23 ene 2013

CINEMA COLOMBIA 2012


Dicen que Colombia es uno de los países más felices del mundo. Es posible. Si nos infiltramos en nuestra idiosincrasia  todos los nacidos en este territorio nos reímos de nuestro propio desastre. Y eso se ve reflejado desde la música, los programas de televisión y el cine. En efecto, en el cine colombiano, el género que manda la parada es la comedia. Chistes baratos, gratuitos o estúpidos, son los dominantes del box office, y eso se ha demostrado con las acostumbradas comedias producidas y escritas por Dago García, prácticamente las reinas de la taquilla local. Escoltando el éxito vienen  las historias de suspenso y acción, respaldadas por las balas, las drogas y los cuerpos lascivos, factores comunes en la mayoría de cintas exitosas en nuestro hemisferio. Y finalmente, con poco éxito en asistencia pero con buen reconocimiento crítico se encuentran los filmes independientes con temas humanos, con sabores etnográficos o con humor negro y suspenso intimista que terminan por llenar el cartel de este cinema Colombia 2012, que este año ha contado con la fortuna de 22 lanzamientos nacionales y una creciente asistencia del público a las salas para ver este producto.




Inicio de año siempre trae de la mano la comedia. El estreno navideño habitual bajo la mano vendedora de Dago García trajo El Escritor de Telenovelas con la dirección de Felipe Dotheé, pero con un resultado negativo en crítica y taquilla, en el que se hace un intento cómico de repasar un Adaptation criollo con la historia de un libretista que despierta un día atrapado en su propia historia y es presionado por sus propios personajes para finalizar su novela al acomodo de estos. Sin mucha gracia y con poco impulso, una de las razones de su relativo fracaso fue su competencia de 25 de diciembre, Mamá Tómate la Sopa. Por primera vez RCN Cine se aventuró a lanzarle adversario cinematográfico al tradicional Caracol. Y la fórmula le funcionó reclutando a dos elementos claves como el director Mario Ribero (Betty la Fea) y la actriz Paola Turbay. En tonos de comedia se hilvana la historia de un hijo cuarentón y holgazán que aún vive bajo los designios de su madre, y que busca la emancipación a través del amor que tiene por la nueva peluquera del barrio. La actuación de Consuelo Luzardo como la madre de la historia y el toque sexy de Turbay contribuyen a darle Sopa y seco a su filme adversario. Y entre calvos dependientes y escritores confundidos llegó el 2013 a tocar las salas de cine.

Andi Baiz es un director respetado gracias a su debut con Satanás (2007), que obtuvo grandes reconocimientos y una lluvia benéfica de críticas. En coproducción con España y con talento técnico y actoral ibérico (Clara Lago y Quim Gutierrez) salió a cartelera La Cara Oculta, un thriller envolvente que se concentra en el tema de la infidelidad y la duda. La misteriosa desaparición de la novia del Director de la Orquesta Filarmónica empieza a suscitar preguntas entre sus allegados, sin saber que se encontraba más cerca de lo que el protagonista podía haber pensado. Limpio trabajo fotográfico, un desarrollo que va aumentando la tensión con los minutos y una nueva incursión de Martina García ante la lente, dio como resultado una gran aceptación en taquilla -unos 612.000 espectadores- y la consolidación de Baiz como uno de los directores colombianos que saben guardar el equilibrio entre aceptación del público y buenos comentarios de la crítica.


El mes de febrero es el más pequeño del año. Allí
llegaron las representantes "pequeñas" de la cartelera. Primero, el experimento poco divulgado de Carlos Zapata Pequeños Vagos, una desenfadada historia de apartamento en la que tres amigos conviven como ermitaños bajo una armonía bizarra, que peligra con la llegada de una mujer (María Cecilia Sánchez) como nueva roommate de esta trinidad de individuos. Muy poca difusión, libre de cualquier presión comercial y con una propuesta audiovisual alternativa que juega con los colores, las distorsiones y los audios, el film pasó sin pena ni gloria en taquilla, pero brindó un respiro ante las temáticas de siempre. El otro "pequeño" que se hizo gigante fue el sorpresivo documental de Antonio Dorado Apaporis Secretos de la Selva, una apuesta sincera por introducirse en el mágico mundo de la Amazonía y revelar interrogantes místicos sobre los hijos del río y el grandioso entorno plagado de verde y de misterio. Ganador de menciones especiales y con una taquilla heroica al presentarse como documental, Apaporis es la resurrección del género para las grandes masas.

Una enorme historia de humanidad se exhibió en marzo. El director brasileño Alejandro Landes sacó a flote la historia del aeropirata discapacitado que secuestró un avión en 2005 para hacerle un par de exigencias al gobierno. Porfirio (interpretado por el mismo personaje de la vida real) es el drama de la discapacidad que se retuerce en una lenta espera, en un agónico proceso de conformismo en medio de un pueblo olvidado, donde las balas perdidas circundan sin Dios ni ley. Con un completo sentido de la semiótica y en un montaje reposado y 'parapléjico', la película logra tocar las fibras humanas con todos sus elementos, brindando uno de los mejores filmes del año, aplaudido en Cannes y en Amsterdam, pero ignorado -como el protagonista- por la taquilla.

