11 may 2010

D'ANGELO - VOODOO


Pareciera una ofrenda a los dioses oscuros que tanto se sienten sobre la removida Haití, o algún rezo de carácter seductor para atrapar a las víctimas transeúntes. El título de este trabajo viene gracias a las influencias raizales que se quieren mantener vigentes en pleno 2000 de tanta identidad refundida, y de aquellos cantos que, aunque parecieran siniestros, no son más que loas invocando la fuerza mágica de sus benefactores a través de cantos ceremoniosos que involucran los elementos vocales afro con mucha vehemencia.




Y el sacerdote que hace realidad con magia musical estos sueños de seducción es Michael Eugene Archer, más conocido como D'Angelo, representante del neo-soul norteamericano que llegó para invadir los oídos de los sensibles desde su debut en 1995 con su Brown Sugar, de gran éxito, pero que llegaría a consolidarse con aquel magnífico ensamble plasmado en Voodoo, en plena apertura del siglo XXI. Los dos trabajos se convirtieron en referente directo para reconocer la escena del R&B de los últimos tiempos.


UNA TROPA INDISPENSABLE

Tres ingredientes son absolutamente imprescindibles en el desempeño como ser humano de este vocalista de voz extrañamente sutil: El levantamiento de pesas, la marihuana y el hacer música. Siempre han sido parte de su trinidad, y entre mancuernas, humo y acordes logró impulsar una carrera de refinación que sorprende a propios y ajenos del género (que lo digan Clapton o Rick Rubin). Y dos individuos son importantes para su desarrollo como lo fue el D'Angelo conocido en la época, su personal trainer Mark Jenkins, y su mano derecha en composición Questlove, ni más ni menos que el insigne baterista de The Roots.

Los Soultronics en pleno tour del álbum Voodoo

Los componentes en talento a agregar fue una sociedad de músicos llamada Soultronics, una especie de supergrupo que respaldó en estudio y en vivo la creación de este trabajo y entre los que se cuenta al tremendo trompetista Roy Hargrove, el bajista Pino Palladino, el tecladista James Poyser, un pequeño monstruo de guitarra y bajo llamado Charlie Hunter y el mismo Questlove en los tambores. Artífices ellos de esa masa funky reposada en suaves cadencias que jugaban con el tempo y cometían errores a propósito para hacer las canciones más 'humanas', en un producto final de alta calidad con un Bajo que manda la parada y unas voces en overdubbing que parece un coro multicolor de la voz de D'angelo invadiendo todos los parlantes del mundo sin mayor esfuerzo.

Uso de samples, de técnicas análogas para grabar, de trucos de romper el tempo en la batería para despistar al enemigo, de voces celestiales en falsetto que llamaban no precisamente para rezar sino para seducir, fueron efectivos para terminar vendiendo 300.000 copias la primera semana de lanzamiento y convertirse más adelante en multiplatino y ganador de Grammy en el 2001 como mejor álbum R & B y tener la canción "Untitled (How does it Feel) como mejor interpretación masculina de su género ese año. Sin duda, los rezos voodoo convertidos en trece canciones le sirvieron a D'Angelo para tocar la gloria.

TARTAS MUSICALES REFLEXIVAS

El primer intento por mostrar su fuerza influída por sus tiempos de infancia pentecostal es el single "Devil's Pie", una tarta lírica de tentaciones y pecados que acosan y destruyen lentamente a los afamados del hip hop y su industria materialista, una bomba gastronómica espiritual que pone en reflexión los peligros de dejarse seducir por el sabor letal del dinero y el exceso. Un buen mensaje que no logró figurar en altas posiciones (N 69 en listas Hot R&B Airplay), tal vez por su marcado beat hip hop, tal vez el más urbano de este álbum con gran cantidad de samples y la mano amiga de DJ Premier en la programación. A pesar de su pegajosa cadencia la gente estaba esperando sabores más sofisticados y apacibles.

