25 ene 2014

LA PESTILENCIA- LA MUERTE...UN COMPROMISO DE TODOS




Desmontemos esta farsa. Desde tiempo atrás la juventud colombiana a través de la música se quiso manifestar contra el engranaje político del país, logrando un acento especial en la década del ochenta, con la confluencia del punk y el metal como métodos de denuncia y con un epicentro especial como Medellín. ¿Porqué esta ciudad? Sencillamente porque el apogeo del narcotráfico, el nacimiento del sicariato y los latigazos de la violencia tuvieron mayor repercusión en esta zona, con el dominio de Pablo Escobar y sus bombas terroristas, y un gobierno de Virgilio Barco confundido y apaleado por los métodos horrorosos del sistema narco. Las juventudes paisas necesitaban desahogarse a través de sus voces.

Así  empezó a desarrollarse la generación del No Futuro, jóvenes sin esperanzas que despotricaban contra el sistema y el supuesto desarrollo económico que encontraban en el punk el refugio para vomitar su inconformidad. Se crearon bandas de culto provenientes de las comunas de las clases populares que con el tiempo dejarían himnos protestantes: Complot, Restos de Tragedia, I.R.A. o Mierda son algunos de los que harían parte de la lista autodestructiva que reforzaría el mensaje de denuncia y que pondrían ante el cassette la memoria de una época oscura. Entre estas mentes inquietas y discrepantes se encontraba el paisa Dilson Díaz, quien decidió buscar gente para armar una banda y sacudirse de tanta miseria con un poco de ruido.




UN COMPROMISO PESTILENTE

Entre Medellín y Bogotá surgió la fetidez musical de La Pestilencia. Dilson llegó a la capital en 1983 y conoció al bajista Hector Buitrago con quien comenzaron a ensamblar un gran desastre sonoro, no sin antes convocar a Francisco Nieto en las guitarras y a Jorge León Pineda en los 'tarros', primero haciendo covers de hardcore y luego creando composiciones propias. El asunto interesante se forja en que los primeros sonidos Pestilentes, aunque rústicos, son contundentes y logran crear una convergencia entre el punk, el hardcore, el thrash metal y el grindcore, gracias al vértigo sinvergüenza de los instrumentos y los cambios inusitados en los tonos de voz por parte de Dilson. Lograría engendrarse uno de los discos colombianos claves en la época.

Héctor Buitrago en compromiso con la Peste. Futuro Aterciopelado.

La Muerte...Un Compromiso de Todos se grabó en Bogotá en 1988 con la venia en la producción de uno de los grandes nombres en el rock nacional, Arturo Astudillo (Los Flippers) y el apoyo de Guillermo Noriega, impregnando de 18 fragancias apestosas la primera placa de la banda. Todo un manifiesto de denuncia social donde el oyente puede sacudir el cuerpo entre sicarios, hambruna, bombas terroristas y recicladores. El impacto no se hizo esperar y fue especialmente en Medellín (ciudad punkera por excelencia en los ochentas) donde existió aquella recepción que poco a poco iría convirtiendo La Muerte en un disco de culto y uno de los más emblemáticos del hardcore punk en Colombia.


LA BRUTALIDAD COMO PROTESTA

Los blancos temáticos siempre se dieron en tono de protesta. No hay quien se salve en este memorial de agravios contra el país. Los rugidos de las guitarras ásperas, gruesas y apocalípticas dan aviso desde el primer tema "La Ciencia de la Autodestrucción", épico grito que advierte sobre los perjuicios de la era nuclear y que tiene una de las líneas de aquella generación más coreadas en todos sus conciertos, 'Futuro nunca habrá/Futuro nunca ha habido/En este mundo que está perdido'. Guerra musical contra guerra armamentista. En "Destrucción y Muerte" se asoma la guturalidad podrida de Dilson que contribuye a crear un paisaje devastador con aires de death metal en la melodía y los tambores de Pineda listos para reventar, mientras la pesadez va recorriendo una canción absolutamente belicosa. Un conflicto sin solución que se sigue planteando en "Sangre por Sangre"donde el sacrificio de los soldados es una lucha vana y el combate se convierte en un círculo vicioso lleno de víctimas. Un poco de brutalidad melódica para combatir la brutalidad humana.

Olé by La Pestilencia on Grooveshark


Si se habla de brutalidad, hay que tocar el tema de la brutalidad policíaca. Este combo de cuatro, como buenos amantes del punk también son buenos detractores de la ley. Uno de los temas más controvertidos del álbum es "Sicarios" que tiene triple interpretación. Al inicio del tema el sonido de la moto y los disparos nos remiten de inmediato a los jóvenes asesinos al servicio del Cartel de Medellín, 'Tienen armas y poder/Nos vienen a aniquilar'. De otro modo parecería dedicado a las bandas paramilitares formadas a finales de los ochenta y que refiere a la masacre de Segovia en 1988, perpetrada bajo las ordenes de los Castaño 'Segovia la mejor esquina/ Víctimas de la guerra sucia'. Pero también se refiere al organismo policial que comete desmanes contra la población civil 'SiCAIros, Comando de Asesinos Inmediatos'. Parece ser una Non Sancta Trinidad mencionada en un solo tema que desangra al país a su modo. Para continuar despotricando contra la autoridad, en un sucio hardcore con cambios de ritmo critican sin prejuicio a la policía en "Tercos", 'Cuáles son los cerdos/Son títeres de verde'. Independientemente del bando cualquier organismo armado solo puede generar repugnancia a partir de sus denuncias cantadas.

