15 ene 2015

STAN GETZ & JOÃO GILBERTO - GETZ/GILBERTO


El lado más fino de la samba provino de los benévolos soplos instrumentales de Stan Getz. Luego de darle el calibre internacional a la bossa nova con el álbum Jazz Samba (1962), Getz tenía todo el componente instrumental para que muchos oídos se rindieran a este primaveral y sereno ritmo. Sin embargo, faltaba la puntada que daría aquel toque de autenticidad y arraigo por el sonido brasileño, las guitarras y voces más orgánicas del respetable João Gilberto y su esposa Astrud.

CULTO A LA SOFISTICACIÓN

El saxo tenor de Stan Getz marcado por el cool jazz de los cincuentas venía poco a poco tomando una postura mucho más relajada y accesible que el desenfreno apasionado del bebop. Junto a Charlie Byrd en la guitarra conformaron una dupla exquisita que le dio un aire de confort a los sonidos brasileños, sin embargo aún no contaba con la soltura y el aire identitario que convenciera al mundo de una bossa nova más natural, menos impuesta. Gilberto, empapado en aquella calma musical y pionero de esta nueva corriente tenía todas las armas para generarle una identidad global que lograra satisfacer los oídos del público local e internacional. En 1964 tomó sus cuerdas y su garganta e hizo parte del ensamble que dejaría marcada a toda una generación que se dejó conquistar por esta nueva dulzura de sabor playero.
Dos cabezas, un sonido. Bossa nova.

Getz/Gilberto es un álbum con dos cabezas visibles respaldados por intérpretes que rinden culto a la sofisticación. Milton Banana es el hombre de los suaves tambores, susurros de baqueta coloreada de arena; Sebastião Neto es el discreto rumor del bajo, cómplice del sosiego; Antonio Carlos Jobim, uno de los gigantes de la música brasilera, es el cuaderno romántico de la lírica y el aleteo de las teclas sublimes, el hombre detrás de las acciones que configura, edulcora y matiza la cadencia de las cálidas rítmicas; por último, el elemento internacional, Astrud Evangelina Weinert, la hasta entonces anónima esposa de João Astrud Gilberto, que convertiría a este álbum en una de las piezas de jazz más vendidas de todos los tiempos.

LA VOZ DE ASTRUD

Y es que la voz de Astrud fue la clave. La clave para que el público anglo se interesara profundamente por el género, la clave para que otras cantantes femeninas hicieran alarde de aquella hermosa serenidad, la clave para el Grammy en 1965 a Álbum del Año y otras tres categorías, la clave para ser uno de los dos únicos álbums de jazz galardonados con el máximo premio en los Grammy (el otro fue The Joni Letters de Herbie Hancock) y en efecto la clave para obtener ventas millonarias. "The Girl from Ipanema" fue el dulce detonante del éxito con su voz sin entrenar modulando en inglés, compatible con el litoral amable, el bikini de gracia y la instrumentación bronceada de refinamiento acompañada de las simples y efectivas descripciones líricas inventadas por Jobim y Vinicius de Moraes 'Olha que coisa mais linda mais cheia de graça/ e ela menina que vem que passa/ Num doce balanço camino de mar'. Un coctel de playa versionado miles de veces y sonido reconocible desde cualquier latitud del planeta.
Astrud Gilberto, el elemento clave.
La fórmula aplicada de los versos en inglés fue tan eficiente que se apreció también en "Corcovado", Astrud idílica, diáfana, sin despeinarse; Getz ante un acompasamiento de gentil seducción; Jobim haciendo gala de un jazz sutil engendrado en Rio; Gilberto al comando con una guitarra de reposadas maneras y una voz que endulza salinas en el interminable idilio con la vida, 'Um cantinho, um violao/ esse amor, uma cançao/ Pra fazer feliz a quem se ama'. Con "The Girl from Ipanema" y "Corcovado" Astrud, sin ningún tipo de formación profesional, se garantizó muchos años de prosperidad en la industria y aceptación en todo el orbe, cantando en el sinnúmero de lenguajes que puede aceptar la música.



DESENCANTOS CON ESTILO

Por las venas del álbum corre un torrente sanguíneo que se ilusiona y desencanta entre las armonías, un idilio que agradece a la vida y reniega de su sufrimiento. Entre las composiciones de Jobim, Vinicius y otros autores locales, las letras siempre van a estacionar en el paradero del amor. "Para Machucar Meu Coracão" es una desilusión gloriosa llena de reposo, desamor pulcro que nos consuela con el saxo de Stan, despecho elegante que murmulla João. "O Grande Amor" nos muestra un viento que ofrece lágrimas de brisa en una hermosa tristeza teñida de latidos solemnes, mientras el piano se anima a llorar con cauta magnificencia en una de las piezas más lindas del LP. Nunca se había sufrido un desencanto con tanto estilo.

O grande amor by Stan Getz on Grooveshark

Getz/Gilberto se unta de inocencia virtuosa, aparenta una simplicidad que conquista amargos e insensibles, que desarma doctos y escépticos y que abarca un mundo idílico que le ameniza las tardes al universo. Fantasiosa e ingenua, "Vivo Sonhando" conquista con su sencillez y se acerca sin premura a la samba sin dejar de ser esencial reposo de finura mientras la lírica se suelta en un universo despreocupado, 'Gente que passa sorrindo zombando de mim/ E u a falar em estrelas, mar amor'. Otro tema que coquetea con la samba es "Doralice", incitación apacible al baile, un canto de Gilberto dotado de picardía prudente y un saxo que guarda su esencia jazz pero se deja llevar por la seducción bossa nova, y que va contrastando con el dilema lírico de ser capturado por el amor o prescindir de este, 'Amar e tolice, e bobagem, ilusão/ Eu prefiro viver tão sozinho/ Ao son do lamento do meu violão'.


