15 jun 2013

TRAINSPOTTING: INYECCIÓN GENIAL


Creó una pieza de culto indiscutible en los noventas. Hizo de las suyas con bailes de origen hindú a finales de la década pasada. Y fue el artífice de un espectáculo británico que disfrutó la órbita entera en las Olimpiadas de Londres. Danny Boyle ha vivido la gloria y el fracaso con fervor, en medio de sus proyectos ambiciosos, sus propuestas audiovisuales refrescantes y sus historias que se desenvuelven entre fiascos de taquilla y alabanzas perennes en el universo cinematográfico. Aquel geniecillo originado en Manchester tuvo una catapulta a la zona estelar de los grandes directores. El catalizador fue una inyección de heroína audiovisual.

Trip audiovisual. Danny Boyle, el creador.

Si bien Shallow Grave (1994) fue un respetable debut que merecía mejor suerte, fue su segundo rollo el que lo hizo célebre. Sin pretenderlo, Trainspotting se convirtió en el símbolo de una generación que se identificaba con el lado oscuro de las ciudades, con la búsqueda de identidad, y con el pensamiento cambiante que cada vez sufre metamorfosis de modo más acelerado. El peso de la historia se concibe desde la ingeniosa y muy scottish obra literaria de Irvine Welsh, inspiración para adaptar un guión. El relato revela el perfil más sórdido de Edimburgo, capital escocesa famosa por su bagaje cultural, pero que esconde entre sus calles inconformidad juvenil, graffitis anárquicos, drogas de toda clase, y un delirante sabor a desesperanza fiestera aderezada por unas cuantas dosis de heroína.

Cinco 'amigos' son el reflejo de aquel universo paralelo, dominado por la escena junkie. Renton, Sick Boy, Spud, Tommy y Begbie coexisten entre ladrillos de tonos tristes, cielos grises, tabernas anónimas y droga, mucha droga. Excepto Begbie, escogen despojarse de la vida humana común  y quieren desviarse de las preocupaciones de la sociedad de consumo (tener casa, carro y beca y comprar cualquier cantidad de cosas que venden los medios) para dejarse llevar por el viaje descuidado que les brinda el narcótico y solamente vivir en pro de la huída, de la vida éterea. Sin  preocupaciones, sin pretensiones. Sin futuro.

A pesar de todo, "amigos".
La clave para que este viaje sea más llevadero y divertido es la ingeniosa inyección audiovisual de  Danny Boyle. Un refrescante uso del gran angular, dollys de cámara que persiguen sigilosos, y muchos encuadres certeros, desde los enormes planos generales hasta los detalles, contribuyen a una propuesta fotográfica robusta y agradable. La recreación del lado oscuro de Edimburgo -y la cara cosmopolita de Londres- van de la mano con un factor determinante en el gusto del director: la música. Un elemento tan enriquecedor como atractivo que trae un repertorio de lujo encabezado por Iggy Pop, Underworld, Lou Reed, Blur, entre otros, que se envuelven sin problema en la trama y son componente sólido de este engranaje alucinógeno cinematográfico. La música siempre será buena compañera de viajes en todas las producciones de Boyle.

Coprotagonista de la historia, la jeringa.

Las paredes se consumen entre la humedad, el piso de madera contribuye a un viaje descuidado y los bares de la ciudad ambientan charlas en las que se desentraman conversaciones simples sobre hombres y mujeres, camuflándose en cojines sociales como el fútbol y las compras. Un escenario mezquino con el ojo,donde el sol rara vez se asoma y el paisaje montañoso no puede salvar la condenación que le da Renton a su propio territorio, origen de la escoria y colonia infame de un Reino Unido gobernado por idiotas. Su voz en off va descubriendo las máscaras que exhibe un Edimburgo miserable y desesperanzado, sus reflexiones pasan por las cimas y las simas del mundo, desde las indulgencias y los excesos del sistema, pasando por las rutas de escape de su amada heroína, hasta el sexo y la vida social contemporánea, y logran llegar a conclusiones tan sabias -de la mano de Welsh- como 'En mil años no habrán chicos ni chicas. Simplemente personas'.