De la parsimonia de marzo pasamos a un agitado abril. 90 minutos buscan condensar el robo perfecto en 180 segundos, con tres maleantes que se destacan por no dejar rastro. La cinta de Alex Giraldo tiene elementos gráficos interesantes, actuaciones sueltas pero mucho diálogo gratuito, sin embargo pasó el examen ante un público que no se anima mucho ante películas pequeñas y logró capturar unas 160.000 personas en la salas de cine. La que no capturó mucho fue La Captura, una nueva entrega cinematográfica de Dago García que fue un rotundo fracaso para sus números y otro nuevo guión para descartar, con la búsqueda 'implacable' de un capitán hacia uno de los capos más peligrosos del país. Con soundtrack rocanrolero, un intento no muy cómodo de edición en videoclip y una historia que no captura, La Captura pasó por las salas sin causar grandes impresiones; las mejores las ostentaron las curvas de Andrea  Guzmán en su personaje como mujer fatal de pueblo.

La animación en Colombia se abre paso de forma muy lenta. Con excelentes intenciones y temáticas interesantes, el primer salto en largo lo dio Pequeñas Voces de Jairo Carrillo en el 2011, con grandes críticas y bajos ingresos. Algo similar sucedió en mayo con Gordo, Calvo y Bajito de Carlos Osuna. Una propuesta novedosa en el campo local con la rotoscopia digital (donde personajes reales son animados) que expone la monótona e insegura vida de un funcionario gordo, calvo y bajito, quien atribuye la falta de éxito a sus condiciones físicas.Su vida comienza a dar visión distinta al conocer a su nuevo jefe, que es más gordo, calvo y bajito que él mismo. Con matices de superación personal, una narración sencilla, lenta pero tierna y un excelso soundtrack, este filme no logró durar más de una semana en salas de cine y apenas logró convocar un promedio de 1.800 asistentes. Lástima que el proyecto se haya quedado gordo, calvo y bajito ante los espectadores, porque es una propuesta alternativa que vale la pena apreciar.

Uno de los años más intensos en trabajo para Dago García fue el 2012, quien después de sus fracasos comerciales con El Escritor de Telenovelas y La Captura, por fin tuvo la recepción esperada del público con  Mi Gente Linda Mi Gente Bella. De la mano de su paladín vendedor Harold Trompetero, la época de vacaciones de mitad de año lanzó este filme conformado enteramente por clichés funcionales, donde se comprueba que este país sigue siendo el más feliz del mundo, lleno de modismos y costumbres peculiares, visto desde la óptica de un extranjero ingenuo. Con el recurso práctico del cliché jocoso, la fórmula Trompetero-García de nuevo fue efectiva y convocó mas de 600.000 personas a ver la cinta. Sin proponer mayor novedad, Dago sigue siendo una máquina de hacer billetes con el cine local.

Otro personaje que repitió producción en el mismo año fue Alessandro Angulo. Su primer intento lo hizo en abril con el documental Ilegal.Co, escarbando en las entrañas del negocio de la droga y las posturas sobre la persecución y la legalización, que contó con muy poca distribución y un efímero paso por la cartelera. Pero si el documental no funcionó, la ficción sí lo hizo. En julio salió SanAndresito, una especie de Torrente el brazo tonto de la Ley, que cuenta la historia de un policía oportunista pero muy torpe que sufre la pésima casualidad de ser culpado por la muerte de una mujer y debe pasar una serie de aventuras para esclarecer su inocencia. Con dosis de picardía y una acertada actuación del consagrado Andrés Parra (Escobar El Patrón del Mal), el filme es entretenido sin ser pretencioso y se introduce en el mundo de los comerciantes del sector bogotano de San Andresito, pese a que faltó un poco más de explotación visual de la locación.

Al cine le llegó su agosto. Por primera vez en mucho tiempo, la cartelera nacional nos ofreció durante un mes cinco lanzamientos nuevos con participación colombiana.Tuvo tres facciones: La comercial y vendedora, la independiente y geográfica, y el punto medio que ofrece historias alternativas pero accesibles. El formato comercial llegó con Carrusel del mexicano Guillermo Iván, que es básicamente una recreación cómica de todo el proceso del Carrusel de las Contrataciones bajo la administración del ex-alcalde Samuel Moreno. Sin nombres propios, pero con una clara exposición de los hechos, es un buen recurso para enterarse sin querer queriendo de aquel polémico proceso. La segunda película de tinte comercial fue la versión para cine de La Lectora, que ya contaba con libro y telenovela, y que relata las lecturas de una universitaria secuestrada con el objeto de  traducir un libro, clave para encontrar un maletín misterioso. El director Ricardo Gabrielli  nos hace una interpretación de la historia con ritmo intenso, muchas pistolas y explosiones y el lado más sexy de Carolina Gómez. Aunque un par de escenas de acción no son convincentes del todo, la credibilidad de los villanos y el ritmo frenético más el enganche del guión la hacen atractiva para el público que gusta de las balaceras y las persecuciones.



