21 may 2015

MADONNA - MUSIC


Para un artista musical recibir un nuevo siglo debe ser sinónimo de cambio, de reinvención. La llegada del 2000 hizo que Madonna cumpliera con esa consigna y que lograra una vez más hacer alarde de una capacidad creativa y un despliegue escénico que la tendría de nuevo en la cúspide, acostumbrado sitio de visita para la estadounidense. El reciente éxito de Ray of Light (1998) parecía ambientar un lugar similar en su siguiente creación de la mano del productor William Orbit y sus estructuras techno. Sin embargo, la Reina del Pop fue inconforme y se lanzó al riesgo. De nuevo. Y consiguió el triunfo. De nuevo.

MIRWAIS, EL FERMENTADOR DE BEATS

Para conseguir aquella mudanza a nuevos sonidos fue necesaria la aparición de un productor clave en el proceso, quien le brindó todas las herramientas para convertir ese álbum en puro veneno electrónico: Mirwais, el franco-afgano especialista en fermentar los beats y convertirlos en bailes de malicia psicodélica y abusos del amperaje para complacencia de los amantes de la fiesta. Una Madonna angloparlante y un Mirwais anglófono no pudieron cruzar mayor palabra a través de sus bocas, entonces tuvieron que recurrir al lenguaje de la música y entrar en sinergia para germinar el sonido de la Reina del Pop en el 2000, empacado en un LP de 10 canciones con el título más sencillo posible: Music.

Mirwais, el culpable del éxito.

La elaboración progresiva y los sonidos techno cuidadosos de Orbit se hicieron a un lado, no obstante este pudo trabajar un par de canciones. Mirwais se encargó de sacarle el jugo más ácido a sus máquinas y contaminar en el modo más bailable todas las texturas y acordes con recursos efectistas, melodías sintéticas atrevidas y con un pronunciado lado cyber, además de transmutar las voces de Madonna en vocoders de momentos robóticos, baile futurista para el Y2K. Diez días después de lanzado, Music ya contaba con 4 millones de copias vendidas, Madonna contaba con un embarazo de su segundo hijo y 42 años cumplidos, pero con el cuerpo y la garganta decididos a conquistar el nuevo milenio.


MEDIA HUMANIDAD BAILANDO

El primer sencillo fue el sello que estampó para la nueva década la consolidación de la cantante como Reina del Pop. "Music" fue un sonido nuevo. Caprichoso, funky, sexy, ácido, travieso. Inmediato #1 en muchos países y un fenómeno de recepción crítica y económica. Gusanitos electrónicos sin mayor velocidad salieron de las máquinas de Mirwais y pusieron a bailar a media humanidad bajo el estandarte de la música como lenguaje universal; 'Music mix the bourgeoise with the rebel', homenajea Madonna a su instrumento de trabajo y de paso hace la extraña pero efectiva mezcla de cowboy, rapper y raver en una sola canción, con un videoclip donde el look se ciñe a los estándares del Oeste, el vehículo se acerca a las cláusulas del rapero gangster y la música se abraza con la electrónica fiestera del nuevo milenio, con un chofer invitado irreverente y cáustico como Ali G y con una atmósfera de fiesta interminable que le regaló a la Reina el record de tener una canción #1 en tres décadas distintas.

Para que la fiesta continúe es necesario seguir contando con aquel beat malicioso. "Impressive Instant" es un manifiesto de melodías llenas de bacteria electrónica directamente del andamiaje de Mirwais Ahmadzai. Vocoders, zancudos digitales, distorsiones y artificios tecnológicos descarados nos traen esta pieza contaminante con la voz de la Ciccone impregnada de tonos robóticos, que parece celebrar un amor a primera vista del año 3000. Igualmente bailable pero menos futurista llega otra fiesta por parte del productor antagónico, William Orbit. "Runaway Lover" es una de las mínimas secuelas que pudo dejar el paso de Ray of Light por este álbum, con un tono más techno, organismos y texturas más elaboradas y una velocidad perseguidora que parece querer atrapar algún vestigio de los 90s que acaban de morir, mientras Madonna va matando amores del pasado inoportunos e indeseables.


