15 nov 2013

EPMD - STRICTLY BUSINESS


1988 fue un año mágico para el desarrollo del hip hop. Luego de el paso de los beats minimales llegaron con fuerza los samples, las líricas gangsta y la apertura a un mercado cada vez más amplio dentro del gremio. Public Enemy era la conciencia política de entonces y el estandarte por la reivindicación de la raza negra, N.W.A. era la letra subversiva e insolente pionera del gangsta, Boogie Down Productions cultivaba el modo de rap conciencia y 2 Like Crew se ocupaba de las rimas libidinosas y las curvas peligrosas. Entre este brillo de vertientes y propuestas se incluye un dúo neoyorquino que se encargó de mejorar el nivel de producción musical, incluir géneros ajenos al disco en los samples, comenzar a construir duelos vocales y moldear egos en sus líricas. Allí estaban los EPMD.

It's My Thing by EPMD on Grooveshark


UN NEGOCIO FUNKY

Su acrónimo prácticamente fue su búsqueda inicial: Erick and Parrish Making Dollars no sonaba nada altruista, pero era parte del contexto del hopper que buscaba un mejor mañana. Erick Sermon (E Double E) y Parrish Smith (PMD) provenían de Brentwood en Nueva York con el ánimo de hacer de la riqueza su cotidianidad. Russell Simmons (el famoso fundador de la disquera Def Jam) les dio una temprana ayuda como manager y lograron insertarse en los estudios de Sleeping Bag Records en 1987 para elaborar, sin pensarlo, uno de los discos claves de hip hop de la década de los ochenta. Era la hora de hacer su negocio.

El proceso de grabación de este álbum logró compilar aspectos novedosos y peculiares. Se olvidaron del old school y se atrevieron a incluir en su menu musical samples de rock y soul, pero especialmente de funk, dando como resultado un producto con acentuada sabrosura en las bases rítmicas. Le dejaron la protesta a Public Enemy, las balas a N.W.A.  y la conciencia a KRS-One para comenzar a trabajar en las rimas egocéntricas, desafiantes y creativas, haciendo alarde de un estilo particular para componer. Y aunque sus voces no son intensas y mantienen una línea relativamente plana, los dos MCs lograron conjugarse bien entre rimas y formaron un buen equipo, secundados en las tornamesas por su buen amigo DJ K La Boss y su talento para enebrar scratches efectivos.

                                                     


SOBERBIOS SAMPLES

El sample les dio la gloria. Una canción de reggae, luego una canción de rock con sabor funky, luego un sample para el rap. "I shot the Sheriff" ha probado todas estas facetas y en todas ha triunfado, sufriendo con placer su última mutación en "Strictly Business", uno de los clásicos del hip hop de todos los tiempos. Este segundo single de su LP tocó los listados de los dos lados del Atlántico sin ser el del tope, pero con una enorme influencia para la posteridad. Desde allí E Double E y PMD sacaron su arsenal rítmico y su letal desafío para el resto de sus congéneres musicales, 'I'm as deadly as AIDS when it's time to rock a party'. Una soberbia lírica que se desparrama en muchas de las canciones del trabajo, por ejemplo en "I'm Housin" donde mantiene ese tono ostentoso de rimas inalcanzables y al ritmo bailable del sample de "Rock Steady" de Aretha Franklin, que consolida una fuerte inyección de funk a su disco. Esa canción también mutaría a otro género bajo los esquemas de Rage Against the Machine en el 2000.