Portada del single "Devil's Pie"

Los temas reflexivos y de orden espiritual logran crear equilibrio en el álbum de D'Angelo entre tanta sed de mujer y cuerpo que hay en otras canciones. En el funky soul de "The Line" se llama a pasar el límite después de conocer la adversidad y aferrarse a Dios para superar los siempre presentes obstáculos de vida. En otros tonos de jazz latino con congas, trompeta y guitarra, la pieza "Spanish Joint" no nos incita a buscar algún resquicio de producto hidropónico de Corinto, Valle, sino a buscar la salida de la oscuridad a través de la luz y desprenderse de un pasado poco amable. Y a través del funk ponderado y elegante, con un sobresaliente trabajo en instrumentación, sin apuros, hay muestras optimistas que esperan por el ansiado día en "Greatdayindamornin/Booty", intentando romper con la cotidianidad de los aburridos soles de calendario y esperar por el comienzo de un nuevo mundo con un clima más optimista. Y para completar con gratitud su cultura afrodescendiente, un homenaje a la tradición raizal con "Africa", dedicado especialmente a su entonces hijo recién nacido Michael, y con arreglos de percusión tribal simple y efectiva y campanas tubulares que pueden remitirse a cualquier ritual ancestral practicado en Tanzania o en Malí, en aquel continente desconocido y mágico que contrasta su alta riqueza geográfica con su desigualdad social.

SEXO POR LADO Y LADO



El hip hop sigue siendo parte de la búsqueda por figuración, y "Left & Right" es la siguiente propuesta. Una tropa de respaldo lírico compuesta por Redman y Method Man (además de una breve intervención en percusión vocal de Q-Tip), hacen de este tema una reuníon de estrellas del fraseo que acompañan el murmullo inusual de D'Angelo en un golpe de bombo de poder muy funk, pero con el propósito contundente de hacer bailar a quien lo oiga, además de una lírica que invita al contoneo de las caderas femeninas , en un coqueteo lujurioso al mejor estilo del maestro Prince, fuerte influencia de las composiciones del artista. La canción logró dar buena demanda, pero aún no escalaba hasta los números de privilegio (70 en listados Billboard).

Las cuotas lascivas están a la orden del día como contrapeso al material de caracter espiritual, y el sexo es oxígeno para que mantenga vivo el flow este Voodoo: El tema que abre el disco, con un bajo instigador de bragas abiertas en un paraje perfecto para calentar pieles, "Playa Playa" es muestra de fino erotismo musical acompañado por la muy engatusadora trompeta de Roy Hargrove y una instrumentación impecable, aplauso que merecen gente como J Dilla, Raphael Saadiq y Questlove en producción. Otra muestra de bastante crédito por su legado (Prince) es "Chicken Grease", que parece que hubiera traído al genio de Minneapolis para su interpretación, pues su melodía y letra está untada por todos lados sin ser suya propiamente, aquí el funk bailable de movimientos impuros y de descaro elegante está presente mientras D'Angelo se apodera de un fraseo rápido y tremendamente nostálgico por los ochentas.



Pero tal vez la mayor contribución indirecta de Prince a este trabajo es el muy exitoso "Untitled (How does it feel)", en esta balada soul de pura tinta lasciva que tiene la cadencia de Questlove en un platillo y redoblante que desnuda lentamente, mientras Raphael Saadiq va erizando pieles con su finísima guitarra y D'Angelo se revienta en sensualidad absoluta de voces en falsetto invocando a su amado Prince, y obviamente llamando a todas las chicas para que sientan el poder de su lírica cautivadora y su cuerpo escultural reflejado en un videoclip controversial que se encargó de mostrarlo bien dotado y bien listo para ser apetecido por la prensa amarillista y por el click lujurioso de muchas chicas que le dieron Play a su video en peticiones a canales de televisión y a la siempre permisiva internet que todo lo puede. Además de un valor agregado como fue la grabación en estudio del tema mezclado de una sola vez, con todos los músicos contribuyendo al tiempo a hacerlo en vivo, pura reminiscencia a los grandes clásicos. Cuerpo modelado, lírica concupiscente, acordes exquisitos y un triunfante puesto N 1 en listados de R&B Airplay y 25 en el Hot 100 de Billboard, además de un video miles de veces reproducido, hicieron de este sencillo su más grande éxito en su historia discográfica, y hoy todavía se recuerdan sus gimoteos placenteros listos para alborotar la líbido de las chicas que lo escuchan (y lo ven).