PESTILENCIA MUSICAL


La queja social es la constante del disco desde muchos flancos. La desigualdad es un inevitable tópico donde estos muchachos de guturalidad devastadora se sirven del hardcore para panfletear. "Condición Infrahumana" es una impía denuncia que los instrumentos y la voz van acelerando en un
viaje a la miseria y el hambre. Aquella podredumbre entre la lírica y lo instrumental se hace más pestilente en un tema como "Cartoneros" donde la bestialidad melódica nos sumerge en un paisaje desolador y los recicladores se mezclan con los desechos para dar de comer a sus hijos. Del disco es sin duda una de las piezas más difíciles de digerir, casi gore, con la guitarra de Francisco Nieto despotricando desde un botadero a velocidades ininteligibles. Pestilencia musical.

Generalmente la culpa ya tiene dueño en las canciones de la Peste. La clase política y los gremios empresariales se llevan los principales abucheos sonoros durante el álbum. "Sed de Poder", uno de sus clásicos en vivo, es una dedicatoria a estos ambiciosos exprimidores de capital en un hardcore presto para el pogo, 'Rompes y violas para poder calmar tu sed de poder'. Para acabar con esta maquinaria hay un llamado del bajo de Hector Buitrago a través de "Desmontemos esta farsa", armonías sucias pero atractivas que con cambios de ritmo constantes buscan la movilización con el pogo y la rebelión popular. Para completar el cuadro queda el corto pero furioso instrumental "Los Bribones perderán el Sueño", espinoso y bailable, listo para quitarle el sueño a quien se le atraviese especialmente si es político.

***Hector Buitrago, Francisco Nieto, Jorge León Pineda y Dilson Díaz en 1988. Archivo personal Jorge León Pineda.


ANARQUÍA ES LA SOLUCIÓN

Y contra la maquinaria, solo se puede hacer un llamado al desorden. 'Anarquía es la solución' se grita  en "Fango", uno de los grandes clásicos de su discografía que tiene la misma rítmica del "Evil" de The 4-Skins y se proclama como uno de los temas punks insignia en Colombia. Los himnos anárquicos continúan con otra joyita pestilente de su repertorio, "Vive tu Vida" una de las canciones más coreadas en Rock al Parque en su historia y tal vez la menos sucia del LP en su rítmica, manifiesto de la libre expresión, 'Basta de ser manipulados/Reacciona, sé tu mismo'. La Santísima Trinidad del Desarraigo Pestilente se completa con el corto, liberador y categórico "No"y su 'No queremos ley ni queremos religión/No queremos ya esa puta represión'. Contundente tripleta que hoy por hoy son grandes clásicos de concierto.

 

Para seguir cambiando la mentalidad del oyente y caminar al margen de las convenciones sale al ruedo "Los mitos se acaban", un interesante tema que se mueve entre el hardcore y el thrash y quiere desmentir la religión, elimina las figuras de Dios y Satanás y solo deja como consigna el libre albedrío y la búsqueda de la supervivencia. Otro tema que sale al ruedo de modo magnífico es "Olé" una poderosa pieza antitaurina con tonos de flamenco que describe todo el paisaje sangriento que ofrece la arena de la plaza y se declara enemiga del torero, 'Ojalá el próximo toro te saque las tripas'. Posteriormente se vería a la Pestilencia en una postura activista que defiende los derechos de los animales y participaría en varias obras benéficas en pro de estos seres vivos.

El sonido de La Pestilencia es sinónimo de brutalidad. Brutalidad policíaca, brutalidad humana, brutalidad musical.  "Metástasis Cancerosa" y "Apatía" refuerzan ese concepto con sendas descargas de ferocidad incomprensible, prestas para moldear el caos. Aquella brutalidad se vio plasmada especialmente en esta primera placa del grupo, que paulatinamente iría bajando las revoluciones hasta finalmente desprenderse de esa idea con propuestas más accesibles en álbums como Balística (2001) y Productos Desaparecidos (2005). Dilson tomaría la bandera Pestilente hasta nuestros días y el resto de la formación original tomaría rumbos divergentes: Héctor Buitrago se convertiría en pieza clave del rock colombiano con Aterciopelados, Francisco Nieto haría lo propio con el metal y el rock dejando huella con Neurosis y La Derecha y Jorge León Pineda, luego de intentarlo con el pop de Estrato Social se dejaría llevar por las melodías celestiales de Dios. A pesar de los caminos divididos y de las diferencias en sus pretensiones, esta formación original y La Muerte...Un Compromiso de Todos fueron los únicos que lograron un nivel tal de barbarie armónica que marcó el camino de muchas bandas que ayudaron a conformar un sistema de denuncia musical y quisieron atreverse a ser más feroces para ser oídos. Ninguno llegó a su nivel en la época, pues como lo escupió Dilson en "La Pestilencia" 'La Pestilencia es el reflejo de la sociedad'. Y lo sigue siendo.



