10 may 2014

JACKSON BROWNE - FOR EVERYMAN


Huele a setentas. Un aroma especial logra combinar las dos costas americanas en un sonido, una extraña mezcla entre el desenfado fantasioso y la reflexión introspectiva. Esta simbiosis proviene de un joven de apenas 25 años que prometía ser un gran compositor desde los 16 y que toda su vida estuvo marcado por la letra más que por la melodía. Habían talentos setenteros que despuntaban sobrias melodías y líricas respetables: James Taylor, Crosby, Stills & Nash, Nick Drake o Van Morrison entre otros. Jackson Browne contaba con esa peculiar línea de juvenil adultez, donde el mito y la realidad se fundían y creaban cuadros dignos de meditar. Fue la letra la que lo llevó al pedestal de las masas.

Nacido en Alemania pero criado en California (la carátula del disco a reseñar vislumbra el vecindario de Highland Park donde pasó su infancia), Browne comenzó a escribir la historia para varios coterráneos, ganándose un perfil de letrista mas no de músico. Bruce Springsteen, Eagles, Nico, Joan Baez, son parte de la lista de quienes se vieron cobijados por su bolígrafo creativo. Sin embargo, en 1972 se animó a publicar su propia placa bajo un título homónimo con resultados positivos, donde se comenzó a notar su calidad como trovador. Sensible, soñador y sobrio. Un hombre y su guitarra cocinando emociones para sus escuchas.


UN JOVEN CONSTRUYENDO ROCK ADULTO

Las ventas fueron benignas y se animó a seguir un camino que lo llevaría al estrellato. Curiosamente, su segundo trabajo no vendió más que el primero. Pero For Everyman se ganó un puesto especial dentro de la crítica. 1973 fue el año de su aparición con el auspicio de David Geffen y el sello Asylum. Y traía las bases para construir el rock adulto que dominó las listas de la década; una voz amable que subía el registro cuando se necesitaba, porciones de folk y country, camuflajes de balada pop, todo amasado en un rock apacible pero consistente. No sin antes reclutar uno de los grandes motivos de éxito dentro de la zona melódica de Browne, David Lindley, multiinstrumentista que construyó magistralmente los acabados sonoros de varios temas del álbum.

 Lindley y Browne, music and lyrics 

Sin mucho esfuerzo pudo convocar un listado de colaboradores estelares que brindaron robustez al proyecto. En las voces estuvo David Crosby quien ya venía de los Byrds y ahora con Stills, Nash and Young; Bonnie Raitt y Joni Mitchell fueron cuotas de peso femeninas; Glen Frey y Don Henley harían lo suyo desde su futuro monstruo comercial Eagles, pero esta vez por separado; y hasta Elton John estuvo cooperando con el piano bajo el seudónimo de Rockaday Johnnie. Cada uno de ellos confeccionaron desde su estilo diez cortes variados, donde se respiraba jovialidad en algunos y se exhalaba melancolía en otros, cada uno bajo el refugio finísimo de las cuerdas de David Lindley y los arrullos vocales de Browne.




FANTASÍAS JUVENILES

For Everyman arranca con una dosis de country rock sólida y refinada, una extraña especie de coctel rural que aguarda por la llegada de la mujer adecuada. "Take it Easy" es una canción altamente sofisticada gracias a su cadencia reposada y la pedal steel guitar de Sneaky Pete Kleinow, fue compuesta a cuatro manos junto a Glen Frey, quien le sacaría provecho con su banda Eagles, convirtiéndola en un himno de la década con un sabor más rocanrolero y el agregado de un banjo proactivo. El tema de Eagles se publicó en 1972, lo que opacó la versión de Browne, que fue considerada cover y no llegó a lo alto en las listas. Pero al compararla, la riqueza instrumental es más notoria en la producción de Jackson. El tema que sí tuvo cierta figuración fue "Redneck Friend", un rock sureño, corpulento y vivaracho que alcanzó a colarse en el #85 del Billboard con Glen Frey en los apoyos vocales y Elton John saltando sobre un piano inquieto y fiestero, mostrando la faceta más fresca de Jackson, cortejando a la vida antes de tener que sentar cabeza a sus 26 años.

