16 dic 2013

CINEMA COLOMBIA 2013


Cuando se esperaba un repunte en la distribución de películas colombianas que superara el heroico movimiento registrado en 2012, hubo una pequeña pausa en el camino. Y esta vez sin mucha prisa, sin mucha calidad, las pantallas con sabor a lo nacional bajaron la intensidad en las proyecciones y ese boom registrado el año anterior pasó a cierta moderación (de 22 a 16 largos), con la coproducción con otros países como recurso y con una apertura interesante a la exhibición de largometrajes documentales y a darle cabida a una región en el cine que no es muy común en nuestro país pero que bien vale la pena mantener en observación, los exponentes del cine de la costa caribe que no se dejaban ver desde los fotográficos pasajes de Ciro Guerra.

Como es bien acostumbrado, el empalme entre el año maya y el 2013 abrió la cartelera con los siempre taquilleros títulos de Dago García junto a su paladín de los últimos años Harold Trompetero, rodando la secuela de uno de sus filmes más vendedores en su historia. El Paseo 2 viene con los mismos tópicos de la primera: chistes blancos y flojos fabricados en el entorno de una familia disfuncional, anécdotas que buscan el divertimento y un plan turístico en Cartagena que resulta lleno de enredos y reveses provocados por el padre de familia interpretado esta vez por el 'importado' John Leguízamo. Una comedia familiar que si bien no tuvo la misma recaudación de la primera entrega, tuvo un extraño poder de atracción entre los espectadores de cine vacacionales y 1.431.800 personas dejaron de pasear en su país por ir a pasear al cine.

 

Comenzando el año se vio la luz cinematográfica apuntando a Lo Azul del Cielo de Juan Alfredo Uribe, un director con experiencia en el campo documental y cortometraje, por primera vez apostándole a un largo. Un drama que divide la historia en dos partes, la primera se desarrolla en medio del secuestro de un español y la siguiente luego de su deceso en el intento de rescatarlo. La conexión en este suceso la tiene Camilo (Aldemar Correa) quien es el joven e inexperto carcelero del secuestrado y quien luego se ve involucrado en la vida de la hija del difunto raptado, donde el amor, las dudas y un pasado en el papel de juez se encargan de darle la tensión a la trama, sin lograr cautivar del todo al espectador. Con puestas en escena de tono teatral, una hermosa apología gráfica del Principito y una actuación destacada de Noëlle Schonwald, Lo Azul del Cielo es un film que se queda en tono gris a la hora de apreciarlo.

Febrero fue el mes de la coproducción. A falta de fondos, buenas son las alianzas. Sin ser una película colombiana, es bueno mencionar la controvertida exhibición de la francoespañola Operación E dirigida por Miguel Courtois. Basada en hechos reales, se cuenta el vertiginoso periplo del bebé de la política Clara Rojas secuestrada por las FARC, quien queda bajo el cuidado de un campesino (en magnífica interpretación de Luis Tosar) y debe ser salvado de la desnutrición y las fiebres. Rodada en Colombia y con la participación de la actriz Martina García es una visión cruel pero realista del conflicto con la población rural como carne de cacería, que está obligada a tomar partido o huir. De la realidad de la guerra pasamos a la realidad de la coca con Pescador, otra coproducción pero esta vez entre Ecuador y Colombia. Con el mando de Sebastián Cordero nos lleva a la costa ecuatoriana donde un cargamento de cocaína cae en manos de un ingenuo pescador, quien emprende viaje con una maliciosa colombiana (María Cecilia Sánchez) para poder vender la mercancía. Llena de strobes, jump cuts y un ritmo ágil en su desarrollo audiovisual mientras La 33 le impregna sabor salsero, el film va de más a menos hasta un final no resolutivo. Pescador es la apuesta al crecimiento del cine en Ecuador, que poco a poco va haciendo efectivo su anzuelo con la audiencia.


