14 sept 2013

ALICE COOPER- LOVE IT TO DEATH


El mundo ya no era hippie. Venían tiempos eclécticos y la gente se debatía entre la rudeza y energía del hard rock y el virtuosismo y fantasía del rock progresivo. A comienzos de los setentas, entre  la pólvora de Vietnam, el final de The Beatles y las andanzas de Harry el Sucio comienza a definirse el sonido de una de las bandas representativas del rock duro de la escena americana. No contaban con el frenesí virtuoso de Led Zeppelin; no tenían vocales ni guitarras tan exuberantes como Deep Purple; no eran tan glamorosos como T-Rex. Pero aprovecharon influencias progresivas de  Frank Zappa y teatrales de Genesis, para apropiarse de una identidad contundente, llena de espectáculo y provocadora bajo el nombre de Alice Cooper.

Su nombre indicaba el andar de un individuo. Pero habían otros nombres que encarnaban un solo sonido. Vincent Fournier su líder en vocales y armónica -que a la postre adoptaría el nombre del grupo en su proyecto solista-, Glen Buxton y Michael Bruce empoderados de las guitarras, Denis Dunaway marcando el bajo y Neal Smith como dueño de las baquetas. Desde Detroit para el mundo, hicieron dos intentos discográficos para surgir en popularidad bajo el sello de Frank Zappa, Straight. Pero sus dotes primarias no les alcanzaron para el triunfo.

Black Juju by Alice Cooper on Grooveshark

LA TRANSICIÓN AL DESQUICIO

Easy Action (1970), su segunda placa, conformaba una amalgama psicodélica influenciada por los tiempos de Pink Floyd con Syd Barrett, además de traer esquirlas del sonido Zappa por su relación con el sello de este músico, más un poco de sonidos duros con tendencia glam. Como punto negativo, la relación con su productor David Briggs no era la mejor y a pesar de no tener un mal producto, no cautivaban los oídos de la audiencia. La teatralidad siniestra, un sonido más agreste y la llegada providencial del productor Bob Ezrin los salvarían del fracaso comercial.

Pendenciero de la escena, lleno de accesorios siniestros como sillas eléctricas, guillotinas, camisas de fuerza, maquillajes extravagantes y desquicio corporal y vocal, fueron plus para crecer en audiencia. Había llegado Love it To Death (1971) bajo la estampa de Bob Ezrin con un sonido más claro, alejado de la psicodelia y agarrado de un rock and roll sin prejuicio, guitarrero y juguetón, en el último chance de Straight Records por emanar un poco de gloria. Con algunas venias del glam venía su lado más oscuro y escandaloso que acabaría por definirse como shock rock. Era la hora de amar a este sujeto espeluznante hasta la muerte.


 

A pesar de verse como un peligroso sujeto para la sociedad, los primeros riffs del LP son rock vigoroso que bien podría hacer parte del setlist de un artista glam. "I caught in a dream"es puro vinilo de punteos lentos y chillones, melodías accesibles y prestas para el cabeceo sutil, puro desparpajo juvenil 'I need everything the world owes me/ I tell that to myself and agree'. Lo juvenil se sostiene en su más grande éxito del disco, "I'm eighteen", su clásico de rock duro y armónica que grita a los cuatro vientos la libertad de los 18, pero la absoluta incertidumbre del futuro. Ese molde de actitud rockera llegó al #21 de listas en USA y ha tenido sinnúmero de covers, desde Anthrax hasta Creed. Para completar su simpatía con los tonos glam suena "Is it my Body", con una estructura básica efectiva y sólida, mientras Alice en su lírica canta que es la estrella que todos aman, pero no sabe porqué. Estas tres canciones son el reflejo del triunfo juvenil (Cooper contaba con 23 años) con el único objetivo de vivir el rock and roll.