16 dic 2013

CINEMA COLOMBIA 2013


Cuando se esperaba un repunte en la distribución de películas colombianas que superara el heroico movimiento registrado en 2012, hubo una pequeña pausa en el camino. Y esta vez sin mucha prisa, sin mucha calidad, las pantallas con sabor a lo nacional bajaron la intensidad en las proyecciones y ese boom registrado el año anterior pasó a cierta moderación (de 22 a 16 largos), con la coproducción con otros países como recurso y con una apertura interesante a la exhibición de largometrajes documentales y a darle cabida a una región en el cine que no es muy común en nuestro país pero que bien vale la pena mantener en observación, los exponentes del cine de la costa caribe que no se dejaban ver desde los fotográficos pasajes de Ciro Guerra.

Como es bien acostumbrado, el empalme entre el año maya y el 2013 abrió la cartelera con los siempre taquilleros títulos de Dago García junto a su paladín de los últimos años Harold Trompetero, rodando la secuela de uno de sus filmes más vendedores en su historia. El Paseo 2 viene con los mismos tópicos de la primera: chistes blancos y flojos fabricados en el entorno de una familia disfuncional, anécdotas que buscan el divertimento y un plan turístico en Cartagena que resulta lleno de enredos y reveses provocados por el padre de familia interpretado esta vez por el 'importado' John Leguízamo. Una comedia familiar que si bien no tuvo la misma recaudación de la primera entrega, tuvo un extraño poder de atracción entre los espectadores de cine vacacionales y 1.431.800 personas dejaron de pasear en su país por ir a pasear al cine.

 

Comenzando el año se vio la luz cinematográfica apuntando a Lo Azul del Cielo de Juan Alfredo Uribe, un director con experiencia en el campo documental y cortometraje, por primera vez apostándole a un largo. Un drama que divide la historia en dos partes, la primera se desarrolla en medio del secuestro de un español y la siguiente luego de su deceso en el intento de rescatarlo. La conexión en este suceso la tiene Camilo (Aldemar Correa) quien es el joven e inexperto carcelero del secuestrado y quien luego se ve involucrado en la vida de la hija del difunto raptado, donde el amor, las dudas y un pasado en el papel de juez se encargan de darle la tensión a la trama, sin lograr cautivar del todo al espectador. Con puestas en escena de tono teatral, una hermosa apología gráfica del Principito y una actuación destacada de Noëlle Schonwald, Lo Azul del Cielo es un film que se queda en tono gris a la hora de apreciarlo.

Febrero fue el mes de la coproducción. A falta de fondos, buenas son las alianzas. Sin ser una película colombiana, es bueno mencionar la controvertida exhibición de la francoespañola Operación E dirigida por Miguel Courtois. Basada en hechos reales, se cuenta el vertiginoso periplo del bebé de la política Clara Rojas secuestrada por las FARC, quien queda bajo el cuidado de un campesino (en magnífica interpretación de Luis Tosar) y debe ser salvado de la desnutrición y las fiebres. Rodada en Colombia y con la participación de la actriz Martina García es una visión cruel pero realista del conflicto con la población rural como carne de cacería, que está obligada a tomar partido o huir. De la realidad de la guerra pasamos a la realidad de la coca con Pescador, otra coproducción pero esta vez entre Ecuador y Colombia. Con el mando de Sebastián Cordero nos lleva a la costa ecuatoriana donde un cargamento de cocaína cae en manos de un ingenuo pescador, quien emprende viaje con una maliciosa colombiana (María Cecilia Sánchez) para poder vender la mercancía. Llena de strobes, jump cuts y un ritmo ágil en su desarrollo audiovisual mientras La 33 le impregna sabor salsero, el film va de más a menos hasta un final no resolutivo. Pescador es la apuesta al crecimiento del cine en Ecuador, que poco a poco va haciendo efectivo su anzuelo con la audiencia.


Generalmente Cali es el tópico a nombrar cuando de cine colombiano se trata. En 2013 se rescata la presencia de la costa caribe en el panorama cinematográfico, luego de los recuerdos dejados por Pacho Botía, Ernesto McCausland y Ciro Guerra. El director esta vez a nombrar es Iván Wild, quien luego de desprenderse de su trabajo como montajista, logró hacer visible en marzo su ópera prima Edificio Royal. Una película extraña, pausada, con viajes de steady cam, coloreada de muerte en medio del calor barranquillero, enmarcada en un edificio representativo de la ciudad que se resiste a morir entre las cucarachas y con una comicidad fúnebre representada por los habitantes del recinto. En aquella propuesta de lenta picardía se vislumbran sueños con Tom Cruise, un ataúd en la mitad de un comedor, lecturas fatalistas del tarot y una decadencia que poco a poco nos conduce a la muerte. Una particular y aceptable propuesta costeña de Wild, que le da un nuevo aire a los guiones colombianos, que tanta respiración necesitan.


A Andi Baiz le encanta explorar el mundo de los personajes trastornados por las circunstancias. Uno de sus mayores retos fue poder ambientar la Bogotá de los 40s con Roa, su tercer largometraje lanzado el 9 de abril. Y logró crear un film histórico con una excelente dirección de arte de la mano de Diana Trujillo para revelarnos algunos detalles de los días previos al Bogotazo, basados en el libro El Crimen del Siglo de Miguel Torres. Juan Roa Sierra es un hombre ingenuo, desempleado, que se cree la reencarnación de Santander y termina involucrado en la conspiración para asesinar al caudillo Jorge Elíecer Gaitán. Se destaca la ya mencionada dirección de arte, el villano anónimo encarnado por Julio Pachón y un gran trabajo en el score. A pesar de no darnos una pista concreta sobre el autor del asesinato y dejarnos en ascuas, la recreación del libro es convincente y el ojo de Baiz mantiene la pulcritud de Satanás y La Cara Oculta y poco a poco va consolidando la buena imagen de los directores caleños.