 Jeringazos compositores de planos logran dar en la vena del gusto a muchos espectadores. Un montaje compacto y fluido, que a veces se resuelve en el clip desacelerado, a veces en movimientos premeditados desde la producción que continúan acciones en locaciones distintas, y que van desarrollando secuencias de memoria inmortal. La zona escatológica del bar donde Renton urge satisfacer sus necesidades gástricas es maravillosa: encontramos un paisaje desolado, maloliente y desahuciado en un baño de cualquier antro de la ciudad, pero este nos va a llevar después a una catarsis de ensueño en aguas benignas e impolutas que guardan cual tesoro un par de supositorios de opio. Del infierno al cielo en tan solo un chute anal. No es la única secuencia notable: la sobredosis de Renton, viendo desde la perspectiva de un supuesto ataúd como el mundo se le va acompañado por "Perfect Day" de Lou Reed es otro acierto que mezcla la decadencia de una vida condenada contrastando con la esperanza de la lírica que concluye con la frase de abuelos 'You're going to reap just what you sow'. Como último (pero no único) ejemplo, nos podemos situar en la escena del síndrome de abstinencia, un Renton rodeado de trenes estampados en la pared -con "Dark Train" de Underworld de fondo- que lo sentencian a pagar una pena sin jeringas y donde la culpabilidad, el miedo, la ansiedad y el hastío se juntan en imágenes mientras lo acosan las visiones de Spud en la cárcel, Tommy en el viaje sin regreso del estupefaciente, un bebé muerto por culpa de la dejación de la droga y la búsqueda de sus padres por liberarlo de la adicción, todo en un desesperado pero efectivo castigo audiovisual que cautiva la retina.

Mark Renton, en un suelo sin cielo.

Aparte del ingenio del ojo de Danny Boyle, se agrega el plus de la construcción de personajes, avalado en el libro de Irvine Welsh, contribuyente valioso a la pieza. Mark Renton  (Ewan MacGregor)es el protagonista, adicto inevitable, de vena de mil batallas alucinógenas, que se debate entre escoger la vida del ser humano común y corriente, o perderse entre las mieles sin porvenir de muchas inyecciones. Es el filósofo en off que busca la redención poco a poco, pero no logra liberarse tan fácil por causa de sus amigos, su entorno. Cuando lo intenta, su lucidez expulsa frases como 'Es fácil filosofar si es otro el que está hecho mierda'. Cuando lo logra finalmente, concluye airoso 'Seré como ustedes... Mirando al frente, hasta morir'.


Spud es el lado más ingenuo y adicto de la historia. Interpretado por Ewen Bremner, este flaco de malas en la vida no logra satisfacer a su novia sexualmente, es un pésimo arquero, paga prisión por robo y sufre los usos y abusos de sus supuestos amigos. Sin embargo, es el espíritu inocente que no quiere agredir a nadie, el drogadicto inofensivo que emprende  viajes etéreos por su cuenta, pero es el componente que brinda el lado estúpido pero divertido, una fea candidez que logra enternecer en medio de la desolación, es el único amigo leal, firme y sincero que patrocina las locuras de sus copartidarios adictos.Que nunca tiene una frase brillante, pero posee una férrea complicidad que acompaña hasta el final.


Jonny Lee Miller encarna a Sick Boy, el elegante destructor de teorías. Proxeneta, traficante, adicto y amante de los films de Sean Connery, despotrica con verborrea barata sobre el mundo y saca el mejor provecho de lo que le puedan brindar sus amigos, siendo el oportunista descarado de la historia. La única forma en que vive un estremecimiento es a través de la muerte del bebé, el hijo al que nunca puso atención y que lo despierta de un éxtasis navegante entre las películas de James Bond. Para Sick Boy, la simplicidad del mundo puede provenir desde la visión del adicto, envejecemos, nos podrimos y se acabó. Lo tienes, lo pierdes.



Hay que hacer mención especial al enorme talento de Robert Carlyle, gran actor de Glasgow que logró moldear la imagen del sociópata perfecto. Francis Begbie es el único del combo de amigos escoceses queno se deja atraer por las inyecciones, pero sufre de una adicción igualmente dañina, le encanta la violencia. Joder a la gente. Cagarse en el entorno y disfrutar de la sangre ajena, del perjuicio del prójimo, y vanagloriarse de su virilidad maniática, un experto en destruir la calidez de las reuniones, en romper con el sosiego. La interpretación de Carlyle es magistral, uno logra odiarlo intensamente, pero siempre espera algún nuevo acto violento de su parte. Es el gran contribuyente del caos, donde en un No futuro también es válido un porcentaje de violencia para acabar con el mundo de una vez por todas.