El punto medio entre lo vendedor y lo independiente lo marcó la gratamente sorpresiva Sofía y el Terco,  enternecedora historia de una mujer adulta del campo que sueña con conocer el mar. Mitad cine familiar, mitad road movie, el filme de Andrés Burgos cuenta con dos grandes plus: La actuación de la española Carmen Maura, que sin decir una sola palabra logra causar empatía inmediata con el espectador, y la recreación de los sueños constantes de Sofía, donde hay mares de cartón, coloridos y hermosos, en un surrealismo cándido bajo la acertada dirección de arte de Ángela Bravo. Con un argumento sencillo y una aventura afable, la película funciona muy bien hasta la aventura en el recorrido de Sofía, que tiene un desarrollo corto y carece de mayor sustancia en el trayecto. No obstante, es una buena alternativa temática en la cartelera, apta para todo público.

La zona 'indie' de aquel agosto prolífico la ofrecieron dos cintas aclamadas por la crítica. Johnny Hendrix publicó su ópera prima desde lo más puro de sus orígenes con Chocó, la historia de un departamento hecho mujer, que toca temas claves como la explotación minera, la invasión paisa, el machismo y la falta de oportunidad, en un relato pacífico, sin prisa, en medio de la belleza olvidada. Más reposada que Chocó es La Sirga de William Vega. Fría, suspensiva, brumosa. La magia gélida de la Laguna de la Cocha ayuda a desentrañar los temores de una joven desplazada por el conflicto armado, que tirita de pavor ante una calma tensa. Es bueno verla con tinto, pues su desarrollo es dilatado, se mueve despacio entre las lanchas y las casas de madera y el solo verla da frío. Las dos cintas son retratos etnográficos aptos para impresionar al público internacional.


Luego de caminar por la independencia, el regreso al cartel comercial es contundente en septiembre. Extrañamente nominada como candidata para llevar a los Oscar por Colombia, El Cartel de los Sapos es una nueva exhibición de cine narco pero de alta factura. Un reparto de lujo, locaciones nacionales y foráneas, balaceras  muy cinematográficas y respaldo de taquilla le dieron a Carlos Moreno una aceptable recepción en su tercera entrega como director. No está mal para los seguidores del género, pero de ahí a nominar el filme a un Oscar es un poco pretencioso. La segunda película que pretendió llenar salas en septiembre fue la comedia ¿Por qué dejaron a Nacho? de Fernando Ayllón, con resultados agridulces. Tan agridulces como sus actuaciones, sus chistes que no convencen del todo y una trama predecible en la que un joven está dispuesto a todo para recuperar a su novia díscola y oportunista. Apta para quienes se refugian en el recuerdo humorístico del programa Ordoñese de la Risa.

Octubre nos trajo la única película colombiana con tintes de horror en su trama. La ópera prima de Alfonso Acosta se sumerge en el bosque con El Resquicio, una extraña propuesta que cuenta con un enganchador comienzo, un sorpresivo final, pero un nudo poco tenso y disperso. Una narración que convierte un viaje pacífico de vacaciones en un universo lleno de brujas y fantasmas del pasado, con un atinado diseño sonoro y una actuación interesante de los gemelos Heins y de Fiona Horsey. No tanto la de su protagonista Alan Daicz, que no logra convencer del todo. Durante el mismo mes se estrenó La Playa D.C. del director Juan Andrés Arango. A diferencia de SanAndresito, el ojo de Arango penetra todos los rincones del sector de repuestos y arreglo de autos conocido como La Playa en Bogotá, y aparte de este lugar explora otro no menos interesante: Las peluquerías afro de la capital. Con el fantasma del desplazamiento en el relato y la búsqueda del sueño americano en medio de las llantas y las rasuradoras, la historia de tres hermanos absorbidos por el litoral de asfalto que van por la vida al son de Flaco Flow & Melanina buscando salir a flote es otra de las historias estrella del año. No es muy fotográfica, no es muy vistosa, pero tiene una gran dirección de actores naturales y nos ofrece un convincente retrato de la dureza de la vida entre los neumáticos y los cortes de pelo.