'The businessmen' 

Todo el disco está impregnado de funk y rock en samples. Otis Redding, Beastie Boys y the JB's consolidan una amalgama de black party en "Let the Funk flow", sabor a dos voces que no se desgasta en gritos ni curvas melódicas, que con su timbre prudente va soltando manifiestos de poder e inmodestia, 'Let the MCs know that I shock like lightning/ They mess with the E Double E, I sounds frightening'. En su extenso discurso rapeado pasan celebridades como Mario Andretti, Michael Jackson o Clark Kent con ingeniosos juegos de palabras, amasando un objetivo que siempre tienen claro: el poder y las chicas. Un poder que nunca da tregua, casi monárquico, el cual buscan explicar en "It's My Thing", 'To be a real MC, you can't be obedient/ To be smooth is the main ingredient'. Esta canción fue su primer sencillo, el más exquisito en producción con un gran trabajo en scratches y samples (Tyrone Thomas and the Whole Darn Family, Marva Whitney, Syl Johnson, Mountain y hasta Pink Floyd) y una atinada administración de los tiempos y espacios en el ritmo y en las rimas, que alcanzó a tocar el Top 100 en Inglaterra. "It's my Thing" logra justificar la soberbia y vanidad de los EPMD, pues es la pista con más clase del disco.



LOS NEGOCIANTES DEL EGO

Uno de los samples más usados en este álbum debut es "Jungle Boogie" de Kool & the Gang, ese ingrediente que contribuye a brindarle ese toque fresh al LP. Merodea entre canciones con sus fragmentos fiesteros inflando el ego musical de Sermon y Smith. En "You're a Costumer" aparece sin prejuicio, acompañando la base rítmica del "Cheap Sunglasses" de ZZ Top y de cuando en cuando la voz de Steve Miller cantando "Fly like an Eagle". El dúo sigue enfrentado al mundo sin dar concesiones en este largo prontuario de rimas en el que se comparan con el mismo Muhammad Alí ,'I'm the Double E, the thrilla of Manila/ Better known as the MC Cold Killer'. Las comparaciones se extienden en rimas de otro track, 'I'm like Zorro, I mark a E on your back/ I don't swing on no ropes or no iron cords/ The only weapon is my rappin' sword'. Este último extracto pertenece a su exitoso "You gots to Chill", con el golpe funk marcado y la venia de los scratches, apoyados en el "Bounce to the Ounce" de Zapp & Roger,  y destilando alevosía y superioridad hopper sobre cualquier rival del género, con aceptables resultados pues este segundo lanzamiento les alcanzó para llegar al #22 en listas de hip hop en USA. E Double E y PMD se consolidan entonces como los Negociantes del Ego.



Los dos MCs logran crear un ensamble armónico entre voces, con un Erick cercano a la nasalidad que combina bien con el tono un poco más grave y ágil de Parrish. Siempre vanidosos, siempre provocadores, siempre queriendo ser los primeros en la plataforma y los dueños del business. "Get off the Bandwagon" lo confirma con sus constantes ataques al resto de MCs del mundo y su postura petulante que no se molesta en hablar de sus atributos. Aunque también destacan el valor invisible que tiene su DJ de respaldo, K La Boss, maestro en los platos y acertado en poner los samples y scratches donde se debe. El dúo le permitió tener un tema exclusivo para él titulado como su nombre artístico, donde dispara su mejor arsenal de mezclas y desfilan sonidos de Daisy Love, Kashif, Steve Miller, LTD y hasta la voz de Vincent Price en el "Thriller" de Michael Jackson. Un gran DJ que está subvalorado dentro de la nómina estelar del hip hop.

Un talento subvalorado. DJ K La Boss.

Dos personajes aparte son protagonistas en un par de temas de EPMD. "The Steve Martin" es un curioso homenaje al comediante que le mostró al mundo un caricaturesco modo de bailar en el film The Jerk (1979) y del que los MCs se ocupan de alabar durante su trova urbana, un tema soportado en ecos de dub y unas trompetas de "Let me Come on Home" de Otis Redding que, sin ser malo, es el más débil del disco. El segundo personaje es el único que logra aplacar su soberbia por un instante y que curiosamente, tiene secuelas en sus siguientes trabajos. "Jane" es la mujer que atormenta el ego de Erick Sermon, en una historia de desagravio después de una cita amorosa y que se cuenta a modo de conversación entre los dos raperos. Los samples del "Mary Jane"de  Rick James ayudan a sobrellevar el impasse de faldas y por primera vez en todo el disco, el dúo muestra un lado vulnerable en sus estrofas.