El ejemplo de la gradual degradación que producen los narcóticos en el ser humano es expuesto en la personalidad de Tommy (Kevin McKidd), el último de la banda. Un joven deportista, saludable, que paga todas sus facturas y disfruta de la música de Iggy Pop y el desorden bajo sábanas junto a su novia Lizzy. No roba, no dice malas palabras, no consume. Hasta que una desafortunada casualidad lo lleva a romper el noviazgo y  sumergirse en la depresión. Surge la necesidad del escape a través de la diacetilmorfina, que lo va llevando a un recorrido sin retorno hasta el final trágico.De la pulcritud a la podredumbre, uno de los salvoconductos de Danny Boyle, quien fue duramente criticado por hacer apología a las drogas en aquel entonces. La historia de Tommy le ayudó a justificar los perjuicios del consumidor y el camino al que conduce la adicción.


A pesar de la degradación, la cara más oscura de Edimburgo y la crudeza de un mundo sin porvenir, existe un ápice de esperanza que se recoge en buen humor, en una dinámica que despierta al espectador y que lo invita a levantarse de su silla para seleccionar el camino 'correcto' con una familia, un empleo, una carrera, un enorme TV, lavadoras ,autos, abrelatas eléctricos, colesterol bajo y seguros dentales. Simplemente, para escoger la Vida. Merece el aplauso este retrato de la podredumbre donde no hay motivaciones, donde el mandato lo tiene la heroína y el resto del mundo tiene la menor importancia. El gran logro de Welsh y Boyle es hacer una simbiosis casi perfecta, donde a través de la letra y la imagen crearon uno de los retratos de la autodestrucción más memorables de la historia del cine. Esperemos que la secuela que planea el director inglés se mantenga a la altura de esa hermosa decadencia audiovisual.



22 may 2013

MARVIN GAYE - HERE, MY DEAR



Nunca sonó tan sofisticado el desamor. Una publicación que proviene desde un corazón desgarrado y golpeado por la angustia, el abuso de drogas y el sinsabor de una relación amorosa fallida. El talentoso Marvin Gaye entraba en un oscuro pasaje de su vida que lo desvió de sus intenciones sociales o de sus flirteos de lírica sexy para adentrarse en un confesional LP doble que sería una exposición abierta de los hechos que lo llevaron al divorcio del artista con su compañera de una década Anna Gordy. Álbum que la historia comenzaría a ver con buenos ojos con el pasar de los años.

Era el comienzo del final. 1978 fue un año que explotó en luces discotequeras en América, mientras en Europa reinaba el caos del punk, la visión de un no futuro y un naciente post-punk que hacía protagonista al existencialismo.Curiosamente y sin saberlo, Marvin Pentz Gay Jr. construía un poco de esas visiones, entre sus sofisticados arreglos instrumentales y sus letras que hacían un llamado a la angustia final, con un fuerte duelo sentimental. La década del setenta parecía dar la curva del ocaso junto a su vida, luego de contundentes hits como What's Going On (1971) o su último gran éxito de la década I Want You (1976). Para finales de ese período su relación extramarital con Janis Hunter ya era pública, su adicción a la cocaína ya era una carga letal y sus gastos desmedidos ya hacían mella en su bolsillo.

Janis Hunter, la causante del divorcio de Gaye.

DESENCANTO INSPIRADOR

El origen del disco se remite a obligaciones fiscales más que a pretensiones artísticas. Anna Gordy -hermana de Berry Gordy, dueño de Motown Records, la disquera de Marvin- impugnó demanda por alimentos a su esposo, quien no había cumplido con la responsabilidad económica por su hijo Marvin III. En líos con el fisco y ahogado en una tormenta de deudas, Gaye no tuvo más remedio que conciliar en la corte y aceptar la condición de pagar su compromiso a través de las regalías de su próxima producción discográfica. En un inicio, de muy mala gana iba a sacar un álbum por salir del paso.Tal vez el despropósito de no tener intenciones artísticas contrastó con su deseo de desahogo. Su desilusión fue motivo de inspiración.