CANTAR DESAFINADO 

Donde hace mayores pilatunas el ritmo es en la siempre danzante "Só Danço Samba" donde la instrumentación clásica brasileña emprende un paso más ágil y desenfadado, y la guitarra y el saxo le ceden terreno a la osadía y se dejan salpicar de tonos jazzísticos pasionales y elocuentes. Para bailar,"Só Danço Samba". Pero para cantar, "Desafinado". João Gilberto se entrega a la sinceridad, reedita este tema de su Jazz Samba, lo abastece de la letra de Jobim y Newton Mendonça y lo consolida como uno de los grandes clásicos brasileños. Aquella sobriedad contagiada de sentimiento es un manifiesto que pregona que hasta los desafinados también tienen su corazón, 'No fundo do peito bate calado/Que no peito dos desafinados/ Também bate um coraçao'. Una disonancia dispuesta a la inmortalidad.

                                                   

Un brasileño la creó. Un americano la globalizó. El punto más alto de la bossa nova como género llegó en 1964, donde la sofisticación y las ventas tocaron techo en simultánea. Lo más interesante del asunto es que hubo beneficios para todos; la gente de Brasil tuvo su lugar en la geografía musical universal gracias a la explosión de "The Girl from Ipanema" y la posterior camada de artistas envueltos en el género; el jazz dejó de tener una catalogación intelectual y difícil de acceder para lograr llegar a un gran público; el pop tuvo que dejar de lado su favoritismo como género para dar cabida a nuevas corrientes entre las que la bossa nova logró calar con éxito en los sesentas; y como en toda evolución musical, una vez más dos géneros engendraban uno nuevo a través de la fusión para bien de la humanidad auditiva. Getz/Gilberto puede no ser el más virtuoso o exquisito álbum de la historia, pero es la autoridad competente para hablar de influencia, de mercado y de triunfo, al que el jazz y la música brasileña les faltarán años de agradecimiento para retribuir el enorme favor de su salida al mundo y su aún vigente sonido. El sonido de la clase, caminando a la orilla del mar.


29 dic 2014

CINEMA COLOMBIA 2014


La fuerza que necesita el cine nacional parece tomar impulso a través de un elemento financiero que logra sacar el barco a flote cuando de fondos se trata, la coproducción. Es cada vez más común escuchar esta palabra cuando hay referencias sobre cine colombiano (y se podría decir que latino), donde la unión hace la fuerza y cada vez se busca fortalecer más el aparato audiovisual de gran pantalla hecho en Colombia. Productores que colaboran en el exterior, directores extranjeros que vienen a locación colombiana, actores nacionales que se entremezclan en créditos de películas foráneas, la globalización también se ha tomado el cine de este lado del continente.


DAGO Y TROMPETERO 2014

Como es costumbre, el calendario fílmico local inició con un nuevo título de la imparable máquina taquillera de Dago García Producciones, efectivo para convocar público, no tanto para contar historias memorables. El Paseo 3 es el final de la trilogía que comenzó el papá Antonio Sanint, continuó John Leguízamo y terminó Alberto Barrero con una desgastada trama donde la familia tradicional que vivió sus vacaciones se dispone a regresar a casa, mientras vive situaciones poco creíbles, poco risibles y cada vez más alejada de su primera parte, donde lo único rescatable que prevalece es el sentido de la unión familiar. De las tres entregas, la final fue la menos esperada y por lo tanto la que menos recaudó en taquilla, y aunque no tuvo malos números demostró que la fórmula repetida deja de ser un recurso para convencer.


Lo curioso es que El Paseo 3 no fue dirigido por el copiloto de Dago, Harold Trompetero. Tal vez fue porque él también tenía su título para estrenar, Todas para Uno, una comedia romántica que lo devuelve a las temáticas de Diástole y Sístole (1999), pero sin el mismo impacto y picardía de su debut como director. La historia de un DonJuan criollo (Santiago Alarcón) que vive inconforme con su situación sentimental y busca el verdadero amor, mientras su asistente (Jessica Cediel debutando en gran pantalla) es su paño de lágrimas y quien lo ama en secreto. Con el leitmotiv musical de Esteman y los chistes flojos de Alejandro Riaño, el romanticismo jocoso de Trompetero es un refresco ligero para las historias violentas que son costumbre en cartelera nacional.


DELIRIO POR LOS BALONES

2014 fue un año de balones sin duda alguna. La clasificación de Colombia al Mundial de Futbol de Brasil fue el catalizador para la salida de nuevos títulos que abrazados por el éxito de la Tricolor buscaron empatía con el público en las grandes salas. En marzo se estrenó el primer ejemplar de estas películas hechas con la pelota, Bolaetrapo, dirigida por el mexicano Guillermo Iván, un retrato colorido de un torneo internacional de fútbol popular que se juega con un balón rudimentario y que tiene como protagonistas a un barranquillero y un mexicano quienes no solo se disputan el trofeo de campeón sino el amor de una porrista. Provista de un buen número de clichés costeños y enmarcada en lo pintoresco al contar con gringos, gauchos y manitos en la tierra de la butifarra cuenta con una fotografía de buena factura por parte de Mauricio Vidal pero se va aflojando al contar muchas historias que se desvían de un objetivo real y poco a poco van despedazando la bola de trapo que se ganará el amor de la protagonista.



En abril las salas de cine se inundaron de salsa. La prometedora Ciudad Delirio que abrió el Festival de Cine de Cartagena hizo su estreno para el público y como era de esperarse tuvo una alta recepción en Cali, ciudad salsera por excelencia. Sin embargo el film de la española Chus Gutierrez presentó una coreografía visual sin mayor virtuosismo, especialmente en la trama. Mientras se muestra una Cali costumbrista a medio hacer, esta comedia romántica que narra el idilio entre un español que quiere salir del limbo rutinario europeo y la directora de una academia de baile que aspira a presentarse en la gran compañía Delirio, termina siendo blanda y predecible. Logra ser reforzada con dignidad por el vestuario y el soundtrack y se destaca por la naturalidad del antagonista John Alex Castillo y algunos planos de la Sucursal del Cielo y de las coreografías. Queriendo ser una descarga brutal con la elegancia del son montuno, Ciudad Delirio es una Salsa Rosada tibia, a la que le faltó pasión en el relato.