La producción no tiene reparos. Los samples son un acto de frescura. Su ritmo es tan groovy que incita más al baile que al canto. E Double E y PMD, sin esforzar demasiado su garganta, lograron cautivar miles de fans con su sosegado estilo de frasear y su siempre retadora y arrogante postura. En 1989 obtendrían más fama y dinero con su segunda placa Unfinished Business, donde continuarían en la pugna por convertirse en el dúo de rap más grande del planeta. Tal vez actualmente no tengan tantos flashes de cámara ni recortes de periódico como Public Enemy o Beastie Boys, sin embargo, su Strictly Business alcanzó un status de clásico gracias a su exquisitez, la recursividad en el uso de los samples, un gran DJ camuflado haciendo el trabajo sucio y un par de individuos que se comieron al mundo con su ego, pero más que todo con su carisma y su buena forma de hacer los business a punta de rimas compartidas.




19 oct 2013

ARGO: MENTIRAS VERDADERAS


El Oscar a una mentira bien cubierta. No se puede negar su ritmo, su tensión y la recreación de una época que nos sumerge en el delirio persa antiamericano de Jomeini, todo un enganche patrocinado por el Hollywood amante de los finales felices. El film ganador de 3 Oscar tiene un fuerte olor a nacionalismo occidental que busca conseguir con esta historia un premio de consolación patriota. El problema en sí no es la película sino su trasfondo real, el que dejó a Jimmy Carter asustado y con una imagen impopular, y una numerosa cantidad de rehenes que nunca fueron rescatados en acciones heroicas ni operaciones militares memorables. Ese pañuelo de lágrimas cinematográfico que desvía la atención de la realidad se titula Argo.

Una vez más, Ben Affleck se 'infiltra' en la dirección.

El director Ben Affleck se la juega con un guión que puede ser de gran enganche, que como película de ficción funcionaría a las mil maravillas. Es cierto, Argo bajo el ideal de una mentira funciona mejor. Cuando no se conocen las verdaderas circunstancias de la toma de la embajada americana en Teherán, cuando se desconocen los más de 400 días que tuvieron que soportar los rehenes, cuando  no nos enteramos de la Operación Garras de Águila que fracasa con dos helicópteros estrellados, todo es perfecto. Argo parece estar hecha para cubrir una vergüenza diplomática internacional.

Aquí encontramos las mentiras verdaderas de una película de opiniones divididas, que peca por crear una realidad que no termina de convencer, a pesar de contar con varios elementos veraces. Nos ubicamos en el Irán de 1979 con el recién instaurado régimen del chiíta Ayatollah Jomeini. Los persas quieren de vuelta a su anterior mandatario para castigarlo, el Sha Reza, acusado de represión y muerte, refugiado en EEUU por su tratamiento contra el cáncer. Al notar que sus peticiones no son tomadas en cuenta, los iraníes la emprenden contra la embajada americana tomando a 52 rehenes y creando un clima de hostilidad antiamericana. Seis diplomáticos logran escapar de la embajada y se refugian en la embajada canadiense. Deben esperar por su rescate.

Montados en su propio film de suspenso, los diplomáticos del escape.

Hasta ahí las situaciones pueden pasar por reales, enmarcadas en un inicio atractivo del film combinando viñeta con video, donde a partir de lo audiovisual comienza este juego de mentiras verdaderas. La introducción viene con cierto olor subterráneo a petróleo, ese oscuro objeto del deseo que siempre abre las manos del tío Sam. Luego, la tensa toma de la embajada que combina recuadros en 4:3  de tono 'documental' con imágenes rodadas del film. Comienza a notarse una de las mentiras más audaces  y efectivas de Argo, el montaje. Angustioso, dinámico, haciendo buenas combinaciones de discursos reales con diálogos falsos, creando una telaraña atrayente que fusiona Teherán con Hollywood y en la mitad la silenciosa calma canadiense.