Generalmente Cali es el tópico a nombrar cuando de cine colombiano se trata. En 2013 se rescata la presencia de la costa caribe en el panorama cinematográfico, luego de los recuerdos dejados por Pacho Botía, Ernesto McCausland y Ciro Guerra. El director esta vez a nombrar es Iván Wild, quien luego de desprenderse de su trabajo como montajista, logró hacer visible en marzo su ópera prima Edificio Royal. Una película extraña, pausada, con viajes de steady cam, coloreada de muerte en medio del calor barranquillero, enmarcada en un edificio representativo de la ciudad que se resiste a morir entre las cucarachas y con una comicidad fúnebre representada por los habitantes del recinto. En aquella propuesta de lenta picardía se vislumbran sueños con Tom Cruise, un ataúd en la mitad de un comedor, lecturas fatalistas del tarot y una decadencia que poco a poco nos conduce a la muerte. Una particular y aceptable propuesta costeña de Wild, que le da un nuevo aire a los guiones colombianos, que tanta respiración necesitan.


A Andi Baiz le encanta explorar el mundo de los personajes trastornados por las circunstancias. Uno de sus mayores retos fue poder ambientar la Bogotá de los 40s con Roa, su tercer largometraje lanzado el 9 de abril. Y logró crear un film histórico con una excelente dirección de arte de la mano de Diana Trujillo para revelarnos algunos detalles de los días previos al Bogotazo, basados en el libro El Crimen del Siglo de Miguel Torres. Juan Roa Sierra es un hombre ingenuo, desempleado, que se cree la reencarnación de Santander y termina involucrado en la conspiración para asesinar al caudillo Jorge Elíecer Gaitán. Se destaca la ya mencionada dirección de arte, el villano anónimo encarnado por Julio Pachón y un gran trabajo en el score. A pesar de no darnos una pista concreta sobre el autor del asesinato y dejarnos en ascuas, la recreación del libro es convincente y el ojo de Baiz mantiene la pulcritud de Satanás y La Cara Oculta y poco a poco va consolidando la buena imagen de los directores caleños.


Mayo llegó con dos filmes de distinta naturaleza. El primero se introduce en los estratos bajos de la ciudad que quiere recrear el panorama de los colegios en la zona. Gabriel González Rodriguez dirige Estrella del Sur y nos transporta a un colegio de barrio lleno de problemáticas juveniles; el machismo, las drogas, el bullying y la desesperanza como aderezos emocionales, con la amenaza de limpieza social en la localidad como ingrediente adicional. Rústica en su propuesta audiovisual, es una historia que promete pero se va quedando con la falta de credibilidad en algunos diálogos y cierta precariedad en lo estético, y finalmente se estaciona en un limbo entre la realidad y la ficción. La segunda cinta se adentra en otros estratos y con otros propósitos. El Control es una comedia blanca dirigida por Felipe Dotheé, que nos muestra la historia de una familia cachaca que con el paso de los años va viendo como el televisor se va convirtiendo de un elemento de unidad a uno de divergencia. Políticamente correcta y de un humor blanquísimo, cuenta con una dirección de arte y vestuario dignos de aplauso pero a veces peca por su falta de malicia y unos relatos en off que desdibujan las sorpresas. A pesar  de esto nos invita a una interesante reflexión sobre la influencia del televisor en las familias. El Control fue la segunda película colombiana más taquillera del 2013 detrás de El Paseo 2, con una audiencia de 259.000 espectadores.