Uno de los directores que emprende camino a sacar a la luz un título anual en las salas es Fernando Ayllón, que ya lleva en su haber los títulos de ¿Porqué Dejaron a Nacho? (2012) y Secretos (2013). En su tercera entrega nos muestra otro filme nacido del fenómeno Brasil 2014, Nos Vamos Pal
Mundial, comedia blanca que narra las peripecias de dos amigos taxistas que van recaudando fondos de diversos modos para poder viajar al país de Pelé para apoyar a la selección. Al mejor estilo de Sábados Felices, la película recluta a varios personajes de la comedia televisiva para actuar básicamente en un solo sketch conceptual con chistes predecibles que son efectivos ante un público familiar sin mayor pretensión que de comer crispetas y reírse un domingo. Del elenco se rescata la curiosa aparición de Maru Yamayusa (Dejémonos de Vainas) y su jerga futbolística. Ayllón va encaminado junto a la gente de Take One Film Productions  a competirle al monstruo industrial de Dago García. Todavía le falta mucho en recaudación de taquilla, pero en cuanto a guiones y actuaciones, van en franca lid.


La última entrega de aquellas películas con "Fiebre Amarilla" del fútbol fue De Rolling 2: Por el Sueño Mundialista estrenada en mayo, con un resultado menos afortunado que su antecesora, tanto en taquilla como en historia. Una vez más el comediante Andrés Lopez hace un homenaje a la sobreexposición y al gag desgastado en una  múltiple aparición con 9 personajes distintos, donde el objetivo es narrar el Mundial del Futbol Suiza 1954 desde una cabina de radio, una vez más desde la imaginación del locutor Chucho. Sosa, floja, monótona y nada creíble, esta reciente entrega de Harold Trompetero deja mucho que desear y provoca un hastío inevitable de la imagen de Lopez. Lo único que puede rescatar Trompetero de este filme es llegar a ser el director colombiano con más largometrajes en su carrera, once para ser exactos, superando al veterano Gustavo Nieto Roa, que en 2014 llegó a diez títulos con Estrella Quiero Ser.


LOS INDEPENDIENTES, A MITAD DE AÑO

En junio salió a luz pública la ópera prima de Andrés Cuevas, Souvenir, apuesta por un cine de carácter romántico sin llegar a ser risible ni lacrimoso, una especie de walk movie -o en términos criollos, una película de caminata-  en la que el protagonista (Alejandro Estrada) es un vendedor que regalando un souvenir intenta descifrar la cita romántica perfecta de su vida. A través del montaje paralelo y muchos diálogos se van explorando zonas humanas que se refieren a las relaciones interpersonales con puntos de vista variados, discutibles pero válidos. A pesar de las dificultades con el sonido directo y un score poco afín con la trama, Cuevas tiene el mérito de proyectarnos un guión distinto, lúcido en frases y apostando por la universalidad, donde el amor siempre será tema de discusión y de interés. Sin llegar a ser la transformación del cine o la reflexión absoluta, Souvenir fue una cuota de refresco dentro de la cartelera local, que le apunta a lo humano antes que a lo divino sin mayores pretensiones.


 
La reivindicación del talentoso Rubén Mendoza con el público vino en julio con Tierra en la Lengua, una hermosa y cruel poesía audiovisual enmarcada en los Llanos Orientales. Luego de su controversial e incomprendida La Sociedad del Semáforo (2010), Mendoza regresa para contarnos una historia patriarcal, que va despedazando el machismo gradualmente y que nos muestra un anciano que quiere terminar sus días en el río asesinado por sus propios nietos. Un portentoso papel del abuelo (Jairo Salcedo), una tremenda fotografía rebelde y caprichosa de Juan Carlos Gil y un vértigo psicotrópico con olor a llanura es una amalgama audiovisual llena de magia salvaje, una película poderosa y sangrienta, cruel e indomable como la visión cinematográfica de Rubén Mendoza, que a pesar de contar con muchos adversarios ante sus posturas, se consolida como uno de los grandes nuevos talentos en el panorama fílmico colombiano.


LA VIEJA GUARDIA, LA NUEVA GUARDIA

En agosto dos directores de la vieja guardia volvieron a hacer presencia en la cartelera. Desde Juana tenía el Pelo de Oro (2007) Pacho Botía no daba señales de vida hasta este año, en el que reaparece con El Faro, una Santa Marta del olvido donde un viejo guardafaros debe cumplir una promesa y un par de forasteros deben ayudarlo a realizarla. Con el cumplimiento del deber como valor a resaltar, este filme pasivo mas no lento es una nueva muestra de aquel cine de carácter etnográfico al estilo de Los Viajes del Viento o Chocó, esta vez anclado en un paraje olvidado de la costa caribe colombiana. No contó con fortuna en la taquilla (3.926 asistentes) como tampoco lo hizo la más reciente película de Gustavo Nieto Roa Estrella Quiero Ser. El célebre director de Esposos en Vacaciones y El Taxista Millonario esta vez sufrió uno de los grandes descalabros de su carrera al apenas convocar 4.354 personas a las salas con una historia muy débil que reencaucha los novelones mexicanos de la niña pobre que quiere ser rica y famosa en la TV y es utilizada por un afamado director de novelas. Con un guión poco atractivo y de baja credibilidad, actuaciones flojas y problemas con el diseño sonoro, esta película pasaría a engrosar cualquier lista de culebrones que no llegan a trascender. Tal como le pasó a Trompetero este 2014, cantidad no es sinónimo de calidad, sin embargo Nieto Roa puede ostentar en su prontuario diez largometrajes en su haber.

