24 dic 2012

JAY-Z - THE BLUEPRINT




La tragedia no evita el éxito. Suena paradójico, pero el ejemplo perfecto para desmentir una crisis en cadena es la aciaga fecha de septiembre 11 de 2001. Las Torres Gemelas se desbarataban a causa de la oscura fuerza terrorista, pero el mismo día fueron lanzados dos trabajos disímiles en género, pero perdurables en reconocimiento, Love and Theft de Bob Dylan y The Blueprint de Jay-Z. Este último, con la consecuencia afortunada de más de 400.000 copias vendidas en su primera semana y con todas las estrellas puestas en reviews de distintos medios y fuentes especializadas. Tanto, que hoy es considerado un álbum 'clásico'. Pero, ¿Cuál es la magia que tiene Hovito para hacerse a respetable fama en medio de los escombros y el llanto?

The Blueprint no es un manifiesto político. No es una placa idealista y esperanzadora. No está lleno de colaboraciones vocales y aderezos extraños (aunque la participación de Eminem es muy acertada). Y no está entintado de sangre pandillera ni se empalaga de autos lujosos y féminas de boobs prominentes. Lo extraño es que se encuentra en la mitad del circuito underground y el mainstream, una especie de eslabón perdido que rescata lo más duro de las vivencias en Brooklyn sin ser demasiado crudo, y que exhibe los beneficios de la fama sin mayor exageración -aunque por momentos, Jay se torna un poco superlativo en su ego-. El equilibrio de clase en la lírica, los compañeros que entintaron la producción del disco y el acertado uso de samples fueron claves para el conjunto de canciones que hasta hoy sigue siendo aclamado por el público.



Los nombres clave que iluminan la placa vienen directamente de la producción. Kanye West, Timbaland, Bink, Just Blaze y hasta el mismo Eminem son personajes que le dan cuerpo a las canciones y le ofrecen un tono compacto al recorrido por esta impresión discográfica. Una elaborada selección de samples, mas el peculiar estilo de Jay para componer rimas crearon una marca imborrable para los anaqueles del hip hop. El neoyorquino lo había logrado, engrosando su billetera, su reconocimiento y especialmente, su ego.

UN DECLARADO REDENTOR 

Inicia entonces un recorrido por una enconada lucha contra sus detractores y un progresivo dibujo narcicista que llega a convertir a Jay en una especie de dios humano que contiene lo mejor de Sinatra, Magic Johnson y otros tantos mortales célebres, apenas superado en la cúspide por su fallecido amigo y rapero Notorious B.I.G. Y es que el ego es el alimento del fraseo. "Hola Hovito" es su autoproclamación como el Jehová, señor y redentor del género, 'If ain't better than B.I.G., I'm the closest One' dice en una de sus rimas. Su primer single "Izzo (H.O.V.A.)" confirma con esas iniciales su delirio de Profeta y dios. Con un simpático sample de "I want you back" de Jackson 5, la canción de ritmo amable logró el puesto 8 en listas Billboard y se dedica a recrear breves instancias de su época de dealer, a proclamarse como el mejor, y a pelear contra la industria. La pelea es otra de sus preferencias líricas.

Takeover by Jay-Z on Grooveshark

 Don Shawn Carter pelea a capa, espada y lengua en sus rimas. Ataca frontalmente a sus detractores sin pudor, y el manejo de su arma vocal es uno de los atractivos para sus seguidores. ¿Qué defiende? Primero, su mérito como MC, su gremio genético y justifica algunos actos del pasado. Los golpes van y vienen en muchos de sus temas. Es soberbio y sensual en "Jigga that Nigga", su tercer single del LP y no escatima en alardear de su condición vendedora. Se levanta y encara en "Heart of the City (Ain't no love)", 'Niggas pray and pray on my downfall/ But everytime I hit the ground I bounce up like roundball'. Pero el aire de contienda más célebre lo ostenta la enorme pieza  "Takeover" un desafío abierto a su archirival de entonces Nas y su diss song (canción de insulto) más efectiva, apoyada por el poderoso sample de "Five to One" de The Doors. 'Nigga switch up your flow, your shit is garbage/ What you trying to kick knowledge? Get the fuck outta here', o 'You made it a hot line, I made it a hot song'. A la hora de los enfrentamientos, hay que reconocerle a Jay-Z  maestría oral.