 Totalmente opuesto al estilo de road movie de Sofía y el Terco, llegó en noviembre el frenetismo de Apatía de Arturo Ortegón. Edición vertiginosa, propositiva pero peligrosamente mareada -recordando algunos recursos de Felipe Aljure- llega esta historia que narra las aventuras de tres individuos en carretera en búsqueda de dos objetivos, el perdón amoroso de una mujer y el concierto de Daft Punk en la playa.Con un guión que se sustenta en muchas líneas de un escritor personaje del filme, hay apuntes reflexivos y filosofía barata, y a medida que va pasando el tiempo se va perdiendo el aire innovador de la cinta y termina empantanada en lugares rebuscados.Con el vértigo de lado y en una narración mucho más simple y dulce, el dúo de Ana Sofía Osorio y Diego Bustamante estrenaron Sin Palabras, donde los protagonistas son otro dúo, un bogotano y una oriental. Una historia de amor marcada por la gestualidad y la   inocencia, con un parecido sospechoso al filme argentino Un Cuento Chino, y que sin mayores pretensiones expone la idea de un amor inesperado que llega del otro lado del mundo. Entre la dulzura y el vértigo cerró noviembre la cartelera local.


Una impresión grata deja la exhibición más alta de cine colombiano en su historia, dejando un registro memorable de 22 filmes en un mismo año, con la ilusión de incrementar la cifra y poner a caminar una verdadera industria. El estímulo legal y económico que brinda el Fondo de Desarrollo, mas el emprendedor paso de nueva sangre y entusiastas almas cinéfilas por contribuir con nuevos títulos para el cine local, son  motivos para seguir animando y empujando el lento pero continuo crecimiento de la empresa cinematográfica en nuestro país. No es suficiente con llenar las salas hilarantes de Dago García o el bien posicionado cine narco, hay que apostarle a otros dramas, a las alternativas independientes y a las visiones interiores de un país multicultural. Es nuestro deber como espectadores contribuir con la asistencia a las salas para que esta pequeña planta de celuloide algún día pueda ser exhibida como un árbol robusto, lleno de historias y memorias locales.

24 dic 2012

JAY-Z - THE BLUEPRINT




La tragedia no evita el éxito. Suena paradójico, pero el ejemplo perfecto para desmentir una crisis en cadena es la aciaga fecha de septiembre 11 de 2001. Las Torres Gemelas se desbarataban a causa de la oscura fuerza terrorista, pero el mismo día fueron lanzados dos trabajos disímiles en género, pero perdurables en reconocimiento, Love and Theft de Bob Dylan y The Blueprint de Jay-Z. Este último, con la consecuencia afortunada de más de 400.000 copias vendidas en su primera semana y con todas las estrellas puestas en reviews de distintos medios y fuentes especializadas. Tanto, que hoy es considerado un álbum 'clásico'. Pero, ¿Cuál es la magia que tiene Hovito para hacerse a respetable fama en medio de los escombros y el llanto?

The Blueprint no es un manifiesto político. No es una placa idealista y esperanzadora. No está lleno de colaboraciones vocales y aderezos extraños (aunque la participación de Eminem es muy acertada). Y no está entintado de sangre pandillera ni se empalaga de autos lujosos y féminas de boobs prominentes. Lo extraño es que se encuentra en la mitad del circuito underground y el mainstream, una especie de eslabón perdido que rescata lo más duro de las vivencias en Brooklyn sin ser demasiado crudo, y que exhibe los beneficios de la fama sin mayor exageración -aunque por momentos, Jay se torna un poco superlativo en su ego-. El equilibrio de clase en la lírica, los compañeros que entintaron la producción del disco y el acertado uso de samples fueron claves para el conjunto de canciones que hasta hoy sigue siendo aclamado por el público.



Los nombres clave que iluminan la placa vienen directamente de la producción. Kanye West, Timbaland, Bink, Just Blaze y hasta el mismo Eminem son personajes que le dan cuerpo a las canciones y le ofrecen un tono compacto al recorrido por esta impresión discográfica. Una elaborada selección de samples, mas el peculiar estilo de Jay para componer rimas crearon una marca imborrable para los anaqueles del hip hop. El neoyorquino lo había logrado, engrosando su billetera, su reconocimiento y especialmente, su ego.

UN DECLARADO REDENTOR 

Inicia entonces un recorrido por una enconada lucha contra sus detractores y un progresivo dibujo narcicista que llega a convertir a Jay en una especie de dios humano que contiene lo mejor de Sinatra, Magic Johnson y otros tantos mortales célebres, apenas superado en la cúspide por su fallecido amigo y rapero Notorious B.I.G. Y es que el ego es el alimento del fraseo. "Hola Hovito" es su autoproclamación como el Jehová, señor y redentor del género, 'If ain't better than B.I.G., I'm the closest One' dice en una de sus rimas. Su primer single "Izzo (H.O.V.A.)" confirma con esas iniciales su delirio de Profeta y dios. Con un simpático sample de "I want you back" de Jackson 5, la canción de ritmo amable logró el puesto 8 en listas Billboard y se dedica a recrear breves instancias de su época de dealer, a proclamarse como el mejor, y a pelear contra la industria. La pelea es otra de sus preferencias líricas.