El primer ejemplo de terror teenager en Colombia se vivió gracias un director teenager, que contó con mucha suerte en las taquillas, aunque no tanta con la crítica. David Bohórquez es un jovencito inquieto que, con un bajo presupuesto y la ayuda en un cameo del Youtuber Nicolás Arrieta logró convocar 37.500 personas y ser una de las escasas cintas colombianas en mantenerse más de una semana en cartelera, Demental. Un fenómeno inédito que logró hacerse realidad gracias al marketing digital, un acertado manejo en redes sociales y apuntarle al público que necesitaba: el teenager. La leyenda de 14 estudiantes asesinados por un psicópata despierta la inquietud de una joven escritora quien comienza a investigar sobre este misterio y termina sumergida en su propia historia de terror, es el resumen de una película joven que mezcla estilos e influencias de películas como Snatch o El Club de la Pelea en una versión más precaria, llena de planos sucios y fuera de foco, sugiriendo mas no exhibiendo la sangre y con actores juveniles que no prometen grandes carreras, que sin embargo logró captar atención por la buena promoción en Internet. Un fenómeno que poco a poco se irá desarrollando a este lado del hemisferio, donde solo es suficiente una idea, una cámara y un buen influenciador de alguna red social que atrape a un incauto virtual.


TRAMAS DE JÓVENES. TRAMAS DE "CUCHOS"

A finales de agosto se estrenó Mateo, de María Gamboa Jaramillo. Postulada a la preclasificación para el Oscar a película extranjera, es un retrato de la adolescencia en la provincia, llena de dudas, búsquedas, anhelos y sed de poder. Con el uso de actores naturales, el protagonista vive un dilema entre el amor al dinero a través de la extorsión o el amor a las personas a través del arte. Con un sentido de responsabilidad social, Mateo es una cinta honesta sin mayores artificios, con un guión sencillo pero inteligente y con el río Magdalena como escenario de las búsquedas de este joven, que podría ser cualquier colombiano. Buscando retratar a la juventud pero desde otro escenario se estrenó la segunda cinta de Oscar Ruiz Navia, Los Hongos. Mas que una trama, es una pintura de la Cali suburbana, recorrida por dos jóvenes amigos que aman el graffiti y viven la ciudad a ritmo de Zalama Crew, La Llegada del Dios Rata o  Gan Gan y Gan Gon. Estos desahogos de aerosol en celuloide crean una película muy personal de Ruiz Navia, con ciertos tonos de izquierda, contemplaciones de muro pintado y la vida vestida de calle. Con una bonita actuación de la Ñaña (Atala Estrada), Los Hongos se desprende de los guiones que buscan un objetivo y simplemente lo que busca es mostrar una atmósfera, la caligrafía de una ciudad.

La Ñaña, una de las  grandes "Cuchas" del 2014.

La zona de estrenos documentales en salas comerciales durante el 2014 contó con el tema de la droga sin mayor prejuicio. El primero fue en octubre, Infierno o Paraíso de Germán Piffano. Un loable seguimiento del director durante 11 años a un adicto al bazuco, desde sus momentos más críticos en la Calle del Cartucho hasta su posterior rehabilitación y residencia en España; a través de un registro documental sin ninguna floritura estética logra hacernos captar el lado humano del bazuco y el lado inhumano de Europa, donde el infierno y el paraíso se confunden y no hay una visión certera de la felicidad. El otro documental, falso documental con elementos de road movie, proviene del siempre polémico Rubén Mendoza estrenando su segunda cinta del año. Memorias del Calavero es el regreso a la tierra natal de "El Cucho", mítico viejo extraído de La Sociedad del Semáforo para que vaya revelando detalles de su andar por el mundo y que vive la vida con una intensidad de muerte próxima. Maestro para engañar, febril expositor de la causa perdida, Mendoza una vez más crea un imaginario vertiginoso lleno de humo y alucinaciones en un documental sucio y agitado por los paisajes de Santander, que encuentra su redención y limpieza audiovisual cuando revela que no es un documental. El cine de Mendoza -junto a la música de Velandia- siempre será poético, simpático e irritante a la vez.


LOS NIÑOS DEL 2014

Cuando Dago García no cuenta entre sus filas con Harold Trompetero o Felipe Dothée para dirigir sus producciones encuentra siempre la colaboración de Juan Camilo Pinzón. No fue suficiente el relativo "fracaso" de El Paseo 3 (la película colombiana más taquillera del 2014) para publicar una nueva, Carta al Niño Dios. Para García se está convirtiendo en costumbre lanzar en paralelo a sus comedias sencillas, películas que promuevan los valores familiares con el propósito de captar audiencias de todas las edades y entrar a producir cosas políticamente correctas. Luego de títulos como El Carro, El Control y El Paseo hay una nueva entrega fílmica en la que un padre hará todo lo posible para regalarle a su hijo una bicicleta, petición del niño para Navidad. Con un humor muy blanco y Antonio Sanint como gancho de taquilla, una vez más la llave García/Pinzón entabla conversación con la industria y enriquece sus arcas con un guión sencillo y sin misterio, donde siempre prevalecerá la misma moraleja, mantener la unión familiar.

Durante el 2014 curiosamente no se había tocado el tema del conflicto armado y narcotráfico colombiano, uno de los más usados y vapuleados por la crítica y el público. Salvo algunos momentos de la coproducción Manos Sucias y la posterior salida de Plata o Plomo, hubo silencio alrededor de este tema. Curiosamente, una de las películas más aplaudidas del año encerró de nuevo esta temática pero desde una perspectiva infantil. Ya existía un bonito precedente con Pequeñas Voces (2010) y Los Colores de la Montaña (2011), pero esta vez la narración se traslada al departamento del Nariño con Jardín de Amapolas. Un padre y un hijo desplazados se introducen en el negocio del cultivo de amapola, el único lucrativo al sur del país, entretanto el hijo va cultivando una amistad con una niña vecina, quienes le hacen el quite al conflicto con sus juegos y travesuras. La amapola es belleza y fatalidad, lucro y maldición, fragancia y plomo, es la dualidad en la que siempre se ha encontrado Colombia, que queda expuesta en este sencillo pero bonito retrato de un país, un paisaje idílico de hermosura letal.