EL PICANTE HORROROSO

Necesitaba capturar público, y allí se encontraba la herramienta aterradora de sus shows. Como complemento usaba indirectas líricas contra la religión y cierto fatalismo que le brindaba picante horroroso a su potente directo. "Long Way to Go"es tal vez la canción más fiel al hard rock de la época, con poderosos riffs  y un trabajo impecable de Buxton y Bruce en las cuerdas, allí se iban revelando las pullas místicas 'Where is the saviour of the sidewalk life/ and the road that takes us to the crusades'. Luego de buscar un salvador, Neal Smith le compone a Cooper el manifiesto redentor en "Hallowed be my name" de órgano y lírica licenciosa, con visos a Zappa pero tonalidad más oscura y perdonando a los penitentes, 'Come all you sinners/ Come now in your glory and my ears will listen/ To your dirty stories'. En una batería de marcha fúnebre suena la preapocalíptica "Second Coming" con una voz lastimera y un rock con pequeñas influencias progresivas y un carácter de oscuridad que llama a las postrimerías de la existencia del mundo, mientras un piano acongojado finaliza con un llamado al terror más pronunciado.

Rock con horror. La banda Alice Cooper.

Si se quiere oscuridad, vamos a lo más Dark de Cooper. Una revelación tenebrosa ofrece "Black Juju" compuesta por Denis Dunaway y aderezada por unos teclados sombríos de Bob Ezrin, un viaje de nueve minutos por los rincones más oscuros y post-psicodélicos del disco, que bien pueden recorrer momentos Doors y otros Sabbath, en un impactante grito listo para mostrar el pavor en escena, 'A melody black, flowed out my breath/ Searching for death, but bodies need rest'. Para complementar aquel paisaje negro sin retorno, hay que escuchar un demente tema disfrazado de lullaby. "Ballad of Dwight Fry"comienza con una inocente voz infantil en búsqueda de su padre y luego viene un Alice que parece bien intencionado en esta tonada, pero con el pasar de los minutos se desgarra su voz y comienza a revelarse un personaje perturbado mentalmente en seis minutos de insania inclemente que quiere liberarse con el famoso grito de sus  shows esquizofrénicos 'I gotta get out of here'. El verdadero Dwight Frye fue un actor de filmes de terror  en los treinta (Drácula, Frankenstein) quien sería el catalizador de semejante demencia musical.

 


El disco cierra con un inusual cover que borra su locura oscura. Desde 1961 viene "Sun Arise"original de Rolf Harris, que en comparación al resto del álbum es un inocente himno boyscout, que contrasta de modo brutal con su estética. A pesar de este extraño desacierto, Love it To Death no deja de causar una buena impresión. La banda y Ezrin lograron imprimir un aire más hard a su repertorio, aderezarlo con toques glam y compactarlo con una buena dosis de histrionismo terrorífico, que los haría célebres completando con la trilogía con Killer (1971) School's Out (1972) y Billion Dollar Babies (1973). Vale la pena destacar que los sonidos más completos y sinceros pudieron salir de este lineup original y que, muy a pesar del éxito solista de Alice, nunca volvería a sonar igual. Por eso, los fans setenteros de la banda, no van a dejar de amar este trabajo, hasta la muerte.



24 ago 2013

LOS PECADOS DE DAVID FINCHER

El pecado se castiga. Pero pecar inspira. A través de una especie de método de redención mediante una serie de asesinatos que confrontan los siete pecados capitales, 1995 vio a la luz una idea del guionista Andrew Kevin Walker que se convirtió en una morbosa pero interesante reflexión, matar para enseñar. Y eso es precisamente lo que va revelando Seven, una perturbadora historia concebida para recordarnos que estamos rodeados de los siete pecados capitales todos los días, que los 'ejercemos' y los vivimos como actos cotidianos.

Para decorar el paisaje brumoso envuelto en pecado se acudió al agudo ojo de David Fincher, director de videoclips preocupado por la estética y la atmósfera, quien había contado con opiniones divididas de la crítica luego de montarse en las aventuras espaciales de Ripley en su debut Alien 3 (1992). La asociación con el director de fotografía Darius Khondji logró crear un universo urbano decadente, de colores contrastados, lluvia eterna, una anónima ciudad -cualquier parecido con Nueva York,  ¿Es coincidencia?- donde el futuro no existe y huele a culpa y tristeza. Es el escenario propicio para dar rienda suelta a una serie de homicidios que se catalogan entre lo horrendo, lo artístico y lo redentor.

Compañeros y antagónicos, Somerset y Mills.

