.

Los estereotipos son material providencial para la composición del LP, pues aparecen prestos para ser vapuleados en el discurso de Costello en "Big Boys", una dura bofetada a la vanidad fútil de los cuerpos aprisonados en músculo hirviente, 'Worrying about your physical fitness/Tell me how you got this sickness'. O castigando la ansiedad de la lujuria compulsiva, "Busy bodies" con ese teclado onanista que añora las imágenes de las chicas del auto-lavado y la frustración del incalcanzable beso de aquellos cuerpos que te conducen a la nada mientras la canción se resuelve en reminiscencias sesenteras y sonidos del ayer. También pasa por allí esa tonada embriagada involuntariamente de una fusión entre el vals y la ranchera en "Sunday's Best" que fulmina con lucidez cómica las bases del materialismo y se encarga de reducirlas a su expresión mas desagradable.



El álbum se enlista en una objeción en muchos sentidos a muchas convenciones. Desde las posturas del sistema, de los seres humanos, de los principios, de las estructuras que el hombre fabrica. Y entra en conflicto como en "Green Shirt" que en tono marcial nos alerta del peligro del manejo de la información. Y con éxito logra mezclar escenarios distintos, un coctel de dualidades sociopolíticas como en "Chemistry Class" que revuelve los experimentos de tubo de ensayo con los amores que nunca llegaron a la ebullición, 'You don't know what you started when you mixed up with mine/are you ready for the final solution?', o la genial "Two little Hitlers" que con éxito compenetra un tema de 'política de pareja' y exhibe la lucha de poderes e intereses y la interminable búsqueda por un equilibrio en esta contienda de partidos sentimentales y la música se funde en tonos de rocksteady al mejor estilo new wave.

Uno de aquellos grandes himnos que se recoge dentro del historial del rock curiosamente no fue incluído en la versión del LP para Inglaterra, "(What's so funny bout) Peace, Love and Understanding)", esa perfecta reflexión punk de visión no tan optimista que diera una mirada general a la situación del mundo en 1979 -y hoy día vigente- donde el sueño de un mundo en armonía cada vez es más distante. Con la ayuda productiva y escrita de Nick Lowe se logró este manifiesto que ha inspirado muchos más interrogantes en la música escrita, y que se sostiene como una de las favoritas en vivo para el Elvis que si está vivo.

¡Elvis está vivo! Elvis Costello en vivo en Londres

Ediciones, reediciones, adiciones, suplementos, temas en vivo y agregados interesantes han sido parte de los continuos remasters de Armed Forces que tiene un gran plus ante muchos de los trabajos publicados en la época y es haber sostenido aquella prédica punk con tacto y mordacidad perspicaz mientras tomaban la alegría de la nueva corriente musical y aliviaban el golpe lírico con mucha frescura, teclas lozanas, bajos inteligentes y guitarras vivarachas. Nunca antes se había escuchado la juerga con tanto sentido crítico, para eso nació Elvis Costello.

26 feb 2011

LCD SOUNDSYSTEM: THIS WAS HAPPENING!

Una invitación real se trajo la marcha del febrero, ornamentada por las texturas de los teclados impetuosos y la noche de ácido contoneo entre las amalgamas sonoras más sofisticadas y otras más atrevidas gracias a los favores de un Nueva York vecino por una noche, infestado de tecnología bailable pero osadamente descomplicada como la que se trajo bajo la manga el ensamble de LCD Soundsystem en la capital de los agujeros de asfalto, que increíblemente no deja de ser fascinante en medio del caos.

Las fiestas de hora temprana nunca son afamadas ni memorables, entre diez y once de la luna apenas venían algunos asiduos a comerse el espectáculo de principio a fin, quienes pudieron apreciar un Royal Center con ciertos rezagos de clima bogotano convencional, y un line-up de buena voluntad que quería calentar la noche como felinos orientales, LSCFJ (Like Some Cats From Japan), cuatro gatos sin ojos rasgados cargados de beats con aires psicodélicos y una que otra atmósfera viajera en su corto reparto.