UN POCO DE CORAZÓN

Entre tanto erotismo virtuoso, este hábil heredero de Marvin Gaye y Prince no puede dejar de lado el tema amoroso, y de aquí se vale de un par de piezas que buscan reivindicarlo ante la imagen de sex symbol y demostrar que también tiene su corazoncito, "One Mo Gin" es la abreviación de 'One more time, Again', que en un R&B de buenos arreglos con influencias del delta blues clama por perdón de la chica que le ha dicho No alguna vez y espera su nuevo chance para situarse en la privilegiada posición de tener pareja. Y en otra exquisita pieza con uso brillante de bajo y guitarra simultáneos por parte de Charlie Hunter, con toda la instrumentación lista para el deleite, "The Root" contrasta la efectividad alegre de su música con el golpe melancólico de su lírica que habla sobre el desamor, el castigo de la fémina con el rechazo que golpea justo en la raíz del corazón del desangrado amante que sufre de múltiples tormentos y que transmuta en un desahogo musical muy bien logrado.



Pero para dejar de rogar y dar la oportunidad al amor de comportarse de manera benefactora, el cuarto single del trabajo reivindica la posición del sentimiento en "Send it On", un llamado a la fé y la honestidad para conservar el afecto. Coescrito entre Luther Archer (hermano del artista), D'Angelo y su novia Angie Stone en las sesiones de estudio en Nueva York, cuando recién salía a la luz su hijo Michael en 1998, se inspiró en una canción idealista, de valor por su familia y de optimismo ante su nueva etapa como padre. Esta vez su tonada es un neo-soul muy tierno con acercamientos a las antiguas melodías de Al Green, y un tratamiento delicado de guitarras, trompeta y coros en falsettos que parecen arrullos ilusionados. El tema rondó el lugar 30 de listas en Airplay, pero no obtuvo tanto éxito como su antecesor "Untitled".

Con el éxito que arrastró este Voodoo los distribuidores decidieron que no había quinto malo y publicaron un último sencillo, "Feel Like Makin' Love" con un bajo y una batería más incisivos y dinámicos en su funk, dando un toque mucho más urbano y suelto al adulto contemporáneo original de la canción de Roberta Flack. Curiosamente, la composición inicial de Roberta habla de mujer a hombre y se escucha en tonos idílicos, de parte de D'Angelo y su tropa no hay nada que hacer con la directa incitación al placer a través del cuerpo, pero es el perfecto cierre de singles que conjuga algo de amor, algo de sexo, y una pizca de idealismo. No fue nada exitoso en listas, pero no por falta de méritos, pues el ensamble es impecable y el trabajo de vocales es funcional y agradable. Solo hay que ver sus interpretaciones en su Voodoo Tour con el colectivo Soultronics para confirmar la calidad de su trabajo, mientras recolectaban firmas y hacían adeptos a la oposición de la violencia callejera.

D'Angelo poniendo corazón y actitud al Voodoo Tour

La vida personal de D'Angelo no fue a favor suyo después del tremendo suceso que causó su disco: Las drogas, el complejo de ser más considerado como sex-symbol que como músico y el mareo del éxito lo llevaron a un retiro de la escena, tal vez un canto voodoo en reversa que empañó su carrera de desazón. Sin embargo, superar su trabajo entre los artistas contemporáneos del género está bien difícil, después de dar una clara muestra de pedigrí musical con toda la refinación del caso, con todo el líbido estimulado, con todos los valores recalcados, y con un profundo amor por la música que es indudable y que lo hace memorable. Se espera que con un nuevo cántico ancestral Voodoo transmutado en neo-soul D'Angelo vuelva a hacer de las suyas.