INDULGENCIAS ROMÁNTICAS

Music es un álbum de balance biográfico para Madonna. Busca redimir sus errores del pasado, pasar la página y ser esposa, madre, pero ante todo, mujer. Una vida amorosa agitada que parece apaciguarse al lado del director de cine británico Guy Ritchie, y un embarazo (que disimuló muy bien durante la promoción de su álbum) que la incita por momentos a reflexionar sobre sus años de bullicio juvenil. "I Deserve It" es la primera balada que aparece en el álbum, una lentitud pop que se mece entre lo acústico de las guitarras y lo galáctico del universo Mirwais, que con melancolía simple la lleva a meditar sobre el club de corazones que dejó atrás, 'Many hearts many years have unraveled/ Leading up to today'. Esa parsimonia meditabunda se repite en tonos desacelerados en "Gone", buscando una próxima renovación y dejando atrás los traspiés de un posible pasado ingrato. Esa renovación sería absoluta en el 2005 con la llegada de aquel monstruo en LP llamado Confessions on a Dancefloor.

                                               

Madonna es indulgente con el amor en las letras de Music y busca la reparación de víctimas románticas en su vida, cede ante el sentimiento sin mayores concesiones. Donde hace notar su debilidad por los latidos con mayor concentración es en "Amazing", que la muestra vulnerable, amorosa y entregada, en un track hermano de "Beautiful Stranger" muy similar en su melodía, pero con una construcción más eficiente bajo la producción de Orbit. La rendición de cuentas sentimentales no para ahí. "Nobody's Perfect" es un trip efectista espeso y lento que reconoce sus fallas de pareja y que busca redimirse con la disculpa y la cabeza gacha diciendo 'I'm doing my best'  entre vocoders, susurros y synths que maúllan y ronronean bajo el mando de Mirwais. Para terminar de infligirse ese castigo lírico llega el íntimo trip de "Paradise (Not for me)", ácida melancolía con versos en francés, lamentos en inglés, videoclips en japonés y tristeza envuelta en un trip hop universal que sufre de un corazón desencajado por las jugadas amorosas del pasado.


LA VOLUNTAD DE LA REINA

A pesar de los golpes del corazón y una vida marital que busca establecerse, la Reina del Pop siempre tendrá una excusa para emanciparse. Como reina que se respete, su voluntad es mandato. Para completar el descaro de su poder, logra concebir una de las piezas más originales de su carrera con "Don't Tell Me", su segundo single, una especie de country electrónico de vaqueros digitales y roast beefs urbanos, guitarras campiranas fragmentadas sobre una capa de beats confeccionados bajo la genial iniciativa de su productor francoafgano  y un reencauche lírico proveniente del cuñado de Madonna Joe Henry, que le ayudó a liberarse un poco, 'Tell me love isn't true/ Is just something that we do'. Este tema contribuyó a promover una imagen de Music aprovisionada de jeans, botas texanas, sombreros y arena, que finalmente dominaron temas de carátula y promoción.

A Madonna hay que quitársele el sombrero. Don't Tell Me.

Para confirmar aquella rebeldía y espíritu libre aparece la canción más madura y sofisticada del álbum, "What it Feels like for a Girl", alejada de las dinámicas techno de Orbit y de los jugueteos ácidos de Mirwais. Bajo la producción de Guy Sigsworth y Mark 'Spike' Stent las texturas cambian, el registro vocal de Madonna se desnuda de forma impecable y los artificios bajan la guardia para ceder espacio a un pop bien hecho. La vocalista demuestra sus dotes con un discurso igualitario, desafiante, desmintiendo la teoría del sexo débil, 'Strong inside but you don't know it/ Good little girls they never show it'. Para reforzar el tema  acude a un intro hablado de Charlotte Gainsbourg de la película The Cement Garden (1993) donde dice que las chicas se ven bien vestidas como hombres, pero los chicos se ven 'degradantes' vestidos como chicas. La furia reivindicadora de Madonna salta a la vista con el video de la canción dirigido por Guy Ritchie, donde se despacha en vandálicas represalias contra el sexo masculino y comete toda clase de desafueros en su auto para mostrar un sexo fuerte. De allí se extrajo una versión trance de Above and Beyond y en su gira Drowned World haría un show del tema con visos latinos cantado en español.