La selección de actores principales recayó entre el boom y la experiencia. Brad Pitt es el joven detective  Mills, quien está ávido de investigar crímenes y utilizar su fuerza para resolverlos, un individuo que quiere ser el Serpico de la ciudad que apenas empieza a conocer, Pitt y Mills son florecientes estrellas de la década en el cine y el departamento de policía. Morgan Freeman es el veterano detective Somerset, sereno y estudioso, Freeman y Somerset son la cuota de pericia y paciencia que pesan sobre el film. Ambos son compañeros de personalidad antagónica donde contrastan  la vida en pareja, el impulso y la cerveza con la soledad, el metodismo y el vino. Juntos deben desentrañar en siete días, cada uno a su estilo, un asesinato diario relacionado con un pecado capital.

El estilo del filme logra captar cierta repugnancia sin llegar a ser demasiado gráficos. La sugerencia de los homicidios a través de la escena del crimen y las fotografías contienen la brutalidad sin llegar al gore, la ciudad que se despedaza lentamente entre la lluvia, el metro y el humo contribuye a crear una ansiedad preapocalíptica. El vestuario y apartes de la ambientación evocan el film noir de otras épocas, las pistas y los descubrimientos crean esa sensación de thriller, y se consolida una atmósfera de perdición inevitable.

Con sus pecados entre manos. El director David Fincher.

El acto asesino de contrición comienza a ser explorado a través de la gula. El homicidio se muestra con una especie de grotesco misticismo: spaghettis sangrientos, estómago descomunal, mierda y vómito impregnando el aire. Es el abrebocas a una obra de arte sanguinaria pero simbólica en todos sus matices. Mientras Mills y Somerset comienzan a escudriñar pistas, la sangre corre sutilmente en las fotografías y la semana va corriendo de forma lenta y ansiosa esperando un nuevo delito. John Milton comienza a respaldar el móvil con las señales que deja el asesino, 'Largo y duro es el camino, que del Infierno lleva a la Luz'. Siete días de pena.

           

Somerset comienza a disparar dardos de apreciación leyendo a Dante y los cuentos de Canterbury, Mills comienza a dejarse llevar por sus impulsos y responde apenas con la intuición. Aparece un abogado muerto representando la avaricia, prescindiendo de una parte de su cuerpo con la mutilación por su propia cuenta. La literatura es un respaldo que le brinda elegancia a la zona criminal, esta vez Shakespeare es la musa de la sangre, 'Una libra de carne. Ni más ni menos, sin cartílago, sin hueso, únicamente carne'. Aquella desesperanza empieza a tomar matices artísticos, tenemos a un asesino culto y con un objetivo claro. No deja huellas dactilares, solo señales, es un gran jugador de puzzles.

Somerset se ayuda un poco con el jazz, Thelonious Monk y Charlie Parker son contribuyentes a su metodismo, entretanto el artífice del OST Howard Shore (Silencio de los Inocentes, El Señor de los Anillos) ayuda a acentuar la zozobra y opacidad del ambiente con sus melodías, y finalmente Nine Inch Nails y David Bowie apoyan los créditos iniciales y finales con aires industriales, cortantes y
cavernosos. Los detectives siguen las pistas y descubren al narcotraficante acostado que simboliza la pereza, un cadáver viviente atado a la cama que fue confinado durante un año, una quietud cadavérica desesperada. Gente con pasado oscuro comienza a ser penitente a través de sus castigos. Tal como la siguiente víctima, una prostituta penetrada por un falo largo hecho en arma blanca, la lujuria vive su escarmiento en su máxima expresión. O la que representa el orgullo, una mujer con el rostro desfigurado y con dos opciones en la vida, un teléfono para pedir ayuda y vivir con sus cicatrices, o unas píldoras suicidas que le eviten volver a verse a un espejo. La obra del criminal ha tomado forma y solo restan dos asesinatos para llevarla a su cenit.

Entre Andrew Walker y  David Fincher consiguen cuestionar el universo que nos rodea y lo inclinan por el lado malvado de la balanza. Buscando los apuntes del devoto homicida se revelan las culpas de los hombres, 'No somos lo que Dios quiso que fueramos'; cuando Somerset se entera del embarazo de la mujer de Mills (una joven Gwyneth Paltrow), acepta lo infernal de su entorno, '¿Cómo puedo traer a un niño a un mundo así?' El ejecutor de los asesinatos (Kevin Spacey) reniega de la existencia y ataca el conformismo humano, 'Es más fácil perderte en las drogas que lidiar con la vida'. El paisaje creado para redimir las culpas es indeseable, marchito y nebuloso, siempre acompañado por una lluvia acusadora hasta el día domingo, donde sale el sol, la historia se resuelve en una zona desierta (con torres de alta tensión para ambientar la sensación ídem) y el Señor finalmente descansa luego de su Creación. Spacey, como buen criminal con ínfulas de dios, deja que el crimen lo cometa otro.