Inocencia fatal. Jardín de Amapolas, de Juan Carlos Melo.

A comienzos de diciembre se estrenó Petecuy La Película, de Oscar Hincapié, un conjunto de géneros que abarca el falso documental con el drama, la acción y con un propósito social, que es rescatar a un grupo de pandilleros de un barrio de Cali e intercambiarles armas por ideas para hacer su propia película. Su intención merece todos los aplausos, sin embargo el desarrollo de la historia se va perdiendo y mientras sus tonos reales adquieren matices de ficción sin mucha credibilidad, su responsabilidad social se va convirtiendo en pura propaganda de la misma película, lo que opaca el centro del relato. Con César Mora al mando actoral y mucho rap de Cali se va exhibiendo este filme con éxito en varias muestras activistas y de derechos humanos, pero como muchas películas colombianas independientes, con muy poco público en la única sala comercial de Bogotá donde la pusieron en cartelera.


TRABAJANDO EN EQUIPO

El cine colombiano cada vez va más de la mano con la coproducción. Los productores tienen menos miedo y se arriesgan a hacer apuestas mixtas donde otros países participan y contribuyen a la realización de nuevos productos. En enero estuvo Anina, largometraje uruguayo animado con la producción de Jhonny Hendrix que nos mostró una bella niña con nombres, apellidos y situaciones palíndromas; en mayo se estrenó Secreto de Confesión, del director venezolano Henry Rivero (En Coma), con una historia policíaca de ritmo vertiginoso donde un criminal va confesando sus pecados a un cura, con la participación de Marlon Moreno y Juan Pablo Raba; en junio se estrenó la taquillera historia de terror Encerrada, que de Bogotá se traslada a una zona rural para introducirse en un cuarto recóndito donde se esconde una niña misteriosa, y que contó con actuaciones de Carolina Guerra y Sebastián Martínez, quienes también dieron crédito a un atractivo balance de taquilla; en julio se estrenó la argentina Días de Vinilo, una divertida comedia en torno al rock clásico y un homenaje a The Beatles, bajo la producción de Rhayuela y Federico Durán, con un guión entretenido que refuerza el valor de la amistad y el amor por la música.




La mejor coproducción que presentó el 2014 vino de la mano del director americano Josef Kubota Wladyka y su ópera prima Manos Sucias, que aunque toca el tema del tráfico ilegal de armas y el conflicto armado, logra convencer por su ritmo, su dirección de actores naturales y su emotividad, además de mostrar una visión interesante del Pacífico desde su ojo foráneo; en octubre se estrenó la cinta americana Default del colombiano Simón Brand, impregnada de la atmósfera hollywoodense, con recursos estilísticos de cámara en mano y recreando la angustia de un secuestro dentro de un avión, sin pena ni gloria en la taquilla local; cuatro años después de presentarse en el festival de cine de Bogotá se estrenó en sala comercial Plata o Plomo del director paisa John Human, abordando el tema de los narcos pero esta vez desde la geografía de Miami, sumándose al arsenal de narcopelículas con origen en Colombia; en noviembre estuvo en cartelera Deshora desde Argentina con la producción de Jhonny Hendrix de nuevo y la actuación de Alejandro Buitrago, quien encarna a un joven en rehabilitación que llega a la casa campestre de una prima para perturbar su matrimonio; finalmente,  en diciembre la directora peruana Enrica Perez estrenó Climas, con la producción ejecutiva de Diana Bustamante y la historia de tres mujeres de sitios remotos que aman, viven y duelen a su manera, bajo la temperatura emocional del ser femenino.



Los números son gratos con el cine colombiano si se unen los esfuerzos entre producciones locales y coproducciones lanzadas durante el 2014, con un total de 26 títulos. Los números no son tan gratos con muchas de estas producciones al saber que las salas de exhibición comercial son reacias y la gran mayoría de estos filmes no duran más de una semana en cartelera. A pesar de bajar ostensiblemente la cifra de convocatoria con la cinta acostumbrada del 25 de diciembre, el título local más taquillero del año fue El Paseo 3 con más de 825.000 espectadores, y los títulos que salvaron el año con asistencias aceptables fueron Encerrada por su terror hollywoodense (395.000) y Ciudad Delirio por la expectativa caleña (279.900). Con todo y la falta de apoyo por parte del público, el cine nacional sigue, se diversifica, se asombra por su capacidad de variar en historias luego de tener dominancia del narcocine y las películas de conflicto armado, contando apenas 3 de las 26 estrenadas. Cabe anotar que los mejores roles del año corrieron por cuenta de la tercera edad llenos de carácter y sabiduría a su modo, desde el machista abuelo Silvio de Tierra en la Lengua, pasando por la abuela Ñaña y el papá Gustavo de Los Hongos, la laboriosa Zoraida de Climas, hasta llegar al carismático Cucho de Memorias del Calavero. A pesar de la aún incipiente concurrencia del espectador común, nuestro cine sigue siendo una empresa romántica que los directores, productores, gente del gremio y cinéfilos esperan por verlo metido en el engranaje de una posible industria. Ya existen las coproducciones. Ya existen los festivales. Faltamos nosotros, la gran audiencia.





18 nov 2014

EL FENOMENAL TOD BROWNING


La productora MGM vivió momentos de desazón y repudio al patrocinar la ejecución de una película de esta categoría. Trabajar con King Vidor en The Champ, rodar Tarzán de los Monos o reunir a Greta Garbo, John Barrymore y Joan Crawford en Grand Hotel era la convención que les brindaba taquilla y buenos comentarios durante el año de 1932, pero se les atravesó una apuesta con visos de terror y un nombre con buenos pergaminos proveniente del cine mudo que recientemente había lanzado a la luz la versión primigenia en inglés de Drácula y que ostentaba cierta popularidad en el género de los gritos y la piel erizada. Llegaba a escandalizar al público el visionario Tod Browning con un título provocador, Freaks.

