27 may 2011

TRICKY, LA ESTRELLA DEL GHETTO

El humo se presiente. La calle se hace densa en el charco gigante producido por el eterno invierno que adolece Bogotá entretanto setecientas almas esperan ansiosas saber qué se siente sumergirse en el ahogado tono de Bristol que les puede regalar el Teatro Metro esa noche. La promesa del hijo pródigo de Massive Attack está a punto de hacerse efectiva, el asma estelar del hombre que estremeció las puertas del trip hop puede convertirse en parte de respiración propia por una noche. Está por venir esa delirante ghetto star que es seducida por las noches de Sudamérica. Tricky quiere apoderarse de esa mixed race de culturas ambiguas y ajenas, infinitas pero posibles.


El disco de la gira. Hay humo hasta en el cover.

La concurrencia, presta para el viaje sonoro, cuenta con algunos minutos de paciencia pero no los suficientes. Un buen setlist de piezas trippy ofrece el DJ Gonzalo Rodríguez durante la primera hora, pero la gente busca el arribo de artistas, quiere saber de sudores y gritos, de atmósferas y luces en vivo. Ver discos pinchados no es el objetivo y la incomodidad se apodera del recinto durante un lapso. Hasta que aparecen los teloneros con aire humilde y pequeña preocupación por el retraso, pero listos para la labor de apertura. Llega Nawal.

Los primeros balbuceos indican que la cosa se pone trippy. Al mejor estilo de Massive Attack, el opening cierne sus bases sobre la densa pero atrayente "Casa E Palo", una especie de clásico local de ondas trip hop que calienta muy despacio al respetable. Los gemidos de Javier Cucalón se emiten desde dos micrófonos, uno de limpia recepción y otro con la acostumbrada densidad del eco Dub. El line up se complementa con par synths, guitarra, batería y bajo. Y el Eco como herramienta delictiva, lista para hipnotizar incautos.

Nawal causando Ecco
Foto: Gustavo Martínez. Shock.


No hay artificios, no hay juguetes electrónicos de extraña índole, no hay teatro. La sencillez densa es la propuesta que se trae Nawal, con un Javier modesto pero entregado que juega con la pandereta y la garganta en intensa moderación, un Nicolás Atahualpa en guitarra que silenciosamente mueve los hilos del ritmo desde sus seis cuerdas, y una banda que acelera su pulso sin despeinarse y se concentra en su labor de buena ejecución y convertir las ondas del reggae en una expedición boscosa pero placentera. Desfilan en este viaje melodías como "Ecco" que titula su último trabajo publicado, una peculiar versión pro-Tricky de "Suspicious", y la interesante interpretación de un tema clásico de Hora Local, "Implicados" con todo el aliento a reggae dub, esta vez aderezado de trip hop. Tarea bien hecha, público listo.


El humo ya se siente. Una calmosa ansiedad se apodera del auditorio con la explosión del sample del legendario "Sweet Dreams" de Eurythmics, cuando de repente aparece un menudo afro, cerveza en mano y chicote en otra, un hombre que pasa por transeúnte valluno de t-shirt barata, un moreno errante que puede desfilar por la plaza de mercado sin despertar miradas, la pretensión hecha trizas con el atuendo más común del mundo. Cero fashion, pura intensidad. Los tatuajes indescifrables de Tricky ven las luces rojas, azules, verdes, fuera camiseta y un torso listo para exudar cacofonías físicas atrayentes, se ha puesto en la mitad de la tarima la estrella del ghetto, de espaldas a los asistentes, de frente a la interminable ola de humo que siempre despide de su boca, el ahogo hecho arte. "You don't wanna" suena, pero al contrario 'They wanna'. Es apenas el inicio.

Las emociones del show se dividen en dos facetas. La primera es el desgarrado pero sensual discurso de susurros asmáticos, depresiones de voz sexual que causan enorme placer, iniciando con el hipnótico y voluptuoso "Really Real", un lento idilio que nos presenta una sexy y dispuesta vocalista de apoyo Franky Riley y muestra sus murmullos de sugestividad agónica. Dentro de estos parámetros se explaya el clásico "Pumpkin" de densidad más orgánica en vivo; la siempre erótica y bandera de los setlist "Overcome", objeto de muchas cámaras voyeuristas para la posteridad; la letal y abatida "Past mistake" de beat lento y mortífero, de asfixia compartida entre la sensualidad de Franky y la oscuridad de Tricky; finalmente, un tema cortesía de la hermosa vocal que evoca un poco el "Hell is round the Corner" del Maxinquaye, "I sing for the Joker", elegía femenina que rescata matices soul y los estampa en aquella cadencia sin prisa, esa sofocante nebulosidad que llama al éxtasis.