Mayo llegó con dos filmes de distinta naturaleza. El primero se introduce en los estratos bajos de la ciudad que quiere recrear el panorama de los colegios en la zona. Gabriel González Rodriguez dirige Estrella del Sur y nos transporta a un colegio de barrio lleno de problemáticas juveniles; el machismo, las drogas, el bullying y la desesperanza como aderezos emocionales, con la amenaza de limpieza social en la localidad como ingrediente adicional. Rústica en su propuesta audiovisual, es una historia que promete pero se va quedando con la falta de credibilidad en algunos diálogos y cierta precariedad en lo estético, y finalmente se estaciona en un limbo entre la realidad y la ficción. La segunda cinta se adentra en otros estratos y con otros propósitos. El Control es una comedia blanca dirigida por Felipe Dotheé, que nos muestra la historia de una familia cachaca que con el paso de los años va viendo como el televisor se va convirtiendo de un elemento de unidad a uno de divergencia. Políticamente correcta y de un humor blanquísimo, cuenta con una dirección de arte y vestuario dignos de aplauso pero a veces peca por su falta de malicia y unos relatos en off que desdibujan las sorpresas. A pesar  de esto nos invita a una interesante reflexión sobre la influencia del televisor en las familias. El Control fue la segunda película colombiana más taquillera del 2013 detrás de El Paseo 2, con una audiencia de 259.000 espectadores.

Uno de los directores más prolíficos del cine colombiano es Harold Trompetero. Está a punto de superar la proeza de Gustavo Nieto Roa, a quien le empata con nueve entregas. En julio salió su más reciente pieza De Rolling por Colombia, un stand up comedy convertido en película, con el auspicio gestual y ruidoso de Andrés Lopez y su comedia cada vez más desgastada. El relato de dos amigos locutores que narran la Vuelta a Colombia en los años cincuenta es el centro de la trama, lo inusual es que se inventan toda clase de peripecias para narrarla desde una simple cabina de radio. Aunque tiene un par de gags risibles, Jimmy Vásquez se introduce de forma aceptable en la comedia y Natalia Durán hace gala de un look evocador, el desgaste de una sola locación durante más de una hora de película y la repetición de gags provoca un desgaste en el ojo y en las ganas, haciendo que la subida a la cuesta en bicicleta se vaya en bajada sin regreso. Ni las buenas intenciones sonoras de Monsieur Periné logran salvar el ritmo del filme. Sin embargo, Trompetero sigue de rolling por el cine nacional y no para, pues se espera el estreno de Todas Para Uno, su décima cinta.



Muy lentamente se va introduciendo a la cartelera nacional el documental. Va despacio, pero puede anunciar en un futuro grandes cosas para el género. En agosto la bonita sorpresa de ver La Eterna Noche de las Doce Lunas fue un gran logro por parte de su directora Priscila Padilla y su equipo de trabajo. En narración lineal nos cuenta el encierro durante un año de una niña que se convierte en mujer y se ciñe a las tradiciones wayuu de la Guajira. Lindo tratamiento del color, una muestra poética del encierro y un repaso por las costumbres ancestrales son parte de esta propuesta que recrea un universo de la Colombia que no conocemos. Al mes siguiente nos encontramos con otro documental nacional en cine, con otra mujer detrás de su elaboración. Patricia Ayala lanzó Don Ca, el retrato de un hombre blanco que se enamora de las costumbres negras en el Guapi del Pacífico. Un personaje potente de testimonios valiosos que nos habla de un paraíso que se ha ido convirtiendo en infierno por la invasión de las balas, con varios cuadros metafóricos y un interesante trabajo fotográfico. Lo curioso es que la pretensión del documental en Colombia es romántica y se aleja de la taquilla, el mismo Don Ca lo puede afirmar con su frase "Cuando no quieres nada lo tienes todo".

En agosto se lanzó una nueva coproducción, meses después de Pescador. Esta vez España fue la cómplice y Crimen con Vista al Mar fue lanzada con grandes expectativas, pues contaba con la dirección de Gerardo Herrero y la actuación de Carmelo Gomez, españoles con premios en su haber. La historia de un asesinato ocurrido en un hotel playero se va desenredando con la investigación de un detective (Carmelo, en una torpe interpretación) y los testimonios de los huéspedes, que poco a poco van encajando los cabos sueltos. Sin mayores pretensiones audiovisuales, discreto en la sonoridad, mucho calor, playa y los debuts en cine de Jorge Enrique Abello y Ana Bolena Meza, este crimen no logra resolverse del todo en la satisfacción del espectador, y su paso por la cartelera nacional no tuvo pena ni gloria.