Caminando entre el pecado. Pitt, Spacey y Freeman.

Volver el pecado contra los pecadores iniciaría una serie de papeles de villanos que se convertirían en redentores. Involuntariamente, el guión de Andrew Kevin Walker  -nominado a los BAFTA- pondría este tipo de personajes como recurso en otras plumas creadoras más adelante como el inolvidable Jigsaw de la saga Saw, o el Ozymandias de Watchmen, encarnaciones  paralelas a los profesionales del asesinato que generan empatía en el público como el Leon de Jean Reno o la Beatrix Kiddo de Uma Thurman. Lo cierto es que el malvado que castiga en pro de la bondad se hizo célebre a partir de este punto y siempre ha sido punto de debate. Mientras tanto Walker seguiría cosechando dólares a través de  guiones sobre asesinos como el Machine de 8mm, el Jinete sin Cabeza y el Hombre Lobo.

Gracias a Seven comienza aquel universo oscuro y convulsivo que David Fincher comenzaría a aplicar en futuras producciones como The Game (1997) o Fight Club (1999). El gusanillo del thriller sería su compañero por muchos años y ganaría prestigio y millones a través de sus nuevas cintas. Sin llegar a ser tan vertiginosa como los dos títulos mencionados, la buena combinación entre thriller y cine negro junto a su trasfondo de reflexión religiosa le dan a Seven un catálogo de clásico entre estos géneros, donde se destaca una buena historia, desarrollada en un ambiente favorable, con un reparto equilibrado y una técnica fotográfica que logró dar un look  personal al cine de Fincher en los noventas. Un pecado cinematográfico del que puede vanagloriarse este director de Denver a través de este film es, sin duda, el Orgullo.




16 jul 2013

LOS LOBOS- HOW WILL THE WOLF SURVIVE?


A veces el oyente peca por dejar que un single absorba la discografía total de un artista y se le juzgue únicamente por ello. Muchos animadores de la era One Hit Wonder sufrieron el lastre de hacer parte de  la historia a través de un par de acordes, y vivir una especie de apartheid con el resto de su repertorio. El increíble monstruo en la versión de La Bamba de 1987 fue el sello que caracterizó durante toda su carrera a Los Lobos, una banda chicana digna de apreciar y subestimada por el gran público. Una canción que los llevó al cielo de los listados gracias al gancho celestial de Ritchie Valens, pero que también les estancó una gran cantidad de información sonora que tenían por mostrarle al mundo.

Aunque han logrado destellos de éxito de la mano del soundtrack (Desperado, Los Reyes del Mambo, Rango), estos caninos del ritmo originarios de California -pero una ascendencia mexicana marcada- han tenido una figuración mas bien marginal dentro del mainstream. Trabajando en conjunto desde 1973, su musicalidad es uno de los grandes precedentes de la música fusión. Paralelo al éxito post-woodstockiano de Santana, la agrupación liderada por David Hidalgo siempre tuvo la inquietud de incluir dentro de sus melodías compases que lograran identificar sus orígenes, remontarse a los aires musicales del norte de México y la idiosincracia del país azteca. Aquel desarrollo compositivo se fue ensamblando a lo largo de la década  y logró el punto más alto de la perfección a comienzos de los ochenta.




LA FUSIÓN DIVERTIDA

Y si Santana logró darle sabor afroantillano a la rebeldía rock, Los Lobos lograron la convergencia más animada y divertida entre la ruralidad mexicana y la americana, brindándole un eclecticismo fresco y estructurado a su propuesta. Partiendo desde su gusto abierto por el rockabilly de los cincuenta, se encargaron de crear un platillo que incluye R&B, country, blues, corrido mexicano, bolero y retadores solos de guitarra, acordeón y saxo. Hidalgo juega con las cuerdas vocales y guitarreras con virtuosismo  oportuno. La comitiva se complementa con su compañero en las rítmicas César Rosas, el bajo juguetón de Conrad Lozano, la batería fresca de Louie Perez y el destacado intérprete de saxo Steve Berlin, único 'gringo' original de la banda.