Uno de los directores más prolíficos del cine colombiano es Harold Trompetero. Está a punto de superar la proeza de Gustavo Nieto Roa, a quien le empata con nueve entregas. En julio salió su más reciente pieza De Rolling por Colombia, un stand up comedy convertido en película, con el auspicio gestual y ruidoso de Andrés Lopez y su comedia cada vez más desgastada. El relato de dos amigos locutores que narran la Vuelta a Colombia en los años cincuenta es el centro de la trama, lo inusual es que se inventan toda clase de peripecias para narrarla desde una simple cabina de radio. Aunque tiene un par de gags risibles, Jimmy Vásquez se introduce de forma aceptable en la comedia y Natalia Durán hace gala de un look evocador, el desgaste de una sola locación durante más de una hora de película y la repetición de gags provoca un desgaste en el ojo y en las ganas, haciendo que la subida a la cuesta en bicicleta se vaya en bajada sin regreso. Ni las buenas intenciones sonoras de Monsieur Periné logran salvar el ritmo del filme. Sin embargo, Trompetero sigue de rolling por el cine nacional y no para, pues se espera el estreno de Todas Para Uno, su décima cinta.



Muy lentamente se va introduciendo a la cartelera nacional el documental. Va despacio, pero puede anunciar en un futuro grandes cosas para el género. En agosto la bonita sorpresa de ver La Eterna Noche de las Doce Lunas fue un gran logro por parte de su directora Priscila Padilla y su equipo de trabajo. En narración lineal nos cuenta el encierro durante un año de una niña que se convierte en mujer y se ciñe a las tradiciones wayuu de la Guajira. Lindo tratamiento del color, una muestra poética del encierro y un repaso por las costumbres ancestrales son parte de esta propuesta que recrea un universo de la Colombia que no conocemos. Al mes siguiente nos encontramos con otro documental nacional en cine, con otra mujer detrás de su elaboración. Patricia Ayala lanzó Don Ca, el retrato de un hombre blanco que se enamora de las costumbres negras en el Guapi del Pacífico. Un personaje potente de testimonios valiosos que nos habla de un paraíso que se ha ido convirtiendo en infierno por la invasión de las balas, con varios cuadros metafóricos y un interesante trabajo fotográfico. Lo curioso es que la pretensión del documental en Colombia es romántica y se aleja de la taquilla, el mismo Don Ca lo puede afirmar con su frase "Cuando no quieres nada lo tienes todo".

En agosto se lanzó una nueva coproducción, meses después de Pescador. Esta vez España fue la cómplice y Crimen con Vista al Mar fue lanzada con grandes expectativas, pues contaba con la dirección de Gerardo Herrero y la actuación de Carmelo Gomez, españoles con premios en su haber. La historia de un asesinato ocurrido en un hotel playero se va desenredando con la investigación de un detective (Carmelo, en una torpe interpretación) y los testimonios de los huéspedes, que poco a poco van encajando los cabos sueltos. Sin mayores pretensiones audiovisuales, discreto en la sonoridad, mucho calor, playa y los debuts en cine de Jorge Enrique Abello y Ana Bolena Meza, este crimen no logra resolverse del todo en la satisfacción del espectador, y su paso por la cartelera nacional no tuvo pena ni gloria.


El crimen se mantiene en los argumentos de octubre con dos nuevos filmes. Antonio Dorado regresa a la ficción luego de su exitoso documental Apaporis Secretos de la Selva (2012) y de hacer uno de los narcofilms más rescatables en su época, El Rey (2004). Amores Peligrosos es una apología de este último desde el punto de vista femenino. Una joven de clase media quiere ser millonaria y se involucra lentamente en el negocio de la mafia, formando triángulos amorosos nocivos para su futuro. La cinta más caleña del año, impregnada de Guayacán Orquesta, Juanchito y el Cartel de Cali, se ambienta en unos años ochenta con la droga como coprotagonista, pero se queda muy atrás comparada con El Rey. Otra que se quedó atrás fue Secretos, la nueva entrega de Fernando Ayllón quien esta vez quiso explorar un lado más terrorífico con la historia de un hombre casado que durante un viaje termina involucrado en un affaire con una mujer de oscuro pasado. Repiten varios miembros de la tropa de la comedia Porqué Dejaron a Nacho (2012), también dirigida por Ayllón, y la experiencia tampoco es muy afortunada en la crítica, por un exceso en el diseño sonoro en la intención de asustar, y las actuaciones no del todo convincentes y la falta de fuerza en el relato. Se avala un aceptable trabajo en la fotografía, el maquillaje y los trucos de edición en las escenas de flashback, y también promover poco a poco ese género que poco a poco incursiona en las historias nacionales, luego de Al Final del Espectro, El Páramo o El Resquicio.