Colors of the Sun by Jackson Browne on Grooveshark 

Antes de la realidad, un poco de fantasía. El cantautor de origen alemán gustaba de sumergirse en universos paralelos con cierto tono post-hippie y buscando respuestas etéreas, a veces nebulosas. "Our Lady of the Well"proviene de modo mágico por crossfade desde el primer corte "Take it Easy" y plantea una visión mística, una variedad de plegaria que apela a la esperanza en esta balada folk; más balada y más melancólica aún es el tema que le sigue, "Colors of the Sun" con el comando del piano y una voz solemne y dulce -a dúo con Don Henley- que esculca respuestas en el aire donde su tono poético se abstrae en monólogos de búsqueda interior 'Dissilusioned saviors search the sky/Wanting to just to show someone the way'. Esa suavidad fantasiosa se sigue reflejando en su pintura de "Sing my songs to Me" de riqueza instrumental intachable, el piano de Joni Mitchell y un discurso de nostalgia  flower power, pero sin protesta, 'Sing me sunlight and shadows/Orange groves and meadows'; la ruralidad contribuye a sus líricas escapistas, planos fijos de paisajes bucólicos, enajenados en un universo muy propio de Browne, que poco a poco se iría desvaneciendo con el devenir de sus nuevos discos.

EL NIÑO QUE NO QUIERE CRECER

La gradual evaporación de su visión juvenil trae consigo al amor como causa. Esa pérdida de la inocencia estalla con la vida sentimental, como bien lo refleja en "I thought I was a Child" que muestra que el amor es crecer, pero también doler, 'I thought I was a child until you turned and smiled', mientras los arreglos de cuerdas de Lindley son de caracter primoroso. Para confirmar el adiós a una juventud despreocupada y libre viene "The times you've Come", desolación como efecto del desgaste en el amor, con la voz de Bonnie Raitt contribuyendo a la pena y una balada folk que susurra con pesar las memorias de una relación pasada, 'Now we're lying here/So safe in the ruin of our pleasures/ Laughter marks the place where we have fallen'.


La alemana Nico convirtió a "These days"en clásico de culto.

Hora de asumir la madurez. Pero, ¿Es la hora? Siempre cuestionando, siempre reflexionando, siempre escapando. Pero en "Ready or Not" ya no tiene salida y debe asumirlo al relatar la historia del embarazo de su joven novia, perder sus atributos como imberbe rebelde y trabajar para comprarle una lavadora a su mujer, entretanto con nostalgia sureña intenta evocar sus huellas pasadas y un violín eléctrico busca aminorar el impasse embarazoso, otra vez de la mano cómplice de David Lindley. Ese presente de supuesta madurez se deja consumir por la evocación y clama por la redención en "These Days" con frases del estilo 'Don't confront with my failures/I had no forgotten them'. Aquel soft rock reflexivo había sido originalmente compuesto para Nico y su disco Chelsea Girl (1967) en una versión más íntima e inquietante. La pieza creada por Browne creó una reacción en cadena de versiones por la que ha pasado gente como 10.000 Maniacs, Blind Pilot y Band of Horses entre otros, y es un tema distintivo de la discografía de Browne que con los años le dio un matiz sonoro más interno y lo minimizó a guitarra y voz de modo exitoso. Su insigne pieza también tuvo que asumir la adultez.

EL BARCO DE LA SALVACIÓN

En alguna etapa de su juventud David Crosby y Jackson Browne fueron compañeros de casa. O mejor, de bote, pues residían en un barco. De allí salió la inspiración para Crosby, Stills and Nash de hablar sobre el Apocalipsis y escapar en su barco del fin del mundo con la letra de "Wooden Ships". A Jackson el escape no le pareció la mejor alternativa e hizo una contraoferta lírica con "For Everyman", donde la respuesta no era la fuga sino la paciente espera del rescate, 'Everybody's just waiting to hear from the one/Who can give them the answers/And lead them back to the place in the warmth of the sun'. Tal vez las respuestas no se encuentran si uno mismo las elude. Y el mismo David Crosby le colaboró en los coros que contradecían su propia composición. Aquel barco sonoro liberador de soft rock fue el punto de partida para asumir la madurez y encontrar las soluciones de la vida futura. Aquello lo llevaría más adelante a convertirse en un convencido activista ambiental contradictor de las acciones nucleares.