Viene entonces la misión de rescate tres meses después del incidente. Tony Mendez (el único héroe real de esta historia encubridora) es un agente de la CIA interpretado por un frío Ben Affleck , quien se inspira en El Planeta de los Simios para crear una película falsa y hacer pasar a los seis diplomáticos como parte del equipo de producción buscando locaciones en el Oriente exótico y escapar por vías 'legales' en el aeropuerto. Lo curioso es que en la historia del Planeta de los Simios estos toman a los humanos como rehenes. ¿Indirecta?

Artífices de una mentira: Chambers y Siegel

Mientras la realidad de la vida le venda los ojos a los rehenes y lo divulgan en los medios, los refugiados toman vino entre la calma canadiense. Llega entonces el universo de la mentira más crediticia del mundo para vendernos una nueva: Hollywood. Es necesario maquillar la verdad para venderla. Para eso acudimos al simpático personaje de John Chambers (John Goodman), especialista en maquillaje que nos trae líneas enganchadoras de guión y contribuye con el desarrollo de la misión. El otro mosquetero de la falsedad es  el deslenguado actor Lester Siegel (Alan Arkin), quien sabiamente dice 'Si hago una película falsa, será un éxito falso'. Entre Mendez, Chambers y Siegel idean Argo, una historia galáctica del Lejano Oriente que nos desvía totalmente la atención de la vergüenza por lo sucedido en la embajada para crear una misión heroica con la que piensan redimirse del descalabro diplomático y resarcir algunas heridas. A este film cabe anotarle que la verdad duele.

Hablando del aspecto estético, la cinta no presenta mayores inconvenientes. A partir de su buen montaje como bandera audiovisual, se soporta en una dirección de arte aceptable  en una Irán fotografiada con ciertos tonos verdosos y solemnes que contrastan con el color y la luminosidad de un Hollywood cálido y frívolo. El Gran Satán se invierte, mostrando un EEUU esperanzador y lleno de
vida en contraste con la frialdad y un régimen moralista y radical de Irán, todo a partir de la fotografía y las secuencias de acción que muestran un Teherán agobiado por la muerte y el sectarismo, una muestra que comprueba la aversión milenaria por el mundo musulmán ¿Será por el petróleo? Las escenas están soportadas con un actor de reparto que tiene peso durante toda su trama: la televisión. Constantes perillas se mueven al son del rifirafe entre los americanos e iraníes, son medios de ubicación en tiempo y espacio y curiosamente, siendo un mecanismo fabricante de mentiras, logra darnos un contexto de la verdad más cercano creando un paradójico contraste. Así como la imagen, el audio también es alto contraste, con el patrocinio anglo de Dire Straits, Van Halen y The Specials para mostrarnos el refulgente y extravagante mundo de Hollywood, y con el patrocinio  incidental y 'oriental' de Alexandre Desplat para hacerle un recorrido a los bazares y las calles de la capital iraní.

Otra de las mentiras bien confeccionadas es la escritura. El guión tiene varias salvedades que le brindan crédito a la película a partir de los sarcasmos y algunos comentarios políticos. Las intervenciones de Chambers y Siegel son perfectas punzadas al mundo hollywoodense, mientras en el mundo de la CIA y la inteligencia secreta logran dar un poco de realidad al desacreditar a Carter y su carácter débil, además de una maquinaria de Estado en la que se dialoga con Muppets, como lo afirman en la misma cinta. Incluso, las diferencias de estilo entre el FBI y la CIA se vislumbran con el primer diálogo del embajador canadiense con Tony Mendez, 'Esperaba un look más enigmático'. Las líneas logran darle un aire de crédito a la mentira y redondear el sustantivo que se pasea durante toda la película, la Desconfianza, que se percibe en casi todos los personajes.