Luego del EP And a Time to  Dance (1983) bien recibido por la crítica pero no tanto por los consumidores, Los Lobos estaban dispuestos a publicar un LP bajo ese nombre, pues antes eran conocidos como Los Lobos del Este de los Angeles. Se compraron un Dodge, se fueron de gira americana y al tiempo iban alistando sus nuevas canciones. Fueron once piezas producidas por T-Bone Burnett y con la mente abierta para estampar uno de los grandes logros en su hoja de vida. Nació entonces How will the Wolf Survive? en 1984, dispuesto a resistir los embates de la vida americana y ser profetas en una tierra que originalmente no era suya.

Don't Worry Baby by Los Lobos on Grooveshark


CORRIDOS ROCANROLEROS


Para conquistar a los americanos que mejor que ponerlos a  bailar con sus ritmos. Uno de los principales propósitos de este álbum es revivir el rock and roll de los cincuenta hecho a la medida de los ochenta, dando toques picantes de soul y R&B. El arranque del trabajo lo dice todo, con ese explosivo y deleitable "Don't worry Baby" y la voz de Rosas al comando, invitando a una fiesta guitarrera digna de musicalizar cualquier filme de Tarantino o Rodriguez. En "The Breakdown" le bajan a las revoluciones pero se mantiene ese aire retro, invocando al R&B y con la voz de Hidalgo alternando con un saxo fresco e intemporal, además de un acordeón que se cuela entre los acordes de rock and roll, y haciendo un llamado a ser sí mismo, cantar canciones y rechazar las rutinas, 'I ain't no nine to five/ I just don't know why you won't take me for myself''.Esa despreocupación debe venir acompañada de un par de tragos, que acompañan la lírica de "I got Loaded", prendidez etílica accesible lista para la radio fiestera, con el R&B pronunciado y una sencillez camuflada en unos grandes arreglos y un saber del sabor musical. Este tema, original de Little Bob & The Lollipops conserva la frescura de 1965 y le agrega un aire new wave que navega muy bien entre las divertidas aguas de 1984.


Pero el objetivo es no sólo llegar a través de las raíces americanas. Sin corrido no hay fiesta. Y entre chiste y chanza hay dos muestras que se cuelan en el disco. "Corrido #1" se canta en inglés pero es más mexicano que el taco, un tex-mex que se puede disfrutar a todo volumen, incluyendo a los detractores de la música norteña. Promesas de amor, redenciones de mero macho que se doblega a la mujer, y un sabor que los mismos Tigres del Norte alabarían. La segunda descarga con la misma sonoridad es "Serenata Norteña" (soundtrack del film de Luis Estrada El infierno de 2010), esta vez cantada en español y conservando la cadencia tradicional que podría ofrecer la banda más poderosa de corridos mexicanos. El amor a sus orígenes es expuesto abiertamente desde Matamoros a Río Bravo, 'Jamás un buen norteño habla sin tener honor'.


Los aulladores chicanos. Cinco músicos insignes.
Tema común en infinidad de bandas, el amor. Los Lobos también tienen su corazón, repuesto o desencantado. La dosis de tristeza sentimental viene en "Our Last Night", con Hidalgo haciendo venia a la queja, 'If love is right, why do you fight/ To hold back needless tears',  un sosegado R&B que llora con arreglos de acordeón y solos campiranos de guitarra. La compensación a un amor esperanzado viene con la pieza más explosiva del álbum, "I got  to let you Know", que bien puede ser un corrido rocanrolero o un R&B norteño, tan prendido y festivo que la clasificación de género no importa, una endiablada canción de amor con saxo y acordeón vigorosos y una incitación a bailar contundente, el mayor triunfo sonoro de Los Lobos en este disco al encajar diferentes géneros que le dan un aire de universalidad a su música.