Siendo un álbum que podría pecar de "sensaciosuave" y poco apasionado a la primera escucha, For Everyman se hace más atractivo cuando se hace la pausa y se percata de la maestría de los arreglos, obra especial de David Lindley, quien le brinda la pulcritud a la hora de organizar las ideas sonoras y le brinda un relieve sofisticado a la placa discográfica. Es sin duda un álbum americano, construido para aquel nicho, cultivado en las dos costas y arrancando frutos del country y el folk para cosechar un soft rock lleno de utilidades. Browne le da gusto al desprevenido imaginador y al sensato observador y sabe jugar como eslabón entre la juventud y la madurez. Un año más tarde llegaría al cenit con Late for the Sky encontrando un perfil vocal más definido y consagrando sus méritos compositivos entre la gran audiencia, haciéndolo uno de los cantautores más populares de la época. For Everyman fue el barco en el que zarpó a la notoriedad, llevando en la proa su particular lirismo de mito y realidad, y en la popa su refinación musical a la hora de navegar en las aguas de la armonía.

15 abr 2014

LA SEVERA MATACERA- V.I.S.A.


El ska es el metal. El metal que se contonea en figuras de saxos, trompetas y trombones. Que se deja llevar por la enorme influencia del reggae. Que apresura el paso e incita al baile ansioso y divertido. Y logra contar con variables que se deslizan entre propósitos políticos, sociales o simplemente de divertimento. En Colombia durante los noventas lograron consolidar su razón social propuestas que florecieron en caminos distintos y le dieron una respetable relevancia a la escena; se recuerdan las enormes pisadas swing de Los Elefantes, el desborde político de Skampida, los primeros tiempos de unos simpáticos Dr. Krápula, la pesadez bailable de La Mojiganga o la energía sensata de La Severa Matacera. Cada uno de estos grupos sorprende por su vigencia, y aunque todos han cultivado vertientes y públicos diferentes, su conciencia de autogestión y lucha es consigna. El caso de La Severa se aplaude al querer trascender en el exterior sin mayor padrino que el entusiasmo.

Y esa es precisamente la causa de crear una placa discográfica que discutiera sobre el tema. Muchos grupos resuelven probar fortuna afuera por la endeble falta de patrocinio en la escena local, pero el camino es pedregoso y largo. Tal vez el mayor orgullo y vergüenza de un colombiano en el exterior es precisamente ser eso, un colombiano. El lunar heredero de la imagen del narcotráfico, la delincuencia y el conflicto armado provoca un inmediato reflejo de prevención por parte de la comunidad internacional gracias a un bombardeo mediático que ensucia nuestra vestimenta moral. Cuando La Severa Matacera se dispuso a conquistar el norte anglófono en su viaje tuvo que cargar con parte del peso histórico de nuestro país y poco a poco fue moldeando la idea de hablar sobre ello y desahogar sus penas sociales en un nuevo disco.

SOCIOS AMERICANOS

Cuando la gente se pare va a tener Energía positiva. Asociar los nombres de los álbums y canciones de la banda nos conduce a la historia de la misma, que siempre se ha desenvuelto en una denuncia de carácter optimista, con el ska como bandera pero siempre aceptando como cómplices fuertes riffs rockeros de guitarra y oleajes amables de tono reggae. En el 2009, luego de darse una vuelta por Los Ángeles y vivir el 'sueño americano' a su estilo sintieron la necesidad de reivindicar el nombre del colombiano en otras latitudes y de rescatar ese espíritu nativo que se encontraba en paisajes ajenos. Por eso llegó V.I.S.A. (Very Important Socio Americano). Un trabajo nostálgico de su tierra, sensible ante la lejanía y con un organismo musical más elaborado y diverso que sus pasadas aventuras en disco. Una catarsis para la adversidad.

Fiesta... by La Severa Matacera on Grooveshark

La Sonora Matancera del ska tuvo el respaldo de King Django en la producción y emprendió la cruzada del inmigrante plasmada en acordes. V.I.S.A.  vio la luz con un espíritu más global y menos enfocado en un género dando oportunidades al dub, al funk, al acid jazz, al rock y a matices del caribe colombiano. El llamado es el de siempre, paz y tolerancia para una humanidad egoísta y errática, siempre buscando trabajar en equipo. Gomer, Alex, Petizo, Nico y Juan Felipe lo confirman con la apertura del LP "Andamos juntos", un reggae que se va escuchando en crescendo y pretende unir las voces del pueblo y acabar con la desigualdad. Las letras de La Severa, sin una construcción gramatical pretenciosa, siempre promueven la cultura de la paz. 'Siembra intolerancia y crecerá discriminación' dice la rima de "Tu Semilla", una de las canciones promotoras del entendimiento y la fraternidad.