'You made a hot line, I made a hot song'. Jay-Z Vs. Nas

ALTIVEZ NEGRA

Ante todo, el orgullo. Una especie de black power más insolente y menos político que el expuesto por Public Enemy en las postrimerías de los 80s. Jay Z a la defensiva promoviendo el poder en una especie de altanería digna. "The Ruler's back" con sample épico de tonos soul sostiene su idea de orgullo negro. Con todo y sus antecedentes de dealer en las calles de New York, Carter se reconoce y se encarga de imprimirle     rima a la tragedia callejera en "U don't know" de forma muy aguda, 'There's some much coke that you could run the slalom/ And cops combs the shit top to bottom'. Y la defensa de su círculo continúa, esta vez en un pasaje musical sobresaliente, el "Renegade" acompañado de Eminem, donde a dúo se encargan de hablar sin miedo en una pista oscura, de una barricada verbal que protege sus derechos líricos, 'Say that I'm foolish I only talk about jewels/Bling Bling/ Do you fools Listen to music or Do you just skim Through it?'. Si de algo pueden hacer alarde este par de MCs, es de su forma de atacar y defender.




La línea melódica está sustentada especialmente por la influencia del soul. El álbum mantiene una cadencia reposada con samples de voces negras, rescatando aromas Motown y apasionadas sonoridades que solo pueden ostentar los afro. Nombres como Jackie Moore, Bobby Blue Bland o David Ruffin son clásicos que refuerzan con éxito las pistas del álbum. Es precisamente la voz de Ruffin, el  famoso cantante de los Temptations que le da ese aire nostálgico a "Never Change", donde Jay  evoca su duro pasado y reflexiona sobre su presente dejando de lado su gigante ego para reconciliarse con el infortunio. La voz de Natalie Cole es sampleada en "All I Need" en una canción rica a nivel melódico, con percusiones orgánicas y sabor a soul, donde Jay una vez más se hace intocable y habla de sus únicas necesidades para seguir siendo el dios del rap: sus amigos, sus rimas de afrenta, un par de caprichos materiales, y obviamente, mujeres.


EL CONTINENTE DE LA LÍBIDO

La zona dedicada a las mujeres se divide en dos pasajes. El primero es el lascivo y juguetón, ostentoso y erótico, su exitoso segundo single "Girls girls girls" (#17 en Billboard), donde el MC cumple todas sus fantasías con féminas de toda raza y  condición social, un continente de líbido a merced de Hovito. El segundo pasaje es desencantado y triste, la rap ballad "Song Cry" de tono nostálgico y con mucho sabor soul, donde reconoce que después de la lujuria viene la infidelidad y el exceso que en consecuencia le traerá el rompimiento con su pareja. Último single de este trabajo en el que al fin Jay Z se arrepiente de algo, 'Hey say you can't turn a bad girl good/ But once a good girl's goin bad, she's gone forever/ I'll mourn forever/ Shit I gotta live with the fact I did you wrong forever'.


El cierre de esta exitosa placa es una serie de agradecimientos líricos condensados en un R&B íntimo con "Blueprint (Momma loves me)", menciones a personas especiales en su camino. Jay Z debe agradecer a sus productores, a las voces de sus samples, a su propia experiencia personal, y a sí mismo por su capacidad para componer versos agudos y punzantes. The Blueprint ha llegado lejos por su sagacidad lírica y por darle un tratamiento especial a las pistas musicales, recuperando el espacio del soul al servicio del hip hop, por su limpia producción y por no tomar partido de la gran corriente ni de la protestante clandestinidad. En la mitad entre la gloria comercial y el respeto crítico, reposa un trabajo megalomaníaco que tiene méritos propios pero ostenta una enorme mancha de narcicismo. Lo puede afirmar el mismo Jay Z con su rima arrogante pero contundente, 'I sell ice in the winter, I sell fire in hell / I am a hustler baby, I'll sell water to a well'.