Foto LSCFJ: ViVa


Un show sobrio pero entregado que se compone de un golpe consistente en la batería, teclados bailables con intenciones alucinantes y voces no tan cantantes y mas bien animosas, entusiastas de la prolongación del jolgorio. Pizarro es la figura que busca el dominio del escenario con más modestia y menos histrionismo que en su anterior aventura musical de Deluxe Club tomando el micrófono angloparlante y recalcando el nombre de la banda con el tema de apertura "LSCFJ", mientras su compañero de fórmula Charlie juguetea con las estructuras psicodélicas que sus dedos expelen a través de sus juguetes de blancas y negras. Por allí desfilan momentos alegres como el que se traen "Johnny Ramone" y su contundente "Turning Wheel" y otros de corte más atmosférico e íntimo como "Meet me in the middle".

Apoyados por El Duque y Pal intentan humanizar la electrónica con instrumentos como batería, guitarra y teclados analógicos, y a pesar de una mala jugada de mutismo ante un solo de teclas frenético de Charlie por problemas de cables maliciosos, LSCFJ mostraron sus dotes de limpia ejecución y un trabajo interesante en construcción musical, y un ejemplo de aquella búsqueda armónica se pudo notar en "Three Dots", que sin ser demasiado bailable y no tener vocales tan potentes mantiene el beat, la intención del movimiento y la sobriedad. Los Cuatro Gatos de tan lejos pero tan de acá tendrán el chance de seguirle mostrando sus ronroneos melódicos al público en otras noches agitadas de Japón, Egipto o New York con "Johnny Ramone" incluído.


"Dance Yourself Clean", tema de apertura del concierto de LCD .

Extraído de la videoteca de letyourspirits0ar



Y del Japón nos vamos para New York viviendo por un par de horas en Bogotá. Esa combinación de frescura punketa con acidez danzarina va asomando lentamente en un intro eterno que sirvió de paso para terminar con checks de ingeniería de sonido. Por allí surge una membrana coqueta de un micrófono Sennheiser digno de crooner cincuentero manipulado por las cuerdas vocales de un James Murphy listo para atacar la escena. "Dance Yourself Clean" es el preámbulo de un recorrido electro intenso e hirviente. This is Happening!

Un combo de chicos que vienen de comer palomitas y hacer zapping en TV se ponen en escena con el atuendo más dominical que puede tener individuo cualquiera. LCD Soundsystem muestran lo que son: pantalonetas cortas de fútbol ochentero, pechos albinos que se exhiben sin prejuicio, barrigas cuarentonas que guardan muchos tacos y bebidas gaseosas, la desenvoltura en pasta, la simplicidad sin parafernalias, unidos para hacer lo que saben, embriagar a su público de felicidad electrizante con su música, tanto como lo hace su "Drunk Girls", coros de alcohol cantados en puro new wave que estremece las gargantas ávidas de fiesta y delirio. Keep Happening!


Foto: ViVa
Ya prendido el asunto, entramos en atmósferas retro y esos hipnóticos teclados reminiscentes con sabor a Kraftwerk y la potencia en crescendo que se trae "Get Innocuous", un experimento casi minimal que empieza a romperse con el paso de los minutos y finaliza con un cataclismo de instrumentos ácidos mezclados para dar vida a las piedras mientras la tecladista Nancy Whang maniobra como nave su synth y Murphy se apodera de las baquetas y produce un sordo estruendo melódico cargado de timbal sin retorno que altera mentes y moviliza muertos. Esas baquetas juguetonas, la campana y el cencerro surten más efecto con el tremendo impacto de "Daft Punk is playing at my house", su primer gran clásico contemporáneo que causa conmoción en una localidad Platino colmada e irrespirable, lista para ahogarse de placer con aquel alucinógeno LCD.

New York es una ciudad que reposa practicamente sobre el nivel del mar, el caos más ordenado y productivo que se trae Occidente, pero curiosamente más fácil de respirar a nivel pulmonar. Bogotá es una ciudad que traiciona con sus 2.600 metros cualquier sistema respiratorio acostumbrado a ver el oceáno todos los días. Uno de ellos fue el de James, vocalista ansioso por entregarlo todo pero marcado por un aire difícil de obtener y quien con la modestia de cualquier civil confesó su cuita bronquial y le dio paso por varios segundos al inhalador. Eso no le impidió hacer más afinada su voz y deleitar al público con el sonido ochentero de su nuevo tema "I Can Change" que de una vez nos remitió a los gloriosos synths de gente como Thompson Twins o Thomas Dolby, en una tonada vintage muy bien apoyada por los teclados de Gavin Russom. Otro momento para tomar aire y cantar sin desenfreno. Still happening!