                                                     

La llegada del 2000 aplaudió a Madonna desde las cajas registradoras y las revistas musicales. Su arriesgado cambio fue efectivo, colorido y novedoso. Regresó  con un álbum al Top 1 en listas Billboard desde su Like a Prayer (1989). La hizo acreedora de cinco nominaciones al Grammy. Un gran éxito, inesperado bajo la expectativa del riesgo. Aunque a comparación del resto de su trayectoria, Music fue un trabajo preocupado en las estructuras tecnológicas y le cedió poco terreno a las virtudes vocales de la artista, donde se nota más inorgánica que en cualquiera de sus apariciones. El vocoder juguetón fue un arma de doble filo donde le brindó picante a las piezas bailables, pero la despojó de total intimidad, y aquellos zancudos sonoros digitales de Mirwais si bien son innovadores, en exceso pueden llegar a ser pesados. Sin embargo, Music cumple con la consigna de los álbums memorables, pues juega a la modernidad (en un año que lo requería con premura), es entretenido, propone atrevidas melodías ("Don't Tell Me" es su bandera) y juega con interesantes métodos de producción. Pero tal vez el factor más valioso de Madonna en su discografía es la búsqueda, esa inquieta sensación de no repetirse, de darle cabida a la innovación, lo que le sigue brindando una indiscutible calificación como Reina del Pop.




21 abr 2015

EL RUIDO DE ROBERTO FLORES


Poco a poco la escena costeña del cine colombiano se va fortaleciendo con la aparición de sangre nueva que imprime nuevas historias y otras miradas al estereotipo común de violencia, narcos y comedias sobreactuadas que duramente pesa sobre la identidad nacional en celuloide. En los últimos cinco años nombres como Ciro Guerra, Iván Wild, la reaparición del veterano Pacho Bottía y Roberto Flores son la 'armada costeña' del cine que proponen con temáticas distintas y con ojos disímiles a las propuestas del interior. Flores estrenó en este 2015 Ruido Rosa, su segundo estreno comercial luego del éxito en festivales y de crítica con Cazando Luciérnagas (2013).

Roberto Flores, el hombre del trópico melancólico.
Foto: Toctalk


MONOSÍLABOS SOLITARIOS

A  Roberto Flores le gusta la parsimonia. Dejar que las cosas sucedan sin forzarlas, dejar que las acciones se desarrollen sin prisa en una calma soporífera, incómoda para algunos. A Flores le gustan las historias humanas basadas en la cotidianidad, sin entramados complejos, sin secretos que provoquen cambios masivos, sin artificios climáticos ni sobresaltos abruptos. Cazando Luciérnagas desarrollaba monosilábicamente la relación entre un padre y una hija. Ruido Rosa retoma estas mañas de estilo y desarrolla monosilábicamente la relación entre un hombre y una mujer.

                 

Luis es un hombre veterano, silencioso y solitario que repara radios y televisores. Carmen es la empleada de un hotel veterana y solitaria que sueña con viajar a EEUU para encontrarse con su hermano y para ello se instruye con cursos de inglés en cassette. El daño de su grabadora le hace acudir al servicio de Luis, y allí comienza una lenta pero efímera, inocente pero intensa, y bonita y lluviosa historia de amor.


LA DECADENCIA MOJADA

El Ruido Rosa es producido por el cambio de frecuencias en el dial cuando se busca sintonizar una emisora. Este tipo de sonoridad solo se encuentra en los viejos equipos y grabadoras de sonido. Allí debemos entrar en sintonía con otro tiempo, con otro ritmo, donde hay una Barranquilla decadente que se cae por pedazos de nostalgia, donde las casas se retuercen en una mojada melancolía por el pasado y la lluvia con su presencia imponente nos ayuda a recrear un paisaje sonoro y visual de absoluta decadencia, de un inevitable final de los días que parece próximo. Luis y Carmen parecen encontrar la solución a su vejez apagada a través del amor, donde el deterioro puede ser desterrado y donde los seres humanos parecen encontrar una segunda oportunidad en la tierra.

Lluvia para un amor. Luis y Carmen.

Y es que el filme, mojado de pies a cabeza, solo parece traernos esperanzas a través del idilio. Las casas sufren de gula de goteras, los electrodomésticos destartalados funcionan a medias con miedo a un corto circuito, las calles se ahogan de un tedio traído de otro tiempo y la lluvia obliga a vivir la soledad como último refugio. El paisaje menguado de un trópico lluvioso dilata los minutos y hace poco posibles los encuentros de amor primaveral. Las vidas menguadas de Luis y Carmen quieren sobrepasar los límites de la lluvia y buscar consuelo en la complicidad generada por un radio. Flores nos transmite la sensación de una hermosa decadencia abrigada en el amor. En rescatar el tiempo perdido, no importa lo tarde que sea.