21 oct 2012

PERSONA: EL TRIUNFO DEL SILENCIO



Una imagen vale mas que mil palabras. Pero mil palabras se desvanecen ante el poder impío del silencio, el arma letal que desfila en toda la trama de Persona (1966), el film de Ingmar Bergman que encumbra su estilo poético visual y que, con diálogos no correspondidos y un fuerte trabajo gestual, lo consolidan entre los grandes proponentes de la cinematografía mundial. La perturbadora historia que escarba en el interior de la personalidad tiene varios plus que la convierten en un atractivo no sólo narrativo, también visual. Exquisitez sórdida.

Poeta visual sórdido pero sensible. Bergman.

Una actriz de teatro (Liv Ullman) sufre un shock emocional y voluntariamente apaga sus palabras para no hablar más en su vida. Es puesta al cuidado de una enfermera (Bibi Andersson) que, por el contrario, está dotada de un interminable desahogo verbal y pone a confrontar el diálogo con el gesto, abre una continua disputa entre la pregunta y la respuesta. Un retiro de las dos personajes a la playa para beneficio de la enferma es el comienzo de una lucha de poderes entre dos personalidades que van pasando de la seguridad al temor, en un continuo oleaje emocional que va resquebrajando lentamente el temple de la enfermera, pero que a su vez deja percibir los lunares mudos y dolorosos de la actriz.


 Liv Ullman, poder gestual.

El mismo Bergman afirma caminar en una cuerda que nos transporta entre la realidad y la inconsciencia. Un tiempo y espacio que amasa instancias surreales. Escenas que transitan entre sueños, tragos y apariciones, que revuelven la conciencia de la enfermera Alma, ávida de sonidos vocales de su protegida/oponente. Mientras ella alucina con escuchar algunas palabras de la actriz Elisabeth, se deja envolver por su aura y pasa de ser una servicial y segura mujer a una sumisa e inofensiva niña que cae ante el arrullo silencioso de una enferma que rebosa de fortaleza interior.

Liv Ullman es impecable en su interpretación muda de la actriz. El trabajo gestual, su mirada dominante, su sonrisa burletera y su desasosiego ante las realidades que prefiere evadir son herramientas histriónicas que no necesitan de palabras para aderezar un papel bastante vigoroso e inquietante. Su antagonista Bibi Andersson, deja de un lado los papeles ingenuos de filmes anteriores para darle carne al drama de una mujer que es retada por el silencio y llevada lentamente a la exasperación mientras malgasta sus palabras y sus lágrimas en intentos por mantener el control, con nulos resultados. Una belleza que se va desenfocando con la falta de respuestas.

Del temple a la angustia, Bibi Andersson.

El refuerzo genial de los diálogos/monólogos lo tienen los planos de fusión entre rostros. El trabajo de cámara es fascinante cuando se tiene a Alma en primer plano mientras la frialdad de Elisabeth la escolta desde atrás; las conversaciones entre palabras y miradas convergen en un juego de rostros y cuerpos que se van mezclando gradualmente hasta llegar al famoso plano de pantalla dividida donde una persona se apodera de la otra. Este proceso se desarrolla en la película con el constante recurso del close-up, donde la cuota gestual es de absoluta importancia para decir líneas con los ademanes. La gestualidad es el arma histriónica que solidifica la propuesta de Bergman.


Paralelo al relato de las dos mujeres, se encuentran los turbadores 'poemas visuales' que circundan en el montaje. Manos crucificadas, penes erectos, ancianos yacentes, cartoons sin gran significado y un retorcido juego con realidades inexistentes que muestran deseos oscuros y temores humanos. Sexo, muerte, desolación y hastío, acompañados de la visión del hijo de la actriz rechazado por su madre, que la busca entre difuminaciones y lejanas memorias. La compañía de una cámara de planos fijos cáusticos es suficiente para alertar al subconsciente.