23 abr 2010

PLACEBO: UNA BATALLA GANADA


La faena de esta lucha universal se remonta a un recinto no tan amplio, no tan triste, con un aire de refugio de ponencias sociológicas o exhibiciones del último producto para descontaminar el planeta, un Corferias discreto de frialdad que acoge a unos repitentes y a otros novatos en el asunto de recibir a unos londinenses dispuestos a eclipsar al sol con su batalla musical, y restregarle a la luna su grandeza melódica, los Placebo listos para un nuevo combate, uno que llegará a competir con los mismos astros.

Con mesurados aplausos por asistencia no tan numerosa, la oleada de celulares y cámaras fue insistente a pesar de la falta de muchas manos que no cundieron las localidades, tal vez el empresario del concierto no pudo destapar el ansiado cognac y sollozar alegre en su piscina de utilidades, sino conformarse con un espectáculo que le ha dado para resolver gastos de primera mano y pensar en vacaciones en Tahití para un siguiente show. Lo que no afecta para nada la calidad de la función, pues desde su inicio se tenía previsto un sencillo pero efectivo muestreo de calidad musical, juegos de luces, ayudas visuales, y la euforia que producen los temas benéficos para la salud mental de muchos seguidores de este medicamento rockero llamado Placebo.

Pero antes debía figurar la banda invitada nacional. Y se está haciendo cada vez más frecuente ampliar el campo bilingüe -menciónese idioma inglés- a las ondas musicales nacionales, ya no es exclusivo del metal, el rock se apodera con varios exponentes de esta tendencia (The Hall Effect, The Mills, The Black Cat Bone). Y como si salieran de algún garaje surgido de los coqueteos entre el alternativo y el brit pop aparecen los V for Volume, de la mano y de la voz de María José, quien ha dejado de cantar metal por un rato (también es miembro de la banda Fractal Flesh) y esta vez ofrece unos vocales más ceñidos a las políticas del rock and roll, fuerte pero no gutural, sentido pero no sensiblero, con una pequeña gama de fans en localidad platino que portaban gritos de aliento para los teloneros del evento.

Los cinco miembros del V for Volume intentaron subir los niveles de temperatura del público son su más reciente producción Providence, que en forma de EP voló por los aires de platino para gusto de algunas manos azarosas, y ofrecieron temas como "Cheap Universe" o "Bruce Lee", e incluso alguna cita del famosísimo libro de Mario Puzo, el Padrino que le dio tantos millones que el papito no le pudo dar al escritor, y que de pronto les sirve de forma providencial a los muchachos de este grupo para que puedan vender las mismas copias que esta obra. Media hora de apertura de sonidos que calentaron a algunos y que aquietaron a otros, una oferta nueva en el campo del bilingüismo rockero colombiano.

Fotos Concierto: Diego Manrique

Y después de la famosa espera entre el que abre y el que cierra, llegó la hora del comienzo con el final: El último hijo de Placebo es el protagonista de la hora y media de ruido sagrado de las noches de abril, Battle for the Sun fue la constante con su nueva sarta efectista, momentos de crescendo con violines y una alegría inusitada que no se nota en sus melancolías de antaño. Molko en una posición más adulta que en shows de calendarios amarillos no se desgasta en gestos extraños o conductas subversivas y se somete a su ejercicio vocal impecable en una facha de calle que no resulta extravagante, y que lo hace ver como una especie de adulto contemporáneo, mucho más maduro y moderado que en sus primeros tiempos.