Anger by Marvin Gaye on Grooveshark

Catorce golpes auditivos, desesperados pero refinados, desencantados pero elegantes, tristes pero groovy. Es el resultado de un consuelo musical que ventiló por todos los flancos su problemática personal y fue motivo de disgusto por parte de Anna, quien consideró de nuevo volver a los estrados para demandarlo. Sin embargo, aquel diciembre de 1978 fue la Navidad amarga que estaba pidiendo desde la corte sin querer queriendo, avalada por exquisitos solos de trompeta y saxofón, aprobada por un soul potente e impecable a nivel musical, construida por una voz sobria que acababa con su mundo de modo elegante.El álbum, en pleno momento de celebración y furor del Disco, fue recibido con mucha timidez por el público y la prensa, con unas ventas que apenas podrían cubrir un par de tarros de leche para sus hijos. Pero esta vez el precio que había que pagar era emocional. Era el momento de redimir la pena a través de la música.


LOS FINOS QUEJIDOS DE LA DESILUSIÓN

Entre las delicias del soul y un pulcrísimo trabajo de grabación comienza el memorial de agravios con el corazón como vocero. "Here, My Dear" es un confesional acto hablado de Marvin, tema pionero de lo que sería el neo-soul, donde contrasta la dulzura y cadencia del wah wah y los coros doo wop con el lirismo incómodo del cantante renegando de la demanda interpuesta por Anna, 'You don't have the right to use a son of mine to keep me in line'. Pero el tema protagonista del disco -que se repite un par de veces en el álbum doble- es "When did you Stop loving me,When did I Stop loving you", finísima pieza de resquebrajamiento que se transporta entre el soul, el easy listening y el jazz durante seis minutos, tiempo suficiente para quejarse de aquellos votos de boda fallidos, 'If you ever loved me will all of your heart/ You'd never take a million dollars to part'. Aquel fino lamento se sobrelleva con las filigranas auditivas del saxo tenor de Charlie Owens. Un proceso de separación muy distinguido.

Extracto de documental que profundiza sobre el origen de Here my Dear. 
Extract from brother fugue video.

El dinero como causa del resquemor. La palabra que brinda tantos estímulos como necesidades es la invitada de fondo, que no alcanza a cubrir las expectativas con el lanzamiento de Here, My Dear y en medio de críticas divididas es un fracaso comercial. En su interior siguen los quejidos de Gaye en tonos de jazz con "Is that Enough", soundtrack de legistas, honorarios y deudas, 'Somebody tell me please/ Why do I have to pay attorney fees' acolchonado por el saxo de Fernando Harkness. El conflicto Marvin-Anna no pudo ser mediado ni por Gwen, la hermana de esta, quien soportó una fuerte discusión que originó "You can leave, but it's going to Cost you", el funk de reclamos y amenazas que quedó plasmado en la composición, 'If you want happiness, you got to pay'. Y Marvin le pagó a Anna con canciones. Lo curioso es que la compensación económica llegó 16 años después, cuando la reedición del álbum fue Nº 1 en Billboard de los listados R&B.

EXORCISMOS FUNKY

En medio del desconsuelo y la crisis existencial, aquel hombre de Washington buscaba la catarsis. Los mejores modos fueron musicales, y aquí vienen los momentos sonoros más atractivos del disco. "Anger" tiene un ritmo funky que puede calmarle la ira al más colérico, cuota melódica de alto sabor comandada por el bajo de Frank Blair y unas percusiones que brindan su toque afro, que acompañan una canción que dice todo lo que debe saber sobre el enojo. Y del odio pasamos al amor con "Everybody Needs Love" que retoma el ritmo musical de "Here, my Dear" y en tono dulce e intimista lanza una plegaria por el amor universal, con las cuerdas wah wah de Gordon Banks y unos arreglos que demostraban que la placa pertenecía a la casa Motown. Los teclados interpretados por Marvin no se quedaron atrás y sacaron la casta en ese funky "Time to Get it Together", sabrosísimo track que suena fresco y vivo, pidiendo tiempo para redimirse de sus demonios y su instancia de crisis, 'Time, you got to be a friend of mine'. El tiempo le daría la redención a Gaye.