El único que puede romper con ese aire de desconfianza es Tony Méndez, el heroico y silencioso agente que logró cumplir con la misión, tal vez el único personaje real que vale la pena destacar y quien sale sacrificado ante los intereses de sus superiores y la grave situación de política internacional del país,  y quien por fortuna en tiempos de Clinton obtuvo su merecido reconocimiento. Una lástima que una de sus grandes misiones fuera empañada por el fracaso de los rehenes en la embajada americana  de Teherán y que sus grandes movimientos como infiltrado vayan a parar a un filme que busca tener el pretexto de Argo como la zona épica del triunfo americano ante el mundo, cuando la realidad de las circunstancias fue otra, Jomeini logró salirse con la suya y dejar a la primera potencia del mundo muy mal parada. Esta involuntaria creación de mentiras verdaderas a veces solo inspira poder decir 'Argo fuck yourself '.



14 sept 2013

ALICE COOPER- LOVE IT TO DEATH


El mundo ya no era hippie. Venían tiempos eclécticos y la gente se debatía entre la rudeza y energía del hard rock y el virtuosismo y fantasía del rock progresivo. A comienzos de los setentas, entre  la pólvora de Vietnam, el final de The Beatles y las andanzas de Harry el Sucio comienza a definirse el sonido de una de las bandas representativas del rock duro de la escena americana. No contaban con el frenesí virtuoso de Led Zeppelin; no tenían vocales ni guitarras tan exuberantes como Deep Purple; no eran tan glamorosos como T-Rex. Pero aprovecharon influencias progresivas de  Frank Zappa y teatrales de Genesis, para apropiarse de una identidad contundente, llena de espectáculo y provocadora bajo el nombre de Alice Cooper.

Su nombre indicaba el andar de un individuo. Pero habían otros nombres que encarnaban un solo sonido. Vincent Fournier su líder en vocales y armónica -que a la postre adoptaría el nombre del grupo en su proyecto solista-, Glen Buxton y Michael Bruce empoderados de las guitarras, Denis Dunaway marcando el bajo y Neal Smith como dueño de las baquetas. Desde Detroit para el mundo, hicieron dos intentos discográficos para surgir en popularidad bajo el sello de Frank Zappa, Straight. Pero sus dotes primarias no les alcanzaron para el triunfo.

Black Juju by Alice Cooper on Grooveshark

LA TRANSICIÓN AL DESQUICIO

Easy Action (1970), su segunda placa, conformaba una amalgama psicodélica influenciada por los tiempos de Pink Floyd con Syd Barrett, además de traer esquirlas del sonido Zappa por su relación con el sello de este músico, más un poco de sonidos duros con tendencia glam. Como punto negativo, la relación con su productor David Briggs no era la mejor y a pesar de no tener un mal producto, no cautivaban los oídos de la audiencia. La teatralidad siniestra, un sonido más agreste y la llegada providencial del productor Bob Ezrin los salvarían del fracaso comercial.

Pendenciero de la escena, lleno de accesorios siniestros como sillas eléctricas, guillotinas, camisas de fuerza, maquillajes extravagantes y desquicio corporal y vocal, fueron plus para crecer en audiencia. Había llegado Love it To Death (1971) bajo la estampa de Bob Ezrin con un sonido más claro, alejado de la psicodelia y agarrado de un rock and roll sin prejuicio, guitarrero y juguetón, en el último chance de Straight Records por emanar un poco de gloria. Con algunas venias del glam venía su lado más oscuro y escandaloso que acabaría por definirse como shock rock. Era la hora de amar a este sujeto espeluznante hasta la muerte.