Foto: Andrés Londoño


La confesión de cuerpo, alma y espíritu se viene a mitad del espectáculo con un tema esperado por muchos, "All my friends" es la confirmación de que los sonidos electrónicos no solo están hechos para bailar sino para recordar que somos sensibles. Muchas voces se congregaron para entablar al unísono un coro de infelicidad lacrimosa junto a un piano repetitivo -que guardando las proporciones tiene algo de "Where the streets have no name"- y provocar llantos de emociones encontradas en medio de los coros. Clímax a esta altura de la noche. Para calmar ánimos viene "You Wanted a Hit", puro material de sofisticación y gusto con armonías retro una vez más y que a pesar de no ser tan reconocido por la gran masa fue un excelente platillo de electropop con base de bajo y guitarras sólidos -Phil Mossman y Tyler Pope- y unos teclados que flirtean con la nostalgia ochentera y los jugueteos orientales. Por algo los tendría en las manos la chica Whang, quien le sacó un beso al hombre de la panza sexy, don James Murphy.

Volvemos a la disco con synths más agrestes, "Tribulations" es tóxico preciso para continuar la fiesta de luces rojas, naranjas, azules, en una explosión de brazos arriba, puños al frente y uno que otro asomo de violencia envidiosa entre el público animoso de alcohol iracundo y estimulado por la energía punk de el siguiente golpe musical, "Movement", la batería insistente del 'piernas locas' Pat Mahoney dispuesta para la destrucción de cueros y columnas y las guitarras en su distorsión más alta para el momento más feroz de la noche. El cierre de este primer tramo lleno de vértigo, sudor y exclamaciones de balcones y aglomeraciones se viene con la afirmación repetitiva, "Yeah" , palabra que se puede repetir tantas veces durante su show como la extensión de este texto y un magnífico techno implacable para probar que el Soundsystem estaba allí presente. What happening!

Foto: Andrés Londoño

Con la recuperación de aire y la pausa necesaria del Encore después de semejante descarga, se retoma el paso con calma, sin apuro y concentrados en las posibilidades que les brinda el vibráfono inocente pero pegajoso de "Someone Great" interpretado por el ecléctico y fiestero Al Doyle, quien se vino de Hot Chip para prestar atención a algunos redobles, unas cuerdas y unos soniditos marimberos de pecho descubierto y actitud de desparpajo. Luego, las prosas discursivas de Murphy en "Losing my Edge" con aquel intro minimal un poco narcótico y de nuevo Doyle prestando sus dedos para jugar con notas de "Da Funk" y el contraste entre momentos de instrumentos reventados y otros discretos, el caos y el orden juntos regurgitando alegría empapada de locura colectiva. Para cerrar la segunda salida es bueno el baile, "Home" es el momento glorioso de las campanas y los cencerros y la evidencia absoluta de las habilidades vocales de un James que ya ha superado los impases de la altura capitalina y sabe que 'esto sigue sucediendo'. Mientras tanto, los coros de 'Aaaahhhaahhh' no se hacen esperar y de nuevo el Royal se envuelve en miles de gargantas de una sola voz.

Un Encore más. Un tema más. Pero no cualquiera. En un desgarrado blues se viene el cierre más emotivo que puede ofrecer LCD, "New York I love you, but you bringing me down" el sello de calidad que imprime una banda que toca distintos géneros y no desentona. Murphy acaricia su Sennheiser, lo adora, lo previene, lo insulta, lo grita con amor, tal como el resto de el Soundsystem con su instrumento respectivo, todos emplean su catártico momento para desahogarse en un final espléndido sin tanta luz, sin tanta vestimenta, sin tanta lentejuela, simplemente con el don fabuloso que circula por sus arterias repletas de música bien ejecutada. Los adictos al LCD se marchan, algunos ebrios de alcohol, otros de placer, otros de euforia indescriptible, pero todos convencidos de que... This Was Happening!