EL AULLIDO DEL INMIGRANTE

La justificación del título del álbum viene de la mano con una preocupación de estos chicanos que viven millones de inmigrantes en Estados Unidos, la búsqueda del sueño americano. ¿Cómo puede sobrevivir el Lobo ante semejante fiera capitalista? Historias del Hueco, de la cacería de un mejor mañana, de la estabilidad económica ante la incertidumbre en sus países de origen. Con aires de heartland rock que pueden recordar a las tonadas de Bruce Springsteen, Hidalgo canta "Will the Wolf Survive?", una especie de himno inmigrante, la metáfora del aventurero que desafía las costumbres de un país ajeno y se fortalece ante la adversidad en un espacio desconocido, 'Running scared, now face to hide/ In a land where he once stood with pride/ but he'll find his way by the morning light'.  En 1986 el artista country Waylon Jennings haría una versión respetuosa de este tema, con un éxito rotundo en listados.



Ese espíritu de lucha por el sueño americano también se vive de forma sentida en otro par de temas del LP. La country ballad "A Matter of Time" es una nostálgica pieza que si no fuera por el saxo, invocaría a una lágrima más inmediata, hablando de la frontera y la entrada a una América desconocida, 'There's a time for you and me/ In a place living happily'. Con la misma temática pero distinto sonido llega "Evangeline" en un rocanrolero e impecable show de guitarras que van narrando las aventuras de una chica de 17 años que persigue al Tío Sam sin mirar perjuicios, vagando por América a sus anchas sin dar pista de su paradero, 'She is the Queen of make believe, Evangeline'. ¿América para los mexicanos?

El único instrumental del álbum tiene un misticismo que retorna a las raíces americanas, "Lil' King of Everything" es una guitarra campirana que se mueve entre el folk y el country sin problema, donde el Lobo finalmente va a buscar su Reinado en tierra ajena. La banda de David Hidalgo nunca ha obtenido la monarquía que la historia le debe. No obstante, tienen el respeto total de la crítica y son, junto a Santana, los pioneros embajadores de la música latina en el suelo norteamericano. Nunca un corrido había sonado tan rocanrolero, nunca un rock and roll había sonado tan norteño, la música hecha un universo en conjunción está a la vuelta de la esquina gracias al legado de esta banda chicana. El lobo no es el más popular de los animales, pero su aullido pervive en el aire de la música.


15 jun 2013

TRAINSPOTTING: INYECCIÓN GENIAL


Creó una pieza de culto indiscutible en los noventas. Hizo de las suyas con bailes de origen hindú a finales de la década pasada. Y fue el artífice de un espectáculo británico que disfrutó la órbita entera en las Olimpiadas de Londres. Danny Boyle ha vivido la gloria y el fracaso con fervor, en medio de sus proyectos ambiciosos, sus propuestas audiovisuales refrescantes y sus historias que se desenvuelven entre fiascos de taquilla y alabanzas perennes en el universo cinematográfico. Aquel geniecillo originado en Manchester tuvo una catapulta a la zona estelar de los grandes directores. El catalizador fue una inyección de heroína audiovisual.

Trip audiovisual. Danny Boyle, el creador.

Si bien Shallow Grave (1994) fue un respetable debut que merecía mejor suerte, fue su segundo rollo el que lo hizo célebre. Sin pretenderlo, Trainspotting se convirtió en el símbolo de una generación que se identificaba con el lado oscuro de las ciudades, con la búsqueda de identidad, y con el pensamiento cambiante que cada vez sufre metamorfosis de modo más acelerado. El peso de la historia se concibe desde la ingeniosa y muy scottish obra literaria de Irvine Welsh, inspiración para adaptar un guión. El relato revela el perfil más sórdido de Edimburgo, capital escocesa famosa por su bagaje cultural, pero que esconde entre sus calles inconformidad juvenil, graffitis anárquicos, drogas de toda clase, y un delirante sabor a desesperanza fiestera aderezada por unas cuantas dosis de heroína.

Cinco 'amigos' son el reflejo de aquel universo paralelo, dominado por la escena junkie. Renton, Sick Boy, Spud, Tommy y Begbie coexisten entre ladrillos de tonos tristes, cielos grises, tabernas anónimas y droga, mucha droga. Excepto Begbie, escogen despojarse de la vida humana común  y quieren desviarse de las preocupaciones de la sociedad de consumo (tener casa, carro y beca y comprar cualquier cantidad de cosas que venden los medios) para dejarse llevar por el viaje descuidado que les brinda el narcótico y solamente vivir en pro de la huída, de la vida éterea. Sin  preocupaciones, sin pretensiones. Sin futuro.