Los temas más sonados de su experiencia 2009 son los encargados de la introducción, su dinámico "For what is worth", el repetido y coreado 'cenicero' del corazón achicharrado que se vive en "Ashtray Heart", y su épica y contagiosa seguidilla de palabras como plañidera sin futuro en la efectiva "Battle for the sun". Como en casi todos los shows, el gran exponente de la teatralidad es el tímido Stefan, quien en tarima se transforma en el guerrero gigante, fálico e imponente, que con su movimiento cautiva al público mientras estimula su instrumento con movimientos espasmódicos, en orgías subsecuentes de bajo y guitarra que iban cambiando canción por canción, en un frenesí de cuerdas que se estiran y se encogen junto al bailoteo de paroxismo de un respetable coloso que compone y descompone en esta batalla por el sol, en plena oscuridad bogotana.




De forma felizmente inesperada, Molko se desprende un poco de su aversión al pasado, de las ganas de olvidar su período con su antiguo baterista Steve Hewitt, y de las melancolías que ofrecían sus anteriores creaciones, y revive grandes escenas musicales con clásicos del corte de "Every You Every Me" (aunque con un poco de distorsión incluída, cortesía de sus nuevas inclinaciones sonoras), o el siempre sentido y tristemente hermoso "Special Needs", además de una genial interpretación de un tema que se coreó sin reparos, "Meds". Brian le da un descanso a los artificios novedosos y regresó por un momento al tan apreciado pasado glorioso que lo envolvía en esa oscuridad tan intimista, tan 'passive agressive'.


Ya no está un Steve, llegó el otro, un Steve Forrest menos técnico pero más furioso con el asunto de los tambores y le impone cierta actitud punk a la banda, rápida, agresiva y digamos más histérica, adjetivos que invaden casi en su totalidad los más recientes cortes musicales de la banda, que claramente se exponen en ejemplos como "The Never Ending Why"o "Bright Lights", junto a guitarras envenenadas con cuerdas más carrasposas y adornos de samplers con tonos menos industriales y un poco más orquestados, además de un line-up de fondo que acompañó con guitarras, bajo, synths y violines la velada de desenfreno nocturno.

El bullicio impuesto con los nuevos aires de Placebo no hace que pierda esa grandeza, la actitud de Stefan, la voz de Molko y los acordes antiguos permanecen en joyitas para cantar a berrido herido como "Song to Say Goodbye", retomar el comienzo de la década con la frialdad que puso a brincar a más de uno en "Special K", o retorcerse en un delirio de agresividad feliz sabiendo que viene el amargo final del concierto, un "Bitter End" listo para recrear la soberbia de un grande que va ganando la batalla en el escenario.





Después de un único encore, no había otro remedio que dejar al público extasiado con un revival de sus sucias pero fascinantes texturas industriales que tanto se desprenden de una canción como "Infra-red", perfecta para llamar ambulancias y pedir auxilio por las féminas que pierden el aliento con cada estrofa. Y el majestuoso cierre repleto de distorsiones, momentos de cacofonía ideada magistralmente, esa opacidad metálica que trae su conjunción de luces, amplificadores, pantallas, energía y brutalidad de "Taste in Men", la gloria por la batalla triunfante en redobles y cuerdas incesantes, la androginia imperante de Brian Molko, la coreografía sugerente y desenfadada de Stefan, el traqueteo salvaje de Steve y sus tatuajes invasores, todos reunidos para demostrarle al sol, a la luna y al sistema solar completo que ellos son los dueños de las constelaciones por cada noche que se desahogan en improperios fascinantes de buena música. Placebo, una vez más, ha ganado la batalla astral.

11 abr 2010

STEVE EARLE- GUITAR TOWN



Los años ochenta siempre rinden tributo a la fiesta, el colorido, los sintetizadores y los osados pasos de la moda con looks estrambóticos y luces delirantes en la disco. Sin embargo, siempre detrás de aquella algarabía de risas pop se escondían detrás movimientos que lograban impacto en los listados a pesar de no hacer parte vital del prontuario ochentero. Sucedió con el country, género popular y emblemático del país de Walt Disney, que nunca ha tenido esa relevancia internacional que siempre hubiesen querido, tal como el vallenato en Colombia o las cumbias argentinas.