Las experiencias visuales siguen siendo únicas con el escaso uso de contraplanos en algunas conversaciones. De hecho, en una de las últimas confrontaciones entre la actriz y la enfermera, Bergman se aventura a repetir la misma escena en plano fijo desde dos encuadres opuestos, creando una atmósfera distinta a partir de las expresiones de las protagonistas. El plano cerrado con el lente fijo en los ojos de Ullman o Andersson quiere desentrañar sus ilusiones y temores. Entretanto, la música de Lars Johan Werle es un amasijo experimental que retumba y trastorna, sus intervenciones ocasionales son el acento del drama psicológico.

La victoria silenciosa. ¿Quién es Persona ahora?

La mejor forma de evadir el ser Persona es la profesión de Elisabeth, una actriz huidiza, que si llegase a contactar con el mundo real podría conocer el dolor completo. La doctora que supervisa su historia médica tiene dos perlas de guión que definen el carácter de la película desde la perspectiva de la actriz: "El imposible sueño de ser. No parecer, sino ser". Donde la apariencia pesa más que la franqueza. O "Tu falta de vida es tu papel más fantástico". Donde la existencia se reduce a interpretar a otro.O no interpretar a nadie.



 Mientras la voz de la actriz apenas se siente un par de instantes durante el film, el dominio categórico se lo lleva el silencio. Aquella indiferencia muda con un peso misterioso, con una sabiduría maliciosa, con la paternidad tosca sobre la palabra. La evasión del universo a través de la inmovilidad vocal es cruel, contundente y agobiante. Bergman demuestra que los poemas recitados con el grito silente pueden ser más poderosos que quinientas líneas de guión, apoyado en una Liv Ullman que mantiene intacta su preferencia por la inmovilidad, y finalmente respaldado por la contraparte de Bibi Andersson que araña las paredes del ruido y busca un poco de misericordia parlante. En Persona, la desolación crece con el triunfo del silencio.


12 sept 2012

HOLE - LIVE THROUGH THIS



Y las mujeres gritaron en los noventa. La escena alternativa del rock liderada por el fenómeno grunge de Seattle dio origen a diversas formaciones que querían expulsar sus demonios femeninos entre la suavidad del pop y la contundencia de las guitarras fuertes herederas del punk. La abuela de esta idea es sin duda Patti Smith, patrocinadora de la emancipación en los setenta; luego, viene una madrina melódica subestimada por su falta de escándalos, Kim Deal (Pixies, The Breeders); finalmente, el nombre que llevaría al punto más alto de popularidad el lamento femenino, la desolación y el exceso hecho mujer es el de Courtney Love.

Jennifer's Body by Hole on Grooveshark

 Muchos dicen que su fama se debe a la relación sentimental con Kurt Cobain, a la odiosa comparación como la Yoko Ono de los noventa y al arrastre creativo e influjo del líder de Nirvana en las propuestas melódicas de la agrupación de Courtney, Hole. Pero la verdad sea dicha, el grupo de Love tiene su historia independiente y logró gestar a partir de su rebeldía, su visión particular del mundo y sus melodías un capítulo paralelo a la grandeza de Nirvana. El paquete de chicas rebeldes noventeras conformado por gente como L7, Bikini Kill, Babes in Toyland o Lunachicks no lograron alcanzar el margen de importancia de Hole. Pero no pueden culpar a un oportunismo de relación Cobain-Love. Su relieve en territorios musicales iba más allá.

DE LA RABIA A LA MELODÍA

Los inicios ruidosos del álbum Pretty on the Inside (1991) marcaron el camino para la aceptación de la gente en el circuito alternativo. Y fueron el punto de partida para diferenciar las ideas de Courtney Love y Kurt Cobain, con quien apenas se conocía en la época. Varias canciones que tocaron la fama en Live Through This se engendraron en pleno comienzo de década, y la visión desolada, desencantada y resentida por los cánones de una sociedad machista ya tenían huella presente en las composiciones de Love. Tres tentativas para grabar el LP, lo intentaron en París con la ayuda de Butch Vig, y luego en Seattle con la colaboración de Craig Montgomery y Jack Endino. La tercera fue la vencida en los estudios Marietta de Georgia -allí se grabó el Siamese Dream de Smashing Pumpkins- bajo la producción de Paul Kolderie y Sean Slade, y el patrocinio financiero de la casa Geffen.