A pesar de todo, "amigos".
La clave para que este viaje sea más llevadero y divertido es la ingeniosa inyección audiovisual de  Danny Boyle. Un refrescante uso del gran angular, dollys de cámara que persiguen sigilosos, y muchos encuadres certeros, desde los enormes planos generales hasta los detalles, contribuyen a una propuesta fotográfica robusta y agradable. La recreación del lado oscuro de Edimburgo -y la cara cosmopolita de Londres- van de la mano con un factor determinante en el gusto del director: la música. Un elemento tan enriquecedor como atractivo que trae un repertorio de lujo encabezado por Iggy Pop, Underworld, Lou Reed, Blur, entre otros, que se envuelven sin problema en la trama y son componente sólido de este engranaje alucinógeno cinematográfico. La música siempre será buena compañera de viajes en todas las producciones de Boyle.

Coprotagonista de la historia, la jeringa.

Las paredes se consumen entre la humedad, el piso de madera contribuye a un viaje descuidado y los bares de la ciudad ambientan charlas en las que se desentraman conversaciones simples sobre hombres y mujeres, camuflándose en cojines sociales como el fútbol y las compras. Un escenario mezquino con el ojo,donde el sol rara vez se asoma y el paisaje montañoso no puede salvar la condenación que le da Renton a su propio territorio, origen de la escoria y colonia infame de un Reino Unido gobernado por idiotas. Su voz en off va descubriendo las máscaras que exhibe un Edimburgo miserable y desesperanzado, sus reflexiones pasan por las cimas y las simas del mundo, desde las indulgencias y los excesos del sistema, pasando por las rutas de escape de su amada heroína, hasta el sexo y la vida social contemporánea, y logran llegar a conclusiones tan sabias -de la mano de Welsh- como 'En mil años no habrán chicos ni chicas. Simplemente personas'.




 Jeringazos compositores de planos logran dar en la vena del gusto a muchos espectadores. Un montaje compacto y fluido, que a veces se resuelve en el clip desacelerado, a veces en movimientos premeditados desde la producción que continúan acciones en locaciones distintas, y que van desarrollando secuencias de memoria inmortal. La zona escatológica del bar donde Renton urge satisfacer sus necesidades gástricas es maravillosa: encontramos un paisaje desolado, maloliente y desahuciado en un baño de cualquier antro de la ciudad, pero este nos va a llevar después a una catarsis de ensueño en aguas benignas e impolutas que guardan cual tesoro un par de supositorios de opio. Del infierno al cielo en tan solo un chute anal. No es la única secuencia notable: la sobredosis de Renton, viendo desde la perspectiva de un supuesto ataúd como el mundo se le va acompañado por "Perfect Day" de Lou Reed es otro acierto que mezcla la decadencia de una vida condenada contrastando con la esperanza de la lírica que concluye con la frase de abuelos 'You're going to reap just what you sow'. Como último (pero no único) ejemplo, nos podemos situar en la escena del síndrome de abstinencia, un Renton rodeado de trenes estampados en la pared -con "Dark Train" de Underworld de fondo- que lo sentencian a pagar una pena sin jeringas y donde la culpabilidad, el miedo, la ansiedad y el hastío se juntan en imágenes mientras lo acosan las visiones de Spud en la cárcel, Tommy en el viaje sin regreso del estupefaciente, un bebé muerto por culpa de la dejación de la droga y la búsqueda de sus padres por liberarlo de la adicción, todo en un desesperado pero efectivo castigo audiovisual que cautiva la retina.

Mark Renton, en un suelo sin cielo.

Aparte del ingenio del ojo de Danny Boyle, se agrega el plus de la construcción de personajes, avalado en el libro de Irvine Welsh, contribuyente valioso a la pieza. Mark Renton  (Ewan MacGregor)es el protagonista, adicto inevitable, de vena de mil batallas alucinógenas, que se debate entre escoger la vida del ser humano común y corriente, o perderse entre las mieles sin porvenir de muchas inyecciones. Es el filósofo en off que busca la redención poco a poco, pero no logra liberarse tan fácil por causa de sus amigos, su entorno. Cuando lo intenta, su lucidez expulsa frases como 'Es fácil filosofar si es otro el que está hecho mierda'. Cuando lo logra finalmente, concluye airoso 'Seré como ustedes... Mirando al frente, hasta morir'.