El crimen se mantiene en los argumentos de octubre con dos nuevos filmes. Antonio Dorado regresa a la ficción luego de su exitoso documental Apaporis Secretos de la Selva (2012) y de hacer uno de los narcofilms más rescatables en su época, El Rey (2004). Amores Peligrosos es una apología de este último desde el punto de vista femenino. Una joven de clase media quiere ser millonaria y se involucra lentamente en el negocio de la mafia, formando triángulos amorosos nocivos para su futuro. La cinta más caleña del año, impregnada de Guayacán Orquesta, Juanchito y el Cartel de Cali, se ambienta en unos años ochenta con la droga como coprotagonista, pero se queda muy atrás comparada con El Rey. Otra que se quedó atrás fue Secretos, la nueva entrega de Fernando Ayllón quien esta vez quiso explorar un lado más terrorífico con la historia de un hombre casado que durante un viaje termina involucrado en un affaire con una mujer de oscuro pasado. Repiten varios miembros de la tropa de la comedia Porqué Dejaron a Nacho (2012), también dirigida por Ayllón, y la experiencia tampoco es muy afortunada en la crítica, por un exceso en el diseño sonoro en la intención de asustar, y las actuaciones no del todo convincentes y la falta de fuerza en el relato. Se avala un aceptable trabajo en la fotografía, el maquillaje y los trucos de edición en las escenas de flashback, y también promover poco a poco ese género que poco a poco incursiona en las historias nacionales, luego de Al Final del Espectro, El Páramo o El Resquicio.

     

Octubre, luego de Amores Peligrosos y Secretos, fue el mes más prolífico en estrenos de cartelera nacional. Al tercero va la vencida dirían algunos, y se cumplió esta consigna con el estreno de quizás, la mejor película local del año. Otro barranquillero, Roberto Flores, nos regaló  un hermoso retrato de las minas de sal en el Caribe con Cazando Luciérnagas, una película eminentemente fotográfica, contemplativa y humana. Un hombre  gruñón y solitario (Marlon Moreno en un gran papel) recibe la inesperada visita de una hija de cuya existencia no estaba enterado; allí tendrá que aprender a volver a aceptar su humanidad y a recordar que la calidez aún existe. Con un trabajo muy reposado en el montaje, el filme va construyendo despaciosamente una relación fraterna y un entorno geográfico, que si bien es agreste como el protagonista, no deja de ser atractivo. Cazando Luciérnagas es otro comprobante de que en la costa se fragúan interesantes historias, con una estética agradable al ojo.

Cerrando el prontuario de 2013 asomaron otras dos producciones que se alejaron de las balas y los alcaloides, cada una con distinto estilo. El caleño Colbert García se inclinó a rodar su segunda cinta con tono cómico en La Justa Medida, la evidente frustración de un hombre casado que se queja por tener el miembro pequeño y busca remediar esta pena sexual a través de varios métodos. A pesar de tener como centro temático la sexualidad, sus metáforas y diálogos no son ofensivos y se aproximan al humor blanco; gana por naturalidad y la carencia de excesos y nos da una visión reflexiva sobre la vida matrimonial; lo refutable es su tamaño, donde en una historia más corta le iría mejor al filme. La última película del año fue la que tuvo el menor tamaño en asistencia, con apenas 1.100 espectadores y unos horarios de cartelera injustos para su distribución. Crónicas del Fin del Mundo es el debut de Mauricio Cuervo en largometraje, donde nos lleva a un relato sencillo sobre un adulto mayor que lleva encerrado en su apartamento veinte años por miedo al terrorismo y espera el fin del mundo sin mayor consuelo que llamar por teléfono a sus antiguos enemigos a cantarle sus verdades. Minimal en lo audiovisual, confeccionada con las uñas y con la sencillez como consigna nos habla de la paranoia, de la zozobra de los últimos tiempos y la demostración de que el mundo lo acaba uno mismo. Difícil de digerir con el ojo, pero con algunas frases para la cabeza, esta cinta hubiera tenido mejor suerte si se hubiera estrenado en la época del delirio maya.

Termina un año que como balance nos trae el repunte del cine costeño del cual se va escribiendo un prontuario de buena calidad y que poco a poco anuncia mejores cosas para el futuro; una extraña parsimonia con Caliwood, que después de tener el mercado lleno de componentes del Valle, apenas se asomó con Amores Peligrosos  de Antonio Dorado y los esfuerzos de Andi Baiz y Colbert García con propuestas rodadas en Bogotá; una grata mirada al documental, que esta vez contó con dos buenos títulos en cartelera;  un crecimiento moderado  en producción y una baja en taquillas, que sigue siendo la triste referencia excepto los casos de Dago García Producciones. Pero el rollo continúa andando, las tramas se siguen diversificando y se hace un llamado para que otras regiones del país se asocien a la contribución de un patrimonio audiovisual, desde el Amazonas a la Guajira, para seguir construyendo país a través de la imagen.

15 nov 2013

EPMD - STRICTLY BUSINESS


1988 fue un año mágico para el desarrollo del hip hop. Luego de el paso de los beats minimales llegaron con fuerza los samples, las líricas gangsta y la apertura a un mercado cada vez más amplio dentro del gremio. Public Enemy era la conciencia política de entonces y el estandarte por la reivindicación de la raza negra, N.W.A. era la letra subversiva e insolente pionera del gangsta, Boogie Down Productions cultivaba el modo de rap conciencia y 2 Like Crew se ocupaba de las rimas libidinosas y las curvas peligrosas. Entre este brillo de vertientes y propuestas se incluye un dúo neoyorquino que se encargó de mejorar el nivel de producción musical, incluir géneros ajenos al disco en los samples, comenzar a construir duelos vocales y moldear egos en sus líricas. Allí estaban los EPMD.