                                                   

"Tu Semilla" hace parte de esa construcción de vivencia personal de La Matacera, donde estar en un lugar ajeno es un asunto peliagudo. El álbum logra amasar un relato conceptual donde los actores protagónicos son la xenofobia, la falta de oportunidad y el sentido de pertenencia, siempre desde la óptica constructiva. El tema "V.I.S.A." es un ejercicio de tolerancia musical donde confluye la guitarra fuerte, un par de metales refrescantes y la presencia constante del funk, todos ellos conviviendo en un solo espacio. Lo mismo trata de decir la lírica que quiere romper con el molde de una sola impresión. 'Watch it Out, yo soy colombiano/ ten por seguro que no vengo armado' es el inicio de la letra que quiere acabar con el prejuicio de nuestra naturaleza violenta y embustera. Petróleo, trabajo y café pueden ser las contraofertas y quieren reivindicar la contaminada imagen que alimentan los noticieros. Tarea Severa.


La Matacera no descansa. Ojalá se mantuviera activo solo el nombre de la banda, pero el término real que contextualiza el crudo paisaje del conflicto en Colombia tiene mayor nivel de actividad que la banda misma. "¿Cuántas Muertes Más?" es el quejido constante de un pueblo que La Severa materializa con sabor caribeño en esta canción y que nos da un marco general de la situación del país. Y no sólo se trata de las víctimas de la guerra. El desangre corre también por el bolsillo, desde los tratados de apertura económica y el TLC, perjuicio expuesto en "Terror" con palabras concretas como 'Globalización de la miseria mundial', que tanto daño le ha hecho a la economía local. Esta pieza cercana al hardcore llena de velocidad y poder cuenta con el auspicio vocal de Dilson Díaz (La Pestilencia) y es una de las más guitarreras del disco, lejana a su acostumbrado ska jovial de otros tiempos, donde Alejandro Veloza no ahorra pics y se despacha en su propia denuncia de cuerdas. Pero para aplacar los ánimos terroristas vienen los explosivos pedagógicos que bajan la aceleración en "Miles de Bombas"que invitan a 'Disparar melodías de revolución' y enfrentar el combate con discurso, en una de las canciones que desfila entre el reggae, pianos salseros en el intermedio y un Rap & Roll protestante al final, lo que hace notar el eclecticismo que quiere aplicar el grupo para este disco. Una variedad que desafía cualquier radicalismo.


ENTRE EL SUNSHINE REGGAE Y EL ARROZ CON COCO

Y si hablamos de desafiar protocolos, esta vez se atreven a hacerlo desde el propio idioma. Alex Arce practica estrofas bilingües en un par de ocasiones y busca abrirse paso entre el público angloparlante gracias a su periplo estadounidense y sus constantes circuitos de bares y festivales en USA y Canadá. El reggae "Sunshine" es la primera muestra de ello, un quejido romántico y lento de guitarra y saxo que se unen y separan durante los minutos, de parejas que se unen y separan durante la lírica. En aquel juego del lenguaje también se incluye "No Hate", otro reggae más despierto y con algunos elementos dub, una calma rastafariana que de nuevo hace un llamado a la paz y proclama a la música como purificadora del alma. El lado más bilingüe de la Matacera va de la mano con el dreadlock.

         

Aunque hay cierta contradicción cuando se protesta contra las multinacionales y la globalización mientras se canta en la lengua propia del tío Sam, hay reivindicaciones musicales en las que se regresa a la tierra y de nuevo La Severa Matacera pertenece a un espíritu criollo. Esa añoranza por el sabor colombiano desde la distancia se vislumbra en las versiones de dos temas del maestro Lucho Bermúdez. El primero, "Fiesta de Negritos", respetuoso instrumental, un porro moderno presto para darle la bienvenida a los metales, la guitarra y el piano; el segundo, "Arroz con Coco", composición original de Margarita de Pombo, una gaita sabrosa que evoca el paisaje caribeño y su suculenta gastronomía, en una versión que hace reverencia a la original sin causarle mayores alteraciones. Vale la pena anotar que en "¿Cuántas Muertes Más?" también hay un pasaje evocador intenso y bailable con el "Manuelito Barrios" de los Gaiteros de San Jacinto. Severa nostalgia por la tierra.