Takeover by Jay-Z on Grooveshark

 Don Shawn Carter pelea a capa, espada y lengua en sus rimas. Ataca frontalmente a sus detractores sin pudor, y el manejo de su arma vocal es uno de los atractivos para sus seguidores. ¿Qué defiende? Primero, su mérito como MC, su gremio genético y justifica algunos actos del pasado. Los golpes van y vienen en muchos de sus temas. Es soberbio y sensual en "Jigga that Nigga", su tercer single del LP y no escatima en alardear de su condición vendedora. Se levanta y encara en "Heart of the City (Ain't no love)", 'Niggas pray and pray on my downfall/ But everytime I hit the ground I bounce up like roundball'. Pero el aire de contienda más célebre lo ostenta la enorme pieza  "Takeover" un desafío abierto a su archirival de entonces Nas y su diss song (canción de insulto) más efectiva, apoyada por el poderoso sample de "Five to One" de The Doors. 'Nigga switch up your flow, your shit is garbage/ What you trying to kick knowledge? Get the fuck outta here', o 'You made it a hot line, I made it a hot song'. A la hora de los enfrentamientos, hay que reconocerle a Jay-Z  maestría oral.

'You made a hot line, I made a hot song'. Jay-Z Vs. Nas

ALTIVEZ NEGRA

Ante todo, el orgullo. Una especie de black power más insolente y menos político que el expuesto por Public Enemy en las postrimerías de los 80s. Jay Z a la defensiva promoviendo el poder en una especie de altanería digna. "The Ruler's back" con sample épico de tonos soul sostiene su idea de orgullo negro. Con todo y sus antecedentes de dealer en las calles de New York, Carter se reconoce y se encarga de imprimirle     rima a la tragedia callejera en "U don't know" de forma muy aguda, 'There's some much coke that you could run the slalom/ And cops combs the shit top to bottom'. Y la defensa de su círculo continúa, esta vez en un pasaje musical sobresaliente, el "Renegade" acompañado de Eminem, donde a dúo se encargan de hablar sin miedo en una pista oscura, de una barricada verbal que protege sus derechos líricos, 'Say that I'm foolish I only talk about jewels/Bling Bling/ Do you fools Listen to music or Do you just skim Through it?'. Si de algo pueden hacer alarde este par de MCs, es de su forma de atacar y defender.




La línea melódica está sustentada especialmente por la influencia del soul. El álbum mantiene una cadencia reposada con samples de voces negras, rescatando aromas Motown y apasionadas sonoridades que solo pueden ostentar los afro. Nombres como Jackie Moore, Bobby Blue Bland o David Ruffin son clásicos que refuerzan con éxito las pistas del álbum. Es precisamente la voz de Ruffin, el  famoso cantante de los Temptations que le da ese aire nostálgico a "Never Change", donde Jay  evoca su duro pasado y reflexiona sobre su presente dejando de lado su gigante ego para reconciliarse con el infortunio. La voz de Natalie Cole es sampleada en "All I Need" en una canción rica a nivel melódico, con percusiones orgánicas y sabor a soul, donde Jay una vez más se hace intocable y habla de sus únicas necesidades para seguir siendo el dios del rap: sus amigos, sus rimas de afrenta, un par de caprichos materiales, y obviamente, mujeres.


EL CONTINENTE DE LA LÍBIDO

La zona dedicada a las mujeres se divide en dos pasajes. El primero es el lascivo y juguetón, ostentoso y erótico, su exitoso segundo single "Girls girls girls" (#17 en Billboard), donde el MC cumple todas sus fantasías con féminas de toda raza y  condición social, un continente de líbido a merced de Hovito. El segundo pasaje es desencantado y triste, la rap ballad "Song Cry" de tono nostálgico y con mucho sabor soul, donde reconoce que después de la lujuria viene la infidelidad y el exceso que en consecuencia le traerá el rompimiento con su pareja. Último single de este trabajo en el que al fin Jay Z se arrepiente de algo, 'Hey say you can't turn a bad girl good/ But once a good girl's goin bad, she's gone forever/ I'll mourn forever/ Shit I gotta live with the fact I did you wrong forever'.


El cierre de esta exitosa placa es una serie de agradecimientos líricos condensados en un R&B íntimo con "Blueprint (Momma loves me)", menciones a personas especiales en su camino. Jay Z debe agradecer a sus productores, a las voces de sus samples, a su propia experiencia personal, y a sí mismo por su capacidad para componer versos agudos y punzantes. The Blueprint ha llegado lejos por su sagacidad lírica y por darle un tratamiento especial a las pistas musicales, recuperando el espacio del soul al servicio del hip hop, por su limpia producción y por no tomar partido de la gran corriente ni de la protestante clandestinidad. En la mitad entre la gloria comercial y el respeto crítico, reposa un trabajo megalomaníaco que tiene méritos propios pero ostenta una enorme mancha de narcicismo. Lo puede afirmar el mismo Jay Z con su rima arrogante pero contundente, 'I sell ice in the winter, I sell fire in hell / I am a hustler baby, I'll sell water to a well'.