RUIDOS MINIMALES

Mabel Pizarro y Roosevel González hacen posible esta conexión. Los actores encarnan con honestidad la sensación de soledad y esperanza, ayudan a entablar aquella atmósfera expectante y lenta con sus textos monosílabos, alimentan la trama con sus gestos y movimientos. Su amor ingenuo, de adolescencia arrugada, se vislumbra en un trabajo gestual, donde las intervenciones verbales vienen a ser secundarias y donde funciona mejor la empatía de sus miradas y sus bailes. Es un amor construido con las dotes de la parsimonia, y germina en un panorama lleno de gotas y radios viejos.

Aromas radiofónicos de otros tiempos. El taller de Luis.


Siendo los textos minimales, los recursos audiovisuales apelan a un lenguaje similar, y se limitan al encuadre sin un solo movimiento de cámara. El lente habla despacio, se expresa con planos largos y densos, se deja mojar de lluvia interminable, se deja contagiar de nostalgia por otros tiempos donde las tecnologías no eran invasivas, y nos recrea sin apremio una ciudad de trópico que no lo parece, que oculta su bochorno de mediodía, su cliché de bullaranga y jolgorio, su alegría desmedida y expresiva, y cambia el ruido de la cumbiamba y el dialecto acelerado y altisonante por un acento solemne e introspectivo, siempre bajo el comando del aguacero sinfín.


EL DIAL DE LA LLUVIA

El factor dominante en el sonido siempre será el goteo infinito combinado con el aroma radial que trae el viejo taller de Luis. Un acertado diseño sonoro logra el cometido de combinar el dial y la lluvia, juntos pero no revueltos, contribuyendo a que aquel ruido sea más rosa. Mientras el hotel parece buscar la modernidad bilingüe en la obsolescencia tecnológica, envuelto en los sonidos analógicos de profesores magnetofónicos. Cierto romanticismo sonoro nos va a llevar a un lugar que se detuvo en alguna época de nuestras vidas, donde la ciencia informática aún se hallaba de descanso.

Poca música, mucha lluvia. Aunque cabe destacar la canción que promociona la cinta, una deliciosamente sacrílega versión del garabato "Te Olvidé" de Antonio María Peñalosa, intervenida por los barranquilleros de 69 Nombres, una balada desgarrada que se abraza con el clima de la película y refuerza el talento no solo cinematográfico sino musical de aquel sector de la costa.

           

Roberto Flores habla con el lenguaje de la costa más pausado, vive un carnaval íntimo y silencioso con sus películas, se refugia en los deseos humanos más comunes, les da acento e importancia; es un realizador que vive sin desespero los azares de los planos y los encuadres, y se enmarca en un trópico vulnerable, gris y discreto, enmarañado sin apuros en encontrar lo que todos los seres humanos del universo, sean costeños, cachacos, llaneros o pastusos, quieren: un poco de afecto. Que tal vez un poco de Ruido Rosa nos brinde.




19 mar 2015

JANE'S ADDICTION - RITUAL DE LO HABITUAL



Ya se habían visto coqueteos que moldeaban el movimiento del rock alternativo. Sus padrinos, Pixies y Sonic Youth habían establecido formas y texturas rechinantes listas para recibir la década de los noventas. Soundgarden ya llevaba un par de LPs a cuestas, Alice in Chains se encontraba alistando sus primeros acordes, Red Hot Chili Peppers le agregaba un poco de picante y agresivo funk e incluso Nirvana ya se había asomado con su álbum de culto Bleach. Entre los formadores de la corriente dominante del primer lustro noventero se encontraba la descarga contundente y aulladora de Jane's Addiction, quienes ya llevaban tres años conspirando este tsunami musical, listo para competirle al hair rock y dar parcial sepultura al pop sintetizado de la década moribunda. Es 1990.

Then She Did by Jane's Addiction on Grooveshark                                                                                                 

UNA BANDA NADA HABITUAL

El sonido no era nuevo. Dos precedentes importantes trae la historia en los ochentas de los californianos Jane's Addiction, un álbum debut en vivo con fallas en producción pero furia en ejecución, y su genial debut en estudio Nothing's Shocking (1988) ya eran muestras de lo que podía hacer esta formación, liderada por la singular voz de Perry Farrell, objeto de amor y odio por su androginia vocal y chillidos a veces extasiantes, a veces insoportables; la guitarra subversiva de Dave Navarro, para quien la vida no iba en serio pero para sus acordes y solos sí; el bajo sorpresivo de Eric Avery, por momentos conductor del delirio en varias canciones de su repertorio; y los tambores descollantes de Stephen Perkins, despertadores de catalépticos y anunciantes del desastre virtuoso.