Rabia desde un Hoyo profundo. Hole en 1994.

Muy cierta es la influencia melódica de Kurt Cobain. Muy cierto es que el motivo de inspiración para algunas letras fue el mismo cantante de Nirvana. Muy cierto es que él mismo participó en tomas alternas como bajista y vocalista de respaldo. Pero el famoso mito de la autoría invisible de Kurt de todas las líricas y su intervención absoluta en Live Through This se viene abajo al examinar el álbum por completo, confirmar composiciones antiguas, y darle valor al espíritu independiente de Courtney, quien apoyada por su compañero de fórmula en guitarras Eric Erlandson, logró darle una cara al proyecto Hole. Una visión melódica y accesible sin perder la furia alternativa, un tratamiento lírico proveniente de una percepción femenina, y un lugar en el  mundo de la música a partir de la sinceridad afligida y rabiosa.

El disco fue lanzado en abril de 1994, pocos días después del deceso de Cobain. La sombra de su muerte le dio cierto impulso y atención a Hole y le trajo algunos frutos. La crítica trató bien al disco y hubo una curiosa mejor recepción en Europa que en América. Un segundo impulso mortífero provino de la muerte de su bajista titular de entonces, Kristen Pfaff, quien sucumbió al exceso de heroína. De uno u otro modo, la combinación de muerte y música les regaló un doble platino, un mayor respeto por la propuesta de Courtney Love y una identificación generacional que le dio más crédito a la banda de Los Angeles.

Kristen Pfaff y su bajo metanfetamínico.

SEXO, DROGAS Y ROCK & ROLL

Pero en su faceta más lúgubre, donde poco beneficio viene de la Trinidad del Exceso. El álbum abre con un manifiesto de explotación sexual que se remite a la época de Love como stripper, "Violet" es un acto furioso de destrucción que se queja de la carnalidad obligada, del sexo como acción de consumo y desecho, y que refiere también a su relación fallida con Billy Corgan de los Smashing Pumpkins. 'When they get what they want never want it again/ Go on, take everything' como una invitación al desagravio lascivo entre compases fuertes y otros sosegados, herencia del sonido Pixies. La canción funcionó bien en Gran Bretaña con la posición 17 en listas. Otro tema que tuvo cierta figuración pero no fue single es "Asking for It", coqueteando con tonos pop e influencia del estilo Nirvana, donde Courtney pasa de la queja suave al grito desmedido, asaltada en líricas de irrespeto machista, desnudando en el micrófono el manoseo masculino y el ultraje, 'Everytime that I sell myself to you/ I feel a little bit cheaper than I need to'. Líbido amargo.




 Si nos acercamos a la temática alucinógena, Hole no es ajeno.La gran comparación en todos los matices es su single "Miss World" donde la dualidad es la figura. A partir de la apariencia de una joven inofensiva, la reina se convierte en la villana en un viaje metanfetamínico junto a los pasajes duales de candidez acústica y fuerza eléctrica de los instrumentos, identificando esa personalidad crítica de Courtney Love y Kristen Pfaff, ' I'm miss World, somebody kill me/ Kill me pills'. Esta autodestrucción vertiginosa lleva a componer a Courtney sobre el abandono, el rechazo y una subversión resentida contra quienes la dejaron en los momentos más difíciles, "Gutless" es una agresión dolorosa bien elaborada, con un trabajo destacado en los tambores de Patty Schemel y bajo la producción de J.Mascis (Dinosaur Jr.).

