13 jul 2010

QUE MUNDIAL TAN MOLUSCO!

Por más profecías, optimismos copiosos, estructura tecnológica de primera, asistencia masiva a los estadios y toda una parafernalia que promueve la fiebre mundialista en Sudáfrica, hay que declarar que el fútbol visto durante el mes del Jabulani fue parco, sin mayores lucimientos, sin figuras demasiado luminosas, y solamente vistoso en pasajes que fueron deleite de muchos gracias a momentos ofrecidos especialmente por selecciones como Alemania o Uruguay, y de forma progresiva con las escuadras finalistas. Un verano europeo que ansiaba la calidez de la pelota, pero se encontró con un ventarrón sudafricano impío que enfrío las percepciones de muchas piernas de millones de dólares en el mercado futbolístico.


Ya no va en la paella del domingo: El pulpo Paul es una celebridad

Y encima de todo, nos encontramos con un molusco listo para definir los partidos antes de su inicio, con el don de la clarividencia cefalópoda buscando involuntariamente convertirse en el botín de Oro de la competición, con sus tentáculos goleadores de adivinación categórica y un cerebro, que aunque pareciera falso, resultó ser el más acertado en cuanta suposición se hiciera sobre los resultados en los partidos en que participó su don divino, su don marino. Paul es la figura goleadora de ocho brazos que se roba el show desde Ciudad del Cabo hasta las Islas Sandwich.



Y más que brazo fue pierna la que se repartió a diestra y siniestra durante la inédita final de la Copa Mundo en que España y Holanda, sobrecargados en ansiedad por ganar su primera estrella, se dedicaron a hacer dotes de guayo karateca, de brazo castigador, de cabeza salvaje, y la disputa se refundió en un repertorio de hematomas provocados por la angustia de los minutos al no marcar un gol. Tal vez el cuadro más aterrador de la lucha fue la patada voladora que lanzó el aspirante a cinturón naranja Nigel De Jong a los pobres pulmones de Xabi Alonso. Sin contar las tretas marrulleras de un viejo lobo en las artes de la falta táctica, Mark Van Bommel, y el prontuario de tarjetas amarillas que en algunos momentos fueron innecesarias como la expulsión de Heitinga, y en otros fueron muy condescendientes como en el caso de De Jong. Además de un árbitro que se dejó llevar por la presión pública, la poca credibilidad de sus colegas en anteriores partidos y la búsqueda de protagonismo en una final sin ton ni son que benefició a los ibéricos.

La Copa habló en español, la Furia feliz de Casillas y su equipo

Y es que se puede hablar de pocos pasajes de interés en este último cotejo Mundialista: Comenzando por el acertado presagio de nuestro amigo Paul, que solo repartió tentáculo para recoger su comida y se vio muy inofensivo comparado con el nivel de violencia en la cancha de Johannesburgo; los cerrados esquemas de los dos equipos, que a veces nos daba la impresión de estar viendo un Italia Vs. Paraguay ultradefensivo; las nebulosas creativas de los volantes y el manejo enredado en mitad de cancha, donde el balón llegó en pocas ocasiones durante los primeros 90 minutos a las puertas de Casillas y Stekelenburg; la impotencia de Robben al no poder desbordarse y saber que los españoles le conocían las mañas desde su paso por el Real Madrid; la voluntad guerrera de siempre del 'Guaje' Villa que no le dio resultado en su búsqueda por la marca como goleador del Mundial, y su sorpresiva sustitución por parte de Del Bosque. Apenas unas pinceladas del toque de primera español en pasajes efímeros, y un tiempo extra un poco más animado cambió de modo leve la temperatura del partido, que explotó el termómetro con el gol de Iniesta y que enrojeció de alegría todas las calles del país ibérico, desatando la Furia más feliz en todo el planeta.