Y en Estados Unidos siempre ha sido bandera este ritmo campirano que se desenvuelve entre tractores, camiones y sombreros castigados por el sol de campo abierto. Para 1986 tres eran exponentes claros y exitosos en la escena de Nashville, el rebelde y travieso Randy Travis, el hombre de los covers exitosos y el famoso sonido 'twang' Dwight Yoakam y el joven y muy promisorio Steve Earle. Este último con cama natal en Virginia, pero con toda la crianza en Texas, acostumbrado a las grandes autopistas con panoramas áridos y a los camiones de carga de apariencia autoritaria, que decidió dedicarse a la música después de ver tocando a Lynyrd Skynyrd y recibir el vaticinio gentil de boca de Ronnie Van Zant, quien sellando con un collar de regalo a Steve, conminó a ser un grande en tarimas al hasta ahora treintañero entusiasta.

Ronnie Van Zant, el 'profeta' de la carrera de Earle

Y el álbum debut de Earle funcionó de manera profética con el tope de listados country en su muy bien recibido Guitar Town, (300.000 copias vendidas), un relato de diez canciones que se filtraba en la vida cotidiana rural y camionera del momento, y que contaba con letras sencillas y riffs generosos historias de desamor y de carretera que lo ubicaron en el listado de las grandes promesas musicales, incluso con la osada comparación con el Jefe Bruce Springsteen, pero en una versión menos rocker y más country.




Y rindiendo homenaje a su instrumento compañero de historias, el Guitar Town se vuelve representativo con ese modo desenfadado pero perspicaz de contar sus relatos abriendo su disco con ese fraseo que nos envuelve en pleno road movie, con aventuras, desplazamientos, desgaste de llantas, recorridos por parajes ciertos e inciertos como músico en un trailer que corre presuroso en busca de nuevos públicos. "Guitar Town" se convirtió en casilla 7 de listados como primer single de su trabajo durante marzo de 1986. La guitarra country llega para invadir América en el dial de los furgones y las camionetas.

La segunda historia en sencillos viene con "Hillbilly Highway", que viene respaldada por el talento de Richard Bennett en el bajo slap y Bucky Dexter en la guitarra de pedal, en un muy pegajoso tema de aullido tejano, perfecto para la rockola calurosa de pueblo y que ocupó la posición 33 en listas country, no tan exitosa como el primero, pero con un sonsonete de alta recordación que rescataba las vivencias de Earle con un padre minero que busca la luz entre minerales preciosos y obstinado se niega a ver un hijo guitarrista en sus filas genealógicas, mientras la autopista ingrata cada vez separa más al muchacho de su madre cuando este se va a buscar fortuna, vivencia de pueblo que una vez más toca el tema de las carreteras y lo va volviendo eje conceptual del trabajo.



Y como todos los sueños de quien quiere progresar en la ciudad de las oportunidades, hay una clara alusión de el que quiere abandonar su apacible vida rural para convertirse en un agitado individuo lleno de dinero en sus bolsillos y de presiones en su cabeza. "Someday" es la solemne y perfecta descripción de la situación, tercer single de Steve Earle, que en tonos bastante pop y la participación más activa de John Jarvis en el piano vuelve a listados en el número 28. Con un discurso melancólico pero muy evidente en la vida real, Earle logra convencernos con aquella realidad que se vive en cualquier New York, Sao Paulo o Bogotá con la inmigración rural: 'Someday I'm finally gonna let go 'Cause I know there's a better way'.

El último intento por permanecer en las listas es el más triunfante: "Goodbye's all we've got left" es un golpe de country pop que encaja perfecto en los oídos de los amantes del género, con un muy agradecido puesto 6 en listados de 1987, y con una descentralización evidente del radicalismo en las tonadas de este tradicional ritmo, dando apertura a melodías mas cercanas al pop y a la escucha de los jóvenes sin juzgar esta corriente como música para abuelos o campesinos, una intención muy efectiva de incluir a todos los públicos, en un tema que también toca a todos, el desamor, el fin de las relaciones, el cierre de ciclos sentimentales, una fórmula lírica que funciona en cualquier melodía y en cualquier oyente despechado.



