27 dic. 2016

CINEMA COLOMBIA 2016


Luego de un glorioso 2015 que trajo reconocimiento y un repunte crítico a las producciones cinematográficas engendradas en Colombia, la marea se mantuvo alta a nivel de exhibición con más de treinta títulos en cartelera, no obstante no logró tener la figuración notoria de festivales internacionales de gran peso. A pesar de no contar con Osos de Oro, algún Oscar o una Palma de Oro en Cannes hubo cintas como Los Nadie, Magallanes u Oscuro Animal que mantuvieron el nivel digno y aún ávido de mostrar nuevas producciones de este país criollo.



LA TAQUILLA QUE DA RISA

Como siempre, las pantallas locales iniciaron con los sabores típicos de comedia taquillera desde el 25 de diciembre y durante el período vacacional. El éxito monstruoso de asistencia de Uno al Año no Hace Daño en 2015 de Dago García Producciones quiso mostrar la misma eficacia en 2016 con una nueva secuela y los mismos borrachos de la primera edición, y aunque no superó su antecesora, logró convocar más de un millón de espectadores a las salas y siguió demostrando que el humor de estereotipos sigue siendo funcional en las familias promedio que asisten al cine de entretenimiento. Junto a su taquillazo navideño García estrenó este año dos comedias adicionales, Polvo Carnavalero, mostrando el contraste de idiosincracias entre los cachacos y costeños que ha funcionado muy bien como fórmula televisiva, y El Coco, una mezcla entre humor y terror de chistes simples enmarcados en una casa embrujada con el elenco de Sábados Felices, que terminó siendo la película más taquillera del año con 1.154.396 espectadores. Lo que indica que la tendencia no cambia: comedias de estereotipo reventando en ganancias y crítica feroz que no logra atraer al público para ver otro tipo de cine.

                 

La contraparte de la comicidad rentable vino por parte de las 'nuevas generaciones', con Take One Producciones entrando en pugna por el rédito con ¿Usted no Sabe quién soy Yo? y varios de Los Comediantes de la Noche en acción en una comedia de apariencias y despropósitos románticos con el patrocinio nada subliminal de la emisora Olímpica Stereo. La misma frecuencia radial le brindó auxilios al segundo largometraje cómico de Hassam, El Agente Ñero Ñero 7, una especie de Johhny English a la colombiana con chistes del estilo de Sábados Felices, con brazo financiero de Dago García y una alta productividad doblando en taquilla a su antecesora Güelcom to Colombia llegando a más de 700.000 espectadores. Finalmente, la gente de Dynamo se animó a producir un remake del exitoso Nosotros los Nobles con Malcriados, mostrando una familia acomodada venida a la quiebra que debe obligarse a trabajar para sobrevivir, en la segunda salida de Felipe Martínez (Bluff) como director.


OTRAS LOCACIONES, OTRAS ACCIONES

La cartelera tuvo espacio para acercamientos al suspenso y al western con varios títulos estrenados en 2016. Riccardo Gabrielli (La Lectora) rodó Cinco en Nueva York, con Carolina Guerra como una ladrona profesional que queda encerrada en un cuarto y debe buscar salida, en una muestra de buena factura técnica pero flojo desarrollo narrativo. En marzo se estrenó La Semilla del Silencio, debut del director Felipe Cano, con cierto homenaje al cine negro y metiéndose en la investigación de los falsos positivos hacia las altas esferas, con un aceptable esfuerzo por contar una historia policíaca, que finalmente faltó de ingredientes más sorpresivos. Coqueteando el western apareció en abril Malos Días de Andrés Beltrán, con visos al estilo Tarantino, gran selección de locaciones, y seguimiento de varios personajes tras unas esmeraldas que intenta infundir un western a la criolla, con resultados regulares en las escenas de acción. En un tono mucho más rural se estrenó Pariente, el primer largo de Iván Gaona, reconocido en la escena por sus cortometrajes aplaudidos (Los Retratos y El Tiple), y que se remonta a la región de Santander para mostrar una historia de amor y traición familiar con actores naturales, buscando fusionar las bondades de la ficción con el naturalismo más criollo.