UNA V.I.S.A. CON ENERGÍA

En V.I.S.A. también hubo espacio para rescatar temas del EP Energía Positiva lanzado en 2005. Su naturaleza es más cercana a los tiempos de Cuando la Gente se Pare y no son tan arriesgados y eclécticos como el resto del disco. Sin embargo, son un par de temas que se acoplan al estilo clásico de la banda y por lo tanto son piezas claves para sus seguidores. "Rocas" y "Energía positiva" están enlazados musical y temáticamente, pues son mensajes optimistas que se aplican a la cotidianidad, mantienen una cadencia moderada y no son materia de fusiones musicales. Con ellos logran lavar las penas y mantener el entusiasmo ante la adversidad y hasta el día de hoy, aprueban la materia en el tema de ser coreados y bailados por los amantes de La Matacera.


Escuchar completo V.I.S.A. es un ejercicio de sincretismo musical. Peligroso para los puristas, bienvenido para los liberales. La Severa Matacera abrazó en el pasado el ska y el reggae como su soporte en materia de sonoridad, y esta vez decidió abrirse horizontes, tal y como lo hicieron con sus vidas en tierras norteamericanas. Esa apertura los dejó en un punto intermedio que no dio una definición total a su espíritu sonoro: cantar en inglés, recordar con porros adaptados, ser más funky, ser más reggae. Lo interesante de esta entrega en LP está en el propósito de reflejar la necesidad de seres tolerantes en cada rincón del orbe. Que toleren las corrientes musicales, que toleren las formas de pensamiento, pero especialmente que nos toleren a los colombianos, que más que cualquier adjetivo posible, somos seres humanos. Como cualquier americano con visa.


17 mar 2014

SUITE HABANA: AL SON DE LOS AMBIENTES



Una ciudad marcada por la historia, superviviente, nostálgica, pero ante todo humana. El retrato de La Habana que busca moldear el director Fernando Pérez para esta película tiene un triste romanticismo que nos evoca los vestigios de una ciudad luminosa y fiestera, convertidos en polvorientos pero sinceras caminatas del cubano promedio, que sobreviviendo a un sistema económico débil, no renuncia a sus sueños. Y que por encima de cualquier ideología escarba en la cotidiana humanidad, llena de deseos y necesidades. Comienza una sinfonía disfrazada de documental, ornada con cuidadosa puesta en escena.

La Habana, entre la grandeza y la melancolía.

En un inicio, clasificar el filme es una tarea que puede llevar al debate o que sencillamente es prescindible. Se enmarca en el documental, en los hechos reales de gente real que vive su día a día. Sin embargo no hay testimonios hablados, no hay construcción de diálogos, no hay una reportería de la verdad en la que se vea una cámara grabando en caliente. Los tiros de cámara son estudiosos, se filtran de belleza propositiva y se valen de un relato contado a través del sonido ambiente que se entremezcla con arreglos orquestales, en su mayoría de corte minimal. Es una muestra performática, una presentación fotográfica de muchas historias que se desenvuelven en un mismo entorno y que se ve en apariencia muy sencilla, pero que en su entramado logra descubrir la esencia de las almas cubanas que logran con sapiencia resistir el peso de la historia de su país.

Dos protagonistas se disputan con fuerza la atención. La imagen, postales del ciudadano, rescates de la vieja gloria arquitectónica, promotora de la nostalgia. Y el sonido -aparentemente directo, pero mezclado en su mayoría en post-producción- que se revuelve entre ollas a presión, vehículos polvorientos, el mar impetuoso y su continuo contacto con las sonoridades musicales del score de Edesio Alejandro. Mientras la imagen se viste de frac y no esconde sus pretensiones de posar ante el mundo, el sonido busca recrudecer ese efecto y darle un aire más rústico y menos glamoroso, mucho más urbano y menos sofisticado, disputando con la música esta postura en una batalla entre la sutileza y la rugosidad del entorno.