A la sociedad aún le costaba tragarse la aceptación de estos individuos, promotores sin prejuicio del sexo libre y drogadictos declarados. 'El status quo se mueve más lento que yo' decía Farrell en las entrevistas, proclamándose vanguardista y burlándose de lo pacata y pasiva que veía a la población a tan pocos años del siglo XXI. La censura aún contaba con el poder de forzar el cambio de carátula, dibujada inicialmente por Farrell, en la que se mostraba un trío sexual explícito. Una segunda carátula en versión 'limpia' mostraba un fondo blanco con texto de la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense. Las restricciones no importaban, el galope sinvergüenza de la banda jamás se desbarató y estuvo dispuesto a la conquista del público. Y lo logró con Ritual de lo Habitual.

                                                     

El álbum tuvo un gran despegue en las listas rockeras de Billboard (#19) y se hizo acreedor de ventas benignas en Estados Unidos. Su segunda entrega en estudio conservaba las columnas musicales que ya venían de su debut, combinando piezas chispeantes y socarronas junto a épicas densidades que anunciaban el Apocalipsis y el Renacimiento en simultánea. Su primer single fue la muestra de poder: "Stop!"fue el desafío desde su inicio, con la voz femenina anunciando en un español forzado 'Nosotros tenemos más influencia con sus hijos que tú tienen' y luego una tromba sincopada, furiosa e inflamable que contrasta con el título del tema hasta la mitad de su duración, donde un interludio le hace catarsis a aquella epilepsia que conquistó listados de rock y que le dio poder suficiente a Jane's Addiction para ser una de las abanderadas del rock alternativo en 1990. Mientras su nombre cobraba la relevancia internacional, el grupo predicaba un final del mundo irreversible en la lírica, 'One come a day, the water will run/ no man will stand for things that he had done'. Apocalipsis sonoro.

Un single rompedor. Por cualquiera de sus caras.

JUVENILES Y SINVERGÜENZAS

Si el bajo de Flea era el motor del sabor agresivo de los Chili Peppers, o el de Les Claypool era el líder de un sonido único y soberbio en Primus, el de Eric Avery no se quedaba atrás, con una anarquía sincopada precisa y notoria. El mejor ejemplo es "No One's Leaving", frenética e impetuosa, con un bajo de tonos funky, tan negro como su letra donde Perry grita 'I'm a White Dread' y abofetea al racismo. Siempre con la lírica resuelta y bien puesta, Farrell canta lo que piensa sin prejuicio, se flagela con placer y hace lo que le antoja, 'My sex and my drugs and my rock and roll...all my brain and body need' notifica  "Ain't no Right" inspirada en los cortes en el torso que se autoinfligía Farrell y que reconocía con un narcisimo masoquista, 'Ain't no wrong now, ain't no right/ Only pleasure and plain'. Placer y dolor en simultánea que se transmite con los tambores irrespetuosos de Stephen Perkins y las ráfagas de rock imparable y lleno de carácter.

¿Qué queda de los ochentas? Como si estuvieran en una especie de Madchester alternativo, "Obvious" suena a década pasada con un piano inquieto y pícaro mientras Perry se despacha en gritos callejeros y le exige con su canto a los medios que lo dejen en paz y no se metan en sus asuntos. De aquel desparpajo ochentero también se inspira la funky "Been Caught Stealing", la canción más fresca y relajada de la carrera del grupo, tercer single del disco coreado en centenares de conciertos, juvenil y sinvergüenza, dando licencia lírica para robar en supermercados, y con un videoclip  de alta recordación para la generación que acompañó la época. Los perros perseguidores de la grabación, el solo de Dave Navarro y el ritmo sinvergüenza aún suenan en las tarimas del mundo, el más grande éxito de Jane's Addiction en su carrera.

Jóvenes y adictos. La banda del Ritual.