Los buenos tiempos. Marvin Gaye y Anna Gordy.

A pesar del estado crítico sentimental, el cantante debe reconocer que vivió momentos felices con su primera esposa. El disco se tiñe de nostalgia en los recorridos vivenciales de "I met a Little girl", en un estilo doo wop de aire antiguo que va repasando las épocas, las sonrisas y las penas de una relación que pasó a un estado lacrimoso, y que se confirma con el final compungido diciendo 'Hallelujah I'm Free'. El álbum transpira la evocación de Anna Gordy, especialmente en "Anna's Song", la canción menos acusadora hacia ella, donde se recogen pequeños vestigios de felicidad, se recuerda el lanzamiento a la popularidad de Gaye con su tema de 1962 "Stubborn kind of Fellow" y recuerda su nombre invocándolo con una voz desgarrada. Sin Anna no hay disco.

Si hablamos de nivel melódico, esta producción se divide entre la cadencia lenta y sofisticada que se pinta de jazz y soul, y el sabor dinámico y sensual del funk. La refinación jazz se puede admirar a partir de los solos de saxo de Ernie Fields en "Sparrow", brindando serenidad al desasosiego, un Marvin implorando porque el gorrión vuelva a cantar optimista como en sus mejores épocas. La soltura del funk viene a la carga con "A funky Space Reincarnation", sabrosura interestelar que se desvía un momento del desencanto para darse un paseo por la galaxia del groove. La canción fue single del álbum pero apenas llegó al Nº 23 de listados R&B, absoluto descalabro comparado con el "Got to Give it Up" de 1977, su más reciente single solista en ese entonces. Sin embargo, este apetecible corte no le impidió fumarse un sensual joint interplanetario, 'Let's move the Party over to Star One'.



Marvin Gaye cree en las segundas oportunidades. Casi al cierre del álbum hay una única pieza dedicada a Janis Hunter, su segunda pareja y causa primaria de su divorcio. "Falling in love Again" es la búsqueda de un nuevo chance al corazón, de poder componer un nuevo álbum nutrido de soul amoroso y encantador. Lo paradójico es que para el lanzamiento del disco, la relación Marvin-Janis andaba de capa caída. Como comenzó a caer su vida personal, envuelta en coca, soledad y deudas, que le brindaría cierto paréntesis confortable con Midnight Love (1982) y sus respectivos premios y regalías, pero que terminaría trágicamente con su asesinato por parte de su propio padre. Con su inesperada ausencia de la tierra, la gran voz de la Motown se hizo leyenda y todos sus trabajos fueron objeto de culto, reconocimiento, ventas y buena crítica. Here, My Dear no podía ser la excepción, y hoy en día, es uno de los grandes referentes musicales de música de rompimiento, donde la decepción amorosa también puede sonar elegante.



20 abr 2013

1280 ALMAS - AQUÍ VAMOS OTRA VEZ


Dicen que segundas partes nunca fueron buenas. Pero también dicen que siempre hay excepción a la regla. El segundo intento por proclamarse banda de culto en el circuito del rock bogotano por parte de 1280 Almas fue la consolidación de un sonido y una postura que había llegado para quedarse. La creciente ebullición de grupos y conciertos como el Festival de Música Joven en el Jorge Eliecer Gaitán contribuyeron a la erupción de ganas y canciones que iban a animar la escena rockera en los noventas. Entre las vicisitudes de un 1994 lleno de procesos políticos, aperturas económicas y esperanzas Mundialistas rotas se construyó una segunda placa de carácter contestatario que iba a imponer su nombre por muchos años, y que hoy en día se sigue recordando con cariño en los conciertos. Allí iban otra vez las Almas.

Sus guitarras sucias y alternas tenían una herencia punk marcada, muy visible en su debut con Háblame de Horror (1993), junto a una festividad latina acompañada por una marcada percusión y algunas jugarretas de ska melódico. Esa línea musical se reitera en Aquí Vamos otra Vez, con la diferencia de un tratamiento más limpio en la producción y una desaceleración leve en sus intenciones ska y punk. Las Almas rescatan cuatro temas de su primera producción, los pulen y los convierten en memorias inmediatas de concierto.