Fernando Pérez, el hombre de la batuta en esta suite

Todo se narra en un día, designando al Faro del Morro habanero como el reloj de la película, quien nos marca el amanecer y el fin de las horas, el comienzo y el fin de una ciudad que se deja contar muchas historias. El reparto de varios actores naturales expone su vivir consuetudinario entre las obligaciones y los descansos, entre sus rituales gastronómicos y sus desahogos nocturnos, todos caminando en un mismo espacio sin cruzarse palabras; los unen dos coincidencias que se van desnudando a lo largo de la cinta, el espacio geográfico de una Habana envuelta en la nostalgia y las ganas de sobrevivir, y el deseo de cumplir sus sueños particulares, cada uno desde su propia perspectiva.


La Habana es una ciudad ajada, golpeada por la debilidad de su sistema económico, desprovista de maquillajes. Pero de forma extraña es cautivadora, el peso de su pasado conmueve y magnetiza, los vestigios de su potente arquitectura ensalzan su aparente desgaste, el malecón sacude con ímpetu y vigor un terreno que necesita respirar. Y cuenta con el vibrante ingrediente de la capacidad de trabajo de su población, que a pesar de tener estampado en sus puertas el vocablo de la necesidad sale a desafiar al sol, al bolsillo, a la urbe, para mostrar que están vivos en el mundo. Las bicicletas son pulmones comunes de desplazamiento, las ferrovías quieren resistirse a los resquemores de la carencia, los taladros, vehículos y máquinas anuncian una paradójica convulsión de una ciudad muy trabajadora, en son de la producción a pesar de la escasez.


Este es el son cubano de los ambientes. Zapatos, ruedas, plásticos, aulas de clase, plazoletas, carros y ventiladores son el soporte fuerte del discurso. Las voces se van al tercer plano, todo se queda en la mezcla de sonido que Edesio Alejandro y Fernando Pérez conjugan en la post-producción. Efectiva pero a veces viciosa, urbana y caprichosa, aquella suite se desenvuelve en aras de la contemplación, escarbando una realidad. Los dos artífices la materializan y logran crear atmósferas interesantes, pero a veces peca en algunos segmentos por lo impostado, por la ausencia de un sonido directo que tonifique un carácter más realista de los momentos. Su compañía es aquel score, solemne y melancólico, muy preciso y bello mientras acompaña la arquitectura y la geografía urbana, a veces invasor de algunas instancias que piden más silencio o más ambiente. Como último ingrediente sonoro de esta suite están las infaltables tonadas cubanas que contribuyen a pintar aquel paisaje como Bamboleo, las mariposas de Silvio Rodríguez, la Orquesta Mágica de la Habana o la voz de Omara Portuondo, muy adecuadas para conformar esta amalgama citadina y caribeña.

El mundo a sus pies. Un zapatero que sueña con ser gran bailarín.
El desarrollo del relato poco a poco va justificando un montaje que conecta a todos los personajes de algún modo en su idilio con sus propios sueños. Mientras viven sus quehaceres, mientras ingieren sus alimentos, mientras se preparan para la noche, mientras viven el bienestar de sus deseos en la noche. Es precisamente la noche la ocasión climática del relato, al explorar aquellos hermosos desahogos de la gente del común que sufre con alegría su metamorfosis y materializa su felicidad pintada de noche. El zapatero que pone a vibrar sus pies como experto bailarín, el constructor de casas que transforma la espátula en piruetas de ballet, el reparador de rieles que se monta en el tren de la música y pone su saxofón a sonar a todo vapor, el niño que deja de contar los ejercicios de su cuaderno para contar las estrellas y soñar con ser astronauta, el empleado de hospital que recupera su salud emocional como un travesti nocturno. Todos los personajes liberan sus pasiones, sus anhelos, a través de una luna cómplice que les permite rozar la felicidad en las noches de la Habana.

   

La ciudad más atractiva del régimen comunista le sonríe a la adversidad como el doctor que se desahoga como payaso, uno de los personajes del filme. Suite Habana soporta una construcción de ciudad con estoicismo, con espíritu de resistencia, con la naturalidad por encima de la ambición. Y procura evadirse de las posturas políticas, evitando los tonos censores y los sueños americanos. Fernando Pérez prefiere el refugio de la cotidianidad como narración de un país, que en medio de la simpleza nos puede dar verdaderas revelaciones. Al son de sus ambientes y musicalidades nos ha pintado un paisaje melancólico y romántico, que observa en paz el monumento a John Lennon en el Vedado que todavía cuenta con la esperanza de un mañana mejor mientras La Habana llora con emoción unas nuevas lágrimas de amanecer lluvioso.