MÚSICA CON ALAS

De la desfachatez alternativa a la epopeya alternativa. Como si se pusieran un atuendo místico pintado de exceso, la cara B del álbum pone especial atención a los arreglos y la carga instrumental. Una de las mejores manifestaciones musicales del grupo en su haber es "Three Days", diez minutos de épicas proporciones melódicas en su segundo single, tres días de jeringas y genitales sin límite; mística convulsa que va en crescendo y que dispone de uno de los grandes solos de guitarra de la historia por parte de un Dave Navarro inspirado; catarsis envenenada que se inspira en la visita de  Xiola Blue, la ex-novia de Farrell, quien compone un trío orgiástico junto a Perry y su novia Casey Niccole; un delirio concupiscente que se resume en el verso 'All of us with wings'. Xiola Blue se mantiene vigente en este pasaje del disco con "Then She Did", la triste y ceremonial evocación de su suicidio, una pieza sutil de guitarras respetuosas, pianos sentidos y violines que honran su memoria, con la compañía de músicos como Charlie Bisharat, Geoff Stradling y John Philip Shenale. Una pieza que va creciendo con carácter épico y doliente y  que durante ocho minutos pinta retratos de ausencia y acentúa la lírica en la pérdida trágica de las mujeres queridas de Farrell, atrapadas por la telaraña suicida. 'Will you say Hello to my Ma?'.

                                                   

Los violines de Bisharat siguen siendo protagonistas en un viaje musical al Oriente Medio. La densidad gustosa por aquellos sonidos por parte del padre de Perry Farrell inspira "Of Course", un extraño experimento que pareciera seguirle los pasos a los caprichos orientales de George Harrison. Una batería labrada en adornos para la ocasión, un violín protagónico y un bajo metamórfico de Ronnie Champagne en lugar de Avery son los artífices de esta atmósfera que habla sobre los peligros del mundo y la vida futura, lacerante e impredecible. Luego del geográfico viaje musical, el grupo vuelve a lo más básico para cerrar el disco. "Classic Girl" es la siempre presente balada rock de cualquier banda que haya desfilado por los escenarios de 1990, dedicada generalmente a la pareja del frontman; dicho y hecho, la privilegiada es Casey Niccole, quien se da gusto de jurarse amor brujo con su cantante y amante de cabecera. El tema fue el útimo single del disco, sin mayor relevancia en listas, sin mayor relevancia en elaboración.

Los egos desmedidos y las drogas imperantes obligaron a la desbandada de los miembros del grupo, de lo que solo quedó como buena consecuencia la creación del festival Lollapalooza por parte de Farrell. Si la formación se hubiera conservado durante aquella explosión alternativa a comienzos de los 90s, la historia de Jane's Addiction hubiera sido más grandilocuente y mediática, seguramente dominando la escena junto a Nirvana y Pearl Jam. Sin embargo, Ritual de lo Habitual es material de consulta imprescindible para poder entender el desarrollo del rock alternativo en esa época. Los incendios instrumentales, las voces agudas del descaro, los solos de guitarra gloriosos, la desvergüenza lírica y las composiciones épicas y atmosféricas son parte de un todo lleno de merecimientos y aplausos, donde la demencia y el exceso acomodados al servicio de la buena música aportan para el crecimiento de un género. Un Ritual que puede tener más influencia sobre los hijos de los noventas que cualquiera de nosotros.



16 feb 2015

SED DE HUMANO: NYMPHOMANIAC, DE LARS VON TRIER


La última entrega de la Trilogía de la Depresión de Lars Von Trier confirma su carácter iconoclasta, ávido de rebelarse y con una absoluta fijación en la figura femenina como punto de partida para romper su imagen frágil y engrandecerla, así los temas sean de censura o repudio. Nymphomaniac es un manifiesto rebelde que obliga a plantearse varias reflexiones sobre la sexualidad y la posición social de la mujer en la actualidad, que se desviste visualmente sin prejuicios acercándose sin miedo al porno y que, en medio del delirio libidinoso, va haciendo un recorrido por varios referentes culturales, religiosos y sociales que se entrelazan con el relato para comenzar a confrontar el instinto y la razón bajo una misma línea. La sed de humano entra en acción.
A Lars Von Trier no lo callan las cintas.
MEA MÁXIMA VULVA