COMENZANDO A PENAR

Un joven y decidido Fernando del Castillo comenzó a imponer su característico grito de 'Alegría' en sus presentaciones, acompañado por el profundo deseo de expresar su inconformidad con el materialismo y un sistema marcado por las modas y tendencias. Su propuesta lírica destilaba contestación de versos inteligentes, sordidez urbana y matices negros heredados del gusto por Jim Thompson, inspirador del nombre de la banda, autor de la novela Pop.1280. Mientras recorrían calles peligrosas, paisajes caóticos y una extraña desesperanza alegre, la conformación de las letras tenía tres puntos clave a tocar: la insensibilidad social del ser humano, el odio por el materialismo y el desamor.

El primer impulso nacional lo brindó BMG. Pero el soporte de distribución que les daría mejor reconocimiento vino por parte del sello mexicano La Culebra. A partir de entonces las guitarras rugosas y anarquistas de Hernando Sierra, el bajo contundente y cómplice de Juan Carlos Rojas, la batería compañera de taquicardias y pausas de Pablo Kalmanovitz y la percusión que le brinda sabor al horror de Leonardo López fueron estampa pura de alegría y desazón, de descarga y reflexión, creando un espacio de huella imborrable en los anales del rock colombiano. Las Almas vuelven a penar con otros trece lamentos furiosos.

Deja de Llorar by 1280 Almas on Grooveshark


HÁBLAME OTRA VEZ

Curiosamente los 'reencauches' del álbum anterior se convirtieron en hacedores de disfonía en los conciertos. El más destacado, himno de la escena, es el thompsoniano discurso de "Soledad Criminal", una ciudad trastornada por la muerte, la desigualdad, la demencia y el consumismo banal, 'Es el placer de tener tantas cosas bonitas/para después en las fotos parecer un artista'. La canción bajó las revoluciones con el paso del tiempo, pero sigue siendo un eco continuo e incesante por parte de su fanaticada. Ese tono que desprecia la avaricia y es anti-materialista se sostiene con "Lo que puedes Desear", con un golpe rítmico al estilo Todos Tus Muertos en un fraseo rebelde de guitarras rechinantes y rudas, y un señalamiento directo a la indiferencia, 'Tú pasas por las calles mirando rascacielos/ no quieres darte cuenta que te arrastras por el suelo'. La versión renovada baja la aceleración e incluye samples y scratches, y se rebela en tonos más alegres, brindándole más espacio a la percusión.

El rescate de temas del primer álbum continúa con el despecho. La interesante propuesta musical de "Deja de Llorar" es ranchera punk sin prejuicio con tonos de tufo, que comienza como una resaca melancólica de resentimiento y termina rompiendo vidrios con la furia punketa que se guardan las Almas desde su inicio. La diferencia entre el primer corte y su reedición es muy leve salvo a una producción más cuidadosa y un final más ruidoso quel el de Aquí Vamos Otra Vez. Y luego, un cover repitente. La TNT Band en el reflejo de las Almas con "Sabré Olvidar", el reconocido tema que brinda fiesta y sabor. Aquí la diferencia es notoria entre el remake y el original, haciendo una versión de tono más reggae, con el paso más reposado y la melodía menos fiestera que la primera, que era un incendio de ska despechado pero esperanzador.



LOS ALEGRES MARGINALES

Si algo caracteriza el estilo de las 1280 Almas es su espíritu crítico del sistema. Enérgico y aborrecido por el snobismo y las corrientes de cualquier origen, ellos prefieren la marginalidad que enjuicia con alegría. "Flores en las Cortinas" hace una invitación explícita, 'Ven y Cágate en el Underground' con una voz resuelta y desafiante de Fernando del Castillo. Con la sonoridad alternativa que dominaba los inicios de los 90s, hay más letras llenas de varilla  y desprecio por la gente que vende sus principios en "Discordia", 'Mírate ahora que gran estrella pop/ que sorprendente tu autosuperación'. Reprobadores de ser catalogados en cualquier etiqueta, prefieren ser una 'mala influencia' llena de poder musical en "Rata Muerta", el punk más desmadrado de  toda su discografía. Pero la punzada social más interesante la contiene "Diablo", un clásico de conciertos que nos habla de la ya cotidiana insensibilidad del colombiano promedio, ajeno al conflicto de la guerra y la escasez de recursos, 'No te importa si reina la muerte/mientras ellos no dañen tu suerte/ pero vas a ver que un día vas a tener que frentear'. Con percusiones posesas, guitarras de acordes latinizados pero sonidos sucios y una tremenda fuerza, este Diablo es contundente y reflexivo.