21 oct 2012

PERSONA: EL TRIUNFO DEL SILENCIO



Una imagen vale mas que mil palabras. Pero mil palabras se desvanecen ante el poder impío del silencio, el arma letal que desfila en toda la trama de Persona (1966), el film de Ingmar Bergman que encumbra su estilo poético visual y que, con diálogos no correspondidos y un fuerte trabajo gestual, lo consolidan entre los grandes proponentes de la cinematografía mundial. La perturbadora historia que escarba en el interior de la personalidad tiene varios plus que la convierten en un atractivo no sólo narrativo, también visual. Exquisitez sórdida.

Poeta visual sórdido pero sensible. Bergman.

Una actriz de teatro (Liv Ullman) sufre un shock emocional y voluntariamente apaga sus palabras para no hablar más en su vida. Es puesta al cuidado de una enfermera (Bibi Andersson) que, por el contrario, está dotada de un interminable desahogo verbal y pone a confrontar el diálogo con el gesto, abre una continua disputa entre la pregunta y la respuesta. Un retiro de las dos personajes a la playa para beneficio de la enferma es el comienzo de una lucha de poderes entre dos personalidades que van pasando de la seguridad al temor, en un continuo oleaje emocional que va resquebrajando lentamente el temple de la enfermera, pero que a su vez deja percibir los lunares mudos y dolorosos de la actriz.


 Liv Ullman, poder gestual.

El mismo Bergman afirma caminar en una cuerda que nos transporta entre la realidad y la inconsciencia. Un tiempo y espacio que amasa instancias surreales. Escenas que transitan entre sueños, tragos y apariciones, que revuelven la conciencia de la enfermera Alma, ávida de sonidos vocales de su protegida/oponente. Mientras ella alucina con escuchar algunas palabras de la actriz Elisabeth, se deja envolver por su aura y pasa de ser una servicial y segura mujer a una sumisa e inofensiva niña que cae ante el arrullo silencioso de una enferma que rebosa de fortaleza interior.

Liv Ullman es impecable en su interpretación muda de la actriz. El trabajo gestual, su mirada dominante, su sonrisa burletera y su desasosiego ante las realidades que prefiere evadir son herramientas histriónicas que no necesitan de palabras para aderezar un papel bastante vigoroso e inquietante. Su antagonista Bibi Andersson, deja de un lado los papeles ingenuos de filmes anteriores para darle carne al drama de una mujer que es retada por el silencio y llevada lentamente a la exasperación mientras malgasta sus palabras y sus lágrimas en intentos por mantener el control, con nulos resultados. Una belleza que se va desenfocando con la falta de respuestas.

Del temple a la angustia, Bibi Andersson.

El refuerzo genial de los diálogos/monólogos lo tienen los planos de fusión entre rostros. El trabajo de cámara es fascinante cuando se tiene a Alma en primer plano mientras la frialdad de Elisabeth la escolta desde atrás; las conversaciones entre palabras y miradas convergen en un juego de rostros y cuerpos que se van mezclando gradualmente hasta llegar al famoso plano de pantalla dividida donde una persona se apodera de la otra. Este proceso se desarrolla en la película con el constante recurso del close-up, donde la cuota gestual es de absoluta importancia para decir líneas con los ademanes. La gestualidad es el arma histriónica que solidifica la propuesta de Bergman.


Paralelo al relato de las dos mujeres, se encuentran los turbadores 'poemas visuales' que circundan en el montaje. Manos crucificadas, penes erectos, ancianos yacentes, cartoons sin gran significado y un retorcido juego con realidades inexistentes que muestran deseos oscuros y temores humanos. Sexo, muerte, desolación y hastío, acompañados de la visión del hijo de la actriz rechazado por su madre, que la busca entre difuminaciones y lejanas memorias. La compañía de una cámara de planos fijos cáusticos es suficiente para alertar al subconsciente.

Las experiencias visuales siguen siendo únicas con el escaso uso de contraplanos en algunas conversaciones. De hecho, en una de las últimas confrontaciones entre la actriz y la enfermera, Bergman se aventura a repetir la misma escena en plano fijo desde dos encuadres opuestos, creando una atmósfera distinta a partir de las expresiones de las protagonistas. El plano cerrado con el lente fijo en los ojos de Ullman o Andersson quiere desentrañar sus ilusiones y temores. Entretanto, la música de Lars Johan Werle es un amasijo experimental que retumba y trastorna, sus intervenciones ocasionales son el acento del drama psicológico.

La victoria silenciosa. ¿Quién es Persona ahora?

La mejor forma de evadir el ser Persona es la profesión de Elisabeth, una actriz huidiza, que si llegase a contactar con el mundo real podría conocer el dolor completo. La doctora que supervisa su historia médica tiene dos perlas de guión que definen el carácter de la película desde la perspectiva de la actriz: "El imposible sueño de ser. No parecer, sino ser". Donde la apariencia pesa más que la franqueza. O "Tu falta de vida es tu papel más fantástico". Donde la existencia se reduce a interpretar a otro.O no interpretar a nadie.