El rock and roll es un manifiesto entero en todo el disco. La notoriedad del tema la adquiere en "Olympia" etiquetada en el arte del disco como "Rock Star", con una impetuosa descarga plagada de sangre punk, dedicada al riot grrl noventero de Washington y una interesante burla al movimiento de chicas rebeldes con frases como 'And what do you do with a revolution'. La guitarra de Eric Erlandson y el buen desempeño musical rocanrolero se notan  en "Credit in the Straight world", una gran versión del tema original de los Young Marble Giants, inyectando dinámica y vivacidad. El grunge acelerado y cáustico de "She walks on Me" es puro bullying de megáfono en voz de Love con poderío brutal, grabado durante los breaks de estudio en el proceso del In Utero de Nirvana. En esta canción se percibe la influencia de la banda de Seattle, haciendo una especie de "Aneurysm" alterno, más rápido, pero con la huella de Cobain en su sonoridad.

EL RASTRO DE KURT

Y Kurt Cobain no se puede exceptuar como referente del Live Through This. El amargo recorrido por el idilio con el padre de su hija fue motivo de inspiración para varios temas, referentes al desamor y la falta de aceptación. La canción más popular del trabajo, "Doll Parts" (# 16 UK, # 58 USA), es una petición amorosa resignada de Love cargada de pena acústica, reconociendo sus errores y buscando reivindicarse en medio de una tristeza de tres acordes. Esa evocación poco romántica pero ansiosa se sostiene en el discurso del último sencillo del trabajo, "Softer, Softest", donde hay evocación de pareja pesarosa y rural, que recuerda sus momentos juveniles entre esfínteres líricos de orina y semen con una balada suave pero poco compasiva.



El desconsuelo por las relaciones fallidas sirvió para despedazar lentamente el corazón de Courtney Love y llevarla a la desazón anfetamínica. En "Jennifer's Body" hay un canto de Love a lo Chrissie Hynde que acentúa su amargura y desentendimiento con el amor en una equilibrada canción de rock. Tal desamor lleno de píldoras causa consecuencias en el hogar, especialmente con su hija Frances Bean, de quien no parecía tener el mayor cuidado. 'But I don't do the dishes/ I throw them in the crib' es una de las frases que contiene "Plump", un tema que escupe su realidad caótica como ama de casa. La desolación y pérdida absoluta de inocencia destroza su imagen como mujer en "I think that I would die" donde la ausencia de hombre, de leche y la posible ausencia de hija en vista de las múltiples acusaciones por ser madre irresponsable, forjan un panorama desesperado en una canción electroacústica y lúgubre compuesta entre Love y su amiga Kat Bjelland (Babes in Toyland). De allí se extrae uno de los 'fuck you' más célebres de la historia lírica del rock.

Kurt y Courtney, unidos en medio del desastre

La visión de una mujer golpeada por el sinsabor de las drogas, el machismo y la indiferencia, se condensa en esta placa que busca emanciparse de la imagen lastimera de hembra que ha llegado a lo más bajo, para buscar una instancia de luz a través de la música. A pesar de todo - de Kurt, las drogas, la muerte de Kristen Pfaff, del desastre como madre y esposa-, Hole logra salir de su propio hoyo con consistentes piezas de rock alternativo en un desahogo certero que determinaría su posición como banda respetable y que aumentaría su fama con su tercera entrega Celebrity Skin (1998). Courtney  Love tuvo derecho a un momento de redención y lo vivió con Live Through This.


21 ago 2012

CUANDO LA VIDA CHOCÓ


La lluvia y el olvido hacen estruendo y construyen memoria gracias al esfuerzo diligente de la primera cinta de Jhonny Hendrix como director, quien sacó a relucir todo el sentir del color ébano en Chocó. No es pornomiseria, no es costumbrismo arraigado ni es una cinta de dramatismo lacrimoso, es un retrato personal que logra cubrir la universalidad de uno de los departamentos más lluviosos del planeta, en permanente estado de aislamiento por parte del Estado, pero con una profunda riqueza natural y cultural que vale la pena rescatar.

Jhonny Hendrix, envuelto en Chocó
Una trama sencilla, sin mayores pretensiones o enredijos, logra cobijar varios aspectos sociológicos de la región, sin entrar en un conflicto político resentido o en teledramas familiares exagerados. El exotismo geográfico, la música, la minería, el machismo, el optimismo mojado de amarguras y hasta la invasión paisa son referentes periféricos que enriquecen el dibujo que se va construyendo a lo largo del relato afro. Que sucede cuando la vida Chocó.