Un hombre maduro de carácter solitario encuentra una mujer golpeada en un callejón, la auxilia y lleva a su casa. Es el inicio de una larga conversación donde se va revelando la personalidad de Joe, una ninfómana que ha explorado varios universos sexuales posibles para encontrar el placer. La escritura de Von Trier se encarga de crear un equilibrio entre la erudición y la aberración, acotando comentarios de tono académico por parte del hombre a cada aventura lubricante de la mujer. Mientras poco a poco vamos notando una actitud asexuada por parte del hombre maduro llamado Seligman, progresivamente vamos conociendo como Joe va despedazando las fronteras del delirio y va adoptando nuevas costumbres y prácticas para obtener su satisfacción sexual.
Placeres académicos. Entre el instinto y la razón.
El diálogo entre los dos personajes comienza a crear una extraña simbiosis metafórica, llena de símbolos y figuras que asocian el acto sexual con referencias literarias, políticas o religiosas. El líquido va a ser un personaje silencioso pero clave, siempre materializado en agua, sangre, semen o flujo vaginal; el inicio de Joe como cazadora de penes se va a asemejar con apartes del libro El Gran Pescador de Izaak Walton y su pesca con mosca; los coitos van a tener un placer metódico, suavizado y 'academizado' por las matemáticas y la secuencia Fibonacci; los orgasmos espontáneos van a ser tan grandilocuentes como un éxtasis religioso y van a tener visiones que terminarán siendo desmentidas por figuras como La Gran Perra de Babilonia o la ninfómana Mesalina. La película es todo un recorrido de metáforas concupiscentes, envueltas en un paquete de sapiencia que suavizan el instinto imparable de Joe por el sexo.


'EL INGREDIENTE SECRETO DEL SEXO ES EL AMOR'

Joe es una ninfómana declarada, dispuesta a todo y con todos, sin ningún tipo de prejuicios. Su complacencia vaginal desfila por pasillos de trenes y pasajeros con penes anónimos, lubrica a través de su dolor emocional, goza en silencio mientras destruye hogares y hombres de falos y corazones ansiosos, se rebusca en los delirios del castigo físico, el sexo interracial y las experiencias lésbicas con carácter maternal. Pero, como todo adicto, no logra encontrar techo en ninguna experiencia después de probarla varias veces. El amor pareciera ser la solución, la batalla en la que el pálpito cardíaco derrotara a la frotación pélvica. Conocer a Jerome, el hombre de su vida, podría apaciguar su sed de múltiples lactantes voluntarios. De algún modo lo logra, por un tiempo. Es allí donde Von Trier cuestiona los logros del amor, punto climático para un buen sexo en pareja, pero que se va resquebrajando a medida que el tiempo y los flujos se comienzan a hacer monótonos. El sexo con amor es funcional y deleitoso para una pareja convencional, pero ¿Lo es con una adicta al sexo? ¿Qué pasa cuando el ingrediente secreto no funciona?
Stacy Martin, saciando su sed de humano.
Parte del ingrediente secreto de la credibilidad de la cinta se lo llevan las comprometidas interpretaciones de Joe en sus dos etapas: La primera por Stacy Martin, una especie de lolita malvada que cuenta con la sed ilimitada de penetraciones y aventuras clandestinas, en un 'formato sexual' convencional, donde hasta ahora su ansiedad puede ser satisfecha con métodos conocidos. La segunda etapa la interpreta Charlotte Gainsbourg, activa participante en películas anteriores de Von Trier, de convicción callada, suave narración pero mente retorcida que atraviesa la línea divisoria de la sexualidad y practica métodos poco ortodoxos para lograr atiborrar su vagina de líquido saciador.


DEL CANTUS FIRMUS A LA POLIFONÍA

Los diálogos entre Joe y Seligman (Stellan Skarsgard) son construidos con una pluma cargada de densidad y credibilidad en simultánea, que confrontan la experiencia instintiva con el razonamiento académico, en algunos momentos con pesadez innecesaria, en otros con atinadas reflexiones dignas de aplicar en sexología. Una de las teorías más interesantes es la suma de las experiencias sexuales que logran componer la polifonía musical. Mientras Seligman desglosa los componentes polifónicos en tres, Joe asimila este aprendizaje y lo adapta al sexo donde encuentra las tres voces perfectas ensambladas en 1) el amante paternal, protector y complaciente 2) el amante dominante, ágil y de instinto acentuado, casi animal y 3) el comprometido, cariñoso y cómplice, que a la postre es el verdadero amor. Con apartes de este tono se comienza a apreciar el guión de Von Trier como un manifiesto de la sexología con matices muy creíbles. No obstante su escritura se diluye en otros pasajes de talante fantasioso y poco creíble, donde no sabemos si nos sumergimos en una historia biográfica real, o un cuento pervertido de hadas. De todos modos el director y guionista se logra lavar las manos con su pluma y justifica el relato de Joe cuando increpa a Seligman y lo confronta, haciéndolo aceptar su historia como interesante, sin importar si proviene de la fantasía o la veracidad.