Unas Almas sin Pena.
Mientras sus cuerdas son feroces y distorsionadas, hay espacio para algunos momentos de relax. Interludios de juventud sin complicaciones con el apoyo clave de unos redobles tropicalizados y congas despreocupadas, "Borrachera" es un divertimento etílico que proyecta la famosa alegría de estas Almas sin pena. "Aquí Vamos otra Vez" es un nuevo guiño a su apreciado ska, clásico de pogo inocente y saltarín, con instrumentos liberados de presiones y con la búsqueda de una vigencia independiente 'A pesar de las trampas y los malos amigos'. Este par de temas son el reflejo del lado amable y vivaracho de la agrupación que los acompaña en su discografía, paralelo a su faceta más preocupada y crítica.

El pesar alegre es el término que puede definir las canciones de desamor de este combo bogotano. Con dulzura juguetona, casi infantil, llegan "Los Planetas", donde un aparente viaje cósmico de amor se convierte en un cruel pero cándido modo de deshacerse de su pareja, 'Voy a presentarte a mis amigos de Venus/ para que te lleven con ellos allí / Y te asfixien entre nubes de púrpura/ para que el cosmos no llore por ti'. Y un nuevo cover, esta vez patrocinado por una de las baladas más rocanroleras de Leonardo Favio,"Mi tristeza" que una vez más solloza con soledad y desamor y que finaliza con una cadencia punk demencial que quiere mandar el corazón al retrete.



La recarga de las baterías de las Almas funcionó con efectividad. No vendieron millones, no hicieron tour por Europa y no se hicieron consentidos de las emisoras. Esa negación siempre ha sido parte de sus propósitos. Dentro del polo positivo lograron congregar más adeptos, contribuyeron al crecimiento de la escena independiente en los noventas y pudieron mostrar nuevo material, un segundo disco que no era fácil de publicar para las bandas emergentes de la época. En la actualidad el álbum es un clásico del rock nacional, gran parte de su repertorio ha sido coreado en múltiples escenarios, y el respeto de propios y ajenos es innegable. Aquí Vamos Otra  Vez es la consolidación  de un proyecto compacto con líricas de rebeldía inteligente, que logra conciliar la suciedad agreste del punk con el sabor caribeño y que tiene una postura clara  e independiente. El bonus track del LP "Escucha las Almas" confirma el estilo, 'No te tienes que venir con pretensiones/ escucha las almas que vienen tocando/ No tenemos muchas ilusiones/ escucha su ritmo que pasa arrasando'.

16 mar 2013

HARVEY PEKAR: DIBUJOS DEL PESIMISMO


El pesimismo es el refugio cálido del desencantado.Una de las buenas evasivas a la felicidad para sobrellevar la vida de otra forma es la visión gris  que logró hacerse muy popular con el cómic underground American Splendor desde 1976. El refunfuñón y exitoso autor de este fenómeno fue Harvey Pekar, un calvo de aspecto nada amigable oriundo de Cleveland, que ideó retratar su propia vida de empleado de archivo de un hospital sin muchas esperanzas, haciendo una clara exposición del estilo de vida americano partiendo desde su propia cotidianidad.

Junto al brillante ilustrador Bob Crumb (El Gato Fritz) el éxito de American Splendor fue inmediato, vendiendo en todas las tiendas especializadas de cómic americano. Pero, ¿Cuál era la fórmula de enganche? ¿Qué tenían de especial las viñetas agrias de Pekar? La motivación del lector es simple, encontrarse con el reflejo de sí mismo a través de las acciones cotidianas de los personajes. Los dilemas caseros, las confrontaciones conyugales, las discrepancias laborales y los entuertos domésticos provenían de actos reales, de discusiones verdaderas. Era una especie de diario de la veracidad simple, plasmado en dibujos secuenciales.