 Mientras la voz de la actriz apenas se siente un par de instantes durante el film, el dominio categórico se lo lleva el silencio. Aquella indiferencia muda con un peso misterioso, con una sabiduría maliciosa, con la paternidad tosca sobre la palabra. La evasión del universo a través de la inmovilidad vocal es cruel, contundente y agobiante. Bergman demuestra que los poemas recitados con el grito silente pueden ser más poderosos que quinientas líneas de guión, apoyado en una Liv Ullman que mantiene intacta su preferencia por la inmovilidad, y finalmente respaldado por la contraparte de Bibi Andersson que araña las paredes del ruido y busca un poco de misericordia parlante. En Persona, la desolación crece con el triunfo del silencio.


12 sept 2012

HOLE - LIVE THROUGH THIS



Y las mujeres gritaron en los noventa. La escena alternativa del rock liderada por el fenómeno grunge de Seattle dio origen a diversas formaciones que querían expulsar sus demonios femeninos entre la suavidad del pop y la contundencia de las guitarras fuertes herederas del punk. La abuela de esta idea es sin duda Patti Smith, patrocinadora de la emancipación en los setenta; luego, viene una madrina melódica subestimada por su falta de escándalos, Kim Deal (Pixies, The Breeders); finalmente, el nombre que llevaría al punto más alto de popularidad el lamento femenino, la desolación y el exceso hecho mujer es el de Courtney Love.

Jennifer's Body by Hole on Grooveshark

 Muchos dicen que su fama se debe a la relación sentimental con Kurt Cobain, a la odiosa comparación como la Yoko Ono de los noventa y al arrastre creativo e influjo del líder de Nirvana en las propuestas melódicas de la agrupación de Courtney, Hole. Pero la verdad sea dicha, el grupo de Love tiene su historia independiente y logró gestar a partir de su rebeldía, su visión particular del mundo y sus melodías un capítulo paralelo a la grandeza de Nirvana. El paquete de chicas rebeldes noventeras conformado por gente como L7, Bikini Kill, Babes in Toyland o Lunachicks no lograron alcanzar el margen de importancia de Hole. Pero no pueden culpar a un oportunismo de relación Cobain-Love. Su relieve en territorios musicales iba más allá.

DE LA RABIA A LA MELODÍA

Los inicios ruidosos del álbum Pretty on the Inside (1991) marcaron el camino para la aceptación de la gente en el circuito alternativo. Y fueron el punto de partida para diferenciar las ideas de Courtney Love y Kurt Cobain, con quien apenas se conocía en la época. Varias canciones que tocaron la fama en Live Through This se engendraron en pleno comienzo de década, y la visión desolada, desencantada y resentida por los cánones de una sociedad machista ya tenían huella presente en las composiciones de Love. Tres tentativas para grabar el LP, lo intentaron en París con la ayuda de Butch Vig, y luego en Seattle con la colaboración de Craig Montgomery y Jack Endino. La tercera fue la vencida en los estudios Marietta de Georgia -allí se grabó el Siamese Dream de Smashing Pumpkins- bajo la producción de Paul Kolderie y Sean Slade, y el patrocinio financiero de la casa Geffen.

Rabia desde un Hoyo profundo. Hole en 1994.

Muy cierta es la influencia melódica de Kurt Cobain. Muy cierto es que el motivo de inspiración para algunas letras fue el mismo cantante de Nirvana. Muy cierto es que él mismo participó en tomas alternas como bajista y vocalista de respaldo. Pero el famoso mito de la autoría invisible de Kurt de todas las líricas y su intervención absoluta en Live Through This se viene abajo al examinar el álbum por completo, confirmar composiciones antiguas, y darle valor al espíritu independiente de Courtney, quien apoyada por su compañero de fórmula en guitarras Eric Erlandson, logró darle una cara al proyecto Hole. Una visión melódica y accesible sin perder la furia alternativa, un tratamiento lírico proveniente de una percepción femenina, y un lugar en el  mundo de la música a partir de la sinceridad afligida y rabiosa.

El disco fue lanzado en abril de 1994, pocos días después del deceso de Cobain. La sombra de su muerte le dio cierto impulso y atención a Hole y le trajo algunos frutos. La crítica trató bien al disco y hubo una curiosa mejor recepción en Europa que en América. Un segundo impulso mortífero provino de la muerte de su bajista titular de entonces, Kristen Pfaff, quien sucumbió al exceso de heroína. De uno u otro modo, la combinación de muerte y música les regaló un doble platino, un mayor respeto por la propuesta de Courtney Love y una identificación generacional que le dio más crédito a la banda de Los Angeles.

Kristen Pfaff y su bajo metanfetamínico.