Tod Browning, la cabeza de lo impensable

FORMANDO LO DEFORME

Browning venía de trabajar durante un buen tiempo con el legendario actor Lon Chaney conocido como El Hombre de las Mil Caras y había lanzado al estrellato a Bela Lugosi interpretando al Conde Drácula. Contar con este precedente le brindó a Browning garantías para poder reflejar en la pantalla grande un homenaje a la vida circense que tanto apreciaba y que mostraría una nueva faceta de la deformidad. El resultado sería tan gráfico e impresionante que el público pacato de la época la consideró repulsiva y de ofensa para el ojo, que la relegó a una pésima recaudación en taquilla y a ser vilipendiada durante muchos años hasta ser rescatada por el festival de Cannes en los sesentas.

"El amor por la belleza es un sentimiento profundamente arraigado que se remonta al principio de la
civilización. La repulsión que nos causan los anormales es el resultado del largo condicionamiento de nuestros antepasados". Este es un aparte de la leyenda inicial del filme que nos introduce en un contexto que va a romper con el molde estético del cine de la época, y que va a confrontar sin prejuicio la realidad de los seres diferentes físicamente. Gran parte de la reacción despreciable por parte del público provenía del casting: A diferencia de Lon Chaney (un maestro en las artes del maquillaje), los protagonistas de la historia tenían peculiaridades de orden real, desde el más sencillo enano pasando por las hermanas siamesas y un ser hermafrodita hasta llegar a un hombre sin extremidades que se desenvolvía por la vida arrastrándose con su torso. Un circo de deformidad y seres únicos al servicio de una pantalla grande predispuesta al rechazo.

El entorno más adecuado no podía ser otro que una carpa de circo, hogar de una comunidad nacida para ser distinta. La trama, basada en el cuento Spurs de Tod Robbins, nos lleva al interés de Cleopatra, una trapecista con sus partes completas y belleza europea en casarse con el enano Hans, heredero de una cuantiosa fortuna y personalidad dócil, para luego envenenarlo y apoderarse del botín en complicidad con el hombre más fuerte del circo, Hércules. Estamos apreciando entonces una historia convencional de codicia y traición. La verdadera causa de conmoción llega por los personajes que rodean la trama y su difícil convivencia con los humanos 'normales'.

Cleopatra y Hércules, los 'normales', junto a Hans, el 'freak'.


EL GHETTO FREAK

Freaks nos expone la idea de un apartheid creado por la población civil hacia los del circo, donde no existe la inclusión, se promueve la burla y se sirve la repugnancia, tal como pudo haber sido en los tiempos de la esclavitud o la discriminación gay. Los humanos 'normales' son los seres antagónicos envueltos en soberbia, mezquindad y segregación, incapaces de compartir el mismo espacio en el mundo con quienes son marcados por la diferencia física. Es un involuntario discurso de denuncia que clama por el descuido de una sociedad excluyente, que le rinde culto a un ideal de belleza y que tiene su interior totalmente desprovisto de humanidad, donde se va aglutinando una deformidad más despiadada y horrible que la física, la avaricia y el poder. El freak más cercano al humano 'normal' es el enano Hans, quien en su afán de aceptación y reconocimiento poco a poco se deja viciar por las malsanas costumbres de la gente de estatura estándar y se vuelve soberbio, egoísta y desconfiado con su propio nicho. Se deja infectar de la mal llamada 'normalidad'.

La comunidad de Freaks encuentra su lado más humano desde la óptica de Browning. Una verdadera familia con un sentido de pertenencia donde se trabaja en equipo, donde uno cubre las falencias de otro y existe un aire de reciprocidad que sería causa de envidia en los sistemas políticos y económicos de cualquier lado del planeta, y que como cualquier ser común y silvestre ama, tiene hijos, establece sus rituales y celebra sus fiestas. Leal, comprometida y feliz, es una familia unida por la extrañeza de sus cuerpos y sacrificarán su vida de ser necesario por cualquiera de los miembros de su comunidad. Si obviamos las anomalías físicas, estamos enfrentados simplemente a un grupo de humanos que sólo quieren ser eso, humanos.

                   

En la mitad de estos dos sectores encontramos los personajes que logran conciliar los dos universos. El payaso Phroso, su novia Venus y Madame Tetrallini (que no cuentan con ninguna anomalía física) buscan ofrecer mayor comodidad emocional a aquellos personajes de naturaleza singular, que simplemente buscan afecto. Ellos son el puente de comunicación directa con el mundo conocido, y sus aires de consideración y naturalidad son uno de los primeros ejemplos de inclusión con la diferencia, que en aquella época era inconcebible. Sin tener una pretensión activista, la película logra dar las primeras puntadas de un mundo diferente basado en la tolerancia. Browning había creado un 'monstruo' de carácter social sin quererlo.


BUSCANDO SER FENOMENAL

Lo curioso del asunto es que los actos más cotidianos de la vida dentro del universo freak, son catalogados como terroríficos y absolutamente repugnantes. Una de las escenas que parece no tener mayor repercusión argumental en una trama es un parto natural y el dar a conocer a la luz pública el nuevo heredero. Sin embargo, generar un cuadro familiar donde la madre es la Mujer Barbuda y el padre el Hombre Esqueleto comienza a ser algo perturbador; agregue a la escena gente sin extremidades, con microcefalia o algún defecto congénito y tendrá un inmediato rechazo. En otro pasaje de la película podemos ver el romance simultáneo entre dos hermanas siamesas que cuentan con un prometido por aparte y que parece inaudito de consumar. Finalmente, podemos apreciar el banquete de boda entre la trapecista y el enano, que nos muestra un carnaval atípico de malformaciones, sonrisas amorfas y aplausos distorsionados y nos encontraremos con un espectáculo chocante y único.

El banquete Freak.