 

A pesar de verse como un peligroso sujeto para la sociedad, los primeros riffs del LP son rock vigoroso que bien podría hacer parte del setlist de un artista glam. "I caught in a dream"es puro vinilo de punteos lentos y chillones, melodías accesibles y prestas para el cabeceo sutil, puro desparpajo juvenil 'I need everything the world owes me/ I tell that to myself and agree'. Lo juvenil se sostiene en su más grande éxito del disco, "I'm eighteen", su clásico de rock duro y armónica que grita a los cuatro vientos la libertad de los 18, pero la absoluta incertidumbre del futuro. Ese molde de actitud rockera llegó al #21 de listas en USA y ha tenido sinnúmero de covers, desde Anthrax hasta Creed. Para completar su simpatía con los tonos glam suena "Is it my Body", con una estructura básica efectiva y sólida, mientras Alice en su lírica canta que es la estrella que todos aman, pero no sabe porqué. Estas tres canciones son el reflejo del triunfo juvenil (Cooper contaba con 23 años) con el único objetivo de vivir el rock and roll.

EL PICANTE HORROROSO

Necesitaba capturar público, y allí se encontraba la herramienta aterradora de sus shows. Como complemento usaba indirectas líricas contra la religión y cierto fatalismo que le brindaba picante horroroso a su potente directo. "Long Way to Go"es tal vez la canción más fiel al hard rock de la época, con poderosos riffs  y un trabajo impecable de Buxton y Bruce en las cuerdas, allí se iban revelando las pullas místicas 'Where is the saviour of the sidewalk life/ and the road that takes us to the crusades'. Luego de buscar un salvador, Neal Smith le compone a Cooper el manifiesto redentor en "Hallowed be my name" de órgano y lírica licenciosa, con visos a Zappa pero tonalidad más oscura y perdonando a los penitentes, 'Come all you sinners/ Come now in your glory and my ears will listen/ To your dirty stories'. En una batería de marcha fúnebre suena la preapocalíptica "Second Coming" con una voz lastimera y un rock con pequeñas influencias progresivas y un carácter de oscuridad que llama a las postrimerías de la existencia del mundo, mientras un piano acongojado finaliza con un llamado al terror más pronunciado.

Rock con horror. La banda Alice Cooper.

Si se quiere oscuridad, vamos a lo más Dark de Cooper. Una revelación tenebrosa ofrece "Black Juju" compuesta por Denis Dunaway y aderezada por unos teclados sombríos de Bob Ezrin, un viaje de nueve minutos por los rincones más oscuros y post-psicodélicos del disco, que bien pueden recorrer momentos Doors y otros Sabbath, en un impactante grito listo para mostrar el pavor en escena, 'A melody black, flowed out my breath/ Searching for death, but bodies need rest'. Para complementar aquel paisaje negro sin retorno, hay que escuchar un demente tema disfrazado de lullaby. "Ballad of Dwight Fry"comienza con una inocente voz infantil en búsqueda de su padre y luego viene un Alice que parece bien intencionado en esta tonada, pero con el pasar de los minutos se desgarra su voz y comienza a revelarse un personaje perturbado mentalmente en seis minutos de insania inclemente que quiere liberarse con el famoso grito de sus  shows esquizofrénicos 'I gotta get out of here'. El verdadero Dwight Frye fue un actor de filmes de terror  en los treinta (Drácula, Frankenstein) quien sería el catalizador de semejante demencia musical.

 


El disco cierra con un inusual cover que borra su locura oscura. Desde 1961 viene "Sun Arise"original de Rolf Harris, que en comparación al resto del álbum es un inocente himno boyscout, que contrasta de modo brutal con su estética. A pesar de este extraño desacierto, Love it To Death no deja de causar una buena impresión. La banda y Ezrin lograron imprimir un aire más hard a su repertorio, aderezarlo con toques glam y compactarlo con una buena dosis de histrionismo terrorífico, que los haría célebres completando con la trilogía con Killer (1971) School's Out (1972) y Billion Dollar Babies (1973). Vale la pena destacar que los sonidos más completos y sinceros pudieron salir de este lineup original y que, muy a pesar del éxito solista de Alice, nunca volvería a sonar igual. Por eso, los fans setenteros de la banda, no van a dejar de amar este trabajo, hasta la muerte.