El gol de Lampard que nunca vio el árbitro Larrionda

Sin salir muy satisfecho con el desarrollo del juego a nivel general, se agrega el arbitraje inseguro de un Howard Webb que convirtió al equipo Naranja en un paquete Amarillo con la cantidad de tarjetas (fueron 13 en total para los dos bandos) y con decisiones poco acertadas en el castigo. Pero él no fue el único que sufrió la tarjeta roja de la crítica, se recuerda con poco cariño por parte de los ingleses el gol que nunca validó el uruguayo Larrionda en el encuentro de octavos de final entre los padres del fútbol y los mejores del torneo, donde Frank Lampard está pagando el karma del histórico gol del Mundial 66, que en aquel momento sí validaron. También está Roberto Rosetti que salió crucificado por su asistente de línea al no percatarse de un offside de Tévez en el partido de octavos entre manitos y gauchos, aquel error lo mandó a ver el Mundial en LCD con su mami y comer raviolis en Turín. Y por último, en fuera de lugar quedó el refereé de Malí Koman Coulibaly, que no atinó a aprobar el gol favorable a USA en el empate con Eslovenia en fase de grupos, que le hubiera dado la victoria a los americanos de la mano -o mejor de la pierna- de Maurice Edu. Tarjeta pálida para los árbitros del Mundial, que calentaron el debate del uso de la tecnología como apoyo para decisiones trascendentales dentro de los partidos. Tal vez si Blatter le consulta al amigo Paul sabrá cuál será la decisión más sabia...

La escuadra azzurri se despide temprano. Ciao.

Otro ingrediente es la caída de los grandes temprano y sin chance de redimirse (excepto España al caer ante Suiza, y a la postre coronarse campeón). El decepcionante novelón francés con un Domenech que esta vez no sirvió de comodín, un Ribery que no sirvió de mosquetero y una selección que cayó sin dignidad y ofreció un fútbol aburrido y sin propuesta, un castigo que debió pagar por haber clasificado con la mano de Henry. Los italianos, una vez más con ese gélido fútbol que compaginó bien con el clima en Cape Town y Nelspruit, cayeron eliminados en su última salida de primera fase ante Eslovaquia y solo se quedó Cannavaro en Sudáfrica para entregar la Copa. La Inglaterra de Capello pasó a segunda ronda, pero su propuesta se quedó entre la confusión y el desarraigo para finalmente ser vapuleados por una efectiva Alemania 4-1. La Portugal de Queiroz arrasó con la débil Corea del Norte, pero su parlamento goleador no fue efectivo con las otras selecciones y se fue para la casa en octavos sin ofrecer nada novedoso, y con Cristiano Ronaldo comprando pañalera en Ciudad del Cabo. Y finalmente las prometedoras selecciones de Argentina y Brasil, con plaga de figuras, terminaron desdibujadas en cuartos de final, y aunque su balance no es tan triste como el de las nombradas anteriormente, queda la reflexión: ¿Un triunfo lo hace un equipo lleno de figuras que juegan por su cuenta? ¿O un equipo que no tiene figuras pero actúa como una sola?


Pero no todo fue amargura, repartición de patada, fueras de lugar y estrellas fugaces que cayeron al paso de los minutos. Hubo un par de equipos que dieron gala de eficiencia y buen fútbol. Prácticamente pasa el año casi con honores la juvenil Alemania, que por cosas del oráculo no pasó a la final, y que demostró un juego asociado muy práctico, de contragolpe letal, de líneas bien paradas, de pulmones de acero y voluntad de guerrero sin necesidad de desmedirse en faltas, con bastiones en líneas de ataque como Ozil, Müeller y Schweinsteiger, con el respaldo oportuno de Klose y con la frialdad que se necesita para resolver encuentros, una efectividad brutal en el arco contrario y una seguridad aceptable en la parte de atrás. El aplauso mayor se lo lleva Alemania, el más equilibrado durante todo el campeonato, y a pesar de sus derrotas con Serbia y España, fue el más claro y categórico a la hora de rendir cuentas.


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La mano salvadora de Suárez. El penalty maldito de Gyan.