En 2003 se lanzó la versión en biopic para cine sobre la vida de Harvey Pekar  bajo la dirección a dúo de  Shari Springer Berman y Robert Pulcini. Con un estilo peculiar que combinaba la ficción con el documental y con la actuación protagónica de Paul Giamatti como el Pekar ficticio y del Harvey Pekar real como voz interior y personaje testimonial, la película logró tener gran acogida en Sundance.  Aparte de venir con el ingrediente biográfico, el tratamiento de los dibujos y las composiciones digitales lograron acoplar muy bien la relación entre la historieta y la vida en carne y hueso.


El mismo Pekar se prestó para revelar sus íntimas injurias contra la vida y presentarle al  público su universo personal acompañado de personajes reales como su tercera esposa Joyce Brabner, de espíritu activista y maternal, su amigo Toby, típico nerd y muy popular en los 80s en la cadena MTV, y su hija adoptiva Danielle, quien fue clave en la curación de su linfoma. Entre testimonios reales desenfadados y poco pretenciosos y ficciones que van creando una realidad biográfica se van desarrollando estos dibujos pesimistas que tienen una frase característica de motivación: ‘A la miseria le gusta la compañía’.

Pekar no solamente escribe sobre su vida hecha historieta. Su afición por la literatura y el jazz es innata y no es raro escuchar en su casa tonadas de Dizzie Gillespie, Jay McShann o Joe Maneri, muchas veces compartidas con su amigo Bob Crumb. Sus críticas en revistas especializadas son respetables y su gusto por comprar muchos vinilos incunables o extraños de jazz comienza a reflejar su personalidad de acumulador compulsivo y desordenado. Entre las melodías de John Coltrane se pierden sus zapatos, se escarba de modo peligroso en el caos de un apartamento rodeado por el desinterés y acogido por los libros, los discos y el polvo, donde su vida personal se resume en camas destendidas, platos sucios y una absoluta displicencia por la vida doméstica convencional. Su mujer Joyce patrocina su desorden y se encarga de hacer más amable aquella naturaleza de destrucción casera.

Los reales y los ficticios en el mismo set
Su estrellato en los medios masivos tuvo un espaldarazo por parte de David Letterman, quien  lo invitó ocho veces a su show. Sus confrontaciones fueron objeto de rating, Pekar siempre se mantuvo a la defensiva y optando por una genética repulsión a la simpatía de la gente. Sin embargo, le ayudaba para vivir. Luego de ser declarado persona non grata en uno de los shows por arremeter contra la General Electric -dueña de la cadena donde se emitía el programa-, Pekar volvió a una tranquila independencia refugiándose en su empleo de archivo de hospital, sus continuas discusiones conyugales con Joyce y la publicación de nuevas aventuras que le daban a la rutina el picante de una desazón entretenida.

La media naranja también es agria. Harvey & Joyce.
Y llega luego el cáncer. No podía haber mayor castigo para el pesimista Pekar, quien comienza la década de los noventa con un linfoma y una crítica mirada de  la Guerra del Golfo que por entonces disparaba en los noticieros. Tal estado de postración inspiró el cómic Our Cancer Year, escrito a dúo entre la pareja Pekar-Brabner, con una visión aterradora de la enfermedad y dibujada con un realismo crudo por parte de Frank Stack  (The Adventures of Jesus), que siguió captando adeptos y que esta vez plasmó una dosis de dramatismo, con una que realidad se iba volviendo cinematográfica sin querer. Pero Pekar siempre hablaba con la verdad.

 

Un cascarrabias desesperanzado como Harvey  Pekar jamás va a pensar en la influencia enorme que tuvo en posteriores generaciones. Si hacemos un pequeño viaje por el mass media varios ingredientes de su estilo se imponen en otras expresiones artísticas.Convertir diálogos aparentemente insustanciales en parte de un dilema o de un enriquecimiento escrito se puede ver en los filmes de Tarantino; el stand-up comedy tiene su base en nuestras desgracias cotidianas; la visión real de las cosas acerca a las audiencias a un espejo de su propia existencia,  lo que ha inspirado a los hoy reyes del rating llamados realities. El artífice de American Splendor nos comprueba que la gente común es bastante compleja y nos invita a observar un universo interior lleno de historias sacadas de la nada para convertirse en un todo.