24 ago 2013

LOS PECADOS DE DAVID FINCHER

El pecado se castiga. Pero pecar inspira. A través de una especie de método de redención mediante una serie de asesinatos que confrontan los siete pecados capitales, 1995 vio a la luz una idea del guionista Andrew Kevin Walker que se convirtió en una morbosa pero interesante reflexión, matar para enseñar. Y eso es precisamente lo que va revelando Seven, una perturbadora historia concebida para recordarnos que estamos rodeados de los siete pecados capitales todos los días, que los 'ejercemos' y los vivimos como actos cotidianos.

Para decorar el paisaje brumoso envuelto en pecado se acudió al agudo ojo de David Fincher, director de videoclips preocupado por la estética y la atmósfera, quien había contado con opiniones divididas de la crítica luego de montarse en las aventuras espaciales de Ripley en su debut Alien 3 (1992). La asociación con el director de fotografía Darius Khondji logró crear un universo urbano decadente, de colores contrastados, lluvia eterna, una anónima ciudad -cualquier parecido con Nueva York,  ¿Es coincidencia?- donde el futuro no existe y huele a culpa y tristeza. Es el escenario propicio para dar rienda suelta a una serie de homicidios que se catalogan entre lo horrendo, lo artístico y lo redentor.

Compañeros y antagónicos, Somerset y Mills.

La selección de actores principales recayó entre el boom y la experiencia. Brad Pitt es el joven detective  Mills, quien está ávido de investigar crímenes y utilizar su fuerza para resolverlos, un individuo que quiere ser el Serpico de la ciudad que apenas empieza a conocer, Pitt y Mills son florecientes estrellas de la década en el cine y el departamento de policía. Morgan Freeman es el veterano detective Somerset, sereno y estudioso, Freeman y Somerset son la cuota de pericia y paciencia que pesan sobre el film. Ambos son compañeros de personalidad antagónica donde contrastan  la vida en pareja, el impulso y la cerveza con la soledad, el metodismo y el vino. Juntos deben desentrañar en siete días, cada uno a su estilo, un asesinato diario relacionado con un pecado capital.

El estilo del filme logra captar cierta repugnancia sin llegar a ser demasiado gráficos. La sugerencia de los homicidios a través de la escena del crimen y las fotografías contienen la brutalidad sin llegar al gore, la ciudad que se despedaza lentamente entre la lluvia, el metro y el humo contribuye a crear una ansiedad preapocalíptica. El vestuario y apartes de la ambientación evocan el film noir de otras épocas, las pistas y los descubrimientos crean esa sensación de thriller, y se consolida una atmósfera de perdición inevitable.

Con sus pecados entre manos. El director David Fincher.

El acto asesino de contrición comienza a ser explorado a través de la gula. El homicidio se muestra con una especie de grotesco misticismo: spaghettis sangrientos, estómago descomunal, mierda y vómito impregnando el aire. Es el abrebocas a una obra de arte sanguinaria pero simbólica en todos sus matices. Mientras Mills y Somerset comienzan a escudriñar pistas, la sangre corre sutilmente en las fotografías y la semana va corriendo de forma lenta y ansiosa esperando un nuevo delito. John Milton comienza a respaldar el móvil con las señales que deja el asesino, 'Largo y duro es el camino, que del Infierno lleva a la Luz'. Siete días de pena.

           

Somerset comienza a disparar dardos de apreciación leyendo a Dante y los cuentos de Canterbury, Mills comienza a dejarse llevar por sus impulsos y responde apenas con la intuición. Aparece un abogado muerto representando la avaricia, prescindiendo de una parte de su cuerpo con la mutilación por su propia cuenta. La literatura es un respaldo que le brinda elegancia a la zona criminal, esta vez Shakespeare es la musa de la sangre, 'Una libra de carne. Ni más ni menos, sin cartílago, sin hueso, únicamente carne'. Aquella desesperanza empieza a tomar matices artísticos, tenemos a un asesino culto y con un objetivo claro. No deja huellas dactilares, solo señales, es un gran jugador de puzzles.