Si hablamos de lo visual, el director se sienta sobre las bases convencionales del género, sin ser tan creativo en la generación de sombras o contrastes, jugando al plano contraplano usual, concentrado en las posibilidades de asombro que pueden causar las particularidades físicas de su elenco. Su montaje es lineal y rústico donde todavía no se aplicaban transiciones en imágenes sino fundidos a negro y no encontramos un soporte sonoro que lo haga más vistoso. Aparte de ello, encontramos huecos narrativos voluntarios donde no logramos ver un desarrollo total del flirteo y el casamiento entre el enano y la trapecista, o la venganza absolutamente consumada de los freaks, donde el personaje de Hércules simplemente desaparece y la ambiciosa Cleopatra se muestra mucho después de su castigo final. Una posible causa de estos saltos de continuidad se deba a la presión de la productora a recortar el filme de 90 minutos y dejarlo en los 64 finales que hoy conocemos. Sin embargo, lo valioso es el registro que se pudo rescatar antes de sufrir el rigor de las llamas, donde se usó una dosis mínima de maquillaje y los personajes cumplieron su tarea de causar la respectiva emoción. El espectador decidirá cuál.

Si Browning quería causar terror, de alguna forma lo que logró fue espantar al público de las salas de cine. Si Browning quería causar reflexión sobre este tipo de población, no logró causar ni un murmullo sobre el tema. Si Browning quería recaudar taquilla, lo que logró fue colectar abucheos y el inicio del declive de su carrera. Triste balance si nos damos cuenta que en otra época estos tres objetivos se hubieran podido cumplir a cabalidad. Hoy en día los amantes de la serie B -y del cine en general- le han regalado status de película de culto, su reflexión sobre el ser incluyente puede ser motivo de numerosos foros y seguramente su temática hubiera logrado llenar un buen número de salas de cine. A Tod  Browning no lo acompañó la época, pero aquella experiencia desgraciada lo llevó lentamente a ser justificado por la historia como un adelantado a su tiempo. Un director fenomenal.




17 oct 2014

THE POLICE - SYNCHRONICITY


Entran a la estratósfera musical y renuncian a ella. La consolidación del grupo británico The Police entre las bandas más populares del universo se dio casi en simultánea con su declive como grupo y con las ganas de liberarse de una vez por todas del tira y afloje entre sus miembros, donde predominaba el ego en lugar del trabajo colectivo. Incluso, la creación de su última placa en estudio se hizo con sus tres miembros grabando desde distintos lugares y un único responsable presente en la consola, su productor Hugh Padgham. Es la instancia en la que The Police le concede la mano a la gloria y  luego decide dejarla plantada.

O My God by The Police on Grooveshark                                                                                                 

Si bien este power trio inglés declinó a la idea de volver a grabar un disco, su último referente es la más alta cuota de reconocimiento que tienen en todo el orbe. 1983 era un año de nuevas energías, con el punk en caída y el refrescante new wave en la cresta de la ola, con MTV imponiendo la nueva cultura del video y la moda haciendo alarde de colorido y extravagancia. Tiempos felices para una banda infeliz. Andy Summers, Sting y Stewart Copeland (especialmente estos dos últimos) llegaron al punto del hastío y el desgaste como comunidad y la tensión era tal que hasta en entrevistas públicas sostenían forcejeos físicos medio en broma medio en serio, que vislumbraban fisuras en la amistad y remiendos de prepotencia. Magníficos intérpretes de sus instrumentos, soberbios creadores de un estilo, enlodados en un charco putrefacto de egolatría. Pero en medio de aquel barro emocional surgió su última gran Epifanía por la que el mundo rindió reverencia. Era el anuncio de Synchronicity.


EL ÉXITO NO CASUAL

Casualidad o no, su quinto trabajo de estudio resultó ser una bomba de éxito. Ghost in the Machine (1981) había sido una antesala al cambio de estilo donde el reggae entraba al banquillo suplente y sus momentos más feroces emparentados con el punk sucumbían ante tonalidades elaboradas entre sintetizadores y compases que flirteaban más con el pop. Pero en esta etapa su sonido jamás fue hecho a la ligera y tuvo la casta virtuosa de sus manos y oídos para amasar un inminente cambio en su naturaleza musical y un remolino de celebridad que finalmente terminaría por ahogarlos entre tragos de narcisismo y millones de discos vendidos.

A Sting le gusta leer. Las referencias literarias, mitológicas y filosóficas se esparcen en un prontuario de frases oscuras que son involuntarias reflexiones de un mundo apagado, post-apocalíptico, inseguro, lleno de casualidades, de donde inspira el título del álbum y saca a relucir el libro de Arthur Koestler The Roots of Coincidence y las lecturas de Carl Gustav Jung. El rubio cantante buscaba en medio de aquella literatura de la simultaneidad casual algún tipo de explicación para su éxito y también para su inminente agonía como parte de una asociación, tanto con su grupo como con su relación sentimental, bastante deteriorada por aquella época.  Era la hora de la destrucción de la unidad.


CANTOS PARA EL FIN DEL MUNDO

Grammys a su haber, #1 a los dos lados del Atlántico y "Every Breath you Take", la canción más importante del año y para muchos, de la década.  Tanto éxito en un solo lugar fue un catalizador de halagos al espejo, que resquebrajó la poca afinidad en la charla entre sus miembros.  Pero aquella distancia en la amistad resultó en absoluta empatía musical, mostrando nuevas sonoridades en un prolijo haber de acordes que cambiaron su dirección melódica. Los teclados lograron apuntalarse entre las prioridades del grupo y fueron mayor objeto de explotación. Tal como lo muestra su pista de apertura "Synchronicity I", vértigo preciso y contundente tocado a 6/8 en una espiral incontenible de fortaleza, alejado totalmente de su discografía de antaño. Los instrumentos cuestionan la casualidad siendo totalmente premeditados bajo la ayuda lírica  del poeta W.B. Yeats y sus reflexiones apocalípticas mientras Sting busca explicaciones, 'A connecting principle/ Linked to the invisible'. No complacidos del todo, deben agregarle paranoia y angustia al tema con "Synchronicity II" donde la filosofía queda a un lado para desplazarse al realismo y contar la historia de un hombre fatigado por una vida laboral y familiar desbordada en tedio, 'Mother chants her litany of boredom and frustration/ But we know all her suicides are fake'. No será casual que más adelante su monstruo interior (una metáfora de la célebre criatura del lago Ness) llegue a su clímax y salga a acabar con todo, mientras el tercer single de este disco es dominado por la guitarra de Andy Summers y adopta un equilibrio entre el rock y el pop, anunciando el desastre inminente del mundo.