Lo regional siempre cuenta. Todos los años hay miradas descentralizadas de nuestra óptica multicultural desde distintos parajes colombianos. Siembra (de Santiago Lozano y Ángela Osorio) es la tierra negra, la pena negra, un retrato de entorno donde hay añoranza de hogar, desde la óptica de una Cali marginal llena de nostalgia. Dos Mujeres y una Vaca (Efraín Bahamón) es el viaje que busca respuestas desde la ruralidad analfabeta de dos campesinas que añoran ver de nuevo al hombre de la casa y emprenden una travesía por el sendero de la vida y la muerte en los caminos del Huila. Oscuro Animal (Felipe Guerrero) es la joya del 2016 que muestra la huida de la guerra desde la angustia silenciosa de tres mujeres, en un denso pero hermoso retrato de la violencia rural y la búsqueda por evitarla. El Soborno del Cielo es el sexto largometraje de Lisandro Duque, una interesante crítica al poder religioso y su manipulación en los pueblos del interior, donde disputar la palabra de un cura se convertía en sacrilegio. Estos ejemplos desde otras locaciones, con entramados distintos y propósitos diversos, fueron esfuerzos que realzaron la calidad del cine colombiano durante este año.


OTROS GUERREROS REGIONALES

También regional, pero con menos fortuna o pretensiones distintas, se exhibió desde el Putumayo Chamán El Último Guerrero, una aventura selvática de la lucha indígena por liberarse del yugo blanco, donde el director Sandro Meneses intenta construir un héroe de acción, pero que peca por sus excesos gráficos, sonoros y una formación actoral muy incipiente. Desde Pueblorrico en la región antioqueña viene una película familiar con gestos de inclusión, Pasos de Héroe (de Henry Rincón), que cuenta el sueño de un niño afectado por una mina antipersonal que quiere ganar un campeonato de fútbol, con una mirada tierna y optimista desde la actuación infantil, pero que carga con varios vicios televisivos y que pierde novedad. A final de año se exhibió exclusivamente en Pereira Los Asombrosos Días de Guillermino (de Gloria Monsalve), aventura infantil rodada en 2003 y lanzada con bastante sacrificio en 2016, en un esfuerzo por estampar un nuevo largometraje hecho en Pereira, cosa que no sucedía desde 1926 con Nido de Cóndores.

Hacia los predios chocoanos apareció el terror de Saudó, segundo largometraje de Jhonny Hendrix (Chocó). Locaciones deslumbrantes, bastante trabajo de postproducción y un montaje ágil no impiden que la cinta naufrague por debilidad en la historia y un mito que se hace poco creíble, en uno de los exponentes de horror del presente año. Se estrenó de forma casi invisible la fusión entre cine de terror y policíaco Lamentos, de Julián Casanova, con sabor a Santander, y con alguna rotación internacional en festivales, pero muy poca exhibición en el país. Con un título casi homónimo se estrenó en septiembre la cuota de terror de Dago García El Lamento que, como todas sus cintas, cuenta con muy buena factura técnica pero poco sentido de la lógica y un relato que se deja llevar por entramados absurdos y la búsqueda infructuosa de descifrar el enigma de una muerte accidental. La nota récord sobre este rodaje es la increíble forma de trabajar de su director fetiche de este año, Juan Camilo Pinzón, quien en solo 7 años ha logrado facturar 8 películas en su cuenta personal, esfuerzo loable en un país donde germinar una película es un proceso de varios años.



INDEPENDIENTE INDISPENSABLE

El cine independiente colombiano se ha vuelto presencia inobjetable en la cartelera, que le paga de forma ingrata. A veces prefiere viajar primero a través de festivales y conquistar públicos ajenos y sensibles, pero cuando no tiene este chance viene a las pantallas, tiene una vida corta y se silencia por la ingratitud de la industria. En 2016  debutó Jacques Toulemonde con Anna, la historia de una madre bipolar que ama pasionalmente a su hijo y que fue nominada a los Goya 2017 como mejor película. Claudio Cataño debutó como director con la extraña Moria, llena de tristeza malvada, con la localidad histórica de La Candelaria convertida en un epicentro de melancolía hippie, que no logra capturar del todo. Otro debut provino de la tesis de grado de Juan Paulo Laserna con Las Malas Lenguas, relato psicológico en un entorno de señalamientos y prejuicios sociales sobre embarazos dudosos, que intentó innovar a través de formas y propuestas en edición, pero que no logra ser homogénea en su identidad visual.