16 feb 2011

99 FRANCOS: EL PRECIO DE LA PAUTA

"Todo puede ser comprado. El amor. El arte. El planeta Tierra. Tú. Yo. Especialmente Yo". Una sentencia infalible que corrobora el estado actual de las cosas en la famosa etapa de globalización, y en la que una doctrina económica como el capitalismo y el dominio de EEUU en Occidente e Israel en Oriente se asfixian de lo visibles que son. Aquí viene otro ingrediente fatal y necesario hoy día donde el mass media es el blanco favorito, el mundo frívolo y eficiente de la publicidad.


Poster promocional del film de Kounen


La divulgación y venta de productos a través del creativo y desmesurado universo de la publicidad es el tema central del filme 99 Francos (2007) -basado en el libro de Frederic Beigbeder- del siempre inquieto director franco-holandés Jan Kounen, recordado por las balaceras y triquiñuelas de violencia excesiva pero extrañamente fascinante de Dobermann (1995) .Esta vez se trae bajo un magnífico discurso clip un filme que verdaderamente puede cambiar la concepción del negocio publicitario, convocando a una reflexión sobre la infeliz magia que traen los anuncios para vendernos falsa felicidad al precio favorito de la pauta, las famosas cifras terminadas en 99 que lo hacen ver todo más barato, $9.999, $99.999 (el film es francés, en este caso la antigua moneda del país europeo, el franco) y los sucesivos nueves ilusorios que engañan al ojo y al bolsillo.

El antihéroe que se concibe de esta corrosiva pero de alguna forma realista visión de los publicistas es Octave (Jean Dujardin) quien se trae bajo la manga los ingredientes que cualquier materialista promedio anhelaría tener: Dinero, mujeres, excesos del placer y una enorme dosis de creatividad que lo mantienen en el Poder inalcanzable de una colosal agencia de publicidad. Bajo la particular percepción de su entorno descubrimos las ansiedades, las frustraciones, los constantes discursos ególatras y el mejor elemento, el ingenio para crear campañas, con la ayuda de unos ostentosos recursos visuales donde la animación, los tiros de cámara y el montaje van de la mano para ofrecer un exquisito plato, de digestión visual difícil, pero con la satisfacción de llenar los sentidos y abrumarlos de una psicodelia intensa y pródiga en colores y picados de imagen.


Ser creativo es cosa de matar ideas comunes. Octave y Charlie lo logran.


Los estereotipos que se vislumbran en los típicos magos del anuncio son la cuota divertida y factor del éxito de la historia. La fama del creativo como impuntual, las drogas como compañeras inobjetables de inventiva, las fiestas sin final de placer sin prejuicio, el jefe de producto que cumple un papel ornamental y el jefe de márketing implacable y casi inaccesible, son clichés del medio que se reflejan durante todo el transcurso de la cinta y lo hacen más delicioso, pero obviamente deja muy mal parado al gremio publicitario y a su propósito primordial, Vender.

Totalmente conceptual, ligado al estilo de los carteles y los comerciales de televisión, con créditos en forma de códigos de barra, pantalones y camisas acompañadas de su respectiva descripción y marca, vértigo de la creación de campañas a través de los viajes siderales de supermercado e incluso la parodia del comercial retro de una familia feliz amparada por los beneficios de una chocolatina, 99 Francos es un fascinante viaje por aquel universo de oferta y demanda repleto de color, efectos y sátira visual que construye curiosamente una animadversión moderada por el exceso de anuncios, que según la estadística de la película pueden aparecer unos 350.000 ante los ojos de una persona que ha vivido 18 años.

Una promo de la marca de la empresa en la que trabaja:
"Mantiene mi ano y aliento fresco"

La cuota audiovisual de Kounen es la feria de atracciones que engancha la película con variados trucos muy efectivos. Desde su mismo inicio en aquella valla playera que se convierte en lluvia apocalíptica mientras se abre el plano, pasando por las inhalaciones monetarias en forma de coca que producen el título del filme, hasta las desorbitadas animaciones alucinógenas que se traen las fiestas excesivas del gremio son dinamita pura que cautiva y produce reflujo a la vez. Sólo hay que ver el comercial boicoteado en la campaña del producto estrella para dar muestra del hastío por el consumo gracias a las imágenes de mataderos de animales, yogurt lascivo pero vomitivo, los rostros absorbidos por el delirio de la compraventa y el final del mundo que viene en un tren descarrilado que nos condena a estrellarnos contra los anuncios.