It's My Thing by EPMD on Grooveshark


UN NEGOCIO FUNKY

Su acrónimo prácticamente fue su búsqueda inicial: Erick and Parrish Making Dollars no sonaba nada altruista, pero era parte del contexto del hopper que buscaba un mejor mañana. Erick Sermon (E Double E) y Parrish Smith (PMD) provenían de Brentwood en Nueva York con el ánimo de hacer de la riqueza su cotidianidad. Russell Simmons (el famoso fundador de la disquera Def Jam) les dio una temprana ayuda como manager y lograron insertarse en los estudios de Sleeping Bag Records en 1987 para elaborar, sin pensarlo, uno de los discos claves de hip hop de la década de los ochenta. Era la hora de hacer su negocio.

El proceso de grabación de este álbum logró compilar aspectos novedosos y peculiares. Se olvidaron del old school y se atrevieron a incluir en su menu musical samples de rock y soul, pero especialmente de funk, dando como resultado un producto con acentuada sabrosura en las bases rítmicas. Le dejaron la protesta a Public Enemy, las balas a N.W.A.  y la conciencia a KRS-One para comenzar a trabajar en las rimas egocéntricas, desafiantes y creativas, haciendo alarde de un estilo particular para componer. Y aunque sus voces no son intensas y mantienen una línea relativamente plana, los dos MCs lograron conjugarse bien entre rimas y formaron un buen equipo, secundados en las tornamesas por su buen amigo DJ K La Boss y su talento para enebrar scratches efectivos.

                                                     


SOBERBIOS SAMPLES

El sample les dio la gloria. Una canción de reggae, luego una canción de rock con sabor funky, luego un sample para el rap. "I shot the Sheriff" ha probado todas estas facetas y en todas ha triunfado, sufriendo con placer su última mutación en "Strictly Business", uno de los clásicos del hip hop de todos los tiempos. Este segundo single de su LP tocó los listados de los dos lados del Atlántico sin ser el del tope, pero con una enorme influencia para la posteridad. Desde allí E Double E y PMD sacaron su arsenal rítmico y su letal desafío para el resto de sus congéneres musicales, 'I'm as deadly as AIDS when it's time to rock a party'. Una soberbia lírica que se desparrama en muchas de las canciones del trabajo, por ejemplo en "I'm Housin" donde mantiene ese tono ostentoso de rimas inalcanzables y al ritmo bailable del sample de "Rock Steady" de Aretha Franklin, que consolida una fuerte inyección de funk a su disco. Esa canción también mutaría a otro género bajo los esquemas de Rage Against the Machine en el 2000.

'The businessmen' 

Todo el disco está impregnado de funk y rock en samples. Otis Redding, Beastie Boys y the JB's consolidan una amalgama de black party en "Let the Funk flow", sabor a dos voces que no se desgasta en gritos ni curvas melódicas, que con su timbre prudente va soltando manifiestos de poder e inmodestia, 'Let the MCs know that I shock like lightning/ They mess with the E Double E, I sounds frightening'. En su extenso discurso rapeado pasan celebridades como Mario Andretti, Michael Jackson o Clark Kent con ingeniosos juegos de palabras, amasando un objetivo que siempre tienen claro: el poder y las chicas. Un poder que nunca da tregua, casi monárquico, el cual buscan explicar en "It's My Thing", 'To be a real MC, you can't be obedient/ To be smooth is the main ingredient'. Esta canción fue su primer sencillo, el más exquisito en producción con un gran trabajo en scratches y samples (Tyrone Thomas and the Whole Darn Family, Marva Whitney, Syl Johnson, Mountain y hasta Pink Floyd) y una atinada administración de los tiempos y espacios en el ritmo y en las rimas, que alcanzó a tocar el Top 100 en Inglaterra. "It's my Thing" logra justificar la soberbia y vanidad de los EPMD, pues es la pista con más clase del disco.



LOS NEGOCIANTES DEL EGO

Uno de los samples más usados en este álbum debut es "Jungle Boogie" de Kool & the Gang, ese ingrediente que contribuye a brindarle ese toque fresh al LP. Merodea entre canciones con sus fragmentos fiesteros inflando el ego musical de Sermon y Smith. En "You're a Costumer" aparece sin prejuicio, acompañando la base rítmica del "Cheap Sunglasses" de ZZ Top y de cuando en cuando la voz de Steve Miller cantando "Fly like an Eagle". El dúo sigue enfrentado al mundo sin dar concesiones en este largo prontuario de rimas en el que se comparan con el mismo Muhammad Alí ,'I'm the Double E, the thrilla of Manila/ Better known as the MC Cold Killer'. Las comparaciones se extienden en rimas de otro track, 'I'm like Zorro, I mark a E on your back/ I don't swing on no ropes or no iron cords/ The only weapon is my rappin' sword'. Este último extracto pertenece a su exitoso "You gots to Chill", con el golpe funk marcado y la venia de los scratches, apoyados en el "Bounce to the Ounce" de Zapp & Roger,  y destilando alevosía y superioridad hopper sobre cualquier rival del género, con aceptables resultados pues este segundo lanzamiento les alcanzó para llegar al #22 en listas de hip hop en USA. E Double E y PMD se consolidan entonces como los Negociantes del Ego.