     

Octubre, luego de Amores Peligrosos y Secretos, fue el mes más prolífico en estrenos de cartelera nacional. Al tercero va la vencida dirían algunos, y se cumplió esta consigna con el estreno de quizás, la mejor película local del año. Otro barranquillero, Roberto Flores, nos regaló  un hermoso retrato de las minas de sal en el Caribe con Cazando Luciérnagas, una película eminentemente fotográfica, contemplativa y humana. Un hombre  gruñón y solitario (Marlon Moreno en un gran papel) recibe la inesperada visita de una hija de cuya existencia no estaba enterado; allí tendrá que aprender a volver a aceptar su humanidad y a recordar que la calidez aún existe. Con un trabajo muy reposado en el montaje, el filme va construyendo despaciosamente una relación fraterna y un entorno geográfico, que si bien es agreste como el protagonista, no deja de ser atractivo. Cazando Luciérnagas es otro comprobante de que en la costa se fragúan interesantes historias, con una estética agradable al ojo.

Cerrando el prontuario de 2013 asomaron otras dos producciones que se alejaron de las balas y los alcaloides, cada una con distinto estilo. El caleño Colbert García se inclinó a rodar su segunda cinta con tono cómico en La Justa Medida, la evidente frustración de un hombre casado que se queja por tener el miembro pequeño y busca remediar esta pena sexual a través de varios métodos. A pesar de tener como centro temático la sexualidad, sus metáforas y diálogos no son ofensivos y se aproximan al humor blanco; gana por naturalidad y la carencia de excesos y nos da una visión reflexiva sobre la vida matrimonial; lo refutable es su tamaño, donde en una historia más corta le iría mejor al filme. La última película del año fue la que tuvo el menor tamaño en asistencia, con apenas 1.100 espectadores y unos horarios de cartelera injustos para su distribución. Crónicas del Fin del Mundo es el debut de Mauricio Cuervo en largometraje, donde nos lleva a un relato sencillo sobre un adulto mayor que lleva encerrado en su apartamento veinte años por miedo al terrorismo y espera el fin del mundo sin mayor consuelo que llamar por teléfono a sus antiguos enemigos a cantarle sus verdades. Minimal en lo audiovisual, confeccionada con las uñas y con la sencillez como consigna nos habla de la paranoia, de la zozobra de los últimos tiempos y la demostración de que el mundo lo acaba uno mismo. Difícil de digerir con el ojo, pero con algunas frases para la cabeza, esta cinta hubiera tenido mejor suerte si se hubiera estrenado en la época del delirio maya.

Termina un año que como balance nos trae el repunte del cine costeño del cual se va escribiendo un prontuario de buena calidad y que poco a poco anuncia mejores cosas para el futuro; una extraña parsimonia con Caliwood, que después de tener el mercado lleno de componentes del Valle, apenas se asomó con Amores Peligrosos  de Antonio Dorado y los esfuerzos de Andi Baiz y Colbert García con propuestas rodadas en Bogotá; una grata mirada al documental, que esta vez contó con dos buenos títulos en cartelera;  un crecimiento moderado  en producción y una baja en taquillas, que sigue siendo la triste referencia excepto los casos de Dago García Producciones. Pero el rollo continúa andando, las tramas se siguen diversificando y se hace un llamado para que otras regiones del país se asocien a la contribución de un patrimonio audiovisual, desde el Amazonas a la Guajira, para seguir construyendo país a través de la imagen.

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