La revolución interna que sufre Octave después del rechazo de su propuesta para una campaña de yogurt y de una ruptura sentimental generada por un embarazo no deseado convoca al llamado a su interior y una reflexión. ¿Qué hace en su vida? Incitar a la compra de lo innecesario, sucumbir ante la sociedad de consumo, vaciar su felicidad en momentos de aceleración cocainómana y sexo espontáneo, vender falso bienestar y refugiarse en el gélido abrigo de la materia que finalmente no ofrece amor ni simplicidad, factores que pueden hacer la vida más llevadera para muchos sin necesidad del armatoste de madera, metal y chips que se transmuta en un conglomerado de objetos que llena de confort un apartamento. Pero, ¿De algo más?

Cómpralo todo. O acepta el aburrimiento.


La rebeldía ante aquel globo consumista viene gracias a Sophie (Vahina Giocante), humana, quien sueña, ama, se aburre, se embaraza. Se embaraza... Y produce el cambio vital en su pareja, Octave. Gracias a su personaje se generan dos escenas memorables, la respuesta típica del novio en el restaurante que recibe el baldado de un Positivo en la prueba de embarazo -simple pero muy divertida-, y el viaje alucinógeno del baile disparatado entre Sophie y Octave con la ecografía de fondo, ese gigantesco feto que rechaza la sangre y el apellido de su padre con una simple articulación, en una de las escenas que más resalta el ingenio visual y el vacío personal del ego desbaratado de un Octave que maltrataba el mass media, ahora los roles se invierten.

La música se trae un deleite de melodías ligadas a la pasarela, la fotografía y el fashionismo de los anuncios encajonados en la falsa sofisticación, no tan falsa en los acompañamientos musicales de St. Germain, Etienne de Crecy, Alex Gopher, Laurent Garnier y una buena sobredosis de french touch que le dan un toque chic al mórbido vértigo del éxito de las ideas que engendran millones de francos, dólares, pesos, lo mismo en un papel intoxicado de codicia que puede cubrir con el 10% de sus ganancias anuales la mitad de la población hambrienta en el mundo.

Dos compañeros envueltos en el viaje creativo y alucinógeno

Las experiencias místicas e indigenistas de Jan Kounen con sus anterior producciones Blueberry y los documentales de Other Worlds fueron detonantes para incluir un pasaje del film en algún lugar paradisíaco de Suramérica con comunidades aborígenes y un giro visual fuerte en el que los planos se tomaban su tiempo, son más abiertos y documentales y los sonidos de la naturaleza predominan sobre la música. En este lapso de la cinta todo se transforma, especialmente su protagonista quien vive la otra cara de la moneda donde la moneda no tiene ningún valor y la simplicidad y la aceptación de la naturaleza tal y como viene es el universo paralelo que jamás le pudo dar su agencia de publicidad. Kounen no se podía quedar con el antojo de matizar su trip desenfrenado audiovisual con un discurso más sereno y cierta mística llevada a lo autóctono, lo tradicional.



El mérito publicitario recae en la idea original que causa recordación más que en los millones que puede producir, desde un punto de vista idealista. El mérito de Kounen recae en la cantidad de imágenes que no se pueden salir del cerebro después de ingerir la película como una dosis psicotrópica de placer sin límite, un poco morbosa pero al final placentera. Una revancha contra el mass media utilizando sus propias armas, vendiendo hasta el tedio la imagen, pudriéndola hasta el hastío, convirtiendo la creatividad en fútil materia, valiéndose de la innovación para ver el interior de nuestra involución, viendo que todo se desvanece con el paso de los días, con el paso de las campañas publicitarias, con el paso del despilfarro sin control, con el paso de una cinta gigantesca que hace un llamado a volver a la vida simple. Al fin y al cabo, nada es duradero como lo sentencia la frase de Octave: "Todo es temporal. El amor, el arte, el planeta, tú, yo. Especialmente Yo".