El trabajo se reparte entre cargas sentimentales y cargas de autopista. Se evidencia el heroico sentir del amor sin medir consecuencias posteriores en "Fearless Heart", con una lenta declaración a querer así duela, de entregarse así mal pago sea. Se percibe el rechazo final al término de una relación en el sabroso pero melancólico "Think it over". Y finalmente, después del conflicto, de la ruptura y las lágrimas, solo queda el refugio en la buena amiga de seis cuerdas y el lamento acústico y apesadumbrado de "My old friend the blues", al fin y al cabo el único que acompaña al triste y solitario novio sin sombra que deambula por las calles del desamor.

Los otros viajes melódicos se remontan al estilo de vida del americano trabajador, siempre involucrando neumáticos y pavimento: "Good Ol' Boy (Gettin' Tough)" es un country pop dinámico que narra de forma clara la rutina diaria del trabajador que se mata todos los días en su labor para pagar su camioneta pickup y recibir apenas lo necesario en un país que vomita dinero por todos sus flancos pero el capitalismo salvaje apenas lo deja asomar a algunas familias, 'I was born in the land of plenty now there ain't enough'. O el nexo entre padre e hijo, que debe soportar las largas ausencias del jefe de familia mientras reemplaza el calor de familia por el de la silla y el timón en "Little rock and roller", una sumisa voz de Earle que evoca a un padre que está hecho de llantas y que lo recuerda en fotos de billetera.


El cierre es más que perfecto con "Down the road", que entre mandolinas, guitarras acústicas, voces lastimeras y un respeto profundo al country, declara que solo el camino de muchas líneas amarillas es el que lleva a un impredecible destino a quien se dedica a seguirlo, el encanto que produce la carretera en quien trabaja a través suyo, la inevitable travesía por los pasajes de la existencia, el análogo significado de esa autopista que nos puede traer felicidad o tragedia, el sencillo tramo de pavimento que nos trae un Steve Earle inspirado en un homenaje a la ruta de la vida.

22 mar 2010

QUE PADRE TAN BENIGNI!

Es un total zarpazo de buena voluntad y una afrenta a la adversidad con la mejor disposición y sentido del humor el que se guarda bajo el bolsillo aquel padre que se exhibe en la hermosa cinta La Vida es Bella (1997), con el personaje de Guido Orefice como eje contra el Eje, como risa contra el llanto, como belleza ante desesperanza. El genio tras la guerra convertida en juego ya es conocido en todos los mares y cinemas, su excelencia de buen genio Roberto Benigni.

La familia perfecta: Guido, Dora y Josué

En dos partes se resume el hilo narrativo de la historia: Primero en la conquista, el cortejo impredecible y la genialidad de improvisación que sostiene Guido con su amada profesora Dora en tiempos de paz, en unos años treinta románticos marcados por la parsimonia de un paraje llamado Arezzo que concibió en época gloriosa a Miguel Angel o a Petrarca, bajo un sol benévolo (y alguna lluvia conquistadora), unas calles en declive que corren como ríos generosos y llaves que vienen del cielo, sombreros de canje malicioso y salmones finos con camareros no tanto. El amor, la convicción bajo la influencia de Schopenhauer, la noble humildad y ante todo el sentido del humor son las banderas emotivas de un Guido dispuesto a la conquista.


La segunda parte de la historia viene con la llegada de Mussolini al poder y el desplazamiento de la población judía a los campos de concentración nazi. Esta vez el paisaje sombrío de trajes de rayas, sudores indeseables, duchas letales y fusiles amenazadores son combatidos por el ingenio de un juego creado por el padre para el hijo donde mil puntos son la consigna, el escondite es la premisa y un tanque de guerra es el premio. Deben compartir alojamiento mustio de hombres con cara de no futuro mientras en construcciones contiguas la madre ofrece su servicio de esclava con tal de no estar lejos de su familia.