La hermosa Franky Riley.
Foto: Gustavo Martínez. Shock


La segunda faceta emocional del show despierta la dinámica callejera y llama al hip hop sin escrúpulos, Franky cubre la cuota vocal con éxito. De ascendencia italiana, esta sorprendente y explosiva Francesca Belmont esputa un 'flow mafioso' en los cover "Black Steel" y "Gangster Chronicle" de Public Enemy y London Posse respectivamente, y pone a muchos zapatos a jugar contra la gravedad, asímismo con "Bristol to London" en esa intención 'gangsta-rocker' de cuero negro apretado y fraseo acelerado. Pero el momento de causar sudor frenético y brinco incesante con su capacidad vocal se viene con el clásico de Motörhead versionado desde Bristol, un "Ace of Spades"menos metalero y de corte más sucio, rock divertido que convoca más de treinta fanáticos a los que Tricky les concede abrazos en tarima, flashes de close-up para colgar en red social un par de horas después y una euforia que solo puede brindar el hecho de tener a un artista tan cerca y eternizarlo en esa sesión de transpiraciones próximas, besos a sus tatuajes y un par de minutos de gloria compartida en la plataforma del show.


Tricky atesta la atmósfera de humo cual chamán en ritual. No participa mucho en el canto, sus líricas ahorcadas llegan en sílabas cortadas mientras la emprende contra los micrófonos, los castiga, los golpea en su pecho de modo penitente, los ahoga con su sollozo moribundo y su cabeza convulsiona como si su cerebro intentara salir de aquella cárcel encefálica, como si quisiera recorrer desnudo, sin corteza, todo el teatro y vomitar materia gris. Uno de los mejores ejemplos de esquizofrenia tarda, de epilepsia en slow motion se nota en "Hollow", con la mano al cielo, la cabeza sin horizonte, el cuerpo desdoblado y la ansiedad a punto de la explosión, un larguísimo acto de muerte lenta sin lloriqueos, un agobiante momento de deleite.

El delirio del astro trip

La banda del Ghetto Star es un deleite para los hombres -y para algunas mujeres, porqué no- por la cuota femenina de artistas. La baterista Emily Dolan Davies define ese golpe bluesero de "Puppy Toy" con antojo descarado y la bajista Laura Kidd seduce con su postura parca cuando desliza sus dedos entre las cuatro cuerdas. El instante de fama luminosa para la guitarrista Tiffany Bryan se acomoda en el tema "Time to dance", el jefe Tricky la invita a ser show central con un solo de guitarra sencillo de cabello rizado y piel morena. Hay un infiltrado masculino entre los instrumentos, el viejo conocido Gareth Bowen prepara el gatillo en los teclados certeros de "Murder Weapon" (otro cover, original de Ecco Minott y con sample del clásico Peter Gunn de Henry Mancini) y hace las delicias de las blancas y negras y de la efectística que requieren los momentos más densos del concierto. Pero el mando alternativo de esta frenética exhibición lo tiene Franky Riley, quien no ofrece el baile más sensual, pero sí la seguridad vocal más efectiva, como en "Kingston Logic" donde no hay trucos computarizados y resalta su dominio respiratorio, en medio del humo abrasivo que se cargaba al público hasta el Averno del delirio.



Video Revista Metrónomo

El humo ya ahoga. Tricky debe recurrir a los favores de un tanque de oxígeno, en una visión de postguerra cuando muchos cuerpos han sido magullados por la enajenación sonora, especialmente después de una versión extensa de "Vent" con todos los ingredientes para clamar por un emocionante preinfarto, entre sus pausas y sus descargas de enorme poder. Para el cierre, un último toque de interactividad, ese clímax letal que se trae la melodía de "Past Mistake" y Tricky trepado en las manos de sus seguidores, llevado por un cauce humano que quiere perpetuar su cuerpo para siempre en sus memorias dactilares. Se va agotando el tiempo de la estrella del ghetto que se va apagando tragada por su público y desaparece sin voz, "Ghetto Stars" es el réquiem de la banda para este minúsculo bristoliano que se vuelve efímero y mortal como todo el humo que emanó durante su show y que ahogó de excitación a sus espectadores. El humo desaparece.

1 comentario:

  1. El blog muy rico en contenido, en información, en descripción del evento... César: es importante mejorar la puntuación, la descripción de las ideas, el manejo de las palabras. Acuérdese, una idea por párrafo.
    Usted tiene un vocabulario abundante (si quiere, rico y enérgico en expresión y semántica; para un artículo como este es agradable de leer) pero manéjelo para relatar cada experiencia desarrollandola adecuadamente (el momento de la espera haciendo la fila con el frío chocante de la bogotá nocturna, el ingreso pesado luego de una espera casi interminable oyendo los comentarios de amigos, y espectadores ansiosos del concierto..., la espera tiene su recompensa con la presencia de Dj Rodríguez..., luego viene Nawal, etc. (como ejemplo). Cada espacio y momento tiene su participación esa noche, y dentro de una misma descripción... sin prisa pero sin pausa.

    Por otro lado, rebueno lo de Fisherspooner, deberíamos ir.
    Hermano, se cuida y un abrazo. Y cualquier indicación que necesite si le sirve de algo a la orden.
    Un abrazo.

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