Por el lado suramericano el balance fue muy positivo al ver las cinco naciones superando la primera fase con fútbol ágil, con muchas estrellas en la cancha y con expectativas por doquier. La única que logró asomar cara en semifinales fue una aguerrida Uruguay, quien aprovechó el camino no tan escarpado para colarse entre las cuatro mejores del mundo y vivió los partidos más dramáticos e intensos de todo el torneo, iniciando en octavos con esa taquicardia provocada por la disputa ante Ghana -¡tremendo partido!- , continuando con la lucha incesante ante Holanda, -que ganó con un gol en offside, no tan notorio como otros-, y finalizando con un muy buen encuentro ante los alemanes que no les permitió alzarse con el bronce. Forlán y Suárez fueron los hombres decisivos ante el arco rival (el primero fue el botín de Oro en Sudáfrica y el segundo fue goleador y de paso su salvador al interponer su mano contra Ghana), mientras atrás estuvieron en procura de recuperar balones con Lugano en el liderazgo y el respaldo del guerrero Fucile, una celeste que superó toda expectativa y fue el premio a toda una vida de trabajo del técnico bonachón Washington Tabarez.

La dupla charrúa de zapato efectivo: Suárez y Forlán


Y pocos, pero hubo. Aparte de los apabullantes triunfos alemanes, hubo goles y pálpitos trashumantes. El encuentro entre Eslovenia y USA, que en el cartel resultaba de somnífero, resultó entretenido, con una recuperación notable de los americanos después de ir perdiendo 2-0 y con robo arbitral en el minuto 86 incluído debido a la anulación del gol de Edu. 2-2 final. Dramático y de apretar puños se hizo el enfrentamiento de Suiza y Chile, un cabezazo providencial de Mark González dio respiro a los australes y los puso a disputar los últimos minutos a punta de fuerza y pasión en Port Elizabeth. Y la eliminación italiana resultó ser enérgica y llena de goles, con un Vittek inspirado en una heroica Eslovaquia que doblegaba a la campeona del 2006 con un fútbol más práctico, un partido que se sufrió hasta la última instancia por lado y lado. Con polémica zanjada a partir del gol de Lampard, el juego de Inglaterra vs Alemania fue un tanto engañoso en el resultado 4-1, pero una muestra de fútbol rápido, sin tantos rodeos y en búsqueda del gol de forma constante, los de Low lo lograron, los de Capello no tanto. Y finalmente, los últimos encuentros de Uruguay -contra Ghana, Holanda y Alemania- fueron de toma y dame, corajudos, veloces, apasionantes y francos, y a pesar de no contar con un juego muy vistoso, se vio esa voluntad y esos momentos fulminantes, especialmente los zapatazos de Forlán, a la postre el jugador del Mundial.




















Zakumi pasó inadvertido ante el poder adivinatorio de Paul


Paul sigue siendo un misterio en su método de adivinación, pero fue efectivo como los alemanes ante las redes contrarias. De todos modos, la lógica del fútbol hablaba sobre una selección española favorita para dar la vuelta olímpica, que con todo y errores, logró posicionarse en la cima de la FIFA. El pulpo se encargó de salvar miles de pollas (aclaro que latinas, no españolas) y de generar dividendos a sus feligreses. La lógica vista en el 2010 se encargó de mostrar un balompié en estado de decadencia en el continente africano -salvo Costa de Marfil y Ghana, que pueden recuperar su prestigio- y de realzar el asiático, con Corea del Sur y Japón al frente. El pulpo no tuvo necesidad de hacer demasiado ruido para confirmar su comida favorita, y por tanto el resultado del partido que viniera. La lógica fue ensordecedora con aquellas trompas de elefante artificiales que en conjunto parecían un enjambre de avispas y que el mercado denominó vuvuzelas. Finalmente, este Mundial de Fútbol Sudáfrica 2010 coronó como rey a un animal que no dudó en sentenciar el destino de varias escuadras sugestionadas por unos insólitos tentáculos capaces de predecir resultados, y marginar al pobre leopardo Zakumi, que le tocó vivir el torneo desde el banco de las mascotas. Qué Mundial tan Molusco!

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