Aquí viene lo fabuloso e increíble del holocausto: Mientras se vive la honda masacre de judíos en cualquier esquina con olor nazi, Guido (Un Roberto Benigni inspirado) se encarga de ofrecer un verdadero concurso, una carrera de observación marcada por el buen humor y el aliento de disputa contra la infelicidad. Sólo hay que recordar la escena en que se da la explicación de las reglas del juego, un alemán regordete de uniforme siniestro habla un idioma venenoso y el italiano cantado de Guido rompe con una traducción de piñata para engañar piadosamente al pequeño Josué, interpretado de magistral forma por el adorable Giorgio Cantarini.

Guido jugando a la guerra

Y hay más: Un padre empeñado en sostener su discurso de alta competencia, de juego inocente, cuando no se debe pedir merienda, cuando es prohibido llorar, cuando con ingenio permite a su hijo renunciar al juego en medio de la guerra y esta vez Josué cede a quedarse, cuando en el comedor impide ser descubierto por culpa del "Grazie" del niño en el juego del silencio, cuando a costa de lo que fuera el chico debe jugar a las escondidas hasta la llegada de la paz absoluta a este infierno disfrazado de parque de diversión ideado por un padre que sabe que una infancia marcada por la imaginación y el juego será mil veces más divertida que el recuerdo de los estertores de la guerra.

Y entre la sonrisa que despide la dentadura inventora de Guido surgen preciosos momentos de reencuentro con Dora (Nicoletta Braschi) a pesar de la distancia. En primer lugar, las voces de los protagonistas que roban velocidad del sonido en el micrófono nazi que baja la guardia un instante y deja pronunciar la esperanza en un discurso corto siempre iniciado por el memorable "Bongiorno principessa". Se mantiene la luz de vida mientras La Barcarola de Offenbach desbarata los cimientos insensibles del oscuro futuro, y la vitrola atraviesa toda clase de malos augurios, reavivando el idilio entre Guido y Dora, en edificios que despiden odio, pero que sucumben ante el hermoso acercamiento de la música como herramienta de amor.

La última prueba para ganar el tanque de guerra, las escondidas.

En momentos de tanta desesperanza e incertidumbre, aparece un universo paralelo recreado especialmente para olvidar los estragos de los fusiles y el desprecio étnico tan absurdo como maligno. Una ruta que, curiosamente hace ver una construcción tan parca y dañina como un tanque de guerra, como un sencillo juguete que emprende caminos con su cañón y sirve para saludar a los campesinos que siembran, a los tapiceros que saben de filosofía, a los doctores obsesos con acertijos y a los tíos con restaurantes finos y caballos verdes. Una fantasía que no cabe de dicha en la mente de un inocente infante que burló a la conflagración mediante la red de maravillosas mentiras que le ha inculcado su padre, para mantener la felicidad como objetivo para el resto de su infancia.

El padre y el hijo judíos, siempre juntos

A pesar de la inconsistencia del tiempo (la guerra inicia en 1939 y termina en el 45, y el niño no crece ni un poquito), y de ciertas faltas que pueden ser mortales para un judío, como un camarero enseñando italiano a unos niños teutones, estos pequeños furcios que se saltan la historia pasan a ser irrelevantes con el relato en el que se enaltece la consigna del amor paterno -y conyugal- por parte de un hombre que solo quiere brindar felicidad y bienestar a su familia, a pesar del oscuro cielo que cubrió a Europa durante los primeros años cuarenta.


Tres Oscar en su haber -entre ellos el de mejor película extranjera-, premios Goya, César y Cannes además de numerosos festivales, confirman que Benigni tiene el don de convertir la tragedia en belleza y la tristeza en sonrisa con un buen par de situaciones, y tales atributos como cómico que ha llegado a ser comparado con Buster Keaton, y de hecho es considerado el mejor actor del género durante los noventas. A veces se llega a pensar que padres como este en el film, solo puede haber uno, pero qué bueno que se pudiera engendrar una raza nueva de padres tan Benignis, para hacer de todos nosotros la Vida un poco más Bella.