Los dos MCs logran crear un ensamble armónico entre voces, con un Erick cercano a la nasalidad que combina bien con el tono un poco más grave y ágil de Parrish. Siempre vanidosos, siempre provocadores, siempre queriendo ser los primeros en la plataforma y los dueños del business. "Get off the Bandwagon" lo confirma con sus constantes ataques al resto de MCs del mundo y su postura petulante que no se molesta en hablar de sus atributos. Aunque también destacan el valor invisible que tiene su DJ de respaldo, K La Boss, maestro en los platos y acertado en poner los samples y scratches donde se debe. El dúo le permitió tener un tema exclusivo para él titulado como su nombre artístico, donde dispara su mejor arsenal de mezclas y desfilan sonidos de Daisy Love, Kashif, Steve Miller, LTD y hasta la voz de Vincent Price en el "Thriller" de Michael Jackson. Un gran DJ que está subvalorado dentro de la nómina estelar del hip hop.

Un talento subvalorado. DJ K La Boss.

Dos personajes aparte son protagonistas en un par de temas de EPMD. "The Steve Martin" es un curioso homenaje al comediante que le mostró al mundo un caricaturesco modo de bailar en el film The Jerk (1979) y del que los MCs se ocupan de alabar durante su trova urbana, un tema soportado en ecos de dub y unas trompetas de "Let me Come on Home" de Otis Redding que, sin ser malo, es el más débil del disco. El segundo personaje es el único que logra aplacar su soberbia por un instante y que curiosamente, tiene secuelas en sus siguientes trabajos. "Jane" es la mujer que atormenta el ego de Erick Sermon, en una historia de desagravio después de una cita amorosa y que se cuenta a modo de conversación entre los dos raperos. Los samples del "Mary Jane"de  Rick James ayudan a sobrellevar el impasse de faldas y por primera vez en todo el disco, el dúo muestra un lado vulnerable en sus estrofas.

La producción no tiene reparos. Los samples son un acto de frescura. Su ritmo es tan groovy que incita más al baile que al canto. E Double E y PMD, sin esforzar demasiado su garganta, lograron cautivar miles de fans con su sosegado estilo de frasear y su siempre retadora y arrogante postura. En 1989 obtendrían más fama y dinero con su segunda placa Unfinished Business, donde continuarían en la pugna por convertirse en el dúo de rap más grande del planeta. Tal vez actualmente no tengan tantos flashes de cámara ni recortes de periódico como Public Enemy o Beastie Boys, sin embargo, su Strictly Business alcanzó un status de clásico gracias a su exquisitez, la recursividad en el uso de los samples, un gran DJ camuflado haciendo el trabajo sucio y un par de individuos que se comieron al mundo con su ego, pero más que todo con su carisma y su buena forma de hacer los business a punta de rimas compartidas.




19 oct 2013

ARGO: MENTIRAS VERDADERAS


El Oscar a una mentira bien cubierta. No se puede negar su ritmo, su tensión y la recreación de una época que nos sumerge en el delirio persa antiamericano de Jomeini, todo un enganche patrocinado por el Hollywood amante de los finales felices. El film ganador de 3 Oscar tiene un fuerte olor a nacionalismo occidental que busca conseguir con esta historia un premio de consolación patriota. El problema en sí no es la película sino su trasfondo real, el que dejó a Jimmy Carter asustado y con una imagen impopular, y una numerosa cantidad de rehenes que nunca fueron rescatados en acciones heroicas ni operaciones militares memorables. Ese pañuelo de lágrimas cinematográfico que desvía la atención de la realidad se titula Argo.

Una vez más, Ben Affleck se 'infiltra' en la dirección.

El director Ben Affleck se la juega con un guión que puede ser de gran enganche, que como película de ficción funcionaría a las mil maravillas. Es cierto, Argo bajo el ideal de una mentira funciona mejor. Cuando no se conocen las verdaderas circunstancias de la toma de la embajada americana en Teherán, cuando se desconocen los más de 400 días que tuvieron que soportar los rehenes, cuando  no nos enteramos de la Operación Garras de Águila que fracasa con dos helicópteros estrellados, todo es perfecto. Argo parece estar hecha para cubrir una vergüenza diplomática internacional.

Aquí encontramos las mentiras verdaderas de una película de opiniones divididas, que peca por crear una realidad que no termina de convencer, a pesar de contar con varios elementos veraces. Nos ubicamos en el Irán de 1979 con el recién instaurado régimen del chiíta Ayatollah Jomeini. Los persas quieren de vuelta a su anterior mandatario para castigarlo, el Sha Reza, acusado de represión y muerte, refugiado en EEUU por su tratamiento contra el cáncer. Al notar que sus peticiones no son tomadas en cuenta, los iraníes la emprenden contra la embajada americana tomando a 52 rehenes y creando un clima de hostilidad antiamericana. Seis diplomáticos logran escapar de la embajada y se refugian en la embajada canadiense. Deben esperar por su rescate.

Montados en su propio film de suspenso, los diplomáticos del escape.