17 feb 2014

JOHN PRINE- JOHN PRINE


El folk es una cosa, el country es otra. Pero su mestizaje es parte interesante del repertorio musical de la historia americana. Y a comienzos de la década del setenta, luego del esplendor de Bob Dylan y su escandalosa adaptación de un folk con guitarra eléctrica y matices rocanroleros, de la sublimación de Crosby, Stills, Nash and Young con lindas armonías pero el aderezo rock, de las osadías de Gram Parsons con los Byrds y la apertura a un country más juvenil, también aparecían liristas listos con guitarra en mano que estaban listos para contar sinnúmero de historias refundidos entre el folklore americano y con cierta cercanía a la modernidad.

Entre aquella amalgama de compositores que contaban historias íntimas sin tanto artificio, agarrados de seis cuerdas y brindando un matiz más emotivo al country y al folk de la época se encontraba el jovencito John Prine, proveniente de Illinois, con experiencia como cartero y soldado, pero con la convicción de haber nacido para contar relatos cantados. La desesperanza vista con humor, la melancolía entintada de sonrisa, las paradojas de la vida camufladas en versos astutos, lo de Prine era una revelación compositiva hasta el punto de ser comparada con los manifiestos de Bob Dylan y ser catalogado como su digno sucesor.



PRINE COUNTRY, PRINE FOLK

Su voz evocadora con cierta nasalidad fue complaciente con los oídos del ídolo country Kris Kristofferson quien dio impulso a su carrera. Aquella relación lo llevó a grabar en Memphis su álbum debut en 1971. Su comienzo no fue nada alentador a la hora de las utilidades económicas, pero el paso de los días logró compensar su relativo fracaso comercial. Sin pensarlo, John Prine se convirtió en una de las piezas más inspiradoras y relevantes dentro de la atmósfera musical americana y ese primer golpe de 13 canciones hoy en día sigue siendo esencial en el setlist de sus conciertos, con varias de sus canciones originales convertidas en versiones exitosas de otros artistas y como grandes referentes del universo estadounidense. Siempre a través de la ingeniosa composición basada en la anécdota, en la lírica poderosa que lograba magnetizar al oyente.

Aunque su esencia era el folk, este autotitulado debut estaba untado de country hasta los poros. Con la producción de Arif Mardin (Carly Simon, Aretha Franklin) su sonido encajó en la ruralidad pura, con algunos coqueteos de rock y una pizca de blues. Su pieza inicial parece evocación folk, pero poco a poco se hace campirana; "Illegal Smile" exhibe las cuerdas acústicas en la hierba, aunque a ciencia cierta no se sabe a cual cuando su discurso comienza a hablar de escapes mentales y liberaciones de rutina a través de medios sugestivos, 'But fortunately I have the key to escape reality/And you may see me tonight with an illegal smile'. Pero de la cara amable de la alucinación pasamos a la más dramática en "Sam Stone", el durísimo relato de un veterano de guerra drogadicto, 'There's a hole in daddy's arm/Where all the money goes'. Las líneas contundentes de Prine a veces desbordan el sarcasmo y en otras llegan a la profundidad bella en su forma de escribir. Lo que hace que canciones como "Sam Stone" inspiren a artistas como Roger Waters o Spiritualized, y que nos dejen un amplio espacio para la reflexión.

Cuerdas que cuentan historias: John Prine.

UN CUENTERO CAMPIRANO

El cantautor se vale del cuento cantado para enganchar al oyente. Mas que sus cuerdas, sus violines, su voz evocadora, el poder de su música está basado en sus historias. Canción de bar al son de unos tragos puede ser "Spanish Pipedream", con cuerdas eléctricas campiranas que nos llevan a una conversación entre un soldado y una stripper quien le aconseja hacer un hogar decente y encontrar a Jesús, en una dicotomía interesante entre la malicia y la inocencia. Del bar nos vamos al café donde el desamor es el aroma del lugar en "Far from Me", un country lento y dolido que habla del rompimiento, de un mañana sin amor mientras las guitarras berrean con melancolía. Con los mismos tonos de cuerdas eléctricas pero distinta intención temática se presenta "Donald and Lydia", una ranchera a la americana en donde el amor es un anhelo y en lugar del desencuentro su propósito es la búsqueda, un imaginario romántico desde la perspectiva de una mujer. En estas tres canciones Prine navega por las aguas del amor desde distintos matices, fabricando paisajes de deseo, de despecho o de romanticismo.