Chocó es una mujer, emprendedora, incansable y sumisa con su marido que lucha por un bienestar en unas condiciones económicas difíciles, bajo el abrigo del río y la necesidad de explotar los minerales para su subsistencia. Su objetivo es poder celebrarle el cumpleaños a su hija menor con una torta grande y digna, costosa para sus alcances, pero necesaria para satisfacer las sonrisas de un hogar marcado por la carencia. Un departamento colombiano encarnado en una fémina, con ilusiones, sonrisas, tradiciones y creencias religiosas, maltratado por la mano del hombre -el negro, el paisa, el minero-, que no olvida su arraigo ancestral, que es optimista en medio del charco gris y que, en medio de la aceptación de una vida que tiene el agobio de la privación, respira hondo y se sumerge en el sueño de la emancipación que la libere del enorme peso de su historia.

Optimismo pacífico de Chocó.

Hendrix no se vale de muchos aderezos para exhibir su producto. La contemplación es la consigna de la cámara. Planos fijos, generales, sosegados. Secuencias de acción largas que observan cotidianidades del interior del Pacífico, juegos interminables de dominó, la naturaleza selvática que se quiere liberar buscando el río, luego el Oceáno, la tierra que es violada por la fiebre mineral, una casa minúscula que esconde la grandeza del espíritu. Así mismo, el sonido es atmósfera ambiental que va ubicando al espectador en el espectro de las aguas de un San Juan, de un Atrato, de los posibles Lloró, Tadó o Condoto. Donde la marimba juguetea con la lluvia y los insectos húmedos se refunden entre los artefactos ávidos de platino y oro.

Como es la costumbre en las películas 'étnicas' que han surgido en la nueva ola del cine colombiano -estilo Los Viajes del Viento o El Vuelco del Cangrejo- no pueden faltar los apuntes que enmarquen una pequeña sociedad  llena de costumbres propias: Los hermosos cantos fúnebres del inicio, el marcado machismo retrógrado de los pueblos alejados, la invasión mercantil paisa -que no sólo sucede en el Chocó-, la etnoeducación afro donde primero se enseña lo local, las conversaciones y los modos de las mujeres chocoanas con sus novelas de chisme, fantochería y dichos locales, y la dicotomía entre la gran industria que explota la tierra como violadora impía, y la minería artesanal, con la caricia de la  mano trabajadora.
Un departamento hecho mujer.
Karent Hinestroza (El Vuelco del Cangrejo), encarna la lucha, el maltrato, la búsqueda, el agobio, la religión y la reflexión. Su caracterización no exagera, con naturalidad fluye el  personaje de Chocó, que se destaca sobre los demás. Sus dos hijos cuentan con aquella picardía infantil que viene de la raza negra -aunque su dicción es difícil de captar-. Su esposo logra el objetivo de causar antipatía con su conducta holgazana y machista, apenas remediada con su talento en la marimba de chonta. Y Fabio Restrepo (Sumas y Restas, Satanás) va consolidando su lugar como rostro del cine local, esta vez interpretando a un tendero paisa, oportunista y dominante. Otro personaje que vale la pena rescatar es la figura de don Américo, el minero artesanal, que sin hacer gala de grandes dotes de actor natural tiene bajo la manga unas líneas de guión contundentes, reflexiones sobre la tierra, la vida y el matrimonio.



 Muchos aspectos de la realidad chocoana son paisajes de la película, es un recorrido complementario a aquella ficción que no lo parece tanto. Excepto un par de toques de chirimía, alguna presencia más poderosa del pescado y el viche, y la falta de presencia indígena -hay que recordar estas minorías poblacionales en el departamento-, el concierto etnográfico quedaría completo. Pero Chocó es una ópera prima absolutamente digna, que se va enriqueciendo con los minutos y que exalta los valores de una cultura golpeada por la falta de memoria estatal y de una tierra que, aunque ultrajada por la avaricia, no deja de ofrecer el amable tono de la lluvia cantaora y el idilio ancestral afro.