La polifonía que acompaña los sonidos de Nymphomaniac es de corte clásico y sinfónico. Los patrocinadores de la líbido incontenible provienen de la mojigata época de Bach, Mozart, Beethoven, Mozart o Händel. Sus tempos solemnes son inspiración para los furtivos y públicos encuentros genitales, sus crescendos contribuyen a múltiples orgasmos y sus andantes logran crear el contraste entre la llenura sexual y el vacío emocional. Salvo unos cuantos pasajes modernos de Rammstein, Steppenwolf o Talking Heads, las notas del filme son ceremoniosas y sinfónicas. Vale la pena anotar el atinado  y lubricante cover de "Hey Joe" de Hendrix, interpretado por Charlotte Gainsbourg en los créditos finales del filme.


'NO SOY COMO USTEDES'

Lars Von Trier es diferente. Punzante, iconoclasta, contestatario, inconforme. Un fabricante profuso de personajes maquiavélicos, disfuncionales y confundidos. El co-creador del Dogma 95, rompedor en propuestas visuales, desequilibrante en las propuestas temáticas. Nymphomaniac no es la excepción. Sin tener el suntuoso tratamiento fotográfico que cargó consigo en Melancolía o Anticristo, esta vez su propuesta es más escueta, en la que respeta el tratamiento tradicional de plano contraplano y lo combina con sus acostumbrados encuadres temblorosos y su herencia Dogma. Sin embargo, no escatima en autocensuras y le da rienda libre al plano explícito, escenas fuertes de blowjobs y penetraciones, penes y vaginas dispuestos a dejarse criticar en Festivales internacionales, poses, latigazos y viscosidades al servicio de la pantalla, la mayoría interpretados por actores porno y después superpuestos en composición digital. Toda la parafernalia genital acompañada de metraje de archivo, lleno de imágenes históricas, naturales o contemplativas que a modo documental se ruedan junto a las teorías intelectuales de Seligman. Una especie de art porn creado para incomodar. Pero también para reflexionar.
Charlotte Gainsbourg, en su papel más osado.
Al igual que Von Trier, Joe no es como muchos de nosotros. Su postura de ninfómana es radical, orgullosa y emancipada. La gran diferencia con el gran porcentaje de aficionados, fetichistas y practicantes de alguna tendencia sexual considerada aberrante es que Joe lo reconoce y sabe cuáles son sus alcances. Es un modo de reivindicar aquella imagen perversa de quien siente esos impulsos, y traslada esa mirada del hospital o el tribunal hacia la calle y le imprime ciudadanía a la adicción sexual. La frustrante figura del enfermo sexual desaparece y asume las consecuencias de su pasión. Las asume sabiendo que el daño que infringe a los demás puede ser grave, pero no le importa. 'No puedo ser yo sin destruir algunas cosas', dice Joe. Hogares, corazones, lealtades, hombres. La destrucción va de la mano con su adicción, aquel placer devastador camina por los pasillos del sexo sin prejuicio, sin moral, sin remordimientos. Daña a la humanidad sin engañarla, porque ha declarado su libertad sin mentirle, porque bien ha declarado Joe 'Las cualidades humanas pueden ser expresadas en una sola palabra: Hipocresía'.


Nymphomaniac Official Trailer from Zentropa on Vimeo.


La película defiende abiertamente la postura de adicto sexual, y en contrapeso hace estaciones en temas reflexivos como la familia, la maternidad, la lealtad y la autoestima. Pero Nymphomaniac no le puede dar mucho tiempo a la razón por más que Seligman le intente dar una apariencia académica al sexo. El instinto prima, la necesidad del líquido orgásmico prima, el placer prima, la sed de humano prima ante todas las cosas porque sencillamente una ninfómana requiere de su cuerpo saciado para ser feliz. Y al fin al cabo, para ser feliz simplemente hay que realizar lo que uno gusta.  Y Joe lo expresa sin filosofar demasiado, 'Todo lo que quiero es ser llenada'.