SEXO, DROGAS Y ROCK & ROLL

Pero en su faceta más lúgubre, donde poco beneficio viene de la Trinidad del Exceso. El álbum abre con un manifiesto de explotación sexual que se remite a la época de Love como stripper, "Violet" es un acto furioso de destrucción que se queja de la carnalidad obligada, del sexo como acción de consumo y desecho, y que refiere también a su relación fallida con Billy Corgan de los Smashing Pumpkins. 'When they get what they want never want it again/ Go on, take everything' como una invitación al desagravio lascivo entre compases fuertes y otros sosegados, herencia del sonido Pixies. La canción funcionó bien en Gran Bretaña con la posición 17 en listas. Otro tema que tuvo cierta figuración pero no fue single es "Asking for It", coqueteando con tonos pop e influencia del estilo Nirvana, donde Courtney pasa de la queja suave al grito desmedido, asaltada en líricas de irrespeto machista, desnudando en el micrófono el manoseo masculino y el ultraje, 'Everytime that I sell myself to you/ I feel a little bit cheaper than I need to'. Líbido amargo.




 Si nos acercamos a la temática alucinógena, Hole no es ajeno.La gran comparación en todos los matices es su single "Miss World" donde la dualidad es la figura. A partir de la apariencia de una joven inofensiva, la reina se convierte en la villana en un viaje metanfetamínico junto a los pasajes duales de candidez acústica y fuerza eléctrica de los instrumentos, identificando esa personalidad crítica de Courtney Love y Kristen Pfaff, ' I'm miss World, somebody kill me/ Kill me pills'. Esta autodestrucción vertiginosa lleva a componer a Courtney sobre el abandono, el rechazo y una subversión resentida contra quienes la dejaron en los momentos más difíciles, "Gutless" es una agresión dolorosa bien elaborada, con un trabajo destacado en los tambores de Patty Schemel y bajo la producción de J.Mascis (Dinosaur Jr.).

El rock and roll es un manifiesto entero en todo el disco. La notoriedad del tema la adquiere en "Olympia" etiquetada en el arte del disco como "Rock Star", con una impetuosa descarga plagada de sangre punk, dedicada al riot grrl noventero de Washington y una interesante burla al movimiento de chicas rebeldes con frases como 'And what do you do with a revolution'. La guitarra de Eric Erlandson y el buen desempeño musical rocanrolero se notan  en "Credit in the Straight world", una gran versión del tema original de los Young Marble Giants, inyectando dinámica y vivacidad. El grunge acelerado y cáustico de "She walks on Me" es puro bullying de megáfono en voz de Love con poderío brutal, grabado durante los breaks de estudio en el proceso del In Utero de Nirvana. En esta canción se percibe la influencia de la banda de Seattle, haciendo una especie de "Aneurysm" alterno, más rápido, pero con la huella de Cobain en su sonoridad.

EL RASTRO DE KURT

Y Kurt Cobain no se puede exceptuar como referente del Live Through This. El amargo recorrido por el idilio con el padre de su hija fue motivo de inspiración para varios temas, referentes al desamor y la falta de aceptación. La canción más popular del trabajo, "Doll Parts" (# 16 UK, # 58 USA), es una petición amorosa resignada de Love cargada de pena acústica, reconociendo sus errores y buscando reivindicarse en medio de una tristeza de tres acordes. Esa evocación poco romántica pero ansiosa se sostiene en el discurso del último sencillo del trabajo, "Softer, Softest", donde hay evocación de pareja pesarosa y rural, que recuerda sus momentos juveniles entre esfínteres líricos de orina y semen con una balada suave pero poco compasiva.



El desconsuelo por las relaciones fallidas sirvió para despedazar lentamente el corazón de Courtney Love y llevarla a la desazón anfetamínica. En "Jennifer's Body" hay un canto de Love a lo Chrissie Hynde que acentúa su amargura y desentendimiento con el amor en una equilibrada canción de rock. Tal desamor lleno de píldoras causa consecuencias en el hogar, especialmente con su hija Frances Bean, de quien no parecía tener el mayor cuidado. 'But I don't do the dishes/ I throw them in the crib' es una de las frases que contiene "Plump", un tema que escupe su realidad caótica como ama de casa. La desolación y pérdida absoluta de inocencia destroza su imagen como mujer en "I think that I would die" donde la ausencia de hombre, de leche y la posible ausencia de hija en vista de las múltiples acusaciones por ser madre irresponsable, forjan un panorama desesperado en una canción electroacústica y lúgubre compuesta entre Love y su amiga Kat Bjelland (Babes in Toyland). De allí se extrae uno de los 'fuck you' más célebres de la historia lírica del rock.

Kurt y Courtney, unidos en medio del desastre

La visión de una mujer golpeada por el sinsabor de las drogas, el machismo y la indiferencia, se condensa en esta placa que busca emanciparse de la imagen lastimera de hembra que ha llegado a lo más bajo, para buscar una instancia de luz a través de la música. A pesar de todo - de Kurt, las drogas, la muerte de Kristen Pfaff, del desastre como madre y esposa-, Hole logra salir de su propio hoyo con consistentes piezas de rock alternativo en un desahogo certero que determinaría su posición como banda respetable y que aumentaría su fama con su tercera entrega Celebrity Skin (1998). Courtney  Love tuvo derecho a un momento de redención y lo vivió con Live Through This.