La paranoia sobre el fin del mundo y la afirmación de un mundo disfuncional, mal construido y expuesto a la extinción es clara en varios pasajes del álbum. Lo curioso del asunto es que mientras Sting vive cantando su pesadumbre existencial, la música se despliega en la brisa fresca del new wave y lleva a momentos de deleite. Uno de esos buenos contrastes es "O my God" de saxo fresco, líneas de bajo jóvenes y una cadencia de batería esperanzadora, que difiere de una lírica con falta de fé en Dios, 'Take the space between us/ And fill it up some way'. Otro nuevo contraste, "Miss Gradenko" compuesta por Copeland, con arpegios de guitarra y puro sabor new wave con una voz festiva de Sting que narra un posible romance en medio del sistema comunista después de la guerra destructora y que invoca a la extinción humana, 'Is anybody alive in here?/ Nobody but us'. El mundo se ha despedazado desde su origen y los humanos le seguimos la huella a los extintos dinosaurios. "Walking in your Footsteps" confirma aquel temor apocalíptico donde todo parece indicar que lo inevitable está por llegar, 'Hey there mighty brontosaurus/ Don't you have a message for us' va entonando el vocalista entre unos teclados que se debaten entre lo tribal y lo experimental, con unas guitarras onomatopéyicas que recuerdan por instantes a Robert Fripp y con una sensación de apertura del sonido de Police al catalogado world music de la época.

                                                     

La sinergia entre los sonidos elaborados de Occidente y las armonías de la música autóctona se acercan con notoriedad en la sublime "Tea in the Sahara". Atmosférica, evocadora, desértica, un exquisito paisaje de sonidos llevados con parsimonia en bajo y batería, y una guitarra quimérica que levanta la arena suavemente entretanto se va evocando a Paul Bowles y su novela El Cielo Protector, y un imaginario que nos traslada a un desierto que recibe a tres hermanos dispuestos a tomar el té en medio del amarillo infinito, con un final trágico. Si en aquella canción la guitarra de Summers es un oasis sugerente en perfecta armonía, "Mother" es su total antítesis. Un delirio compuesto y cantado por el mismo guitarrista, con acordes de matemática paranoica y la garganta de Andy espantando una esquizofrenia propia en la que sufre la macabra e incómoda presencia de su madre durante todos los episodios de su vida, 'The telephone is screaming/ Won't she leave me alone?' Terror experimental que rompe de forma maniática con el resto de las canciones, y que también indica neurosis y angustia, palabras que cobijan todo el LP.


DESENCANTOS EXITOSOS

Una de las razones que forjaron aquel lado oscuro de la lírica en Synchronicity fue el rompimiento sentimental entre Sting y su pareja Frances Tomelty. Entre el miedo al fin del mundo, el hastío de la guerra y el vacío existencial, también hay que agregarle el desencanto amoroso. Su  single #1 de todos los tiempos no es una canción de amor, sino de desespero. "Every Breath you take" es el hostigamiento del ex, la negación de la pérdida y la continua autoflagelación para recuperar los pasos perdidos, 'Every night you stay/ I'll be watching you'. Muchas parejas afloraron amoríos con este tema de guitarras discretas y bajos silenciosos que fue la canción del año en 1983, pero la verdad se esconde en el vacío patético de Sting. Para completar la pena e inyectarse heridas escritas viene  su cuarto single"King of Pain" (#3 USA, #17 UK), pop lacrimoso de intimidad afligida decorado con metáforas de la pérdida, un compositor que se deja llevar por una poesía alimentada de marchitez, 'There's a little black spot on the sun today/ That's my soul up there'.

Tres genios. Tres egos. The Police.
Tanta desilusión debía buscar refugio espiritual en alguna esquina de su música. Y lo intenta con su pretencioso segundo single "Wrapped Around your Finger", envuelto en referencias mitológicas y literarias con un Sting melancólico que cita al Fausto de Goethe y los monstruos marinos de Escila y Caribdis buscando iluminación espiritual y un momento de redención donde encuentre la ansiada paz emocional. Su video, dirigido por el dúo pop Godley & Creme, muestra a unos músicos saltarines que parecen enmascararse en un éxito corporal, pero están rodeados de velas dominantes que les demanda orden y les exige mayor atención a su espíritu. La canción, si bien suena a balada pop de carácter triste, porta un aliento nostálgico por arreglos dub, aquellos que fueron compañeros de otros álbumes. Sting, Copeland y Summers ya no pueden regresar atrás.

                                                     

El engañoso formato pop que aparentó The Police fue su fórmula rompedora para llegar al público de los dos hemisferios y conquistarlo con su relativa 'ligereza'. Sus canciones más baladísticas fueron la casualidad que detonó en regalías para el resto de su existencia, reconocimiento en listados y programación en emisoras aún vigente. Synchronicity no tiene la ingenuidad fiera y fresca de Outlandos D'amour ni la cadencia caribeña de Reggata de Blanc. Summers con 40 años a su espalda y Copeland y Sting con 30, sabían que querían desviar la línea alegre y jovial de otros instantes para pasar a un lado más serio, pero sin dejar de caber dentro del formato pop. Lo lograron, colmaron las listas de éxitos, vendieron millones de LPs y pasaron a la posteridad como uno de los grupos más importantes de los ochenta. Sin embargo, Synchronicity fue la crónica de una despedida prevista, su canto del cisne que los llevó en simultánea al prestigio y la separación. Cosas de la casualidad, cosas de la causalidad.