         

Películas corales de carácter independiente también hicieron presencia en la cartelera. El tercer filme de Alexander Giraldo (180 Segundos) fue Destinos, un relato de autor, comprometido con las ansiedades y frustraciones de varios personajes que buscan su propia redención personal, con buenas actuaciones, pero sin una conexión especial entre las historias. Del mismo modo coral también apareció Carlos César Arbeláez (Los Colores de la Montaña) con Eso que Llaman Amor, centrado en Medellín, con personajes urbanos que viven el vacío de sus propias ausencias, aquellos amores incompletos, la intensidad del anhelo que la película acompaña de modo muy natural. Una cinta muy exitosa en el exterior fue Los Nadie, debut de Juan Sebastián Mesa que evoca la rudeza de los tiempos de Rodrigo D y la atmósfera callejera de Los Hongos, haciendo un retrato de una ciudad joven, rebelde pero esperanzada con vivir su juventud a su manera, un homenaje desenfadado a la libertad. Finalmente, y con promoción totalmente independiente se estrenó La Luciérnaga, de Ana María Hermida, el amor iluminado entre dos mujeres a través de la muerte y el duelo, que logró tener algunos reconocimientos internacionales. Lo que mantiene la tendencia de años anteriores: películas personales de corte humano más apreciadas en el exterior, que en esta tierra de la comedia 'idiotincrática'.


LOS NUEVOS MERCADOS

El género que ha logrado posicionarse gracias a los cines independientes es el documental, cada vez más visible en las pantallas grandes. Hubo de todas las calidades y perspectivas. Cabe destacar tres: Todo Comenzó por el Fin de Luis Ospina, el autorretrato del grupo de cine de Cali, una epopeya freak de cine, drogas, delirio y muerte; Paciente de Jorge Caballero, que de forma desnuda muestra el coraje y la lucha de una madre en un hospital porque su hija reciba la atención médica adecuada para contrarrestar un cáncer inflexible; y No Todo es Vigilia de Hermes Paralluelo, un relato lentísimo pero hermoso sobre el amor en la vejez y la resistencia al tedio vital de los años y a no ser separados sino hasta la hora final. Vienen luego los coloridos documentales de entorno como Aislados (Marcela Lizcano) y su hacinamiento insular en la costa Caribe, Ati y Mindhiwa (Claudia Fischer), que busca la convergencia de dos jóvenes indígenas entre la cosmogonía de la Sierra Nevada y la visión occidental de Bogotá, y Jericó (Catalina Mesa) con las mujeres de este pueblo paisa como sembradoras de nostalgia y una promoción bastante comercial para una cinta de este género. En un lugar menos decoroso pero siempre lleno de esfuerzo hay títulos como La Selva Inflada, con un Amazonas desesperanzado por suicidios juveniles, donde se sugiere pero nunca se cuenta y nos quedamos con una historia nebulosa; Home, el País de la Ilusión, con una visión muy personal sobre una mujer que ha vivido en varios países pero no ha podido definir su nacionalidad, con poca magia en la realización; y Hombres Solos, una semblanza sobre la triste miseria de los pescadores solterones del río Magdalena, con un tono de registro pero sin una narración que trascienda.

                    


El mercado de coproducción ya es un tópico dentro de la cinematografía local y gran porcentaje de los nuevos títulos cuentan con auxilios económicos de países solidarios con el celuloide colombiano. Tres directores extranjeros fueron partícipes dentro de este tipo de procesos. El español Fernando Vallejo hizo la adaptación del libro de Héctor Abad Fragmentos de Amor, con una Angélica Blandón adecuada como mujer fatal, y una historia de angustia erótica que complace a la mujer, atormenta al hombre, y cuenta con un cameo del escritor del libro original. Desde Costa Rica Esteban Ramírez publicó Presos, con el amor como pena y con la cárcel como centro emocional, donde el encierro es la puerta que abre y cierra las posibilidades del amor. Y Salvador del Solar desde el Perú dirigió Magallanes, intromisión en el pasado oscuro de un militar retirado que busca redimir sus culpas, con un cartel de lujo liderado por Damián Alcázar y Magaly Solier, y que se envuelve con veracidad en el abuso de poder. Todas las coproducciones tuvieron rotación en festivales foráneos y Magallanes fue la más destacada con premios en San Sebastián, Huelva, Lima, Marsella y Washington.


La apertura consolidada de espacios independientes, la formación de públicos para el género documental y la cada vez más común llegada de coproducciones con países latinos y europeos trabajando en llave han logrado ampliar la oferta, creando nuevos nichos, nuevas miradas y reiterando la posibilidad de ensanchar una industria incipiente. Los 37 estrenos del 2016 ofrecieron variedad de temas y estilos, siempre con la comedia triunfando en la taquilla y el cine de autor haciendo lo propio con la crítica, con una relevancia internacional no tan mediática como en 2015, pero sí con un mayor atrevimiento por explorar nuestra humanidad con temas más universales desde territorios muy locales.



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