Hasta ahí las situaciones pueden pasar por reales, enmarcadas en un inicio atractivo del film combinando viñeta con video, donde a partir de lo audiovisual comienza este juego de mentiras verdaderas. La introducción viene con cierto olor subterráneo a petróleo, ese oscuro objeto del deseo que siempre abre las manos del tío Sam. Luego, la tensa toma de la embajada que combina recuadros en 4:3  de tono 'documental' con imágenes rodadas del film. Comienza a notarse una de las mentiras más audaces  y efectivas de Argo, el montaje. Angustioso, dinámico, haciendo buenas combinaciones de discursos reales con diálogos falsos, creando una telaraña atrayente que fusiona Teherán con Hollywood y en la mitad la silenciosa calma canadiense.

Viene entonces la misión de rescate tres meses después del incidente. Tony Mendez (el único héroe real de esta historia encubridora) es un agente de la CIA interpretado por un frío Ben Affleck , quien se inspira en El Planeta de los Simios para crear una película falsa y hacer pasar a los seis diplomáticos como parte del equipo de producción buscando locaciones en el Oriente exótico y escapar por vías 'legales' en el aeropuerto. Lo curioso es que en la historia del Planeta de los Simios estos toman a los humanos como rehenes. ¿Indirecta?

Artífices de una mentira: Chambers y Siegel

Mientras la realidad de la vida le venda los ojos a los rehenes y lo divulgan en los medios, los refugiados toman vino entre la calma canadiense. Llega entonces el universo de la mentira más crediticia del mundo para vendernos una nueva: Hollywood. Es necesario maquillar la verdad para venderla. Para eso acudimos al simpático personaje de John Chambers (John Goodman), especialista en maquillaje que nos trae líneas enganchadoras de guión y contribuye con el desarrollo de la misión. El otro mosquetero de la falsedad es  el deslenguado actor Lester Siegel (Alan Arkin), quien sabiamente dice 'Si hago una película falsa, será un éxito falso'. Entre Mendez, Chambers y Siegel idean Argo, una historia galáctica del Lejano Oriente que nos desvía totalmente la atención de la vergüenza por lo sucedido en la embajada para crear una misión heroica con la que piensan redimirse del descalabro diplomático y resarcir algunas heridas. A este film cabe anotarle que la verdad duele.

Hablando del aspecto estético, la cinta no presenta mayores inconvenientes. A partir de su buen montaje como bandera audiovisual, se soporta en una dirección de arte aceptable  en una Irán fotografiada con ciertos tonos verdosos y solemnes que contrastan con el color y la luminosidad de un Hollywood cálido y frívolo. El Gran Satán se invierte, mostrando un EEUU esperanzador y lleno de
vida en contraste con la frialdad y un régimen moralista y radical de Irán, todo a partir de la fotografía y las secuencias de acción que muestran un Teherán agobiado por la muerte y el sectarismo, una muestra que comprueba la aversión milenaria por el mundo musulmán ¿Será por el petróleo? Las escenas están soportadas con un actor de reparto que tiene peso durante toda su trama: la televisión. Constantes perillas se mueven al son del rifirafe entre los americanos e iraníes, son medios de ubicación en tiempo y espacio y curiosamente, siendo un mecanismo fabricante de mentiras, logra darnos un contexto de la verdad más cercano creando un paradójico contraste. Así como la imagen, el audio también es alto contraste, con el patrocinio anglo de Dire Straits, Van Halen y The Specials para mostrarnos el refulgente y extravagante mundo de Hollywood, y con el patrocinio  incidental y 'oriental' de Alexandre Desplat para hacerle un recorrido a los bazares y las calles de la capital iraní.

Otra de las mentiras bien confeccionadas es la escritura. El guión tiene varias salvedades que le brindan crédito a la película a partir de los sarcasmos y algunos comentarios políticos. Las intervenciones de Chambers y Siegel son perfectas punzadas al mundo hollywoodense, mientras en el mundo de la CIA y la inteligencia secreta logran dar un poco de realidad al desacreditar a Carter y su carácter débil, además de una maquinaria de Estado en la que se dialoga con Muppets, como lo afirman en la misma cinta. Incluso, las diferencias de estilo entre el FBI y la CIA se vislumbran con el primer diálogo del embajador canadiense con Tony Mendez, 'Esperaba un look más enigmático'. Las líneas logran darle un aire de crédito a la mentira y redondear el sustantivo que se pasea durante toda la película, la Desconfianza, que se percibe en casi todos los personajes.



El único que puede romper con ese aire de desconfianza es Tony Méndez, el heroico y silencioso agente que logró cumplir con la misión, tal vez el único personaje real que vale la pena destacar y quien sale sacrificado ante los intereses de sus superiores y la grave situación de política internacional del país,  y quien por fortuna en tiempos de Clinton obtuvo su merecido reconocimiento. Una lástima que una de sus grandes misiones fuera empañada por el fracaso de los rehenes en la embajada americana  de Teherán y que sus grandes movimientos como infiltrado vayan a parar a un filme que busca tener el pretexto de Argo como la zona épica del triunfo americano ante el mundo, cuando la realidad de las circunstancias fue otra, Jomeini logró salirse con la suya y dejar a la primera potencia del mundo muy mal parada. Esta involuntaria creación de mentiras verdaderas a veces solo inspira poder decir 'Argo fuck yourself '.