Spud es el lado más ingenuo y adicto de la historia. Interpretado por Ewen Bremner, este flaco de malas en la vida no logra satisfacer a su novia sexualmente, es un pésimo arquero, paga prisión por robo y sufre los usos y abusos de sus supuestos amigos. Sin embargo, es el espíritu inocente que no quiere agredir a nadie, el drogadicto inofensivo que emprende  viajes etéreos por su cuenta, pero es el componente que brinda el lado estúpido pero divertido, una fea candidez que logra enternecer en medio de la desolación, es el único amigo leal, firme y sincero que patrocina las locuras de sus copartidarios adictos.Que nunca tiene una frase brillante, pero posee una férrea complicidad que acompaña hasta el final.


Jonny Lee Miller encarna a Sick Boy, el elegante destructor de teorías. Proxeneta, traficante, adicto y amante de los films de Sean Connery, despotrica con verborrea barata sobre el mundo y saca el mejor provecho de lo que le puedan brindar sus amigos, siendo el oportunista descarado de la historia. La única forma en que vive un estremecimiento es a través de la muerte del bebé, el hijo al que nunca puso atención y que lo despierta de un éxtasis navegante entre las películas de James Bond. Para Sick Boy, la simplicidad del mundo puede provenir desde la visión del adicto, envejecemos, nos podrimos y se acabó. Lo tienes, lo pierdes.



Hay que hacer mención especial al enorme talento de Robert Carlyle, gran actor de Glasgow que logró moldear la imagen del sociópata perfecto. Francis Begbie es el único del combo de amigos escoceses queno se deja atraer por las inyecciones, pero sufre de una adicción igualmente dañina, le encanta la violencia. Joder a la gente. Cagarse en el entorno y disfrutar de la sangre ajena, del perjuicio del prójimo, y vanagloriarse de su virilidad maniática, un experto en destruir la calidez de las reuniones, en romper con el sosiego. La interpretación de Carlyle es magistral, uno logra odiarlo intensamente, pero siempre espera algún nuevo acto violento de su parte. Es el gran contribuyente del caos, donde en un No futuro también es válido un porcentaje de violencia para acabar con el mundo de una vez por todas.

El ejemplo de la gradual degradación que producen los narcóticos en el ser humano es expuesto en la personalidad de Tommy (Kevin McKidd), el último de la banda. Un joven deportista, saludable, que paga todas sus facturas y disfruta de la música de Iggy Pop y el desorden bajo sábanas junto a su novia Lizzy. No roba, no dice malas palabras, no consume. Hasta que una desafortunada casualidad lo lleva a romper el noviazgo y  sumergirse en la depresión. Surge la necesidad del escape a través de la diacetilmorfina, que lo va llevando a un recorrido sin retorno hasta el final trágico.De la pulcritud a la podredumbre, uno de los salvoconductos de Danny Boyle, quien fue duramente criticado por hacer apología a las drogas en aquel entonces. La historia de Tommy le ayudó a justificar los perjuicios del consumidor y el camino al que conduce la adicción.


A pesar de la degradación, la cara más oscura de Edimburgo y la crudeza de un mundo sin porvenir, existe un ápice de esperanza que se recoge en buen humor, en una dinámica que despierta al espectador y que lo invita a levantarse de su silla para seleccionar el camino 'correcto' con una familia, un empleo, una carrera, un enorme TV, lavadoras ,autos, abrelatas eléctricos, colesterol bajo y seguros dentales. Simplemente, para escoger la Vida. Merece el aplauso este retrato de la podredumbre donde no hay motivaciones, donde el mandato lo tiene la heroína y el resto del mundo tiene la menor importancia. El gran logro de Welsh y Boyle es hacer una simbiosis casi perfecta, donde a través de la letra y la imagen crearon uno de los retratos de la autodestrucción más memorables de la historia del cine. Esperemos que la secuela que planea el director inglés se mantenga a la altura de esa hermosa decadencia audiovisual.