La zona existencialista es factor común en la impronta de John. Uno de los temas que más se acerca al vacío de la vida es la vejez, que el cantautor expone con maestría. "Hello in There" es un country folk desgarrado, acústico y rural. La soledad, la inutilidad y la indiferencia de las nuevas generaciones es el categórico discurso del vacío en esta compungida pieza, 'Old people just grow lonesome/Waiting for someone to say Hello in there, hello'. Aquel paisaje desierto se vuelve a entonar en otro personaje con menos edad pero las mismas preocupaciones en "Angel from Montgomery", una mujer adulta a quien le pesan los años y busca la liberación, 'Just give me one thing that I can hold on to/To believe in this living is just a hard way to go'. Este tema existencial se refuerza con el órgano de Bobby Emmons y se camufla fácilmente entre el folk, el country y un ápice de rock.  Tanto "Hello in There" como "Angel from Montgomery" son referencias directas a versiones de otros artistas donde se cuentan Bonnie Raitt, Carly Simon, Bette Midler, John Mayer, Joan Baez, entre otros.

Prine y Goodman. Dos amigos que se dan cuerda.


CAMINANTE REFLEXIVO

Una de las razones de peso para que Prine se ganara el respeto de la audiencia es su tono de denuncia. Composiciones melancólicas que guardan líneas de protesta, que maltratan el estilo de vida americano. Los violines son campesinos inconformes folk en "Paradise", un marco histórico de la minería de carbón en un pueblito de Green River, Kentucky, donde su propio padre fue un involuntario participante del maltrato a la tierra 'They dug for their coal till the land was forsaken/Then they wrote it all down as the progress of man'. Aparte del tema social, también se sentía inconforme con la guerra sinsentido que se vivía en Vietnam, "Your flag Decal won't get you into Heaven anymore" es un country protesta, es un folk acalorado, un country folk antibélico que se ha convertido en una especie de manifiesto atemporal para cualquier estúpida guerra en el planeta, 'We're already overcrowded from your little dirty war'. Cualquier presidente americano con ínfulas nacionalistas puede ser comidilla de esta canción.

Si bien el álbum se enmarca en esos tonos raizales y absorbe todo el country posible, las posibilidades sonoras del rock se logran colar en algunos pasajes. Especialmente cuando John Prine quiere salir al camino, llenar de polvo sus botas y andar por el territorio como un poeta errante. "Pretty Good" es su canción más rocanrolera, gruesa y vigorosa, con la acertada ayuda en las cuerdas de Reggie Young (músico de sesión de Elvis Presley y JJ Cale entre otros). No tan agreste pero si con desenfado se desarrolla "Quiet Man" con el apoyo del órgano y la despreocupación como consigna, donde se vive al día sin mayor afán que el de caminar con sus canciones al hombro. Aquella compilación de andanzas, recuerdos y rutas que se quedan atrás se completa en "Flashback Blues", de violines alegres y un diálogo divertido entre las cuerdas de John Prine y Steve Goodman, uno de sus principales colaboradores en varias sesiones de estudio.



Entre el folk, el country y el rock. Entre la intimidad, la evocación y la denuncia. Entre la crítica perspicaz y el retrato conmovedor. "Six O'Clock News" logra tocar varios de estos aspectos en un acústico recorrido por la vida de un hijo ilegítimo que termina en suicidio y una posterior añoranza de su madre 'C'mon baby spend the night with me'. Con esa tonalidad sentida o con una marca lírica más laxa se podía desenvolver John Prine, una gran virtud donde el amplio abanico de anécdotas escritas enriquece su prontuario y por tanto, logra ganarse la deferencia de su público. Pero esa variedad en composición y musicalidad siempre estuvo concentrada en las raíces, en el interior de la vida americana y en el interés por destilar reflexiones a partir de historias de vida. John Prine es un sólido álbum debut, atractivo para los viejos amantes del country, sublime para los jóvenes amantes del folk de entonces, interesante para los observadores musicales de todas las épocas, y especialmente perdurable gracias a sus modos de dar vida a las letras hechas canciones.