Somerset se ayuda un poco con el jazz, Thelonious Monk y Charlie Parker son contribuyentes a su metodismo, entretanto el artífice del OST Howard Shore (Silencio de los Inocentes, El Señor de los Anillos) ayuda a acentuar la zozobra y opacidad del ambiente con sus melodías, y finalmente Nine Inch Nails y David Bowie apoyan los créditos iniciales y finales con aires industriales, cortantes y
cavernosos. Los detectives siguen las pistas y descubren al narcotraficante acostado que simboliza la pereza, un cadáver viviente atado a la cama que fue confinado durante un año, una quietud cadavérica desesperada. Gente con pasado oscuro comienza a ser penitente a través de sus castigos. Tal como la siguiente víctima, una prostituta penetrada por un falo largo hecho en arma blanca, la lujuria vive su escarmiento en su máxima expresión. O la que representa el orgullo, una mujer con el rostro desfigurado y con dos opciones en la vida, un teléfono para pedir ayuda y vivir con sus cicatrices, o unas píldoras suicidas que le eviten volver a verse a un espejo. La obra del criminal ha tomado forma y solo restan dos asesinatos para llevarla a su cenit.

Entre Andrew Walker y  David Fincher consiguen cuestionar el universo que nos rodea y lo inclinan por el lado malvado de la balanza. Buscando los apuntes del devoto homicida se revelan las culpas de los hombres, 'No somos lo que Dios quiso que fueramos'; cuando Somerset se entera del embarazo de la mujer de Mills (una joven Gwyneth Paltrow), acepta lo infernal de su entorno, '¿Cómo puedo traer a un niño a un mundo así?' El ejecutor de los asesinatos (Kevin Spacey) reniega de la existencia y ataca el conformismo humano, 'Es más fácil perderte en las drogas que lidiar con la vida'. El paisaje creado para redimir las culpas es indeseable, marchito y nebuloso, siempre acompañado por una lluvia acusadora hasta el día domingo, donde sale el sol, la historia se resuelve en una zona desierta (con torres de alta tensión para ambientar la sensación ídem) y el Señor finalmente descansa luego de su Creación. Spacey, como buen criminal con ínfulas de dios, deja que el crimen lo cometa otro.

Caminando entre el pecado. Pitt, Spacey y Freeman.

Volver el pecado contra los pecadores iniciaría una serie de papeles de villanos que se convertirían en redentores. Involuntariamente, el guión de Andrew Kevin Walker  -nominado a los BAFTA- pondría este tipo de personajes como recurso en otras plumas creadoras más adelante como el inolvidable Jigsaw de la saga Saw, o el Ozymandias de Watchmen, encarnaciones  paralelas a los profesionales del asesinato que generan empatía en el público como el Leon de Jean Reno o la Beatrix Kiddo de Uma Thurman. Lo cierto es que el malvado que castiga en pro de la bondad se hizo célebre a partir de este punto y siempre ha sido punto de debate. Mientras tanto Walker seguiría cosechando dólares a través de  guiones sobre asesinos como el Machine de 8mm, el Jinete sin Cabeza y el Hombre Lobo.

Gracias a Seven comienza aquel universo oscuro y convulsivo que David Fincher comenzaría a aplicar en futuras producciones como The Game (1997) o Fight Club (1999). El gusanillo del thriller sería su compañero por muchos años y ganaría prestigio y millones a través de sus nuevas cintas. Sin llegar a ser tan vertiginosa como los dos títulos mencionados, la buena combinación entre thriller y cine negro junto a su trasfondo de reflexión religiosa le dan a Seven un catálogo de clásico entre estos géneros, donde se destaca una buena historia, desarrollada en un ambiente favorable, con un reparto equilibrado y una técnica fotográfica que logró dar un look  personal al cine de Fincher en los noventas. Un pecado cinematográfico del que puede vanagloriarse este director de Denver a través de este film es, sin duda, el Orgullo.